¿CÓMO ESTIMULAR EL NEURODESARROLLO INFANTIL?, POR LA ESPECIALISTA ROSINA URIARTE

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Es frecuente observar que una gran cantidad de niños presentan dificultades en el aprendizaje que son percibidas por padres y maestros en la edad escolar, cuando ya no son tan fáciles de tratar.

Por esta razón, es primordial evaluar a los más pequeños desde temprana edad para hacer un diagnóstico oportuno y comenzar una estimulación adecuada de sus capacidades, debido a que la plasticidad cerebral es mayor en este momento. La especialista Rosina Uriarte, basándose en la importancia de la plasticidad cerebral para el desarrollo infantil, ha creado diferentes programas para estimular el neurodesarrollo infantil, los cuales emplea de forma exitosa.

ROSINA URIARTE Y LA ESTIMULACIÓN DEL NEURODESARROLLO INFANTIL

Durante las primeras etapas del crecimiento hay una mayor plasticidad cerebral, concepto que hace referencia a la capacidad del cerebro de amoldarse a cualquier situación que suceda. Por eso, cuando los niños tienen problemas conductuales y de aprendizaje, es necesario detectarlos a tiempo y tratarlos tempranamente. De esta manera, podrán desarrollar todo su potencial, algo que es más difícil si se trata de forma tardía. Por este motivo, la especialista en desarrollo infantil Rosina Uriarte busca estimular el neurodesarrollo en los primeros años de vida. Esto lo hace a través de técnicas y herramientas que enseña a padres y maestros para que puedan aplicarlas oportunamente. Dichas técnicas de estimulación están plasmadas en su libro «Esos Preciosos Primeros Años. Manual de Estimulación Temprana” y en sus cursos online de estimulación temprana y de acompañamiento en el desarrollo del bebé. Uriarte también cuenta con el programa de formación en neurodesarrollo “Mimando las Estrellas”, para lograr resultados en niños con dificultades. Además, ofrece orientación y asesoramiento online a familias que buscan que sus hijos desarrollen todo su potencial.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LA PLASTICIDAD CEREBRAL?

La capacidad que tiene la estructura cerebral para modificarse con el aprendizaje se denomina plasticidad cerebral y esta es mayor en niños pequeños. Por ello, estos pueden aprender nuevas habilidades fácilmente a diferencia de los adultos. Sin embargo, existen casos especiales como «los niños prematuros que, al no completar su ciclo normal dentro del vientre materno, nacen con dificultades que hay que atender de inmediato para salvarles la vida», como comenta la especialista y añade: «Debido a la prematuridad, los niños no completan su desarrollo cerebral normal, por lo que están en desventaja en comparación con aquellos nacidos en condiciones normales.»

Las consecuencias de este desorden se manifiestan en la edad escolar en forma de dificultades del aprendizaje y otros trastornos, y en este sentido, Rosina Uriarte recomienda estimular el neurodesarrollo infantil de manera precoz cuando es más fácil tratarlos, incluso como un juego.

A través de la estimulación del neurodesarrollo infantil, la especialista en esta área Rosina Uriarte ha conseguido ayudar hasta el momento a que muchos niños desarrollen todo su potencial cognitivo en las etapas más tempranas de su vida.

MITOS del Desarrollo y el Aprendizaje Infantil

Existe una gran cantidad de mitos sobre el desarrollo y el aprendizaje infantil. Muchos de ellos se deben al desconocimiento de cómo se produce realmente este desarrollo y aprendizaje. Es hora de desterrar algunos, o más bien todos, pues realmente hacen más mal que bien.

Así que, vamos a ello…

Empecemos por esa creencia de… “bueno, no importa como haya nacido, no se va a acordar.”

Es verdad que los bebés, y ninguno de nosotros, recordamos nuestro nacimiento. La razón es que las áreas que guardan los recuerdos a largo plazo aún no han madurado hasta aproximadamente los tres o cuatro años. Es de esa edad cuando normalmente tenemos los primeros vagos recuerdos. 

Sin embargo, a pesar de no contar aún con la capacidad de almacenar datos en la memoria, el cerebro guarda todas las experiencias vividas pues cada una de ellas supone la conexión entre neuronas, dando lugar a la creación de estructuras cerebrales y a la maduración del cerebro. Es gracias a la estimulación recibida que el cerebro crece y se desarrolla, y precisamente el período de máximo desarrollo cerebral se produce en esos primeros años en los cuales aún no funcionan las áreas de la memoria a largo plazo. Por esto, podría decirse que de las conexiones y circuitos creados tempranamente dependerá todo el desarrollo cerebral posterior de la persona.

En realidad, las experiencias primeras, las que no recordamos, son más importantes que las posteriores que sí quedaron grabadas.

Y, de todas las experiencias tempranas, sin lugar a dudas, el nacimiento ha de ser de las más cruciales por su gran impacto a nivel cerebral. Una experiencia única que no volverá jamás y que supone para el niño una ruptura total con todo lo que ha conocido hasta ese momento. El nacimiento es un acontecimiento increíble en cuanto a la cantidad de conexiones neuronales que se establecen y porque el cerebro creará en esta etapa patrones de funcionamiento para ayudar al bebé a sobrevivir con las experiencias que se encuentre durante el proceso de nacer y después, en la vida fuera del útero materno.

Lo que recordamos lo podemos gestionar desde nuestro cerebro adulto, desde nuestra razón, pero lo que no recordamos no lo podemos manejar desde la consciencia y por ello nos marcará mucho más a lo largo de nuestra vida. Por lo que, no recordar el nacimiento está muy lejos de ser algo que “no importe”.

Otro mito relativo también a los bebés corresponde a una concepción errónea de lo que un bebé realmente necesita. Es muy común escuchar “no le cojas en brazos que se acostumbra.”

