desarrollo infantil archivos - Página 18 de 27 - ROSINA URIARTE

IÑAKI PASTOR, EL FISIOTERAPEUTA QUE BUSCA, VIAJA Y CONSTRUYE PUENTES…

Así es Iñaki Pastor, en su propia definición. Un profesional inquieto que busca cada día aprender y mejorar, investigando y compartiendo sus hallazgos con profesionales de otras disciplinas. Todo esto mientras trabaja directamente con los niños, y también con las familias e instituciones, para que comprendamos lo que les ocurre a nuestros niños y lo que puede hacerse para ayudarles de la forma más eficaz.
 
Como creador de TMPI, la Terapia Manual Pediátrica Integrativa, da un salto de la fisioterapia al neurodesarrollo, creando esos puentes de los que él nos habla, entre unas disciplinas y otras. Para que de este modo, la red de profesionales con diferentes enfoques para el desarrollo infantil, puedan trabajar de forma conjunta por el bien del niño. Porque solamente viendo a éste en su globalidad, podrá dársele las mejores oportunidades de desarrollar todo su potencial.
 
Iñaki Pastor
 
Ayer, día 27 de octubre, nos regaló una estupenda charla, amena e instructiva, en la Casa de Cultura de Cruces, Barakaldo. Bajo el título “Las primeras experiencias programan nuestro cerebro. Claves de un desarrollo infantil óptimo”, expuso con claridad cómo las dificultades que tan a menudo observamos en el aprendizaje escolar de los niños, en su comportamiento o forma de relacionarse, vienen de muy antiguo, de momentos muy tempranos en sus vidas. Cómo las funciones más sofisticadas de nuestros cerebros se asientan sobre funciones mucho más simples y que deberían estar bien automatizadas. Por todo esto, nos dice Iñaki, que debe darse una importancia excepcional al desarrollo del niño durante su gestación, su nacimiento y sus primeros meses.
 
Sin embargo, no todo está perdido una vez pasados estos momentos, muy al contrario, existe la posibilidad de trabajar toda la vida por lograr alcanzar el pleno potencial. Y esto es posible desde numerosos y variados enfoques terapéuticos, muchos de ellos incluidos en TMPI o en la red de disciplinas con las cuales trabaja.
 
Dice Iñaki que cada niño es para él un reto. Y son muchos los retos a los cuales se ha enfrentado ya en su andadura profesional. En su compromiso por lograr mejorar la vida de estos niños nos unimos desde la Asociación Laztana.
 
Gracias Iñaki Pastor por la jornada de ayer, fue de verdad un honor y una oportunidad única tenerte con nosotros.

Rosina Uriarte (presidenta de la Asociación Laztana)
 

«Los fundamentos de un desarrollo infantil sin límites. TMPI, una fisioterapia que lo haga posible»

PRINCIPIOS BÁSICOS DE NEURODESARROLLO INFANTIL

Principios básicos de neurodesarrollo infantil
 
 
Una vez más, María Jesús López Juez vuelve a regalarnos sus conocimientos sobre el neurodesarrollo infantil y lo hace como ella bien sabe: con sencillez y claridad. De forma que todos podamos comprender cuestiones tan cercanas, y tan complejas a la vez, como es el funcionamiento cerebral.
 
Principios Básicos de Neurodesarrollo Infantil” se suma a la lista de “los imprescindibles” para quienes tengamos interés en conocer cómo se desarrollan nuestros niños y cómo y por qué funcionan como lo hacen.
Si buscas formarte en neurodesarrollo infantil o necesitas asesoramiento, infórmate aquí de lo que te puedo ofrecer:

NADA EN LA VIDA DEL BEBÉ RECIÉN NACIDO TIENE SENTIDO, SI NO ES DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL CUERPO DE LA MADRE

El bebé recién nacido y el cuerpo de la madre. Nada hay más importante para el niño que hallarse pegado al cuerpo materno después de haber habitado dentro del mismo.

El martes asistí a un seminario con el doctor Nils Bergman, experto en neurociencia perinatal. Fue en Erandio, en el centro Maternaly.

