JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS. Dificultades visuales en el aprendizaje de la lectura.

Una tarde cualquiera en la consulta de Carlos…
– Madre de Jorge: “Buenas tardes.”
– Carlos: “Hola, buenas tardes. ¿Así que este chavalote es Jorge? Estás muy alto, ¿no estabas tú en segundo de primaria?”
– Jorge: “Sí.”
– C: “Pues seguro que eres el más alto de tu clase.”
– J: “Casi, Andrés me gana.”
– C: “¿Te gusta el cole?”
– J: “No mucho… Me cuesta leer, es muy difícil y la profe me riñe porque lo hago muy despacio y me equivoco siempre.”
– M: “Leo con él todas las tardes, pero acabamos los dos agotados después de leer tan sólo unas pocas líneas. Conoce bien las letras, pero no acaba de soltarse a leer y cada vez va más atrasado en clase. La profesora está preocupada y nosotros también. Hace poco le llevé a un oftalmólogo y nos dijo que el niño ve estupendamente. Pero una amiga me aconsejó que viniéramos para que le echaras un vistazo.”
– C: “Habéis hecho bien, vamos a echar ese vistazo. Siéntate aquí Jorge, y dime qué letras ves allí iluminadas en la pared…”
– J: “M”
– J: “B”
– J: “S”
– …
– C: “Muy bien, ésta ha sido fácil. Las letras han aparecido una por una. Vamos a ver qué pasa cuando salen todas juntas…”
– J: “M, B, …(silencio)”
– M: “No lo entiendo, él las conoce perfectamente, ¿por qué no las dice?”
– C: “Jorge no tiene problemas de agudeza visual, ve perfectamente y conoce las letras por eso las dijo todas cuando aparecieron por separado. Lo que pasa es que sus ojos no trabajan bien realizando los movimientos sacádicos, que son las fijaciones a saltos de izquierda a derecha que son necesarias para la lectura. Le cuesta hacer estos saltos de una letra a otra, a la segunda letra se ha cansado ya del esfuerzo y no ha podido seguir. Vamos a seguir haciendo más cosas a ver qué tal…”
– C: “Jorge, mira la punta de este bolígrafo mientras yo lo muevo delante de tu cara. No dejes nunca de mirarlo, ¿vale?”
– J: “Vale.”
– C: “Lo estás haciendo muy bien, este boli se mueve mucho. No dejes de mirarlo y dime, ¿cómo te llamas?”
– J: “Jorge”
– C: “Bien, ¿y cuántos años tienes?”
– J: “Ahhh… (deja de mirar el bolígrafo para contestar)… Siete”
– M: “Jorge, ¡has dejado de mirar el bolígrafo!”
– C: “Sí, es capaz de realizar movimientos horizontales, verticales, diagonales y circulares con los ojos siguiendo un punto móvil, pero esto le supone tal esfuerzo y concentración que no puede contestar a preguntas sencillas a la vez. Por esto no podrá entender lo que está leyendo. Aunque adquiera la mecánica de la lectura, no podrá comprender el texto.”
– M: “¡Es increíble! Ahora queda claro porque le cuesta tanto leer…! Una cosa más, antes de que se me olvide… él a veces dice que las letras se mueven cuando lee.”
– C: “Sí, por lo que veo, Jorge tiene una pequeña foria. Es algo así como un estrabismo, pero no se nota exteriormente. El cerebro debe ser capaz de fundir con comodidad las dos imágenes de los dos ojos y crear una sola. Jorge lo hace, pero con mucho esfuerzo, por lo que se cansa, y cuando esto ocurre deja de ver una sola imagen y las letras se mueven.”
– M: “¿Y qué podemos hacer?”
– C: “No te preocupes, os voy a dar unos sencillos ejercicios. Es como una gimnasia ocular. En unos pocos meses Jorge estará como nuevo y listo para leer. Os daré cita para dentro de dos meses y entonces decidiremos si hay que seguir o lo dejamos ya ahí.”
– M: “Muchísimas gracias, hasta entonces.”
– C: “Adiós. Y no te olvides de hacer los ejercicios todos los días.. ¿eh, campeón?”
– J: “No me olvidaré, lo prometo.”
Esta conversación es real, aunque los diálogos no han sido reproducidos de forma exacta. Jorge tiene otro nombre, pero es un niño real, que después de dos meses sólo necesitó otro mes más de reeducación ocular para ponerse a la altura de sus compañeros de clase en cuanto a lectura se refiere. Al cabo de dos años volvieron a ver a Carlos pues las letras de nuevo se movían cuando él se sentía cansado o algo débil. Volvieron al programa de ejercicios durante otros dos meses y fue dado de alta definitivamente.
Carlos también es un personaje real, y ése es su verdadero nombre. Es optometrista y muy bueno, por cierto.
El oftalmólogo es un médico que se ocupa de la salud ocular y del órgano del ojo en sí. Nos dirá si los ojos de nuestros hijos son sanos, o si sufren de miopía, etc. El optometrista, en cambio, es el profesional que se dedica al estudio del funcionamiento del ojo. Es esencial que los ojos funcionen de forma adecuada y cómoda para que los niños puedan leer sin realizar un esfuerzo añadido y con resultados considerados óptimos. Esto no es lo habitual en los niños que muestran problemas de inmadurez en su sistema nervioso, por lo que se hace necesaria la visita al optometrista en todos los casos de niños con dificultades, sobre todo los que las acusan en las tareas escolares.
Éste es mi pequeño homenaje a Carlos Pereda y a todos los optometristas infantiles, cuya labor es aún desconocida para la mayoría y tan necesaria para tantos niños.
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Rosina Uriarte