La idea de que podemos convertir a un niño en una persona dependiente por atender a sus necesidades de contacto es algo que se ha demostrado como totalmente incierto. Queda científicamente probado que cuanto más se satisfacen las necesidades de un bebé, que es un ser total y absolutamente dependiente, más tranquilo, más confiado y más feliz será, llegando a desarrollarse como una persona más autónoma e independiente.

El bebé ha estado 9 meses en pleno contacto, sintiendo su cuerpo contenido dentro de las paredes del útero materno durante las 24 horas del día. Es lo que conoce y le da seguridad, por ello, es lo que sigue necesitando una vez que nace y durante meses (más bien toda la vida pues nuestra necesidad de contacto no desaparece). Necesita los brazos de su madre, primero, y los del padre después. Sin lugar a dudas, hay que coger a los bebés en brazos, portearlos y ofrecerles todas las oportunidades posibles de contacto, preferiblemente el contacto piel con piel. Y es que, también ha quedado demostrado que, no solamente es vital el tacto y el contacto, sino que lo es por encima del alimento, habiendo existido en la historia muchos casos para corroborarlo, casos de bebés que no sobrevivieron por falta de tacto a pesar de haber sido alimentados.

Una idea muy extendida es que “la leche de fórmula es prácticamente igual que la materna.”

Esto está simplemente lejos de ser cierto. No existe nada comparable a la leche materna. Ésta tiene la capacidad de cambiar su composición a lo largo del día para las diferentes tomas con el objetivo de cubrir las necesidades que pueda tener el niño a lo largo del día.  Así mismo cambia también según pasa el tiempo para satisfacer las necesidades de un bebé que va creciendo. Incluso la leche materna de una mamá de un bebé prematuro tiene una composición especialmente beneficiosa para ese bebé, con los nutrientes y anticuerpos que más necesita.

La leche materna, junto al nacimiento por vía vaginal, son dos de los factores más determinantes de un buen sistema inmunológico en la persona, pues la inmunidad con el cual convivimos toda la vida se crea en estas primeras etapas de la vida.

Sigamos con otro mito muy común y que hace muy flaco favor al desarrollo de los niños: “Bueno, pues si no gatea, no pasa nada. Muchos niños no lo hacen.” 

Es verdad que muchos niños no pasan por las etapas intermedias previas a caminar y aparentemente “no pasa nada”… Pero de lo que estamos seguros es que sí pasa que, al saltarse etapas, pierden la oportunidad de realizar determinados aprendizajes y adquirir habilidades que son posibles gracias a las experiencias que les brindan estas etapas como son el arrastre y el gateo. Y pasa que el hecho de prescindir de estas experiencias motrices, experiencias con su cuerpo y el movimiento en el espacio y el tiempo, hace que estén faltos de las conexiones neuronales que se crean gracias a estos hitos del desarrollo motriz en el primer año de vida.

Hay un momento preciso y precioso para cada logro en el desarrollo, el primer año cuenta con varios de estos logros, los cuales no se vuelven a producir a lo largo de los años siguientes.

Mientras seguimos preocupados por que los niños se sienten y caminen, algo que lograrán con toda seguridad (salvo que exista un daño cerebral importante) y que harán toda su vida, obviamos, por puro desconocimiento, las etapas intermedias y que son necesarias para que el niño pueda sentarse, caminar y mucho más (hablar, leer, escribir, comprender las matemáticas, prestar atención, controlar sus impulsos, sus emociones…) en las mejores de las condiciones posibles.

No podemos asegurar que los niños que no se arrastran o gatean vayan a tener dificultades en el aprendizaje escolar, por suerte, esto no es así. Pero sí que existen estadísticas que nos hablan de que un gran porcentaje de niños con dificultades en la escuela no cumplieron su desarrollo motriz en el primer año de vida.

Este error en las creencias relativas al desarrollo de los bebés nos lleva a un nuevo mito: “¡Con 9 meses se puso de pie y ahora con 10 ya corre! ¡Qué listo es!”.

Hay una tendencia a creer que esto es una señal de que un bebé es muy espabilado y que irá por delante de los demás en su desarrollo y en la vida. Pero esto no necesariamente es así. Algunos niños van por delante de otros niños, pero adelantar las etapas motrices durante el primer año supone no haberse podido beneficiar plenamente de las ventajas que ofrecen las etapas previas del arrastre y el gateo, con lo cual pueden surgir dificultades que el niño tenga que compensar más adelante. Y no todos los niños son capaces o encuentran la manera de compensar fallos en su desarrollo. No es una cuestión de inteligencia, sino de las habilidades desarrolladas en cada momento y que repercutirán en todas las demás habilidades futuras a desarrollar.

“Cuanto antes” no es mejor. Lo mejor es cumplir con todas las etapas y contar así con un rico y pleno desarrollo.

Y como esto de “adelantarnos” en el desarrollo de los niños se nos da tan bien, surge otro mito, el de que “los bebés deben ir a la guardería porque es importante para que socialicen.”

Esto es muy popular. Se escucha muchísimas veces decir que a los bebés les conviene la guardería para socializarse y quienes lo dicen, no conoce muy bien el desarrollo infantil y no son conscientes de que hasta los 3 años no es importante la socialización en los niños. En las guarderías aprenden a “lidiar” los unos con los otros, pero no tienen la necesidad de compartir el mismo espacio o actividades. De hecho, hasta los 3 años aproximadamente, juegan uno al lado al otro, pero no juntos.

Hasta la edad de 3 años un niño necesita estar con sus cuidadores principales y no tiene la necesidad de relacionarse con otros compañeros de la misma edad. Las guarderías cumplen otras funciones, pero la de que los niños socialicen unos con otros no es una de ellas. 

Algo que oigo muchas veces decir a los padres sobre su hijo es: “no le gusta jugar en el parque, prefiere mirar a los otros niños. Es que es muy observador.”