Aprovecho para dejaros una foto que tuve la suerte de tomar con Nils Bergman, ¡todo un orgullo!

Rosina Uriarte con Nils Bergman
Nils Bergman con Rosina Uriarte

Y un vídeo en el que habla brevemente de la importancia del momento del nacimiento y de que el bebé recién nacido pueda estar con su madre. En el vídeo también participan Ibone Olza y Carmela Baeza. Son poquitos minutos con un gran contenido:

Si quieres formarte en todo lo relacionado con el desarrollo del niño en su gestación, nacimiento y primer año de vida, infórmate del curso del Método BEBÉ Y YO👶

EL PRIMER AÑO DE VIDA: MOMENTO CLAVE EN EL DESARROLLO.

El primer año es una etapa única dentro del desarrollo del ser humano.

Todas las etapas del bebé son maravillosas. Cada nuevo logro supone una celebración de alegría por parte de todos. Y no es para menos pues estos avances nos muestran la maduración que va alcanzando el niño, algo que damos demasiadas veces por sentado que se producirá de forma natural, pero que no siempre es así.

De todas las etapas del desarrollo de la vida de un bebé y de una persona en general, son las del primer año de vida las que tendrán una mayor importancia pues sentarán las bases de todos los logros que habrán de llegar después. Determinando así el grado de desarrollo que alcanzará la persona y por tanto, sus habilidades y destrezas.

Durante este primer año de vida, el bebé atraviesa etapas que valoramos poco como succionar con fuerza y meterse los objetos en la boca…Otras, también las interpretamos erróneamente como “poco importantes” porque son, como las anteriormente mencionadas, etapas intermedias o transitorias: como el arrastre y el gateo, previas a caminar. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar por esta impresión de que sentarse, caminar y hablar son las funciones que únicamente cuentan realmente. Estos tres logros no se darán en las mismas condiciones sin los logros que los preceden y que preparan al cerebro del niño para alcanzar la maestría en los mismos. En realidad, ninguna función o habilidad, como pueda ser prestar atención en clase o leer y escribir (entre todas las demás) está desconectada de estas etapas previas e intermedias por las que pasa el bebé en su primer año de vida. Sino más bien lo contrario: dependen directamente de ellas.
Los doctores Quirós y Schrager, expertos en psicomotridad entre otros muchos aspectos del desarrollo infantil, lo explican así: “Un principio general que debemos aceptar es que cualquier omisión en una etapa temprana del desarrollo se traduce luego en deficiencias en la adquisición del aprendizaje.” (Quirós y Schrager, 1980, p.205).
En este primer año, los grandes logros son principalmente físicos. También los hay emocionales y sociales como el contacto visual, la sonrisa, las primeras vocalizaciones… ¡Todos importantísimos y muy significativos en el desarrollo! Sin embargo, no podemos dejar de centrarnos en la importancia que tienen los avances que el niño logra con su cuerpo, pues en gran parte este desarrollo físico precede y determina a su vez el desarrollo emocional y social que alcanzará el niño.
Hay una razón añadida por la cual insistimos en el desarrollo físico a esta temprana edad: por el gran desconocimiento que se tiene del mismo y que lleva a que muchos niños se pierdan estas etapas tan preciadas.
El doctor Jorge Ferré, especialista en medicina del desarrollo, nos dice lo siguiente: “El bebé recién nacido parte de un punto muy primitivo y debe llegar muy lejos. Debe recorrer este camino sin prisa, pero sin pausa y, sobre todo, sin saltarse ninguna etapa.” (Ferré, 2005, p.17).
Por todo lo dicho hasta ahora, sabemos que debemos prestar una especial atención a que el niño levante la cabecita estando boca abajo (sobre los dos meses), gire hacia un lado y hacia el otro (sobre los cinco), se arrastrarse (en torno a los siete), llegue a sentarse solito (en algún momento entre el arrastre y ponerse sobre las manos y las rodillas), y finalmente gatee para terminar poniéndose de pie y caminar

Estos estadios del desarrollo motriz en el primer año se producen principalmente gracias a la colocación del niño en el suelo. Debe tenerse especial cuidado de no mantener al bebé en la misma postura boca arriba o sentado en una cuna, hamaca o sillita pues esto sería un grave impedimento a su desarrollo. 

