ERRORES SOBRE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA

Todos hemos oído hablar de la Estimulación Temprana y tenemos al menos una idea de qué es. Pero, es que es en gran parte desconocida por la mayoría de las personas y esto provoca que circulen mitos, errores y malosentendidos sobre qué es, cómo y porqué se lleva a cabo, si es eficaz o para qué sirve…

Empecemos pues, por decir que la Estimulación Temprana es una forma de jugar y disfrutar con nuestros hijos y alumnos mientras realizamos actividades que sabemos que favorecen su desarrollo. Lo hacemos con la intención de lograr que el niño alcance el máximo de su potencial en todas las áreas: físicas, emocionales y cognitivas.

Para ello llevamos a cabo actividades que involucran el cuerpo y el movimiento, las sensaciones táctiles y propioceptivas, olfativas, gustativas, auditivas y visuales… abarcando todas las áreas del saber como puedan ser la música, las matemáticas, la ciencia o las artes, un segundo idioma, los deportes o cualquier interés del que disfrutemos los adultos y queramos compartir con nuestros pequeños.

En esta larga descripción cabe prácticamente cualquier actividad que hagamos con los niños. Y efectivamente, es así, cualquier cosa podría ser considerada como un estímulo adecuado dentro de la Estimulación Temprana, siempre que cumpla con unos requisitos.

El primero de ellos es el disfrute. No sólo del niño, sino también del adulo que lo acompaña. Si no se disfruta, si no es un juego divertido, no es Estimulación Temprana.

Otro de los requisitos es que las actividades han de ser adecuadas a la edad y la madurez alcanzada por parte de cada niño. Si se le propone hacer algo difícil o para lo cual no está preparado, y de lo cual no disfrutará, no podemos considerarlo Estimulación Temprana.

Las actividades han de ser atractivas y breves. Si como ya se ha dicho, los niños han de disfrutar de algo adecuado a su edad, no hay que alargarse en el tiempo pues se correría el riesgo de perder su atención. Y si no se cuenta con la atención e interacción de los pequeños, entonces tampoco es Estimulación Temprana.

Los estímulos deben ser novedosos pues esto atraerá la atención de los niños y de este modo, la Estimulación Temprana tiene la oportunidad de dar algo nuevo que no ofrece normalmente su entorno en el hogar o el aula. Es por este motivo que no enseñamos a los niños lo que es un plátano o un árbol, un perro o una silla… Sino que trabajamos con cosas que puedan parecer algo extrañas dada las edades de los niños, pero que suponen una estimulación totalmente diferente a la que ya tienen. Así no veremos lo que es un árbol, sino lo que es un roble, un castaño o un olmo. No veremos lo que es un perro, pero sí cómo es un dálmata, un pastor alemán o un golden retriever, por ejemplo.

De esta forma, mostraremos también a nuestros niños una realidad que está físicamente alejada de su entorno y a la que no pueden acceder personalmente, viendo lo que es un hipopótamo o la torre de Pisa, el monte Everest o la gran muralla china.

Las actividades que se realizan en la Estimulación Temprana deben repetirse y mantenerse constantes, esto supone jugar a lo mismo todos los días durante un tiempo. Repetir es necesario para lograr la creación de conexiones neuronales fuertes y permanentes. Y es que, es gracias a la repetición que el cerebro decide guardar las conexiones producidas por un estímulo. El cerebro interpreta que lo que hacemos a menudo, todos los días, es algo importante, por lo que guarda las conexiones creadas para que las podamos utilizar más adelante. Así va desarrollándose y creciendo el cerebro.

Si las actividades de estimulación no se repiten, preferiblemente a diario, no deberían considerarse Estimulación Temprana.

Precisamente, la creación de nuevas conexiones y circuitos neuronales permanentes es el primero y principal objetivo de la Estimulación Temprana. Y ésta se realiza en la etapa de la vida del ser humano en la cual esto es más fácil: los primeros seis años.

Es por esto que la estimulación se llama “temprana”.

Nadie puede dudar de la importancia de estos primeros años pues en ellos se produce el 90% del crecimiento cerebral y para comprobar esto, basta con observar cómo crece la cabecita de los niños en estas tempranas edades.

El cráneo crece porque lo hace el cerebro, literalmente se expande para permitirle disponer del sitio que necesita. El cerebro crece porque recibe estimulación del entorno en el cual vive el niño. La estimulación del entorno es siempre sensorial, entra a través de los sentidos.  No solamente de los cinco sentidos bien conocidos por todo el mundo, sino también por los sentidos internos que nos hacen sentir y conocer nuestro cuerpo para poder mover y utilizarlo con comodidad y eficacia.

Pues, como decíamos, en los primeros seis años se producen la mayor cantidad de circuitos neuronales, las herramientas con las que habremos de funcionar a lo largo de nuestra vida.

El cerebro del niño de seis años ya tiene el peso, volumen y tamaño del 90% del cerebro adulto.

Es en estos años que se aplica la Estimulación Temprana, aprovechando la mayor plasticidad cerebral para, como decíamos, llegar al máximo potencial de cada niño.

Por concluir, podemos decir que cualquier actividad que se realice en los primeros años y que sea adecuada, se haga de forma lúdica y atractiva, sea breve, repetida y continuada en el tiempo, podemos considerarla Estimulación Temprana.

Ahora que hemos planteado todo esto sobre la Estimulación Temprana, comprenderemos mejor qué creencias son mitos o simples errores producto del desconocimiento sobre el tema. Veamos algunos ejemplos…

ERROR 1: La Estimulación Temprana es para niños con dificultades. Esto no es cierto, pues como hemos dicho, en realidad se lleva a cabo con todos los niños para favorecer su desarrollo y ayudarles a alcanzar su pleno potencial.

ERROR 2: La Estimulación Temprana es lo mismo que la Atención Temprana. Ésta última sí que va dirigida a niños con dificultades y necesidades concretas que hay que cubrir. La Atención Temprana se dedica precisamente a esto. Y aunque bien podría decirse que su labor también es una estimulación temprana, el trabajo realizado en un campo y el otro no es el mismo, por lo que no siempre Estimulación y Atención Temprana son términos intercambiables, no son lo mismo.

ERROR 3: La Estimulación Temprana pretende que los niños aprendan cosas. El aprendizaje no es un objetivo de la Estimulación Temprana. Muchas personas se plantean para qué necesita un niño pequeño conocer la Torre de Pisa. Y la verdad es que ningún niño necesita aprender o conocer esto. Si les mostramos una imagen de este monumento es para cumplir el objetivo de crear nuevos circuitos neuronales ofreciendo al niño estímulos diferentes a los que ya tiene normalmente y activando a su vez, sus vías visuales y auditivas y sus mecanismos para prestar atención.

