«MI HIJO APRENDE JUGANDO» POR MARC GINER
QUÉ HACER POR SU HIJO CON LESIÓN CEREBRAL O…

Glenn Doman
A través del boletín de espacioLogopédico.com me ha llegado la feliz noticia de que por fin se ha reeditado este maravilloso libro de Glenn Doman. «Feliz» porque somos muchos quienes llevábamos años lamentando la descatalogación de este libro en la editorial original, Diana.
Desde enero disponemos de él en la editorial EDAF y por fortuna, puedo seguir recomendándolo como uno de los mejores libros que pueda leerse por parte de padres y profesores de niños «especiales».
Es «el libro» sin duda, para quienes quieran conocer y comprender mejor la organización neurológica. Cómo y por qué trabajar con niños con disfunciones en su sistema nervioso, disfunciones tan variadas que van desde la parálisis cerebral hasta las dificultades de aprendizaje. Y que, al fin y al cabo, se hallan todas en el mismo sitio: el sistema nervioso.
Esto no quiere decir que estos problemas tan dispares se trabajen de la misma forma. De aquí surge la importancia de conocer en profundidad el desarrollo infantil y el nivel que ha adquirido cada niño en cada una de las áreas del mismo.
Glenn Doman nos cuenta cómo tomó conciencia de la importancia de este hecho y cómo fue esto lo que dio un giro a su vida profesional y al concepto obsoleto de tratamiento que hasta entonces se venía realizando y que aún hoy, después de más de 50 años, por desgracia sigue vigente.
Si quieres conocer mejor las bases de la organización neurológica sobre la que se fundamenta no sólo el método Doman, sino muchos otros que han ido surgiendo posteriormente, no dudes en leer este libro.
Su estilo directo y ameno hacen que sea recomendable tanto para profesionales de la salud y la educación, como para padres.
Personalmente lo considero una lectura clave para todo aquel que haya entrado en este blog y esté leyendo esta entrada.
Saludos,
Rosina Uriarte
¿POR QUÉ YO NO PUEDO? FUNDAMENTOS BIOLÓGICOS DE LAS DIFICULTADES DE APRENDIZAJE
MARÍA JESÚS LÓPEZ JUEZ
En este sencillo, y a la vez profundo, libro, plantea las dificultades de aprendizaje desde la perspectiva del “neuroaprendizaje”. Un concepto novedoso que nos aporta nuevas claves para comprender y tratar estas dificultades en los niños.
Dificultades tales como retrasos en la lectura, la escritura, baja comprensión del lenguaje oral, lentitud al captar información, déficit de atención o inatención, mala postura corporal, desorden, inmadurez general… Todas ellas “tienen un denominador común: su origen está en el cerebro del niño. Es el cerebro el que lee, escribe, habla y comprende. Por lo tanto, cómo se haya desarrollado el cerebro del niño va a tener una influencia decisiva en cómo procesa la información de tipo escolar.”
La gran conclusión final, y que refleja una realidad necesaria de difundir, es el hecho de que la organización y madurez que alcanza el Sistema Nervioso Central del niño juega un papel determinante en su capacidad para aprender y en cómo aprende.
“Entre las herramientas neurológicas de las que dispone nuestro cerebro, son especialmente importantes para el aprendizaje las relacionadas con el procesamiento de la información visual -captada a través de los ojos-, las de procesamiento auditivo -captada a través de los oídos-, y las que se engloban en la respuesta psicomotora. Estas herramientas visuales, auditivas y motoras, son las básicas y las primeras que se van a desarrollar, pero además van a interaccionar entre ellas generándose otras nuevas herramientas neurológicas.”
María Jesús nos habla de la ruta motora, la visual y la auditiva, de cómo se desarrollan y cómo llevan al niño a disponer de los requisitos necesarios para que su aprendizaje sea el adecuado.
También nos brinda información sobre las posibilidades de las que disponemos para trabajar con el niño buscando que alcance este nivel de madurez necesario.
“Les planteamos un trabajo de fondo que no trate el síntoma externo observable, sino que penetre la raíz del proceso. Un trabajo que no vincule al niño con una patología, sino que indague y opere en su proceso de desarrollo.”
El libro concluye con un mensaje de esperanza: hay otras formas de abordar las dificultades de aprendizaje. El trabajo desde la organización neurológica logra dotar al niño de los circuitos neuronales que necesita para tener éxito en el aprendizaje. Y estos circuitos son estables en el tiempo, lo cual significa que las mejoras son definitivas.