Dadas las recomendaciones de la OMS de no dejar al bebé boca abajo sin supervisión, conviene vigilarle cuando se encuentre dormido en esta posición. Pero esto no significa permitir que el bebé pase todo el tiempo boca arriba pues correría el riesgo de sufrir un aplanamiento de su cráneo y se perdería oportunidades para completar su desarrollo.
Y si bien es cierto, tal como nos enseña la conocida pediatra Emmi Pikler (Pikler, 2009, p.14-15, 19, 11), que lo mejor es no intervenir en las posturas del bebé, sino permitirle que él mismo las elija según vaya avanzando en su maduración física, es evidente que mientras el bebé no pueda elegir por sí mismo (los primeros cuatro o cinco meses aproximadamente), somos los adultos quienes debemos hacerlo. Es nuestra responsabilidad acostumbrar al bebé a diferentes posturas para que se encuentre cómodo y pueda beneficiarse de las ventajas de cada una de ellas.
Así que todo comienza por ofrecer al bebé la oportunidad de poder desarrollarse plenamente. Y esta oportunidad se llama “movimiento” y se apellida “suelo”. Una rica experiencia motriz dará lugar a un adecuado control postural y a la automatización de las funciones más básicas para que el cerebro pueda dedicar su energía a funciones más elaboradas (necesarias para el aprendizaje escolar).
El control del cuerpo y del movimiento no puede lograrse plenamente sin haber completado satisfactoriamente los grandes hitos motores del primer año de vida. Y sólo cuando un niño ha logrado este control del movimiento corporal, podrá dedicar a éste el mínimo de energía y el máximo a las exigencias intelectuales de cada tarea que se proponga realizar.
Marc Giner, psicólogo y logopeda, añade: “La etapa del suelo resulta clave tanto para su desarrollo psicomotor como para su desarrollo cognitivo y, de forma secundaria, también resultará importante para su desarrollo emocional ya que el niño podrá asumir mayor seguridad en su movimiento al haberlo integrado de manera conveniente a través de las diferentes etapas.” (Giner, 2010, p.15). 
La óptica-optometrista, Alicia Gómez Martínez, asegura que “Moverse de forma apropiada es un signo de desarrollo.”(opticlinica.es/tag/desarrollo-visual/).  Y Melodie de Jager, experta en neurodesarrollo infantil, nos recuerda que todo lo que puede hacer una persona a nivel emocional, social o intelectual, ha tenido que hacerlo a un nivel físico primero para lograr el “cableado” (conexiones neurológicas) necesario entre su cerebro y su cuerpo. (De Jager, 2011, p.210).
“Todo lo que obstruye el desarrollo motor del niño y obstaculiza sus movimientos repercutirá en el desarrollo del cerebro.” Doctor Harald Blomberg (Blomberg, 2011, p.32).
Gracias a esta información con la cual contamos hoy, tenemos la posibilidad (junto a nuestra responsabilidad) de cambiar una situación por desgracia demasiado común, y asegurar que ningún bebé vea su desarrollo obstruido.

Rosina Uriarte
  
BEBÉ Y YO informa y forma a padres y profesionales sobre el desarrollo infantil, desde la concepción hasta que el niño camina. Ofrece un modelo de acompañamiento al beb a lo largo de este período, desde el máximo respeto a su desarrollo natural. Para permitir que éste se produzca sin obstáculos y favorecer que sea lo más pleno posible. Dándole lo mejor, invirtiendo en un mejor futuro.
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UN DIAMANTE EN BRUTO. Una historia de éxito gracias al NEURODESARROLLO.

Historia de éxito gracias al neurodesarrollo

Existen muchas historias de éxito gracias al trabajo del neurodesarrollo con los niños. Ésta es una de ellas.

Un diamante en bruto

Fatima Amezkua, responsable de comunicación de la Asociación Laztana, julio 2016

Un diamante en bruto no parece gran cosa a simple vista. Solo quienes los conocen bien saben reconocerlos, valorarlos y transformarlos en algo hermoso y muy valioso. El caso que voy a relatar es precisamente la historia de uno de esos diamantes, una historia de lucha y superación, de valor y constancia con final feliz.