Cada vez que oigo esto tiendo a pensar que estamos hablando de un niño inseguro, con miedos y que ha experimentado poco con su cuerpo. Posiblemente también de un niño que sea extremadamente sensible a la estimulación que le brinda el movimiento y por ello no disfrute de ella. En cualquiera de los casos, estamos ante un niño que probablemente no haya gozado de ricas experiencias físicas que luego le permitan contar con una seguridad y confianza emocionales, que a su vez le lleven a tener facilidades para el aprendizaje en la escuela.

La mayoría de los niños disfrutan inmensamente del parque, de correr, subir, bajar, trepar, girar… Es lo natural y lo deseable dentro de un desarrollo pleno. Un niño demasiado observador podría estar mostrando una importante carencia o necesidad en un proceso del desarrollo que no se está cumpliendo como sería de esperar.

“No aprende porque no quiere.” Qué equivocada y qué injusta resulta esta afirmación…

Es, además, una afirmación muy común. Se oye en casa dicho por los padres y se escucha en la escuela de parte de los maestros y profesores. Transmite la idea de que el niño tiene capacidades, es inteligente, pero que no aprende porque es su voluntad no hacerlo.

Realmente es un disparate decir algo así porque la realidad es que todos los niños quieren aprender, todos necesitan tener éxito, ningún niño quiere fracasar. Ningún niño quiere ser diferente a sus compañeros en la escuela, ninguno quiere quedarse atrás o fuera del ritmo que llevan los demás. Al igual que nosotros, todos los seres humanos necesitamos tener éxito, reconocimiento, necesitamos cumplir las expectativas de los demás y sentir que están orgullosos de nosotros. Necesitamos sentirnos valiosos siendo validados por los demás…

Los niños que no aprenden como los demás es porque no saben hacerlo, no pueden hacerlo. Con toda seguridad lo han intentado, y tras haber hecho el esfuerzo, no lo han conseguido.

Y entonces es cuando surge un nuevo mito: “No se esfuerza lo suficiente”.

Muchas veces tenemos esa sensación de que no se esfuerzan lo suficiente, pero la realidad es que en muchas ocasiones son los niños que más esfuerzo realizan de todos, hacen mayor esfuerzo que sus compañeros al estar funcionando en condiciones más adversas debido a habilidades y capacidades que no han terminado de desarrollar.

Algunos siguen esforzándose sin ningún tipo de reconocimiento por parte de los adultos, otros simplemente “tiran la toalla” ante la frustración y el fracaso. En estos casos es cierto que no se esfuerzan. Pero habríamos de preguntarnos la causa. Pedir, en ocasiones exigir, a los niños algo para lo cual no están aún maduros, que no son capaces de hacer y, además, no valorar el esfuerzo que realizan para conseguirlo, es la fórmula perfecta para lograr que dejen de esforzarse. Tal cual como lo haríamos nosotros también.

Tristemente, nuestro sistema educativo sigue valorando el resultado obtenido en lugar de dar valor al esfuerzo realizado. Tampoco valida realmente los avances logrados por los niños, sino que sigue enfocado en lo que no consiguen hacer. Ahí es donde ponemos el foco: el lugar al que aún no llegan. Los errores son los que se remarcan, no los aciertos, que se dan por hecho y se pasan por alto. En esta situación no es de extrañar que tantos niños, y no solamente los que tienen dificultades, se encuentren totalmente desmotivados y dejen de esforzarse. Sin esfuerzo no hay avances, pero para que exista el esfuerzo es necesaria la motivación.

Antes de emitir la sentencia de que un niño no se esfuerza lo suficiente, habríamos de plantearnos cómo estamos presentando el aprendizaje a ese niño, si lo hacemos de una forma motivante o no. Con qué herramientas, capacidades y habilidades, cuenta el niño para enfrentarse a lo que le pedimos que aprenda. Qué esfuerzo está haciendo realmente acorde a las herramientas de las que dispone y qué esfuerzo no recompensado realizó en el pasado que le llevó a resignarse, a convencerse de que aprender es difícil y no es para él. También hemos de plantearnos si estamos dando el valor que merecen a sus aciertos, sus avances, a lo que sí sabe hacer y si no nos estamos enfocando exclusivamente en lo que no hace bien…

Estos mitos anteriores me recuerdan a otro, algo que escucho también muy a menudo: “Cuando quiere, ¡bien que presta atención!”

Vemos que cuando el niño está jugando con sus Playmobil, sus Legos, o especialmente cuando está con la Tablet, el móvil, el ordenador o frente la televisión presta atención, siendo un niño al que le cuesta mucho hacerlo en el aula y cuando está con los deberes en casa. Esto es muy muy común.

Y es que, al igual que ocurre con el esfuerzo, tenemos más facilidad para prestar atención cuando hacemos algo que nos motiva, que nos gusta, que nos es fácil y sabemos que se nos da bien. Por ello es más frecuente ver a los niños prestando atención en las actividades que disfrutan.

Esto es así para todas las actividades en general, pero muy especialmente cuando de pantallas se trata. Frente a las pantallas ocurre que son precisamente los niños que tienen más dificultades para prestar atención quienes más “se enganchan” hasta incluso parecer “hipnotizados” por ellas  (particularmente lo vemos con la televisión, que requiere de menos interacción que los video juegos). El mundo digital ofrece una estimulación muy diferente a la que obtiene el niño del mundo tridimensional que le rodea. Los juegos y actividades que realiza en el ordenador, una tablet o el móvil, también los programas que ve en la televisión, le brindan una estimulación visual y auditiva rápida y llena de recompensas inmediatas… Una estimulación que hace un efecto muy parecido a los psicoestimulantes que se recetan a los niños hiperactivos con déficit de atención. Estímulos que los niños ya no necesitarán buscar incesantemente y que, por ello, serán capaces de centrar en ellos su atención y obviar todo lo demás que ocurre a su alrededor. Algo inaudito en estos niños cuando no hay una pantalla de por medio, pues precisamente son los que “están a todo”, lo cual dificulta que puedan centrarse en las explicaciones de la profesora, por ejemplo.