Por muy extraño que pueda parecer tratar ciertos temas con los niños, resulta que estos primeros años son los más indicados para crear nuevos intereses sobre cualquier área puesto que los pequeños muestran interés y disfrutan de todo lo que nosotros les presentemos con ilusión y ganas. Los primeros años son el tiempo ideal para crear un amplio abanico de intereses en los niños, nunca será tan fácil después.

ERROR 4: La Estimulación Temprana pretende adelantar etapas. Esta idea es muy común, pero ya quedó claro que los estímulos han de ser adecuados, acordes a la edad y el desarrollo alcanzado. Es importante conocer el desarrollo infantil para no precipitarnos, para no pedir al niño algo para lo cual aún no esté preparado (por cierto, en la Estimulación Temprana no pedimos nada a los niños, solamente intentamos captar su atención y sus ganas de participar).

ERROR 5: La Estimulación Temprana quita a los niños de jugar. Esta idea surge por la utilización de actividades organizadas y estructuradas, repetidas en el tiempo. Pero no puede estar más lejos de la verdad. La Estimulación Temprana debe ser un juego en sí misma. Sólo así será realmente efectiva. Al niño pequeño le gusta repetir lo mismo una y otra vez y si hay disfrute, para él será como un juego.

ERROR 6: La Estimulación Temprana impide al niño explorar libremente con su cuerpo y aprender por sí mismo gracias a la experimentación. Esto sería una barbaridad pues los niños necesitan explorar y experimentar con su cuerpo, con el movimiento y con su entorno. Las actividades de Estimulación Temprana, que, si bien están organizadas, estructuradas y dirigidas por el adulto, no pueden ni deben sustituir otros enfoques educativos ni deben evitar que el niño aprenda por sí mismo de forma libre y espontánea.

La Estimulación Temprana ha de verse como un juego más que se introduce en el día a día de los pequeños, bien sea en casa o en la escuela.

ERROR 7: Mejor no aplicar la Estimulación Temprana, los niños de hoy en día están ya demasiado estimulados. Bueno, esto en parte es cierto, pero la realidad es que están “mal estimulados”. Por el estrés, por el ritmo de vida que llevamos, porque tienen poco tiempo de disfrute, apenas juegan, porque la estimulación que reciben frente a una pantalla no es la más adecuada en estas tempranas edades. Pero todo esto, nada tiene que ver con la Estimulación Temprana.

ERROR 8: La Estimulación Temprana puede llevar a la sobreestimulación. Sobreestimular supone cansar a un niño, ponerle nervioso, estresarle, exigirle, obligarle, excitarle o en el mejor de los casos, aburrirle… Ninguna de estas cosas deben ser consecuencia de aplicar la Estimulación Temprana. No lo serán si hacemos bien las cosas. Y serán los niños quienes nos digan si lo estamos haciendo bien pues si ellos se muestran contentos y felices con las actividades que les proponemos, todo va bien.

ERROR 9: La Estimulación Temprana no es necesaria en el bebé pues éste lo que necesita es estar tranquilo y dormir mucho. Es cierto que los bebés han de dormir muchas horas, la mayor parte del tiempo, especialmente durante los primeros meses de vida. Sin embargo, tras los primeros dos meses han de ir estando más y más activos cada día, experimentando con su cuerpo, moviéndolo para aprender sobre el espacio y explorar el mundo que les rodea. El primer año de vida es un período clave dentro del desarrollo cerebral.

Por esto hemos de tener mucho cuidado con los bebés que son “demasiado buenos” pues muchos de ellos duermen más de lo esperado y se mueven mucho menos de lo que es deseable para un buen desarrollo. Y la razón puede ser que sean niños aburridos en un entorno escasamente estimulante.

ERROR 10: La Estimulación Temprana pretende crear genios. Esta es una idea absurda que realmente no merece la pena rebatir siquiera. Sería una locura pensar que pudiera existir una fórmula con la que contásemos para convertir a los niños en genios.

La Estimulación Temprana pretende dar al niño todas las oportunidades posibles para que logre un pleno desarrollo y alcanzar así todo su potencial, pero no podríamos plantearnos ir “más allá”. Simplemente no sería posible.

ERROR 11: La Estimulación Temprana es suficiente con aplicarla dos veces por semana. Esto ya sabemos que es una concepción errónea porque cuando los estímulos no son suficientemente intensos y repetidos no son considerados importantes por el cerebro, por lo que no crea con ellos circuitos neuronales fuertes.

Lo que no se repite, preferiblemente a diario, no es tan eficaz para lograr la maduración cerebral y, por lo tanto, el mayor grado de desarrollo en los niños.

ERROR 12: La Estimulación Temprana requiere de materiales costosos. En realidad, gracias a la flexibilidad de la Estimulación Temprana que nos permite hacer cualquier cosa de la que disfrutemos con nuestros niños, siempre que lo hagamos empleando estímulos adecuados, nuevos y repetidos, podemos utilizar una gran variedad de objetos y recursos para llevarla a cabo. No es necesario contar con material caro o difícil de fabricar.

ERROR 13: Se necesitan muchos conocimientos para aplicar la Estimulación Temprana. Como ya se dijo, lo que necesitamos realmente son ganas e ilusión. También conocer un poco el desarrollo del niño y los requisitos mencionados para asegurarnos de que estamos haciendo algo que es eficaz y beneficioso para los niños.

Recordemos que son ellos, los niños, quienes nos harán saber si lo estamos haciendo bien.

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¿CÓMO ESTIMULAR EL NEURODESARROLLO INFANTIL?, POR LA ESPECIALISTA ROSINA URIARTE

Publicado en Qué!

Es frecuente observar que una gran cantidad de niños presentan dificultades en el aprendizaje que son percibidas por padres y maestros en la edad escolar, cuando ya no son tan fáciles de tratar.

Por esta razón, es primordial evaluar a los más pequeños desde temprana edad para hacer un diagnóstico oportuno y comenzar una estimulación adecuada de sus capacidades, debido a que la plasticidad cerebral es mayor en este momento. La especialista Rosina Uriarte, basándose en la importancia de la plasticidad cerebral para el desarrollo infantil, ha creado diferentes programas para estimular el neurodesarrollo infantil, los cuales emplea de forma exitosa.