Lucía (nombre ficticio) fue un bebe aparentemente normal. Hacia el año de edad pasó de arrastrarse sentada a empezar a caminar, nunca gateó. Pronto empezó a mostrar reacciones exageradas frente a la frustración o frente a cualquier cambio en su entorno que escapara de su control.  Entre los 2 y los 5 años cualquier hecho inesperado que la contrariase desataba una rabieta extrema que podía durar hasta 2 horas. Nunca era por un capricho sino algo externo que la desconcertaba y perdía el control hasta el punto de volverse agresiva con sus propios padres. Cuando el berrinche terminaba se sentía mal y no comprendía porque se había comportado así con quien más quería.

Otras cosas que llamaron la atención de sus padres es que no parecía sentir dolor ni tampoco frío o calor, o al menos no en el grado que sería de esperar. No se le daban bien los juegos de pelota, pero patinaba muy bien y andaba en bici. Tenía problemas de pronunciación por lo que estuvo yendo al logopeda de los 5 a los 7 años sin lograr avances significativos. En infantil no conseguía aprender el nombre de los niños y niñas de su clase, le costó mucho asociar cada color con el nombre que lo designa (azul, rojo, verde…), escribía letras y números en espejo, pero…  cada niño tiene su ritmo decía su profesora.

Todo el que la conocía decía que era una niña muy lista y resuelta, sin embargo, al empezar la Primaria llegaron los problemas en el cole. Ya en primer y segundo curso parecía no rendir lo suficiente, le costaba muchísimo la lecto-escritura aunque tenía buena comprensión lectora, no conseguía identificar fonema y grafema, cometía omisiones, sustituciones, inversiones, escritura en espejo incluso copiando un texto…

Le costó mucho aprender el nombre de los números (no así su manejo conceptual), no conseguía aprender series como los días de la semana o los meses, ni tampoco su fecha de cumpleaños, teléfono de casa, etc.  Se distraía frecuentemente y parecía estar atenta a todo a la vez, pero sin concentrarse en nada. Con 8 años aún no se ubicaba en el tiempo, no sabía en qué momento del día estaba, palabras como “mañana, el próximo martes, o ayer” no eran significativas para ella. La profesora consideraba que era vaga y no se esforzaba.

Sus padres, sin embargo, la conocían bien. Sabían de su curiosidad constante acerca del mundo que le rodeaba, sus libros favoritos -que leían para ella- trataban sobre el porqué de las cosas, sobre las ciencias de la naturaleza, le encantaba aprender cosas, observar, desmontar mecanismos, comprender cómo funcionaban y volverlos a montar, creaba pequeños artilugios que inventaba con materiales de reciclaje, dibujaba muy bien para su edad y tenía una enorme creatividad. No es el perfil de una niña “vaga”, es más, no creo que a esa edad haya niños o niñas vagos porque en su naturaleza está aprender y disfrutar haciéndolo. Y no me refiero solo a los aprendizajes escolares sino también a aprender a controlar sus emociones, su comportamiento, su forma de relacionarse con los demás, etc. Pero para eso deben disponer de un cerebro y sistema nervioso suficientemente maduro y desarrollado como para poder responder a los retos que la escuela y la vida les presentan.

Por otra parte, Lucía era cada vez más consciente de su lentitud para hacer cualquier ejercicio en clase, su torpeza al leer (saltaba de línea, leía palabras de atrás a adelante, inventaba el final de las palabras…), los deberes eran una tortura, no conseguía memorizar las tablas de multiplicar… y algunos de sus compañeros empezaron a tildarla de “tonta” cosa que llegó a creerse. Su autoestima se vino abajo y sus padres luchaban día a día por sacarle una sonrisa e intentar que al menos en casa se sintiese segura y valorada.