Para adquirir el libro, dirígete al Centro de Organización Neurológica NEOCORTEX
Cra. De Boadilla s/n
28220 Majadahonda, Madrid
Tel.: 902 157 596
http://www.neocortex.es/
LA LATERALIDAD. 100 PREGUNTAS – 100 RESPUESTAS
Carmen Díaz escribe este comentario sobre uno de los nuevos libros publicados por el doctor Jorge Ferré y la doctora María del Mar Ferré.
La opinión de Carmen supone siempre una gran aportación a este blog. ¡Gracias, Carmen!

«Lateralidad infantil 100 preguntas 100 respuestas»
Jorge Ferré Veciana
Mª Mar Ferre Rodriguez
Este libro cayó en mis manos hace dos días y lo devoré con avidez en pocas horas. En él los autores presentan una selección de 100 preguntas, con sus correspondientes respuestas, realizadas por los alumnos que han seguido las 10 ediciones de los cursos on-line sobre lateralidad. Es el complemento perfecto de los dos libros anteriores sobre lateralidad del Instituto Médico.
Las preguntas están agrupadas por temas, con una interesante y clarificadora introducción de los autores para cada capítulo. Su lectura es amena, son preguntas reales y muchas de ellas también me surgieron cuando leí los libros anteriores sobre lateralidad o durante el tratamiento que sigue mi hijo precisamente para resolver sus problemas en este campo.
Sé que el libro está escrito pensando en los profesionales, pero lo considero una ayuda inestimable para los padres, por supuesto en ningún caso para emitir diagnósticos ni establecer terapias, pero sí para comprender mejor las claves del fascinante mundo del desarrollo infantil y de la lateralidad.
La lateralidad va mucho mas allá de la mano con la que se escribe y está íntimamente relacionada con la comprensión del mundo que nos rodea y por supuesto con el aprendizaje, la atención, el comportamiento…, sin un orden interno es difícil organizar la información que nos llega del exterior. Es desde luego un terreno altamente resbaladizo y poco conocido para muchos, incluidos muchos profesionales que tratan con niños.
Lo considero especialmente interesante para los padres de niños con desórdenes de la lateralidad, es imposible detectar un problema si no se sabe siquiera que existe y muchas veces somos los padres los que nos damos cuenta de que pasa algo y le ponemos nombre después de leer libros como éste. Para mí, el conocer el alcance de una lateralidad mal establecida y el detectarla mi hijo me ha dado fuerza y perseverancia para seguir el programa propuesto para su recuperación.
Carmen Díaz
Igualmente interesante y útil resulta esta otra publicación de los mismos autores: «Déficit de Atención e Hiperactividad. 100 preguntas – 100 respuestas». Ambas publicadas por la Editorial Lebón.
«JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS». Problemas visuales en el aprendizaje de la lectura.
Rosa M. García, experta en optometría comportamental y terapia visual, amplía y enriquece una de las antiguas entradas de este blog. Se lo agradezco muchísimo y lo publico a continuación…
Publicado por Rosa M. García Hdez en VISIÓN Y APRENDIZAJE
En esta entrada Rosina Uriarte en su blog ESTIMULACIÓN TEMPRANA Y DESARROLLO INFANTIL, explica con palabras sencillas el problema que muchos niños tienen en el colegio en la etapa de aprendizaje de la lectura. Como no lo habría conseguido explicar mejor, os dejo aquí el testimonio íntegro de una madre:
Una tarde cualquiera en la consulta de Carlos…
– Madre de Jorge: “Buenas tardes.” 
– Carlos: “Hola, buenas tardes. ¿Así que este chavalote es Jorge? Estás muy alto, ¿no estabas tú en segundo de primaria?”
– Jorge: “Sí.”
– C: “Pues seguro que eres el más alto de tu clase.”
– J: “Casi, Andrés me gana.”
– C: “¿Te gusta el cole?”
– J: “No mucho… Me cuesta leer, es muy difícil y la profe me riñe porque lo hago muy despacio y me equivoco siempre.”
– M: “Leo con él todas las tardes, pero acabamos los dos agotados después de leer tan sólo unas pocas líneas. Conoce bien las letras, pero no acaba de soltarse a leer y cada vez va más atrasado en clase. La profesora está preocupada y nosotros también. Hace poco le llevé a un oftalmólogo y nos dijo que el niño ve estupendamente. Pero una amiga me aconsejó que viniéramos para que le echaras un vistazo.”