ROSINA URIARTE Y LA ESTIMULACIÓN DEL NEURODESARROLLO INFANTIL

Durante las primeras etapas del crecimiento hay una mayor plasticidad cerebral, concepto que hace referencia a la capacidad del cerebro de amoldarse a cualquier situación que suceda. Por eso, cuando los niños tienen problemas conductuales y de aprendizaje, es necesario detectarlos a tiempo y tratarlos tempranamente. De esta manera, podrán desarrollar todo su potencial, algo que es más difícil si se trata de forma tardía. Por este motivo, la especialista en desarrollo infantil Rosina Uriarte busca estimular el neurodesarrollo en los primeros años de vida. Esto lo hace a través de técnicas y herramientas que enseña a padres y maestros para que puedan aplicarlas oportunamente. Dichas técnicas de estimulación están plasmadas en su libro «Esos Preciosos Primeros Años. Manual de Estimulación Temprana” y en sus cursos online de estimulación temprana y de acompañamiento en el desarrollo del bebé. Uriarte también cuenta con el programa de formación en neurodesarrollo “Mimando las Estrellas”, para lograr resultados en niños con dificultades. Además, ofrece orientación y asesoramiento online a familias que buscan que sus hijos desarrollen todo su potencial.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA PLASTICIDAD CEREBRAL?

La capacidad que tiene la estructura cerebral para modificarse con el aprendizaje se denomina plasticidad cerebral y esta es mayor en niños pequeños. Por ello, estos pueden aprender nuevas habilidades fácilmente a diferencia de los adultos. Sin embargo, existen casos especiales como «los niños prematuros que, al no completar su ciclo normal dentro del vientre materno, nacen con dificultades que hay que atender de inmediato para salvarles la vida», como comenta la especialista y añade: «Debido a la prematuridad, los niños no completan su desarrollo cerebral normal, por lo que están en desventaja en comparación con aquellos nacidos en condiciones normales.»

Las consecuencias de este desorden se manifiestan en la edad escolar en forma de dificultades del aprendizaje y otros trastornos, y en este sentido, Rosina Uriarte recomienda estimular el neurodesarrollo infantil de manera precoz cuando es más fácil tratarlos, incluso como un juego.

A través de la estimulación del neurodesarrollo infantil, la especialista en esta área Rosina Uriarte ha conseguido ayudar hasta el momento a que muchos niños desarrollen todo su potencial cognitivo en las etapas más tempranas de su vida.

MITOS del Desarrollo y el Aprendizaje Infantil

Existe una gran cantidad de mitos sobre el desarrollo y el aprendizaje infantil. Muchos de ellos se deben al desconocimiento de cómo se produce realmente este desarrollo y aprendizaje. Es hora de desterrar algunos, o más bien todos, pues realmente hacen más mal que bien.

Así que, vamos a ello…

Empecemos por esa creencia de… “bueno, no importa como haya nacido, no se va a acordar.”

Es verdad que los bebés, y ninguno de nosotros, recordamos nuestro nacimiento. La razón es que las áreas que guardan los recuerdos a largo plazo aún no han madurado hasta aproximadamente los tres o cuatro años. Es de esa edad cuando normalmente tenemos los primeros vagos recuerdos. 

Sin embargo, a pesar de no contar aún con la capacidad de almacenar datos en la memoria, el cerebro guarda todas las experiencias vividas pues cada una de ellas supone la conexión entre neuronas, dando lugar a la creación de estructuras cerebrales y a la maduración del cerebro. Es gracias a la estimulación recibida que el cerebro crece y se desarrolla, y precisamente el período de máximo desarrollo cerebral se produce en esos primeros años en los cuales aún no funcionan las áreas de la memoria a largo plazo. Por esto, podría decirse que de las conexiones y circuitos creados tempranamente dependerá todo el desarrollo cerebral posterior de la persona.

En realidad, las experiencias primeras, las que no recordamos, son más importantes que las posteriores que sí quedaron grabadas.

Y, de todas las experiencias tempranas, sin lugar a dudas, el nacimiento ha de ser de las más cruciales por su gran impacto a nivel cerebral. Una experiencia única que no volverá jamás y que supone para el niño una ruptura total con todo lo que ha conocido hasta ese momento. El nacimiento es un acontecimiento increíble en cuanto a la cantidad de conexiones neuronales que se establecen y porque el cerebro creará en esta etapa patrones de funcionamiento para ayudar al bebé a sobrevivir con las experiencias que se encuentre durante el proceso de nacer y después, en la vida fuera del útero materno.

Lo que recordamos lo podemos gestionar desde nuestro cerebro adulto, desde nuestra razón, pero lo que no recordamos no lo podemos manejar desde la consciencia y por ello nos marcará mucho más a lo largo de nuestra vida. Por lo que, no recordar el nacimiento está muy lejos de ser algo que “no importe”.

Otro mito relativo también a los bebés corresponde a una concepción errónea de lo que un bebé realmente necesita. Es muy común escuchar “no le cojas en brazos que se acostumbra.”

La idea de que podemos convertir a un niño en una persona dependiente por atender a sus necesidades de contacto es algo que se ha demostrado como totalmente incierto. Queda científicamente probado que cuanto más se satisfacen las necesidades de un bebé, que es un ser total y absolutamente dependiente, más tranquilo, más confiado y más feliz será, llegando a desarrollarse como una persona más autónoma e independiente.

El bebé ha estado 9 meses en pleno contacto, sintiendo su cuerpo contenido dentro de las paredes del útero materno durante las 24 horas del día. Es lo que conoce y le da seguridad, por ello, es lo que sigue necesitando una vez que nace y durante meses (más bien toda la vida pues nuestra necesidad de contacto no desaparece). Necesita los brazos de su madre, primero, y los del padre después. Sin lugar a dudas, hay que coger a los bebés en brazos, portearlos y ofrecerles todas las oportunidades posibles de contacto, preferiblemente el contacto piel con piel. Y es que, también ha quedado demostrado que, no solamente es vital el tacto y el contacto, sino que lo es por encima del alimento, habiendo existido en la historia muchos casos para corroborarlo, casos de bebés que no sobrevivieron por falta de tacto a pesar de haber sido alimentados.

Una idea muy extendida es que “la leche de fórmula es prácticamente igual que la materna.”

Esto está simplemente lejos de ser cierto. No existe nada comparable a la leche materna. Ésta tiene la capacidad de cambiar su composición a lo largo del día para las diferentes tomas con el objetivo de cubrir las necesidades que pueda tener el niño a lo largo del día.  Así mismo cambia también según pasa el tiempo para satisfacer las necesidades de un bebé que va creciendo. Incluso la leche materna de una mamá de un bebé prematuro tiene una composición especialmente beneficiosa para ese bebé, con los nutrientes y anticuerpos que más necesita.

La leche materna, junto al nacimiento por vía vaginal, son dos de los factores más determinantes de un buen sistema inmunológico en la persona, pues la inmunidad con el cual convivimos toda la vida se crea en estas primeras etapas de la vida.

Sigamos con otro mito muy común y que hace muy flaco favor al desarrollo de los niños: “Bueno, pues si no gatea, no pasa nada. Muchos niños no lo hacen.” 