A los 8 años llevaron a Lucía a un centro para que le hiciesen un reconocimiento lo más integral posible para detectar qué problemas tenía y cómo podían ayudarla. Cuando llegó el primer diagnóstico se sintieron desbordados: gran déficit de atención con alta impulsividad, dislexia fonético-fonológica, problemas con la memoria de trabajo, muy baja velocidad de procesamiento mental, lateralidad cruzada ojo-mano, problemas de discriminación auditiva con hiperacusia en unas frecuencias e hipoacusia en otras (resultó que no pronunciaba bien no por problemas de articulación sino porque no distinguía auditivamente algunos fonemas), agudeza visual normal pero con  muchos problemas de visión (de convergencia, acomodación, visión binocular ineficaz, problemas con los movimientos sacádicos y de re-seguimiento, …), también tenía problemas de coordinación motora y de integración sensorial, así como un alto grado de ansiedad y baja autoestima.

Complementando el estudio con otra especialista se detectó también que tenía todos los reflejos primitivos sin integrar y muy activos[1] lo que impedía la correcta maduración de muchas áreas de su cerebro y la adecuada conexión entre las mismas (cerebelo, ganglios basales, sistema límbico, córtex prefrontal). Por otro lado, otra doctora especializada en déficit de atención y trastornos de la lateralidad, diagnosticó que su cerebro se encontraba aun en una etapa pre-lateral del desarrollo funcionado como homolateral alternante, no tenía desarrollado del patrón contralateral y la actividad de su cuerpo calloso era escasa, sus hemisferios cerebrales no se comunicaban adecuadamente. Había mucho sobre lo que trabajar. La buena noticia es que todo era consecuencia de un solo problema: un desarrollo incorrecto del sistema neuro-senso-psico-motriz y, afortunadamente, existen terapias de estimulación neurológica que, junto con algunos tratamientos biológicos, corrigen o minimizan estos problemas sin hacer uso de fármacos. Se requiere constancia y disciplina, pero los resultados merecen la pena.

Muchos niños y niñas afrontan diariamente sus vidas con este tipo de “mochila” a cuestas y la mayoría ni si quiera están diagnosticados. Hay múltiples causas que pueden provocar alteraciones en el desarrollo neurológico infantil. Se sabe, por ejemplo, que los niños adoptados tienen una mayor probabilidad de sufrirlas -aunque no siempre sea así- como consecuencia de las carencias físicas y emocionales, falta de estímulos sensoriales y motrices o por intoxicaciones de sustancias que pasan al bebe desde la madre biológica vía placenta (metales pesados, alcohol, drogas, radiaciones…).

En el caso de otros niños, los problemas pueden deberse a que no haya hecho el suficiente ejercicio de suelo para lograr una buena maduración cerebral, o que su cuerpo no sea capaz de eliminar correctamente los cientos de tóxicos a los que estamos expuestos, o consecuencia de alguna infección vírica durante el embarazo. Otras veces la causa es desconocida. En cualquier caso, los problemas que se originan son muy semejantes y sólo tratando su causa (y no solo los síntomas que provoca) podremos ayudar a estas criaturas y sus familias a superar sus problemas y brindarles las oportunidades que merecen.

En esta situación, contar con la ayuda de alguna asociación especializada que sirva de guía en el proceso es fundamental para sentirse acompañado y respaldado por la experiencia de otras familias. En palabras de la familia de Lucía, “el apoyo y orientación que nos ha brindado la asociación Laztana[2] durante estos años ha sido fundamental para recorrer este camino, para comprender a nuestra hija y saber ayudarla. Siempre le estaremos agradecidos y por eso prestamos este testimonio para poner un poco de luz y esperanza en tantas familias que seguro están pasando por situaciones similares. Queremos compartir nuestra alegría y contribuir a dar a conocer estas terapias tan eficaces para superar este tipo de problemas y ofrecer a nuestros hijos e hijas una vida mejor y más feliz”.

Volviendo al caso de Lucía, la mayor parte de las terapias que realizó fueron en paralelo con los cursos de 3º y 4º de Primaria que resultaron duros y con unos resultados escolares muy ajustados. Como relata la familia, fueron años agotadores con casi una hora de trabajo diario en casa para aplicar las distintas terapias, más el colegio y los deberes que seguían ocupando mucho tiempo y esfuerzo.