En conclusión, no podemos juzgar la capacidad de un niño de prestar atención por cómo lo hace delante de una pantalla. De hecho, en muchas ocasiones veremos niños hiperfocalizados que en realidad pueden estar manifestándonos un verdadero problema de atención.

El siguiente mito es en realidad un consejo bienintencionado, pero muy equivocado… “Espera, que ya madurará.”

Teniendo en cuenta que el cerebro es más plástico, más moldeable y está más abierto a cambiar y a madurar cuanto más joven es el niño, esperar resulta un gran error, el más grande de todos.

El trabajo del neurodesarrollo está enfocado a dar una segunda oportunidad de madurar al cerebro. Supone un refuerzo del desarrollo que busca dar al niño las herramientas que le puedan faltar para poder estar sentado en clase, prestar atención, aprender a leer, a escribir, entender las matemáticas, relacionarse adecuadamente con sus iguales, controlar sus movimientos, sus impulsos y sus emociones… Y esto es posible. Pero lo fácil que pueda resultar este trabajo, la rapidez con la que se obtengan resultados y la calidad de éstos, es inversamente proporcional a la edad del niño. Por esto, trabajar hoy es mejor que mañana.

Afortunadamente, sabemos por la neurociencia que el cerebro sigue siendo plástico toda la vida, que existen nuevas neuronas que nacen a todas las edades en determinadas zonas cerebrales. Por esto merece la pena trabajar por lograr un mejor desarrollo cerebral a cualquier edad. Más vale trabajar con un niño mayor que no hacerlo, pero siempre será mejor empezar cuanto antes.

Muchas de las dificultades que muestran nuestros niños en la escuela ya estaban ahí cuando eran bebés. Ya se manifestaban en la forma de un bebé irritable, que no dormía bien, que lloraba mucho, que luego en la guardería llamaba la atención de sus cuidadoras por ser “diferente” y en Educación Infantil se veía que no prestaba la misma atención que sus compañeros, que no seguía las normas, tenía respuestas agresivas o se aislaba del resto, etc.

Casi siempre se pierde un tiempo precioso al no actuar ante estas señales en el momento en el cual el trabajo que se realiza con un niño pequeño es sencillo, agradable para él y con mejores resultados. Este tiempo se pierde por la incapacidad de ver la relación directa que existe entre estas manifestaciones en el bebé y el niño pequeño, y las dificultades de aprendizaje y de conducta que se observan más adelante en el niño de primaria y secundaria.

El desarrollo infantil se produce como una cadena en la cual cada eslabón es importante y depende de los eslabones anteriores. En la cadena del desarrollo no podemos separar el aprendizaje escolar y la conducta o cómo se relaciona un niño con los demás, cómo gestiona sus emociones… de las experiencias vividas en su gestación, nacimiento o su primer año de vida. No podemos desligarlo de sus experiencias motrices y del control del cuerpo que haya logrado. Pues de estos “eslabones” primeros dependerán otros como su capacidad de prestar atención y de aprender, junto a su capacidad de controlar su conducta.

Esperar es un error grave. No es un buen consejo. Esto no quiere decir que debamos agobiarnos ante cualquier cosa que nos pueda preocupar en un niño pequeño, pero sí que debamos actuar en cuanto sospechemos que pueda existir una dificultad, un problema. Para el niño pequeño, el trabajo a realizar será como un juego y los logros serán incomparables a los que podamos obtener si esperamos a que las dificultades y los problemas, crezcan para hacerse muy evidentes, insostenibles…

“La letra con sangre entra.” Por suerte, este dogma está obsoleto y ya apenas hay quien crea en él, pero… sin embargo, seguimos presionando a los niños en la escuela.

Seguimos presionando a nuestros niños para que lean muy tempranamente, cuando aún no están preparados para hacerlo porque no cuentan con las herramientas neurológicas necesarias. Seguimos presionándoles para que alcancen determinados objetivos que no son acordes al momento evolutivo que viven dentro de su desarrollo. Les presionamos cuando exigimos que lleguen a un determinado nivel en sus respuestas, cuando no respetamos ni valoramos el esfuerzo que realizan, cuando no buscamos el modo de motivarles a alcanzar sus logros.

Hemos de tener en cuenta que cada vez que presionamos a un niño producimos estrés. Y en estados de estrés, de preocupación o miedo, no puede producirse un buen aprendizaje.  Ante situaciones de un posible peligro (o lo que el cerebro del niño pueda interpretar como un peligro, aunque a los adultos nos pueda parecer “una tontería”) se activan áreas cerebrales encargadas de mantenernos en estado de alerta y defendernos. Estas áreas toman el protagonismo haciendo que las áreas corticales, las encargadas del aprendizaje escolar, las que entienden el lenguaje y leen, escriben o se ocupan de las matemáticas… se apaguen, dejen de funcionar a pleno rendimiento. Entonces es cuando vemos que los niños se bloquean, no dan respuestas que sabemos que conocen o simplemente, parecen no entender ni tener la capacidad de aprender.

Solamente un niño tranquilo, que se siente seguro y confiado, puede aprender utilizando todos sus recursos cognitivos.

Pero pasa que a veces, estos recursos no han llegado a desarrollarse por lo que el niño no cuenta con ellos como sería de desear. O por estrés, por sus dificultades para prestar atención u otros motivos, no utiliza los recursos de los que dispone. En cualquiera de estos casos, es injusto pensar que los coeficientes intelectuales determinan la inteligencia de un niño.”

Lo que refleja un CI son la calidad de las respuestas que da un niño a un test cuando lo realiza. Pero somos conscientes, hoy en día, de la complejidad de la inteligencia, la cual es muy difícil de medir y de clasificar con un número.

Este número nos da información de cómo está funcionando el niño en ese momento y lugar, y nos acerca a conocer las necesidades que pueda tener a la hora de trabajar con él. Nos sirve como punto de partida para realizar ese trabajo y para después, comparar resultados con nuevos tests que nos muestren los avances.