NI GENIOS NI MONOS DE FERIA

Rosina Uriarte

Hago este inciso para aquellos a quienes, viendo el vídeo de mi anterior entrada, les surjan ideas tales como: «hay padres que agobian a los niños intentando convertirlos en genios o superdotados», «la pobre niña parece aburrida», «es demasiado pronto para enseñarle a leer a un niño», «¿por qué no la dejan jugar?», «algunos padres son capaces de cualquier cosa con tal de demostrar lo mucho que aprende su hijo», etc.Son dudas y críticas que surjen ante el desconocimiento de lo que es la Estimulación Temprana y de cómo aprenden los bebés.
En realidad es muy fácil enseñar a un bebé. Siempre que el mensaje sea claro, corto, rápido y repetido, el éxito está asegurado. Si aburrimos al niño o le presionamos, no conseguiremos los resultados que buscamos, simplemente acabaremos con un niño que llora y no nos presta atención. Por esto es que la «sobreestimulación» no existe… no se consigue nada forzando a los pequeños. A ellos les encanta estar con sus padres y cualquier cosa que hagamos con ellos, si lo hacemos con alegría y ganas, ellos lo interpretarán como un juego y aprenderán como la niña del vídeo, logrando siempre asombrarnos.
Recordemos que el término «temprano» no significa aprender o lograr destrezas «antes de», sino a una edad temprana, pues este tipo de estimulación va dirigida a niños de 0 a 6 años. Muchos expertos en educación critican la enseñanza de la lectoescritura antes de los 5 ó 6 años aludiendo que el niño no ha madurado lo suficiente aún para su aprendizaje. ¡Y tienen razón! Cuando la lectura significa interpretar la combinación de signos abstractos que se colocan en un orden sucesivo y en una dirección concreta sobre el papel, cada cual con un sonido diferente, o sea: la «m» con la «a» es «ma»… estamos requiriendo unas habilidades y capacidades que solamente tienen los niños al finalizar su educación infantil y entrar en primaria. Lo mismo ocurre con la escritura, que presupone una buena coordinación ojo-mano, un desarrollo de la motricidad fina de los dedos, una disociación de los movimientos de la mano y la muñeca con respecto al resto del brazo, y una buena lateralización que permite al niño realizar la grafía de izquierda a derecha y de arriba a abajo…
Por eso la Estimulación Temprana no enseña a los niños a escribir. Tampoco les enseña que la «m» con la «a» es «ma».
«Es más fácil enseñar a leer a un niño de un año que enseñar a leer a uno de siete años», esto lo dice Glenn Doman. Y sigue así: «Precisamente por este motivo, una tercera parte de nuestros niños de siete a diecisiete años no están aprendiendo a leer en la escuela. Sencillamente es demasiado tarde.»
Los niños aprenden la palabra escrita como un todo, al igual que aprenden la palabra hablada… sin distinguir cuántas letras la conforman o cuántos sonidos se combinan al pronunciarla. Por eso el momento en el que el niño aprende a hablar es el momento idóneo para aprender a leer, de hecho, a todos nos es más fácil recordar lo que vemos que lo que oimos. La condición es exponer al niño a la palabra escrita y no solamente a la hablada.
«Los niños pueden leer palabras cuando tienen un año de edad, oraciones cuando tienen dos, y un libro entero cuando tienen tres: y les encanta», G. Doman.