Es verdad que muchos niños no pasan por las etapas intermedias previas a caminar y aparentemente “no pasa nada”… Pero de lo que estamos seguros es que sí pasa que, al saltarse etapas, pierden la oportunidad de realizar determinados aprendizajes y adquirir habilidades que son posibles gracias a las experiencias que les brindan estas etapas como son el arrastre y el gateo. Y pasa que el hecho de prescindir de estas experiencias motrices, experiencias con su cuerpo y el movimiento en el espacio y el tiempo, hace que estén faltos de las conexiones neuronales que se crean gracias a estos hitos del desarrollo motriz en el primer año de vida.

Hay un momento preciso y precioso para cada logro en el desarrollo, el primer año cuenta con varios de estos logros, los cuales no se vuelven a producir a lo largo de los años siguientes.

Mientras seguimos preocupados por que los niños se sienten y caminen, algo que lograrán con toda seguridad (salvo que exista un daño cerebral importante) y que harán toda su vida, obviamos, por puro desconocimiento, las etapas intermedias y que son necesarias para que el niño pueda sentarse, caminar y mucho más (hablar, leer, escribir, comprender las matemáticas, prestar atención, controlar sus impulsos, sus emociones…) en las mejores de las condiciones posibles.

No podemos asegurar que los niños que no se arrastran o gatean vayan a tener dificultades en el aprendizaje escolar, por suerte, esto no es así. Pero sí que existen estadísticas que nos hablan de que un gran porcentaje de niños con dificultades en la escuela no cumplieron su desarrollo motriz en el primer año de vida.

Este error en las creencias relativas al desarrollo de los bebés nos lleva a un nuevo mito: “¡Con 9 meses se puso de pie y ahora con 10 ya corre! ¡Qué listo es!”.

Hay una tendencia a creer que esto es una señal de que un bebé es muy espabilado y que irá por delante de los demás en su desarrollo y en la vida. Pero esto no necesariamente es así. Algunos niños van por delante de otros niños, pero adelantar las etapas motrices durante el primer año supone no haberse podido beneficiar plenamente de las ventajas que ofrecen las etapas previas del arrastre y el gateo, con lo cual pueden surgir dificultades que el niño tenga que compensar más adelante. Y no todos los niños son capaces o encuentran la manera de compensar fallos en su desarrollo. No es una cuestión de inteligencia, sino de las habilidades desarrolladas en cada momento y que repercutirán en todas las demás habilidades futuras a desarrollar.

“Cuanto antes” no es mejor. Lo mejor es cumplir con todas las etapas y contar así con un rico y pleno desarrollo.

Y como esto de “adelantarnos” en el desarrollo de los niños se nos da tan bien, surge otro mito, el de que “los bebés deben ir a la guardería porque es importante para que socialicen.”

Esto es muy popular. Se escucha muchísimas veces decir que a los bebés les conviene la guardería para socializarse y quienes lo dicen, no conoce muy bien el desarrollo infantil y no son conscientes de que hasta los 3 años no es importante la socialización en los niños. En las guarderías aprenden a “lidiar” los unos con los otros, pero no tienen la necesidad de compartir el mismo espacio o actividades. De hecho, hasta los 3 años aproximadamente, juegan uno al lado al otro, pero no juntos.

Hasta la edad de 3 años un niño necesita estar con sus cuidadores principales y no tiene la necesidad de relacionarse con otros compañeros de la misma edad. Las guarderías cumplen otras funciones, pero la de que los niños socialicen unos con otros no es una de ellas. 

Algo que oigo muchas veces decir a los padres sobre su hijo es: “no le gusta jugar en el parque, prefiere mirar a los otros niños. Es que es muy observador.”

Cada vez que oigo esto tiendo a pensar que estamos hablando de un niño inseguro, con miedos y que ha experimentado poco con su cuerpo. Posiblemente también de un niño que sea extremadamente sensible a la estimulación que le brinda el movimiento y por ello no disfrute de ella. En cualquiera de los casos, estamos ante un niño que probablemente no haya gozado de ricas experiencias físicas que luego le permitan contar con una seguridad y confianza emocionales, que a su vez le lleven a tener facilidades para el aprendizaje en la escuela.

La mayoría de los niños disfrutan inmensamente del parque, de correr, subir, bajar, trepar, girar… Es lo natural y lo deseable dentro de un desarrollo pleno. Un niño demasiado observador podría estar mostrando una importante carencia o necesidad en un proceso del desarrollo que no se está cumpliendo como sería de esperar.

“No aprende porque no quiere.” Qué equivocada y qué injusta resulta esta afirmación…

Es, además, una afirmación muy común. Se oye en casa dicho por los padres y se escucha en la escuela de parte de los maestros y profesores. Transmite la idea de que el niño tiene capacidades, es inteligente, pero que no aprende porque es su voluntad no hacerlo.

Realmente es un disparate decir algo así porque la realidad es que todos los niños quieren aprender, todos necesitan tener éxito, ningún niño quiere fracasar. Ningún niño quiere ser diferente a sus compañeros en la escuela, ninguno quiere quedarse atrás o fuera del ritmo que llevan los demás. Al igual que nosotros, todos los seres humanos necesitamos tener éxito, reconocimiento, necesitamos cumplir las expectativas de los demás y sentir que están orgullosos de nosotros. Necesitamos sentirnos valiosos siendo validados por los demás…

Los niños que no aprenden como los demás es porque no saben hacerlo, no pueden hacerlo. Con toda seguridad lo han intentado, y tras haber hecho el esfuerzo, no lo han conseguido.

Y entonces es cuando surge un nuevo mito: “No se esfuerza lo suficiente”.

Muchas veces tenemos esa sensación de que no se esfuerzan lo suficiente, pero la realidad es que en muchas ocasiones son los niños que más esfuerzo realizan de todos, hacen mayor esfuerzo que sus compañeros al estar funcionando en condiciones más adversas debido a habilidades y capacidades que no han terminado de desarrollar.

Algunos siguen esforzándose sin ningún tipo de reconocimiento por parte de los adultos, otros simplemente “tiran la toalla” ante la frustración y el fracaso. En estos casos es cierto que no se esfuerzan. Pero habríamos de preguntarnos la causa. Pedir, en ocasiones exigir, a los niños algo para lo cual no están aún maduros, que no son capaces de hacer y, además, no valorar el esfuerzo que realizan para conseguirlo, es la fórmula perfecta para lograr que dejen de esforzarse. Tal cual como lo haríamos nosotros también.