Los resultados de los tests no son inamovibles, no sin inalterables. Trabajando desde el neurodesarrollo puede darse al niño una segunda oportunidad de madurar plenamente y lograr un mejor funcionamiento en todas las áreas.

Este mito anterior me lleva a pensar en otro en el cual creen muchas personas y que hace que bajemos las expectativas que tenemos con respecto a nuestros niños. Llevándonos a la resignación y llegando incluso a cerrarnos las puertas a las mejoras, a los avances.

Éste es el caso cuando oímos que “El TDA-H, la dislexia… son trastornos crónicos…”

“Crónico” significa “para siempre”. Y ninguna situación habría de ser necesariamente para siempre si existe un modo de atacar las causas que la están creando. Si nos quedamos en trabajar los síntomas, las manifestaciones del problema, lo que vemos, entonces ese problema se cronificará. Pero si somos capaces de descubrir las raíces del mismo y trabajamos ahí, los síntomas desaparecerán.

Esta teoría de trabajar las causas y no solamente los síntomas es excelente y en ella se basa el neurodesarrollo. Sin embargo, en cuanto al TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) y la Dislexia se refiere, existen casos llamados “primarios” que parecen no tener una causa que los provoque. Por lo que son difíciles de tratar desde la raíz. Siempre mejoran con un trabajo de refuerzo del desarrollo en el niño, pero no desaparece el trastorno en sí.

La buena noticia es que los expertos nos hablan de una minoría de casos “primarios”. Esto supone que la mayoría de los niños muestran signos de falta de atención, de hiperactividad, de dislexia o de otras dificultades escolares debido a causas que sí podemos trabajar.

Repasando la cadena del desarrollo para descubrir cuáles son los eslabones debilitados, podemos reforzarlos para ayudar a los niños a contar con todos los recursos que puedan necesitar para llegar a erradicar sus diagnósticos en el mejor de los casos, o a diluirlos cuando no es posible eliminarlos del todo.

Las dificultades de base, las causas, seguirán estando presentes siempre que nos dirijamos exclusivamente a los síntomas que se manifiestan. Por esto es un mito creer que “las dificultades de la lectura se solucionan leyendo”.

Por supuesto que el practicar la lectura, la escritura, las matemáticas… ayudarán al niño que tiene problemas de aprendizaje. Es un trabajo que enseña y entrena al niño a leer, a escribir y a comprender las matemáticas y esto es muy loable y necesario. Pero ocurre que, casi siempre, las causas de que un niño no lea correctamente, no escriba como esperamos o no entienda las matemáticas, no están en las áreas cerebrales que se ocupan de la lectura, de la escritura o de las matemáticas. Las áreas que se encargan de estos aprendizajes están en nuestro córtex, en la corteza cerebral. Y, salvo excepciones, no existe un daño, una lesión o malformación en estas áreas que impida el correcto aprendizaje en el niño.

Las causas no suelen deberse a lesiones o malformaciones en ningún área en realidad. Pero sí a un pobre desarrollo, una pobre maduración de ciertas partes del cerebro. Y estas partes están debajo del córtex. Si áreas inferiores no han madurado adecuadamente, no podrán hacerlo áreas superiores como la corteza. Las áreas donde se encuentran los fallos en el desarrollo y la maduración son más primitivas, no se ocupan de las habilidades cognitivas, sino de otras muy anteriores que las sustentan. Son áreas que no entienden el lenguaje (ni escrito, ni hablado). Solamente comprenden las sensaciones, la información que llega del cuerpo. Esta información, hablada en el lenguaje de los sentidos, es la que hace que los primeros eslabones de la cadena del desarrollo sean bien fuertes. Es el lenguaje en el cual hablamos cuando trabajamos desde el enfoque del neurodesarrollo. Se trata de un trabajo de base que refuerza los cimientos del aprendizaje para dar al niño la oportunidad de contar con las habilidades y capacidades que pueda necesitar para tener éxito en la escuela.

Cuando un niño no alcanza una meta a la que esperamos que llegue (aprender a leer como los demás, por ejemplo) es porque algo ha fallado en el recorrido hacia esa meta. Por esto no tiene sentido insistir en trabajar en la meta (que el niño lea). Sino que hemos de recorrer junto a él ese camino hacia la meta solucionando los fallos que podamos encontrar en el mismo.

Un niño que ha hecho ese recorrido llegará a la meta con facilidad, como lo hacen el resto de sus compañeros.

Con todo esto en mente, pasamos al último de los mitos que quisiera mencionar… El cuerpo nada tiene que ver con el aprendizaje escolar.”

La verdad es que el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas, el control de las emociones, cómo nos relacionamos con los demás, cómo controlamos el movimiento, los impulsos, nuestra capacidad de prestar atención… todo tiene que ver con las experiencias vividas tempranamente. Tiene que ver con todo lo experimentado por y con nuestro cuerpo, con el movimiento de éste en el espacio y el tiempo… Existe una relación directa entre el desarrollo físico y el desarrollo emocional, social y cognitivo.

El niño que ha tenido buenas experiencias con su cuerpo y el movimiento a muy temprana edad tendrá un buen tono muscular que le permitirá mantener una correcta postura en el aula y así prestar fácilmente atención. Las nociones espaciales y de tiempo desarrolladas gracias a estas experiencias del bebé y el niño pequeño le ayudarán en el aprendizaje de los lenguajes escritos, incluidas las matemáticas, pues necesitará tener muy claros los conceptos de izquierda, derecha, arriba, abajo… El desarrollo de su motricidad gruesa hará que sea posible la maduración de su motricidad fina para que así pueda utilizar correctamente sus manos para escribir o sus ojos para leer (y escribir, las matemáticas… y prácticamente todo lo que hace en el aula).

Un buen desarrollo físico temprano proporcionará al niño la sensación de habitar un cuerpo capaz, hábil, que le da seguridad y confianza. Algo que incidirá en cómo se ve a sí mismo, en su autoconcepto y su autoestima. Además de derivar en un buen desarrollo emocional, algo indispensable como ya vimos, para poder aprender con facilidad.