– C: “Habéis hecho bien, vamos a echar ese vistazo. Siéntate aquí Jorge, y dime qué letras ves allí iluminadas en la pared…”
– J: “M”
– J: “B”
– J: “S”
– …
– C: “Muy bien, ésta ha sido fácil. Las letras han aparecido una por una. Vamos a ver qué pasa cuando salen todas juntas…”
– J: “M, B, …(silencio)”
– M: “No lo entiendo, él las conoce perfectamente, ¿por qué no las dice?”
– C: “Jorge no tiene problemas de agudeza visual, ve perfectamente y conoce las letras por eso las dijo todas cuando aparecieron por separado. Lo que pasa es que sus ojos no trabajan bien realizando los movimientos sacádicos, que son las fijaciones a saltos de izquierda a derecha que son necesarias para la lectura. Le cuesta hacer estos saltos de una letra a otra, a la segunda letra se ha cansado ya del esfuerzo y no ha podido seguir. Vamos a seguir haciendo más cosas a ver qué tal…”
– C: “Jorge, mira la punta de este bolígrafo mientras yo lo muevo delante de tu cara. No dejes nunca de mirarlo, ¿vale?”
– J: “Vale.”
– C: “Lo estás haciendo muy bien, este boli se mueve mucho. No dejes de mirarlo y dime, ¿cómo te llamas?”
– J: “Jorge”
– C: “Bien, ¿y cuántos años tienes?”
– J: “Ahhh… (deja de mirar el bolígrafo para contestar)… Siete”
– M: “Jorge, ¡has dejado de mirar el bolígrafo!”
– C: “Sí, es capaz de realizar movimientos horizontales, verticales, diagonales y circulares con los ojos siguiendo un punto móvil, pero esto le supone tal esfuerzo y concentración que no puede contestar a preguntas sencillas a la vez. Por esto no podrá entender lo que está leyendo. Aunque adquiera la mecánica de la lectura, no podrá comprender el texto.”
– M: “¡Es increíble! Ahora queda claro porque le cuesta tanto leer…! Una cosa más, antes de que se me olvide… él a veces dice que las letras se mueven cuando lee.”
– C: “Sí, por lo que veo, Jorge tiene una pequeña foria. Es algo así como un estrabismo, pero no se nota exteriormente. El cerebro debe ser capaz de fundir con comodidad las dos imágenes de los dos ojos y crear una sola. Jorge lo hace, pero con mucho esfuerzo, por lo que se cansa, y cuando esto ocurre deja de ver una sola imagen y las letras se mueven.”
– M: “¿Y qué podemos hacer?”
– C: “No te preocupes, os voy a dar unos sencillos ejercicios. Es como una gimnasia ocular. En unos pocos meses Jorge estará como nuevo y listo para leer. Os daré cita para dentro de dos meses y entonces decidiremos si hay que seguir o lo dejamos ya ahí.”
– M: “Muchísimas gracias, hasta entonces.”
– C: “Adiós. Y no te olvides de hacer los ejercicios todos los días.. ¿eh, campeón?”
– J: “No me olvidaré, lo prometo.”
Esta conversación es real, aunque los diálogos no han sido reproducidos de forma exacta. Jorge tiene otro nombre, pero es un niño real, que después de dos meses sólo necesitó otro mes más de reeducación ocular para ponerse a la altura de sus compañeros de clase en cuanto a lectura se refiere. Al cabo de dos años volvieron a ver a Carlos pues las letras de nuevo se movían cuando él se sentía cansado o algo débil. Volvieron al programa de ejercicios durante otros dos meses y fue dado de alta definitivamente.
Carlos también es un personaje real, y ése es su verdadero nombre. Es optometrista y muy bueno, por cierto.
El oftalmólogo es un médico que se ocupa de la salud ocular y del órgano del ojo en sí. Nos dirá si los ojos de nuestros hijos son sanos, o si sufren de miopía, etc. El optometrista, en cambio, es el profesional que se dedica al estudio del funcionamiento del ojo. Es esencial que los ojos funcionen de forma adecuada y cómoda para que los niños puedan leer sin realizar un esfuerzo añadido y con resultados considerados óptimos. Esto no es lo habitual en los niños que muestran problemas de inmadurez en su sistema nervioso, por lo que se hace necesaria la visita al optometrista en todos los casos de niños con dificultades, sobre todo los que las acusan en las tareas escolares.