Tristemente, nuestro sistema educativo sigue valorando el resultado obtenido en lugar de dar valor al esfuerzo realizado. Tampoco valida realmente los avances logrados por los niños, sino que sigue enfocado en lo que no consiguen hacer. Ahí es donde ponemos el foco: el lugar al que aún no llegan. Los errores son los que se remarcan, no los aciertos, que se dan por hecho y se pasan por alto. En esta situación no es de extrañar que tantos niños, y no solamente los que tienen dificultades, se encuentren totalmente desmotivados y dejen de esforzarse. Sin esfuerzo no hay avances, pero para que exista el esfuerzo es necesaria la motivación.

Antes de emitir la sentencia de que un niño no se esfuerza lo suficiente, habríamos de plantearnos cómo estamos presentando el aprendizaje a ese niño, si lo hacemos de una forma motivante o no. Con qué herramientas, capacidades y habilidades, cuenta el niño para enfrentarse a lo que le pedimos que aprenda. Qué esfuerzo está haciendo realmente acorde a las herramientas de las que dispone y qué esfuerzo no recompensado realizó en el pasado que le llevó a resignarse, a convencerse de que aprender es difícil y no es para él. También hemos de plantearnos si estamos dando el valor que merecen a sus aciertos, sus avances, a lo que sí sabe hacer y si no nos estamos enfocando exclusivamente en lo que no hace bien…

Estos mitos anteriores me recuerdan a otro, algo que escucho también muy a menudo: “Cuando quiere, ¡bien que presta atención!”

Vemos que cuando el niño está jugando con sus Playmobil, sus Legos, o especialmente cuando está con la Tablet, el móvil, el ordenador o frente la televisión presta atención, siendo un niño al que le cuesta mucho hacerlo en el aula y cuando está con los deberes en casa. Esto es muy muy común.

Y es que, al igual que ocurre con el esfuerzo, tenemos más facilidad para prestar atención cuando hacemos algo que nos motiva, que nos gusta, que nos es fácil y sabemos que se nos da bien. Por ello es más frecuente ver a los niños prestando atención en las actividades que disfrutan.

Esto es así para todas las actividades en general, pero muy especialmente cuando de pantallas se trata. Frente a las pantallas ocurre que son precisamente los niños que tienen más dificultades para prestar atención quienes más “se enganchan” hasta incluso parecer “hipnotizados” por ellas  (particularmente lo vemos con la televisión, que requiere de menos interacción que los video juegos). El mundo digital ofrece una estimulación muy diferente a la que obtiene el niño del mundo tridimensional que le rodea. Los juegos y actividades que realiza en el ordenador, una tablet o el móvil, también los programas que ve en la televisión, le brindan una estimulación visual y auditiva rápida y llena de recompensas inmediatas… Una estimulación que hace un efecto muy parecido a los psicoestimulantes que se recetan a los niños hiperactivos con déficit de atención. Estímulos que los niños ya no necesitarán buscar incesantemente y que, por ello, serán capaces de centrar en ellos su atención y obviar todo lo demás que ocurre a su alrededor. Algo inaudito en estos niños cuando no hay una pantalla de por medio, pues precisamente son los que “están a todo”, lo cual dificulta que puedan centrarse en las explicaciones de la profesora, por ejemplo.

En conclusión, no podemos juzgar la capacidad de un niño de prestar atención por cómo lo hace delante de una pantalla. De hecho, en muchas ocasiones veremos niños hiperfocalizados que en realidad pueden estar manifestándonos un verdadero problema de atención.

El siguiente mito es en realidad un consejo bienintencionado, pero muy equivocado… “Espera, que ya madurará.”

Teniendo en cuenta que el cerebro es más plástico, más moldeable y está más abierto a cambiar y a madurar cuanto más joven es el niño, esperar resulta un gran error, el más grande de todos.

El trabajo del neurodesarrollo está enfocado a dar una segunda oportunidad de madurar al cerebro. Supone un refuerzo del desarrollo que busca dar al niño las herramientas que le puedan faltar para poder estar sentado en clase, prestar atención, aprender a leer, a escribir, entender las matemáticas, relacionarse adecuadamente con sus iguales, controlar sus movimientos, sus impulsos y sus emociones… Y esto es posible. Pero lo fácil que pueda resultar este trabajo, la rapidez con la que se obtengan resultados y la calidad de éstos, es inversamente proporcional a la edad del niño. Por esto, trabajar hoy es mejor que mañana.

Afortunadamente, sabemos por la neurociencia que el cerebro sigue siendo plástico toda la vida, que existen nuevas neuronas que nacen a todas las edades en determinadas zonas cerebrales. Por esto merece la pena trabajar por lograr un mejor desarrollo cerebral a cualquier edad. Más vale trabajar con un niño mayor que no hacerlo, pero siempre será mejor empezar cuanto antes.

Muchas de las dificultades que muestran nuestros niños en la escuela ya estaban ahí cuando eran bebés. Ya se manifestaban en la forma de un bebé irritable, que no dormía bien, que lloraba mucho, que luego en la guardería llamaba la atención de sus cuidadoras por ser “diferente” y en Educación Infantil se veía que no prestaba la misma atención que sus compañeros, que no seguía las normas, tenía respuestas agresivas o se aislaba del resto, etc.

Casi siempre se pierde un tiempo precioso al no actuar ante estas señales en el momento en el cual el trabajo que se realiza con un niño pequeño es sencillo, agradable para él y con mejores resultados. Este tiempo se pierde por la incapacidad de ver la relación directa que existe entre estas manifestaciones en el bebé y el niño pequeño, y las dificultades de aprendizaje y de conducta que se observan más adelante en el niño de primaria y secundaria.

El desarrollo infantil se produce como una cadena en la cual cada eslabón es importante y depende de los eslabones anteriores. En la cadena del desarrollo no podemos separar el aprendizaje escolar y la conducta o cómo se relaciona un niño con los demás, cómo gestiona sus emociones… de las experiencias vividas en su gestación, nacimiento o su primer año de vida. No podemos desligarlo de sus experiencias motrices y del control del cuerpo que haya logrado. Pues de estos “eslabones” primeros dependerán otros como su capacidad de prestar atención y de aprender, junto a su capacidad de controlar su conducta.

Esperar es un error grave. No es un buen consejo. Esto no quiere decir que debamos agobiarnos ante cualquier cosa que nos pueda preocupar en un niño pequeño, pero sí que debamos actuar en cuanto sospechemos que pueda existir una dificultad, un problema. Para el niño pequeño, el trabajo a realizar será como un juego y los logros serán incomparables a los que podamos obtener si esperamos a que las dificultades y los problemas, crezcan para hacerse muy evidentes, insostenibles…

“La letra con sangre entra.” Por suerte, este dogma está obsoleto y ya apenas hay quien crea en él, pero… sin embargo, seguimos presionando a los niños en la escuela.