Todo empieza por el cuerpo. Dejemos de enfocarnos tanto en lo cognitivo, en el aprendizaje escolar y los deberes, para centrarnos más en dar al niño las oportunidades que necesita para que ese aprendizaje no nos preocupe.

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¡Te espero!🧡

Terapia CRANEO-SACRAL. Despejando el camino.

«Mi trabajo es vocacional y trabajar con niños es para mí un regalo.» Esto dice Iñaki López de Castro, osteópata craneo-sacral invitado al programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS.

En esta interesante entrevista, Iñaki nos cuenta cómo trabajar con niños es como hacerlo con uno mismo, con nuestra parte más genuina. Que te permite ser más niño para conectar y sintonizar con ellos. Explica que para poder conectar con los niños nos toca aprender «otro idioma», otro tipo de comunicación, una comunicación que no es verbal.

Exactamente lo mismo ocurre en el neurodesarrollo, que empleamos el lenguaje de los sentidos, de las sensaciones, cuando trabajamos con niños con dificultades en su desarrollo. Para de esta forma llegar a áreas cerebrales que no conocen el lenguaje hablado.

Iñaki sigue contándonos que a través del tacto, el terapeuta craneo-sacral ofrece al niño un soporte desde el cual se le puede regular, dado que muchos niños no cuentan con la capacidad de autorregularse.

La osteopatía busca trabajar con tejidos que están en tensión, influyendo directamente en el aspecto emocional.

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La importancia de estimular el neurodesarrollo infantil de la mano de la educadora Rosina Uriarte

Publicado el 02/12/21 en merca2

El neurodesarrollo infantil comprende una serie de mecanismos necesarios, mediante los cuales el sistema nervioso de los niños genera respuestas en función a las situaciones que se presentan.

Se trata de un aspecto que se puede trabajar para lograr una mejor estimulación temprana en los más pequeños. La especialista en estimulación temprana Rosina Uriarte enseña un método para estimular el neurodesarrollo infantil, en el que es necesario involucrar a la familia. Así, se logran las repeticiones de los ejercicios que sirven para dotar de mejores herramientas cognitivas a los niños.

LA IMPORTANCIA DE LA PARTICIPACIÓN DE LA FAMILIA EN EL NEURODESARROLLO INFANTIL

Rosina Uriarte cuenta con un Máster en Neuropsicología y Educación y se ha dedicado, durante más de 2 décadas, a la orientación de padres y profesionales sobre técnicas y métodos de estimulación temprana para el desarrollo de bebés y niños. El neurodesarrollo infantil es un enfoque diferente en el área de la estimulación temprana que busca trabajar las causas y no los síntomas.

Una de las herramientas clave dentro de esta técnica es la repetición, la cual requiere que la familia se involucre. Un especialista puede trabajar con un niño 1 o 2 veces a la semana, pero es importante practicar ejercicios todos los días, por lo que las madres y los padres cuentan con un papel fundamental.

Según explica Rosina Uriarte, solo hay 2 formas mediante las que el cerebro guarda nueva información y crea nuevos circuitos. La primera se da a través de un estímulo de alto impacto. Un ejemplo es el de poner las manos en el fuego, los niños no necesitan hacerlo 2 veces para aprender que se queman.

El neurodesarrollo infantil no trabaja con estímulos que busquen el shock, sino con la repetición. Los estímulos que se reiteran una y otra vez crean nuevas estructuras neuronales. Por eso, se requiere una continuidad que solo es posible en el hogar, el lugar de confort del niño, y que es viable si la familia se involucra.

UN CASO DE ÉXITO: UNA NIÑA SE DESARROLLÓ COGNITIVAMENTE MEDIANTE LA REPETICIÓN

Un ejemplo que Rosina Uriarte explica es el de una niña rusa adoptada que presentaba dificultades en el aprendizaje y en las relaciones sociales, debido a que los infantes que viven en orfanatos no reciben la estimulación adecuada. Les falta el contacto físico con la madre y el padre, algo esencial en el desarrollo psicológico, emocional, inmunológico y físico.

Debido a esto, fue necesario que la pequeña recibiese dosis extra de estimulación táctil y propioceptiva (contacto) y que repasase etapas motrices como el gateo o el arrastrarse, momentos en los que se construyen las bases neurológicas previas a caminar. Para cumplir con esta tarea, el trabajo de la familia es esencial.

Los profesionales o padres que busquen aplicar los métodos del neurodesarrollo infantil necesitan involucrar a las familias en el proceso y contar con el apoyo de una especialista como Rosina Uriarte.

LATERALIDAD INFANTIL. ¿Sabes si tu hijo es DIESTRO o tu hija ZURDA?

Dentro del neurodesarrollo infantil, la lateralidad es un aspecto importante a tener en cuenta.

Ser diestro o zurdo no es algo anecdótico, una simple característica de cada persona. Es mucho más…

Supone una organización cerebral, la distribución de funciones entre dos hemisferios cerebrales que han aprendido a trabajar y a colaborar juntos. Una colaboración que hará que aprender sea más fácil.

Por esto nos preocupa saber si un niño es un buen diestro o un buen zurdo. Hay mucho más a tener en cuenta que la mano que utiliza un niño o una niña. Pero empezaremos por ahí, y lo haremos fijándonos en qué mano utiliza de forma espontánea en actividades en las cuales no use un utensilio, actividades que no hayan requerido de un aprendizaje.

Para conocer la lateralidad no nos sirven actividades aprendidas, sino las espontáneas

Una buena lateralidad (llegar ser plenamente diestro o plenamente zurdo) es uno de los principales hitos del desarrollo infantil. Por ello hemos de respetar el proceso de lateralización, fomentarlo y no entorpecerlo.