Éste es mi pequeño homenaje a Carlos Pereda y a todos los optometristas infantiles, cuya labor es aún desconocida para la mayoría y tan necesaria para tantos niños.
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‘Jorge’ por aquel entonces, con 6 años, tenía verdaderos problemas en su lectura. Su tutora en aquel momento llegó a decirle a su madre que «no se hiciera ilusiones de que su hijo pudiera estudiar algún día». Sus problemas de lectura no eran los únicos, Jorge además tenía déficit de atención, lo cual complicaba el aprendizaje un poco más. “Leer dos líneas era tan agotador como correr dos kilómetros, yo acababa igual”- me decía la madre.
Toda esta andadura comenzó a los 4 años de Jorge, realizando terapia de organización neurológica combinada con Doman, Integración Sensorial y reeducación auditiva de Berard. En aquella exploración neurológica le comentaron a la madre que el niño «tenía muy pobre respuesta ocular», algo que no comprendió en ese momento pero que luego lo vio muy claro. A los 6 años acabaron en la consulta del optometrista funcional Carlos Pereda.
«Este profesional nos ‘abrió los ojos’ nunca mejor dicho… Vimos todos los problemas que tenía el niño para leer y todo tuvo por fin una explicación”.
Después de los 3 primeros meses de terapia visual “Mi hijo se lanzó a leer como si lo hubiese hecho toda la vida. No es que le gustase ni empezase a sacar buenas notas en el colegio, pero su rendimiento mejoró muchísimo y la tutora nos dijo que nunca había presenciado un cambio tan grande en un niño durante un curso (esto fue en 2º de primaria tras la terapia visual y auditiva).”
Después de ponerme en contacto con la madre de ‘Jorge’, 9 años más tarde, tras aquellos problemas de lectura, y tras seguir trabajando sus problemas generales de lateralidad y desarrollo neurológico (reflejos primitivos) con Terapia de movimientos rítmicos (TMR), la madre me decía : “Hoy mi hijo saca buenas notas (media de notables) en 4º de ESO. Hasta 2º de ESO (hasta acabar con la TMR) teníamos que estudiar con él y pelear el tema de los deberes durante horas. Ahora es autónomo y estudia solo. Es verdad que para hacerlo suele estudiar en la bici estática (te recuerdo que mi hijo ha sido hiperactivo) o copiando las lecciones escribiéndolas. Muchas veces estudia con música (no tranquila, sino de la «cañera» que le gusta a él)”.
La terapia visual que hizo Jorge en su momento era funcional no comportamental, trabajó muchas áreas, no sólo la visual, pero a día de hoy la madre me dice: “Sé que el sistema visual no está del todo bien. Pero él saca buenas notas, funciona autónomamente y es de los mejores alumnos de su clase. A pesar de esto, sé que sigue haciendo un sobreesfuerzo y esto me da mucha rabia.”
Esto nos indica que Jorge trabajó de manera aislada cada área: visual, motora, neurológica, auditiva, etc. pero no se comprobó que todos los sistemas estuvieran bien equilibrados unos con otros; es decir, que la información visual estuviera equilibrada con la de los demás sentidos. De esta manera se consigue automatizar los nuevos esquemas para poderlos llevar a cabo en la vida diaria sin ningún gasto de esfuerzo adicional.
Seguramente Jorge, antes de la terapia visual, tenía que esforzarse mucho y no veía los resultados en el colegio; aprendió qué es lo que debían hacer sus ojos para rendir mejor de una manera óptima, pero aún así, no integró esos esquemas; dicho de otra manera, el cerebro no automatizó lo aprendido, y él sigue haciendo sus actividades del día a día, con menos esfuerzo que hace años, pero no fácilmente.
Casos como el de Jorge requieren mucho esfuerzo durante la terapia, por parte del niño y por parte de los padres. Porque las terapias son largas y a veces las fuerzas y ganas flaquean. Pero merece la pena cuando ves que tu hijo mejora en el cole, cuando ves que ya no necesita tanto tiempo para estudiar y puede jugar, cuando él mismo disfruta yendo al colegio, cuando coge los estudios por él mismo y no porque se lo manden…
Esta entrada puede tomarse como una ‘petición’ hacia tantos profesores que no reconocen el esfuerzo que muchos niños hacen diariamente en el colegio. Para que no infravaloren su trabajo, su tesón y su capacidad para un futuro. Para que no minen su autoestima diciéndoles que no sirven para estudiar. Muchos de esos niños con más esfuerzo que los demás, consiguen labrarse un futuro, pero todos aquellos que no lo consiguieron posiblemente fue porque “se creyeron lo que les dijeron” y no demostraron que no era verdad.