Seguimos presionando a nuestros niños para que lean muy tempranamente, cuando aún no están preparados para hacerlo porque no cuentan con las herramientas neurológicas necesarias. Seguimos presionándoles para que alcancen determinados objetivos que no son acordes al momento evolutivo que viven dentro de su desarrollo. Les presionamos cuando exigimos que lleguen a un determinado nivel en sus respuestas, cuando no respetamos ni valoramos el esfuerzo que realizan, cuando no buscamos el modo de motivarles a alcanzar sus logros.

Hemos de tener en cuenta que cada vez que presionamos a un niño producimos estrés. Y en estados de estrés, de preocupación o miedo, no puede producirse un buen aprendizaje.  Ante situaciones de un posible peligro (o lo que el cerebro del niño pueda interpretar como un peligro, aunque a los adultos nos pueda parecer “una tontería”) se activan áreas cerebrales encargadas de mantenernos en estado de alerta y defendernos. Estas áreas toman el protagonismo haciendo que las áreas corticales, las encargadas del aprendizaje escolar, las que entienden el lenguaje y leen, escriben o se ocupan de las matemáticas… se apaguen, dejen de funcionar a pleno rendimiento. Entonces es cuando vemos que los niños se bloquean, no dan respuestas que sabemos que conocen o simplemente, parecen no entender ni tener la capacidad de aprender.

Solamente un niño tranquilo, que se siente seguro y confiado, puede aprender utilizando todos sus recursos cognitivos.

Pero pasa que a veces, estos recursos no han llegado a desarrollarse por lo que el niño no cuenta con ellos como sería de desear. O por estrés, por sus dificultades para prestar atención u otros motivos, no utiliza los recursos de los que dispone. En cualquiera de estos casos, es injusto pensar que los coeficientes intelectuales determinan la inteligencia de un niño.”

Lo que refleja un CI son la calidad de las respuestas que da un niño a un test cuando lo realiza. Pero somos conscientes, hoy en día, de la complejidad de la inteligencia, la cual es muy difícil de medir y de clasificar con un número.

Este número nos da información de cómo está funcionando el niño en ese momento y lugar, y nos acerca a conocer las necesidades que pueda tener a la hora de trabajar con él. Nos sirve como punto de partida para realizar ese trabajo y para después, comparar resultados con nuevos tests que nos muestren los avances.

Los resultados de los tests no son inamovibles, no sin inalterables. Trabajando desde el neurodesarrollo puede darse al niño una segunda oportunidad de madurar plenamente y lograr un mejor funcionamiento en todas las áreas.

Este mito anterior me lleva a pensar en otro en el cual creen muchas personas y que hace que bajemos las expectativas que tenemos con respecto a nuestros niños. Llevándonos a la resignación y llegando incluso a cerrarnos las puertas a las mejoras, a los avances.

Éste es el caso cuando oímos que “El TDA-H, la dislexia… son trastornos crónicos…”

“Crónico” significa “para siempre”. Y ninguna situación habría de ser necesariamente para siempre si existe un modo de atacar las causas que la están creando. Si nos quedamos en trabajar los síntomas, las manifestaciones del problema, lo que vemos, entonces ese problema se cronificará. Pero si somos capaces de descubrir las raíces del mismo y trabajamos ahí, los síntomas desaparecerán.

Esta teoría de trabajar las causas y no solamente los síntomas es excelente y en ella se basa el neurodesarrollo. Sin embargo, en cuanto al TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) y la Dislexia se refiere, existen casos llamados “primarios” que parecen no tener una causa que los provoque. Por lo que son difíciles de tratar desde la raíz. Siempre mejoran con un trabajo de refuerzo del desarrollo en el niño, pero no desaparece el trastorno en sí.

La buena noticia es que los expertos nos hablan de una minoría de casos “primarios”. Esto supone que la mayoría de los niños muestran signos de falta de atención, de hiperactividad, de dislexia o de otras dificultades escolares debido a causas que sí podemos trabajar.

Repasando la cadena del desarrollo para descubrir cuáles son los eslabones debilitados, podemos reforzarlos para ayudar a los niños a contar con todos los recursos que puedan necesitar para llegar a erradicar sus diagnósticos en el mejor de los casos, o a diluirlos cuando no es posible eliminarlos del todo.

Las dificultades de base, las causas, seguirán estando presentes siempre que nos dirijamos exclusivamente a los síntomas que se manifiestan. Por esto es un mito creer que “las dificultades de la lectura se solucionan leyendo”.

Por supuesto que el practicar la lectura, la escritura, las matemáticas… ayudarán al niño que tiene problemas de aprendizaje. Es un trabajo que enseña y entrena al niño a leer, a escribir y a comprender las matemáticas y esto es muy loable y necesario. Pero ocurre que, casi siempre, las causas de que un niño no lea correctamente, no escriba como esperamos o no entienda las matemáticas, no están en las áreas cerebrales que se ocupan de la lectura, de la escritura o de las matemáticas. Las áreas que se encargan de estos aprendizajes están en nuestro córtex, en la corteza cerebral. Y, salvo excepciones, no existe un daño, una lesión o malformación en estas áreas que impida el correcto aprendizaje en el niño.

Las causas no suelen deberse a lesiones o malformaciones en ningún área en realidad. Pero sí a un pobre desarrollo, una pobre maduración de ciertas partes del cerebro. Y estas partes están debajo del córtex. Si áreas inferiores no han madurado adecuadamente, no podrán hacerlo áreas superiores como la corteza. Las áreas donde se encuentran los fallos en el desarrollo y la maduración son más primitivas, no se ocupan de las habilidades cognitivas, sino de otras muy anteriores que las sustentan. Son áreas que no entienden el lenguaje (ni escrito, ni hablado). Solamente comprenden las sensaciones, la información que llega del cuerpo. Esta información, hablada en el lenguaje de los sentidos, es la que hace que los primeros eslabones de la cadena del desarrollo sean bien fuertes. Es el lenguaje en el cual hablamos cuando trabajamos desde el enfoque del neurodesarrollo. Se trata de un trabajo de base que refuerza los cimientos del aprendizaje para dar al niño la oportunidad de contar con las habilidades y capacidades que pueda necesitar para tener éxito en la escuela.

Cuando un niño no alcanza una meta a la que esperamos que llegue (aprender a leer como los demás, por ejemplo) es porque algo ha fallado en el recorrido hacia esa meta. Por esto no tiene sentido insistir en trabajar en la meta (que el niño lea). Sino que hemos de recorrer junto a él ese camino hacia la meta solucionando los fallos que podamos encontrar en el mismo.

Un niño que ha hecho ese recorrido llegará a la meta con facilidad, como lo hacen el resto de sus compañeros.

