“CUT” O “CAT”. ¿POR QUÉ CUESTA TANTO LA PRONUNCIACIÓN EN INGLÉS?

La pronunciación puede suponer un verdadero dolor para muchas personas que aprenden un segundo idioma, especialmente si éste es el inglés.
Según el doctor Tomatis, experto en audición, no podemos reproducir lo que no percibimos. Quiere decir que no podemos pronunciar sonidos para los cuales somos literalmente sordos.
Esta incapacidad para manejar sonidos que no nos son familiares se debe a que el cerebro registra los sonidos a los que está expuesto durante los primeros años de vida. Ya desde el útero materno, el cerebro del niño va creando estructuras dedicadas a las frecuencias que escucha y que serán necesarias para que pueda después comunicarse en su lengua materna. Además de cualquier otra lengua que escuche junto a su idioma materno.
Esto hace que un niño pequeño pueda aprender cualquier idioma y varios a la vez. Y lo hace sin esfuerzo, sin ser consciente de estar llevando a cabo un aprendizaje, como lo hace todo en estos primeros años: viviendo, experimentando, disfrutando, aprendiendo…
Con la edad vamos perdiendo plasticidad y la ventana de la oportunidad para los idiomas se va cerrando según nos vamos alejando de este momento ideal que establece la vida para que podamos aprender nuestra lengua materna.
El momento para aprender el idioma materno es el mismo para aprender cualquier otro. Es el tiempo en el cual el cerebro está preparado para registrar sonidos.
Una vez pasado este tiempo, habremos de arreglárnoslas con los sonidos que nuestro cerebro haya guardado, para los cuales haya creado estructuras para manejarlos.
Es por esto que cuesta tanto aprender un idioma extranjero de adulto. Y de aquí que lo hagamos con “acento”. Este acento viene de utilizar un idioma diferente con los sonidos del nuestro propio.
Por todo esto es importante exponer a los niños pequeños a los sonidos de idiomas extranjeros, como el inglés, por ejemplo. Y no pensar que, como son pequeños, total da igual que la profe o el profe de inglés que tengan no domine del todo el idioma, luego más adelante necesitarán un nativo… ¡No! El profe nativo lo necesitan cuanto antes. Luego ya no será tan importante pues ya no podrán registrar ni reproducir esos sonidos que no le son familiares.
Expongamos a nuestros niños a un segundo idioma, con cuentos, canciones, juegos… Y nosotros, los adultos, animémonos a hablar otro idioma, aunque sea con acento. O más bien: ¡sí! ¡Con acento! Porque esos sonidos que utilizamos hablan de nosotros y dicen quiénes somos.
No somos menos hábiles o inteligentes por hablar con acento, simplemente somos nosotros. Rosina Uriarte

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