Respetemos el primer DERECHO VISUAL DEL NIÑO:
“El derecho a que no se burlen de él, le cataloguen de ‘vago’, ni menosprecien su esfuerzo, simplemente porque no consiga llegar al nivel de sus compañeros, y sin que los mayores lleguen a valorar que pueda tener un problema visual causante de su comportamiento.
El derecho a que nadie le haga sentir inferior por el simple hecho de padecer un problema visual tratado no tratado. Por tanto, el derecho a que si tiene un problema visual que afecta a su rendimiento escolar, sea detectado lo antes posible y reciba el tratamiento visual más adecuado a él.”
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MARÍA MONTESSORI. IDEAS GENERALES SOBRE EL MÉTODO

María Montessori, médico psiquiatra, trabajó en el mundo de la educación de niños en edad preescolar, dotando a ésta de un rigor y método que llegó a denominarse «pedagogía científica».
En este sistema pedagógico se insiste en la importancia de conocer bien las diferentes etapas del desarrollo del niño y los llamados «períodos sensitivos» (momentos en los que el niño está especialmente predispuesto por su desarrollo cerebral para determinados aprendizajes). La pedagogía y la educación se adaptan a estos períodos, se adaptan al niño en lugar de ocurrir lo contrario, que exijamos al niño adaptarse al sistema.
«Cuando el niño hace ejercicios según la necesidad de su presente sensitivo, progresa y alcanza grados de perfección que son inimitables en otros momentos de la vida, y en lugar de fatigarse aumenta su propio vigor y gusta de la alegría que procede de satisfacer una necesidad real de la vida.»
«Tengamos paciencia con sus lentos y pequeños progresos; mostremos entusiasmo y alegría con sus éxitos. Si podemos llegar a decir: Somos respetuosos y corteses en nuestro proceder con los niños, los tratamos como quisiéramos ser tratados nosotros mismos, entonces estamos seguros de que dominamos un gran principio educativo e indudablemente damos un ejemplo de buena educación.»
Los conocimientos impartidos a estos niños de educación infantil sentarán unas fuertes bases para el aprendizaje formal en la educación primaria. Es la falta de estas bases lo que conduce al fracaso de muchos niños a partir de los seis años. Éste es el mismo concepto que se sigue en la estimulación temprana: aprovechar el momento en el que el niño está más abierto a la adquisición de hábitos, habilidades y conocimientos que servirán de sólidas y necesarias herramientas para el aprendizaje y éxitos escolares futuros.
«Un nuevo concepto de Estimulación Temprana: sistema integrador de metodologías»
LA EMOCIÓN Y SUS IMPLICACIONES EN LA MEMORIA, EL APRENDIZAJE Y LA CONDUCTA

Las emociones juegan un papel muy importante en nuestro comportamiento, pero también influyen en nuestra memoria y en nuestro aprendizaje.
Las emociones son fenómenos psicológicos complejos que desencadenan procesos fisiológicos (cambios en el ritmo cardíaco, sudoración de la piel, etc.), conductuales y cognitivos.
Su función primera es la ayudar al individuo a adaptarse a las diferentes situaciones, en especial a situaciones relevantes. Así surgen las emociones como reacciones a estímulos externos y también internos (recuerdos y estados de ánimo conscientes).
Lo interesante de los últimos estudios sobre cómo funcionan las emociones es la demostración de que estímulos que no son percibidos conscientemente también producen una reacción emocional. En las pruebas se pudo comprobar cómo se dan reacciones fisiológicas ante estímulos que no eran reconocidos conscientemente por la persona, por lo que ésta no se daba cuenta siquiera de su existencia.
Antes decía que las emociones afectan nuestra memoria. Pero también es cierto que ocurre al revés: que la memoria juega un papel muy importante en nuestras reacciones emocionales.
Dado el funcionamiento y la distribución de funciones de nuestro cerebro, contamos con dos tipos de memoria. La memoria explícita o consciente, la que se denomina también “episódica” y hace referencia a los recuerdos de experiencias de nuestra vida. Y la memoria implícita o inconsciente.