Con todo esto en mente, pasamos al último de los mitos que quisiera mencionar… El cuerpo nada tiene que ver con el aprendizaje escolar.”

La verdad es que el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas, el control de las emociones, cómo nos relacionamos con los demás, cómo controlamos el movimiento, los impulsos, nuestra capacidad de prestar atención… todo tiene que ver con las experiencias vividas tempranamente. Tiene que ver con todo lo experimentado por y con nuestro cuerpo, con el movimiento de éste en el espacio y el tiempo… Existe una relación directa entre el desarrollo físico y el desarrollo emocional, social y cognitivo.

El niño que ha tenido buenas experiencias con su cuerpo y el movimiento a muy temprana edad tendrá un buen tono muscular que le permitirá mantener una correcta postura en el aula y así prestar fácilmente atención. Las nociones espaciales y de tiempo desarrolladas gracias a estas experiencias del bebé y el niño pequeño le ayudarán en el aprendizaje de los lenguajes escritos, incluidas las matemáticas, pues necesitará tener muy claros los conceptos de izquierda, derecha, arriba, abajo… El desarrollo de su motricidad gruesa hará que sea posible la maduración de su motricidad fina para que así pueda utilizar correctamente sus manos para escribir o sus ojos para leer (y escribir, las matemáticas… y prácticamente todo lo que hace en el aula).

Un buen desarrollo físico temprano proporcionará al niño la sensación de habitar un cuerpo capaz, hábil, que le da seguridad y confianza. Algo que incidirá en cómo se ve a sí mismo, en su autoconcepto y su autoestima. Además de derivar en un buen desarrollo emocional, algo indispensable como ya vimos, para poder aprender con facilidad.

Todo empieza por el cuerpo. Dejemos de enfocarnos tanto en lo cognitivo, en el aprendizaje escolar y los deberes, para centrarnos más en dar al niño las oportunidades que necesita para que ese aprendizaje no nos preocupe.

Si te ha parecido interesante todo esto de lo que hemos hablado, seguro que te gustará conocer el programa de formación online en neurodesarrollo “Mimando las Estrellas” ✨. Si es así, sólo tienes que hacer clic en el nombre o pasarte por mi página web: rosinauriarte.com.

¡Te espero!🧡

Terapia CRANEO-SACRAL. Despejando el camino.

«Mi trabajo es vocacional y trabajar con niños es para mí un regalo.» Esto dice Iñaki López de Castro, osteópata craneo-sacral invitado al programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS.

En esta interesante entrevista, Iñaki nos cuenta cómo trabajar con niños es como hacerlo con uno mismo, con nuestra parte más genuina. Que te permite ser más niño para conectar y sintonizar con ellos. Explica que para poder conectar con los niños nos toca aprender «otro idioma», otro tipo de comunicación, una comunicación que no es verbal.

Exactamente lo mismo ocurre en el neurodesarrollo, que empleamos el lenguaje de los sentidos, de las sensaciones, cuando trabajamos con niños con dificultades en su desarrollo. Para de esta forma llegar a áreas cerebrales que no conocen el lenguaje hablado.

Iñaki sigue contándonos que a través del tacto, el terapeuta craneo-sacral ofrece al niño un soporte desde el cual se le puede regular, dado que muchos niños no cuentan con la capacidad de autorregularse.

La osteopatía busca trabajar con tejidos que están en tensión, influyendo directamente en el aspecto emocional.

Para conocer más, puedes visitar su página web: https://lopezdecastro.com/

Y para informarte sobre neurodesarrollo infantil, visita mi página: https://rosinauriarte.com/

La importancia de estimular el neurodesarrollo infantil de la mano de la educadora Rosina Uriarte

Publicado el 02/12/21 en merca2

El neurodesarrollo infantil comprende una serie de mecanismos necesarios, mediante los cuales el sistema nervioso de los niños genera respuestas en función a las situaciones que se presentan.

Se trata de un aspecto que se puede trabajar para lograr una mejor estimulación temprana en los más pequeños. La especialista en estimulación temprana Rosina Uriarte enseña un método para estimular el neurodesarrollo infantil, en el que es necesario involucrar a la familia. Así, se logran las repeticiones de los ejercicios que sirven para dotar de mejores herramientas cognitivas a los niños.

LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACIÓN DE LA FAMILIA EN EL NEURODESARROLLO INFANTIL

Rosina Uriarte cuenta con un Máster en Neuropsicología y Educación y se ha dedicado, durante más de 2 décadas, a la orientación de padres y profesionales sobre técnicas y métodos de estimulación temprana para el desarrollo de bebés y niños. El neurodesarrollo infantil es un enfoque diferente en el área de la estimulación temprana que busca trabajar las causas y no los síntomas.

Una de las herramientas clave dentro de esta técnica es la repetición, la cual requiere que la familia se involucre. Un especialista puede trabajar con un niño 1 o 2 veces a la semana, pero es importante practicar ejercicios todos los días, por lo que las madres y los padres cuentan con un papel fundamental.

Según explica Rosina Uriarte, solo hay 2 formas mediante las que el cerebro guarda nueva información y crea nuevos circuitos. La primera se da a través de un estímulo de alto impacto. Un ejemplo es el de poner las manos en el fuego, los niños no necesitan hacerlo 2 veces para aprender que se queman.

El neurodesarrollo infantil no trabaja con estímulos que busquen el shock, sino con la repetición. Los estímulos que se reiteran una y otra vez crean nuevas estructuras neuronales. Por eso, se requiere una continuidad que solo es posible en el hogar, el lugar de confort del niño, y que es viable si la familia se involucra.

UN CASO DE ÉXITO: UNA NIÑA SE DESARROLLÓ COGNITIVAMENTE MEDIANTE LA REPETICIÓN

Un ejemplo que Rosina Uriarte explica es el de una niña rusa adoptada que presentaba dificultades en el aprendizaje y en las relaciones sociales, debido a que los infantes que viven en orfanatos no reciben la estimulación adecuada. Les falta el contacto físico con la madre y el padre, algo esencial en el desarrollo psicológico, emocional, inmunológico y físico.

Debido a esto, fue necesario que la pequeña recibiese dosis extra de estimulación táctil y propioceptiva (contacto) y que repasase etapas motrices como el gateo o el arrastrarse, momentos en los que se construyen las bases neurológicas previas a caminar. Para cumplir con esta tarea, el trabajo de la familia es esencial.

Los profesionales o padres que busquen aplicar los métodos del neurodesarrollo infantil necesitan involucrar a las familias en el proceso y contar con el apoyo de una especialista como Rosina Uriarte.

LATERALIDAD INFANTIL. ¿Sabes si tu hijo es DIESTRO o tu hija ZURDA?