En este vídeo te cuento más:

Si necesitas asesoramiento o más información sobre el desarrollo infantil, pásate por mi página web. Te espero en rosinauriarte.com 💜

Y si te apetece formarte en neurodesarrollo infantil, no lo dudes: MIMANDO LAS ESTRELLASes el programa de formación en neurodesarrollo online que buscas.

TRASTORNOS de PROCESAMIENTO SENSORIAL en la participación de los NIÑOS en sus actividades diarias

En el programa de formación en Neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS, contamos con una nueva experta invitada: Beatriz Matesanz.

Beatriz nos habla de la importancia de promover la participación de los niños en actividades significativas diarias. El poder desarrollarlas tiene un efecto muy positivo en ellos.

El terapeuta ocupacional promueve que los niños disfruten de las actividades del día a día, sintiéndose capaces. Los niños necesitan la sensación de ser competentes y tener la oportunidad de encontrarse en las mejores condiciones para poder aprender. Necesitan también la motivación para hacerlo.

En nuestra entrevista, Beatriz nos pone un ejemplo de cómo se trabajaría con un niño para que tenga una mejor pinza digital y sea capaz de utilizar correctamente el lapicero para dibujar, colorear o escribir.

Beatriz Matesanz García es Terapeuta Ocupacional y Profesora de Educación Infantil. Está especializada en la atención a población infantil con alteraciones sensoriomotoras de origen central y trastornos del neurodesarrollo. Es Doctora en Patología Neurológica por la URJC y tiene la formación completa en Integración Sensorial por la Southern California University y la WPS. Compagina la docencia y la investigación en el CSEU La Salle con la clínica privada con niños que presentan diferentes alteraciones del desarrollo. En la actualidad desarrolla programas dirigidos a la adaptación de entornos escolares y domiciliarios para que estos puedan cubrir las necesidades sensoriales de los niños. Es docente en cursos de posgrado y máster nacionales e internacionales relacionados con neurorrehabilitación infantil. Autora de distintas publicaciones sobre la práctica de la terapia ocupacional en el ámbito de la infancia.

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Programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS: https://rosinauriarte.com/mimando-las…

La importancia de la BOCA en el DESARROLLO INFANTIL

La boca tiene una importancia extraordinaria dentro del desarrollo infantil, por ello hemos de tenerlo en cuenta para respetar el desarrollo en la medida en que sea posible y fomentarlo al máximo.

En este podcast hablo del rol de la boca y de cómo podemos dar oportunidades de modo que su desarrollo sea pleno, favoreciendo así la succión, el lenguaje y mucho más…

Para más información se pueden consultar anteriores artículos como los siguientes:

Mas sobre DESARROLLO INFANTIL, NEURODESARROLLO, ESTIMULACIÓN TEMPRANA y más, en rosinauriarte.com

Truco para la LACTANCIA y otros para el DESARROLLO de los BEBÉS en la formación online del método BEBÉ Y YO

Existen trucos que ayudan al bebé a succionar y a mucho más… Para utilizarlos hemos de conocer el desarrollo infantil. Así podremos acompañar al niño en ese desarrollo, respetándolo y fomentándolo para que sea pleno.

¿Te has dado cuenta de cómo a veces las cosas que parecen complicadas pueden tener en realidad una solución sencilla? Sólo necesitamos conocer cuál es…

Esto le pasó hace unos días a una mamá que acaba de tener un bebé y que no conseguía que éste succionara bien pues estaba siempre dormidito.
Su asesora de lactancia le aconsejó que estuviera tranquila, que es natural que un recién nacido esté algo aletargado y que su estómago es aún tan pequeño que se sacia con muy poquita leche que tome.
Sin embargo, el entorno de la mamá le sugería que le diese al bebé una «ayudita» de leche de fórmula y que le hiciese cosquillas para espabilarlo para comer. 

Afortunadamente, su asesora de lactancia está formándose en todo lo relacionado con el desarrollo y la estimulación de los bebés y sabe que masajeando sus manitas se puede provocar que el bebé active su boca y succione de forma natural, favoreciendo así la lactancia.

«Fue estimular su manita y el bebé empezó a succionar… ¡Fue mágico! ¡Me encantó verlo!», me contó esta profesional. 

Si tú también quieres conocer más sobre la gestación, el nacimiento y el primer año de vida de los bebés, sólo tienes que acercarte al método BEBÉ Y YO.
Se trata de un bonito programa online para profesionales, futuros padres, padres recientes o cuidadores que quieran aprender a acompañar a sus pequeños en el fascinante recorrido de la vida en sus comienzos.

Muchas veces basta con conocer cómo funcionan los bebés, cómo la naturaleza los ha programado para que crezcan y se desarrollen plenamente, sanos y felices.

Una formación online en la cual aprenderás sobre desarrollo infantil y lo que resulta necesario para lograr que el desarrollo sea pleno.

Teniendo en cuenta que el cerebro crece inmensamente en las primeras etapas de la vida en comparación con las demás, hemos de brindarle a este momento temprano la importancia que tiene. La gestación, el nacimiento y el primer año de vida son momentos clave dentro de todo el desarrollo de la persona. BEBÉ Y YO se ocupa de este período de modo que los adultos que cuidan de un bebé sean conscientes de lo que es más necesario para su completo desarrollo, para que puedan acompañar al bebé en el proceso, dándole todo lo que sea beneficioso para él y compensando las dificultades que haya habido o que puedan surgir.

Espero que esto sea de tu interés y que así podamos vernos dentro del programa. ¡Me encantaría que así fuera! 

La importancia del neurodesarrollo para identificar los problemas de los más pequeños, por Rosina Uriarte

A día de hoy, uno de los mayores propósitos de los profesionales de la educación es cumplir con los objetivos de aprendizaje de sus alumnos. Esto hace que estén en constante búsqueda de recursos y estrategias para poder lograr su meta.

Dentro de este proceso, en diversas ocasiones el neurodesarrollo surge como una alternativa atractiva. No obstante, por desconocimiento del tema o por la ausencia de este contenido en su formación profesional, no consideran que sea posible.