Las estructuras cerebrales clave en estos procesos son el hipocampo y la amígdala.
El hipocampo se ocupa de la memoria explícita reuniendo nuestros recuerdos conscientes. La amígdala activa automáticamente reacciones emocionales ante situaciones de supuesto peligro por vías de recuerdos a los cuales no tenemos acceso consciente. Se ocupa, por lo tanto, de la memoria implícita.
Ambos tipos de memoria trabajan de forma conjunta. El conocimiento implícito actúa como una primera señal de aviso que influye en los procesos racionales y conscientes del conocimiento explícito. Esta combinación da lugar a las respuestas adaptativas de la persona a las diferentes situaciones arriesgadas en las que debe tomar decisiones.
Nuestras elecciones dependen de las dos formas de conocimiento: el consciente y el inconsciente. Sin las evaluaciones primarias de tipo afectivo de la memoria implícita no se puede llegar a los complejos mecanismos conscientes de evaluación y análisis de la situación.
Esta diferenciación entre el conocimiento emocional implícito y explícito nos da la razón de muchas reacciones de ansiedad patológica o miedos irracionales que desconciertan precisamente por no tener una explicación lógica y racional (consciente). Fobias que llevan a reacciones desmesuradas ante estímulos que la persona racionalmente considera inofensivos.
Esta diferenciación también explica la “amnesia infantil”, el hecho de que no dispongamos de recuerdos conscientes de las experiencias de nuestros primeros años de vida.
Como decía antes, es el hipocampo el encargado básicamente de la recopilación y recuperación de la información explícita, de la memoria episódica. Esta estructura madura tardíamente y no es plenamente funcional hasta la edad de tres años. Aquí tenemos la explicación del por qué no tenemos recuerdos de esta edad.
Junto a esto está el factor de que nuestro pensamiento funciona utilizando el lenguaje principalmente. La falta de un lenguaje estructurador, que dé forma a nuestros pensamientos y recuerdos, hace que nos quedemos con la impronta emocional, con sensaciones difusas que hechos importantes dejaron en nuestro sistema nervioso.
Los expertos en neurodesarrollo infantil aseguran que los tres primeros años de vida determinan de forma definitiva toda nuestra persona. Que las experiencias fuertemente negativas en esta edad (e incluso antes, en el útero) pueden llegar a afectar tanto el sistema nervioso que creen bloqueos en el desarrollo del mismo. Manifestándose estos bloqueos más adelante en la forma de trastornos o dificultades de aprendizaje. Y es precisamente el hecho de no poder acceder de forma consciente a estas experiencias traumáticas lo que las hace tan importantes al no poder elaborarlas, evaluarlas ni conocerlas siquiera.
En el caso de experiencias traumáticas infantiles no existirá un acceso deliberado a la información sobre lo que ocurrió, habrá ausencia del recuerdo explícito, lo cual nos deja exclusivamente con la reacción emocional e inconsciente por parte de la amígdala. Por este motivo es muy posible que estos traumas infantiles afecten la conducta emocional del adulto sin que éste sea consciente de los mismos ni pueda modificarlos desde la razón y la consciencia.
Los hechos que dan lugar a una activación afectiva intensa después de los primeros años de vida, favorecen su recuerdo. Las emociones importantes influyen en los recuerdos, haciéndolos especialmente vívidos y resistentes al olvido.
(Información basada en el artículo de L. Aguado titulado “Procesos cognitivos y sistemas cerebrales de la emoción”. Publicado en la Revista de Neurología, 2002:
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«EL DESARROLLO NEUROFUNCIONAL DEL NIÑO Y SUS TRASTORNOS» POR EL DR. JORGE FERRÉ VECIANA Y ELISA ARIBAU MONTÓN
Dr. JORGE FERRÉ VECIANA Y ELISA ARIBAU MONTÓN
Ed. LEBÓN
Este libro aborda el desarrollo infantil en su relación con la función visual y el aprendizaje. Muestra cómo no sólo el sistema nervioso incide en el aprendizaje y sirve de base a éste, sino también cómo todo lo que aprende el niño influye en la estructuración del propio sistema nervioso.