Dentro del neurodesarrollo infantil, la lateralidad es un aspecto importante a tener en cuenta.

Ser diestro o zurdo no es algo anecdótico, una simple característica de cada persona. Es mucho más…

Supone una organización cerebral, la distribución de funciones entre dos hemisferios cerebrales que han aprendido a trabajar y a colaborar juntos. Una colaboración que hará que aprender sea más fácil.

Por esto nos preocupa saber si un niño es un buen diestro o un buen zurdo. Hay mucho más a tener en cuenta que la mano que utiliza un niño o una niña. Pero empezaremos por ahí, y lo haremos fijándonos en qué mano utiliza de forma espontánea en actividades en las cuales no use un utensilio, actividades que no hayan requerido de un aprendizaje.

Para conocer la lateralidad no nos sirven actividades aprendidas, sino las espontáneas

Una buena lateralidad (llegar ser plenamente diestro o plenamente zurdo) es uno de los principales hitos del desarrollo infantil. Por ello hemos de respetar el proceso de lateralización, fomentarlo y no entorpecerlo.

En este vídeo te cuento más:

Si necesitas asesoramiento o más información sobre el desarrollo infantil, pásate por mi página web. Te espero en rosinauriarte.com 💜

Y si te apetece formarte en neurodesarrollo infantil, no lo dudes: MIMANDO LAS ESTRELLASes el programa de formación en neurodesarrollo online que buscas.

TRASTORNOS de PROCESAMIENTO SENSORIAL en la participación de los NIÑOS en sus actividades diarias

En el programa de formación en Neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS, contamos con una nueva experta invitada: Beatriz Matesanz.

Beatriz nos habla de la importancia de promover la participación de los niños en actividades significativas diarias. El poder desarrollarlas tiene un efecto muy positivo en ellos.

El terapeuta ocupacional promueve que los niños disfruten de las actividades del día a día, sintiéndose capaces. Los niños necesitan la sensación de ser competentes y tener la oportunidad de encontrarse en las mejores condiciones para poder aprender. Necesitan también la motivación para hacerlo.

En nuestra entrevista, Beatriz nos pone un ejemplo de cómo se trabajaría con un niño para que tenga una mejor pinza digital y sea capaz de utilizar correctamente el lapicero para dibujar, colorear o escribir.

Beatriz Matesanz García es Terapeuta Ocupacional y Profesora de Educación Infantil. Está especializada en la atención a población infantil con alteraciones sensoriomotoras de origen central y trastornos del neurodesarrollo. Es Doctora en Patología Neurológica por la URJC y tiene la formación completa en Integración Sensorial por la Southern California University y la WPS. Compagina la docencia y la investigación en el CSEU La Salle con la clínica privada con niños que presentan diferentes alteraciones del desarrollo. En la actualidad desarrolla programas dirigidos a la adaptación de entornos escolares y domiciliarios para que estos puedan cubrir las necesidades sensoriales de los niños. Es docente en cursos de posgrado y máster nacionales e internacionales relacionados con neurorrehabilitación infantil. Autora de distintas publicaciones sobre la práctica de la terapia ocupacional en el ámbito de la infancia.

Enlaces a redes sociales:

Twitter: https://twitter.com/MatesanzBeatriz

LinkedIn: https://es.linkedin.com/in/beatriz-ma…

Programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS: https://rosinauriarte.com/mimando-las…

La importancia de la BOCA en el DESARROLLO INFANTIL

La boca tiene una importancia extraordinaria dentro del desarrollo infantil, por ello hemos de tenerlo en cuenta para respetar el desarrollo en la medida en que sea posible y fomentarlo al máximo.

En este podcast hablo del rol de la boca y de cómo podemos dar oportunidades de modo que su desarrollo sea pleno, favoreciendo así la succión, el lenguaje y mucho más…

Para más información se pueden consultar anteriores artículos como los siguientes:

Mas sobre DESARROLLO INFANTIL, NEURODESARROLLO, ESTIMULACIÓN TEMPRANA y más, en rosinauriarte.com

Truco para la LACTANCIA y otros para el DESARROLLO de los BEBÉS en la formación online del método BEBÉ Y YO

Existen trucos que ayudan al bebé a succionar y a mucho más… Para utilizarlos hemos de conocer el desarrollo infantil. Así podremos acompañar al niño en ese desarrollo, respetándolo y fomentándolo para que sea pleno.

¿Te has dado cuenta de cómo a veces las cosas que parecen complicadas pueden tener en realidad una solución sencilla? Sólo necesitamos conocer cuál es…

Esto le pasó hace unos días a una mamá que acaba de tener un bebé y que no conseguía que éste succionara bien pues estaba siempre dormidito.
Su asesora de lactancia le aconsejó que estuviera tranquila, que es natural que un recién nacido esté algo aletargado y que su estómago es aún tan pequeño que se sacia con muy poquita leche que tome.
Sin embargo, el entorno de la mamá le sugería que le diese al bebé una «ayudita» de leche de fórmula y que le hiciese cosquillas para espabilarlo para comer. 

Afortunadamente, su asesora de lactancia está formándose en todo lo relacionado con el desarrollo y la estimulación de los bebés y sabe que masajeando sus manitas se puede provocar que el bebé active su boca y succione de forma natural, favoreciendo así la lactancia.

«Fue estimular su manita y el bebé empezó a succionar… ¡Fue mágico! ¡Me encantó verlo!», me contó esta profesional. 

Si tú también quieres conocer más sobre la gestación, el nacimiento y el primer año de vida de los bebés, sólo tienes que acercarte al método BEBÉ Y YO.
Se trata de un bonito programa online para profesionales, futuros padres, padres recientes o cuidadores que quieran aprender a acompañar a sus pequeños en el fascinante recorrido de la vida en sus comienzos.

Muchas veces basta con conocer cómo funcionan los bebés, cómo la naturaleza los ha programado para que crezcan y se desarrollen plenamente, sanos y felices.

Una formación online en la cual aprenderás sobre desarrollo infantil y lo que resulta necesario para lograr que el desarrollo sea pleno.

Teniendo en cuenta que el cerebro crece inmensamente en las primeras etapas de la vida en comparación con las demás, hemos de brindarle a este momento temprano la importancia que tiene. La gestación, el nacimiento y el primer año de vida son momentos clave dentro de todo el desarrollo de la persona. BEBÉ Y YO se ocupa de este período de modo que los adultos que cuidan de un bebé sean conscientes de lo que es más necesario para su completo desarrollo, para que puedan acompañar al bebé en el proceso, dándole todo lo que sea beneficioso para él y compensando las dificultades que haya habido o que puedan surgir.

Espero que esto sea de tu interés y que así podamos vernos dentro del programa. ¡Me encantaría que así fuera!