Rosina Uriarte Álvarez, creadora de ‘Una Infancia para toda la vida’ y del programa en formación de Neurodesarrollo Mimando a las Estrellas asegura que este método está basado en la neurociencia.

Hablar solamente al córtex: ¿Por qué no hacerlo?

La educadora especializada en neurodesarrollo con más de 30 años de experiencia en el entorno infantil, Rosina Uriarte, señala la importancia de hablar más allá del córtex o corteza cerebral.

Elementos como la percepción imaginación, pensamiento, juicio y la toma de decisiones ocurren en la corteza cerebral. Al hablar del córtex se hace referencia al lugar donde se produce el aprendizaje de todas las áreas educativas.

Sin embargo, destaca que las debilidades de lectura, escritura, y otras manifestaciones son signos de que hay complicaciones asociadas al desarrollo cerebral del niño, aspectos que van más allá del córtex.

De allí, la importancia de ver lo que hay por debajo del córtex, en áreas inferiores del cerebro, a las cuales es posible llegar con el trabajo físico del cuerpo. Es entonces donde la especialista señala que no es posible separar las capacidades motrices, el estado emocional y el comportamiento de otros aspectos importantes en el aprendizaje, ya que todos están relacionados.

“Mimando a las Estrellas”: la formación en neurodesarrollo

La estimulación del neurodesarrollo en niños es elemental para impulsarlos a explorar su máximo potencial.

A partir de esta premisa la especialista Rosina Uriarte desarrolló «Mimando a las Estrellas», un programa de formación en neurodesarrollo, enfocado en proporcionar métodos adecuados para profundizar en el desarrollo del cerebro de los niños.

Además, Uriarte se centra en promover técnicas modernas, efectivas e integrales, que abarquen el aprendizaje como un todo y no como un conjunto de elementos por separado. De esta forma, la especialista asegura que una estimulación eficaz a través de herramientas para acompañar al niño facilitará el manejo y la prevención de complicaciones como déficit de atención, hiperactividad, autismo, entre otras.

Como parte de su programa, Rosina Uriarte ofrece una masterclass gratuita que los interesados pueden descargar, permitiendo profundizar en los fundamentos del neurodesarrollo como un elemento clave del crecimiento infantil.

Unión de Almas

Dicen que los bebés eligen a sus papás antes de nacer. Por ello desde que nacen saben que les quieres con todo tu ser y que incluso darías la vida por ellos. Me faltan palabras para poder describir ese amor tan inmenso al que yo le llamo unión de almas.

Sé que mi niña me eligió para superar todos los desafíos que la vida nos depara y que juntas vamos a aportar al mundo lo mejor de nosotras. Y para ello no estaremos solas, habrá personas en el camino que nos aportarán lo mejor de sí para ayudarnos en nuestro crecimiento personal.

Carla tiene 2 años y desde que era muy bebé pudimos observar que era diferente a otros bebés. Pasaba horas y horas durmiendo, cuando la llamábamos no nos miraba, tendía a jugar sola y no quería interactuar ni con otros niños ni con los miembros de la familia. Cada día que pasaba nos íbamos dando cuenta de aspectos que no eran normales para niños de su edad y fue cuando en la consulta de la pediatra le diagnosticaron TEA (Trastorno del espectro autista, así como retraso madurativo y del habla). Pasamos por varios profesionales que nos confirmaron el diagnóstico así que sin pensarlo pasamos a la acción.

La niña comenzó en atención temprana, así como en logopedia donde tuvo sus primeros avances. Pero en mi ser sentía que tenía que hacer algo más y no quedarme con los brazos cruzados esperando las largas listas de espera para acudir a los diferentes profesionales que pudieran ayudar a Carla. Así que comencé a informarme, a formarme y a buscar la manera para poder ayudarla y tener las herramientas suficientes para ver muchos más avances. Yo solo pedía a dios, al universo, a la vida que llegarán a mí personas que me pudieran aportar su granito de arena para que mi niña mejorara su condición.

Y fue cuando después de años sin coincidir volvió a mi vida un alma bella, que me comentó de una formación que estaba haciendo desde hacía meses y que con el corazón en la mano me la recomendaba. Yo ni lo dude, confíe plenamente en ella y vi la masterclass “MIMANDO LAS ESTRELLAS” impartido por Rosina Uriarte. Y sin dudarlo, mirando las estrellas vi un ángel que me está aportando los conocimientos y herramientas para ayudar a Carla.

En tan solo unas semanas he visto evolución en la niña practicándole masajes con presión y llevando a cabo las indicaciones que ella me aporta trabajando las causas, no los síntomas, que es lo que trabaja el resto de los profesionales. Sin lugar a dudas me queda mucho camino por recorrer, pero tengo la Fe y el convencimiento que estoy haciendo lo correcto.

Las grandes personas llegan a tu vida cuando más lo necesitas y me siento muy afortunada de que Rosina y la formación “MIMANDO LAS ESTRELLAS” hayan llegado a mi vida en el momento más adecuado para poder brindar a mi niña lo más bonito de esta vida porque ella me eligió y ella es mi bendición.

Gracias, Gracias, Gracias.
Natalia V. P.

¡Gracias a ti, Natalia!

Aquí estoy, emocionada releyendo este precioso testimonio.
Deseando compartirlo. Y deseando también ver muchos más cambios en Carla.
Sé que es posible y que llegarán.
Mientras, su mamá tiene un bonito camino de aprendizaje y trabajo por delante.
Es un orgullo y una satisfacción muy grande que personas como ella formen parte del programa de formación en neurodesarrollo
 MIMANDO LAS ESTRELLAS

Si tú también quieres formar parte, sólo tienes que hacer clic en el botón que hay aquí debajo. Así podrás agendar una sesión gratuita conmigo y hablaremos de neurodesarrollo y de lo que el programa MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ te puede ofrecer.
Un abrazo,
Rosina