UN ESTUDIO PONE DE MANIFIESTO LA RELACIÓN DIRECTA ENTRE EL DÉFICIT DE ATENCIÓN A EDADES MUY TEMPRANAS Y EL FRACASO ESCOLAR DE LOS ADOLESCENTES

A continuación publico el resumen de un estudio que viene a demostrar lo que los maestros de educación infantil venimos constatando desde siempre en nuestro día a día: que los trastornos de atención muchas veces se ven claramente ya en esta etapa escolar.
Se sigue insistiendo en que el déficit de atención y la hiperactividad no pueden o no deben diagnosticarse antes de los cinco o seis años. Siempre he sospechado, y pido perdón si me equivoco, que la única razón para esto es porque no existen soluciones médicas para este trastorno ya que no se les medica hasta esta edad. Pero la realidad es que algunos niños distan mucho del grupo de sus compañeros en cuanto a su capacidad de atención, y lo que queda claro es que cuando algo se sale de la norma de forma evidente, es una razón para estar alerta.
La edad de la educación infantil, de 0 a 6 años, es una etapa delicada pues desde aquí no podemos predecir el futuro con certeza y asegurar que un niño vaya a tener necesariamente problemas o no. Es por esto que resulta perfectamente justificable que muchos padres esperen a ver si realmente existen estos problemas en el futuro escolar del niño una vez que está ya en primaria. Sin embargo, la edad de la educación infantil es a su vez el mejor momento para actuar y prevenir o luchar contra todo tipo de trastornos del desarrollo y del aprendizaje.
Es en este momento cuando el sistema nervioso central (cerebro) del niño es más plástico. Es cuando podemos actuar y lograr mejores resultados en menos tiempo. Cada año que pasa supondrá más trabajo, un trabajo más intensivo y más largo todos los días y también a lo largo del tiempo hasta lograr los resultados buscados. Y los resultados probablemente nunca lleguen a ser igual de buenos que si nos hubiésemos puesto manos a la obra años antes. Es por esto que es necesario que tomemos conciencia de la importancia de diagnosticar, o al menos alertar, para prevenir posibles dificultades de aprendizaje futuros. Es cuestión de ir adoptando una mayor cultura de la prevención. Si lo consiguiéramos no tendríamos que lamentar tantos casos de fracaso escolar en nuestros adolescentes.
Este artículo es un paso más hacia este cambio tan necesario. Confiemos en que muy pronto estos estudios se materialicen en medidas preventivas y terapéuticas para evitar y erradicar muchos trastornos del aprendizaje.
Rosina Uriarte
Resumen [texto completo en inglés].
Científicos de la Universidad de California-Davis han constatado que existe una relación directa entre los problemas de atención de niños en edad preescolar y el bajo rendimiento académico de éstos en la adolescencia, independientemente del cociente intelectual (CI) que tengan los pequeños.
Los resultados de la investigación, que han sido publicados en la revista «Pediatrics» señalan que la incapacidad de los niños más pequeños para estar atentos cuando empiezan a estudiar en la escuela es el elemento que más condicionará sus resultados académicos al final del instituto.
Para la presente investigación se analizaron datos de 693 niños, que en primer lugar fueron estudiados a los cinco-seis años de edad y posteriormente a los 17-18 años. En las primeras pruebas se analizaron los problemas de comportamiento de dichos niños y también su cociente intelectual, mientras que en la segunda se comprobó el rendimiento académico de los adolescentes en matemáticas y lectura.
Así, los investigadores descubrieron que la falta de atención en párvulos era el único comportamiento a partir del cual se podían predecir de manera consistente los futuros resultados en lectura y matemáticas de los individuos estudiados.
Los científicos de la UC Davis utilizaron los datos de 693 de estos niños, y se centraron en tres categorías de comportamiento, según las puntuaciones proporcionadas por sus profesores: comportamientos interiorizados (como la ansiedad o la depresión); comportamientos de exteriorización (como jugar algún papel o romper las normas); y problemas de atención, que incluían el nerviosismo y la incapacidad para centrarse en una actividad concreta.
También fueron tenidos en cuenta otros factores, como el CI de los niños o el hecho de que algunos de ellos presentaran algún trastorno psiquiátrico, con el fin de establecer de la manera más fiable posible las relaciones de todos estos factores con los resultados académicos en el futuro.
Al identificar el déficit de atención en preescolar como el problema de comportamiento que más afecta al rendimiento académico incluso años más tarde, el estudio ayudará a decidir el enfoque y la dirección de la atención a estos niños.
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