A lo largo de poco más de dos años realizó las siguientes terapias: ejercicios diarios de reorganización neurológica para integrar el patrón contra-lateral, lograr la sincronización de sus hemisferios cerebrales incrementando la actividad de su cuerpo calloso y mejorar su lateralidad (diario, 2 años); terapia BRMT o TMR[3] de integración de reflejos primitivos (diario, 2 años); terapia visual[4] (diario, 8 meses); terapia reeducación auditiva Berard[5] (2 sesiones de 15 días cada una, una al inicio y otra año y medio después); terapia psicológica (1 sesión semanal durante año y medio). Aproximadamente a los 8 meses de iniciar las terapias se le aconsejó empezar una dieta libre de gluten y caseína lo que mejoró sustancialmente el rendimiento de las otras terapias.

Tras unos 6 u 8 meses de trabajo empezaron a notarse los resultados. La niña estaba mucho más relajada y con mayor capacidad de atención, su nivel lector también mejoró mucho. Al año de iniciar las terapias se le diagnosticó también una intoxicación severa por metales pesados (mercurio, plomo, cadmio, aluminio y plata) que su cuerpo no era capaz de eliminar y que afectaban a su funcionamiento neurológico. Inició un tratamiento con quelantes para ir eliminando progresivamente esos metales de su cuerpo junto con suplementos de vitaminas y minerales de los que tenía carencias.

Después de dos años de terapias era otra niña en todos los sentidos, o más bien, era la niña que siempre estuvo ahí pero que no podía florecer. Las terapias acabaron en el primer trimestre de quinto curso de Primaria y, después de haber terminado, la niña continuó mejorando pues el proceso de maduración cerebral ya estaba desencadenado y sin trabas, caminaba por sí solo. Terminó el curso con todo notables y algún sobresaliente, siendo una de las niñas más atentas, trabajadoras e incluso rápidas de la clase para sorpresa del profesorado que dos años atrás no hubiera creído posible esta evolución.

Sigue siendo disléxica pero incluso muchos síntomas que Lucía tenía, que se asocian a la dislexia y que hacen de ésta una condición aún más compleja, desaparecieron. La dislexia es también un don y, posiblemente gracias a ella, Lucía tiene una creatividad impresionante, alta capacidad de visión espacial, gran habilidad para resolver problemas analizando la situación desde diferentes ángulos de una forma integral, es capaz de ver lo que a otros se nos pasa por alto, tiene grandes dotes artísticas y un futuro prometedor.

Lucia es una niña responsable y trabajadora y ha aprendido una lección más valiosa para la vida que cualquiera de las que aparecen en los libros de texto. Lucía sabe lo que significa el esfuerzo y sabe valorar lo que ha logrado. Es una niña feliz que a menudo grita “¡Soy la mejor!” y tiene razón.  Llegará donde se proponga porque alguien creyó en ella y supo descubrir ese diamante en bruto y encontrar a quienes podían enseñarles las herramientas para pulirlo y dejarla, por fin, brillar.


[1] Qué son los Reflejos Primitivos: http://www.blombergrmt.es/reflejos-primitivos/
[2] Asociación LAZTANA: http://www.asociacionlaztana.org 
[3] BRMT o TMR (Terapia de Movimiento Rítmico del Dr. Bloomberg):http://www.blombergrmt.es/brmt/
[5] En qué consiste el método Berard de reeducación auditiva:http://www.es.berardaitwebsite.com/metodo-berard/por-que-hacer-ait-de-berard/

EL DESARROLLO MOTRIZ ALCANZADO DETERMINA EL DESARROLLO EMOCIONAL, SOCIAL Y COGNITIVO

El desarrollo físico determina el desarrollo emocional, social y cognitivo

El desarrollo motriz determina el desarrollo infantil

Cuántas veces nos hemos planteado por qué un niño es más tímido, más miedoso, más torpe que sus hermanos o que sus compañeros de colegio. Tendemos a explicarlo con la idea de que “le tocó” esa combinación de genes que nos hace ser como somos. Y lo justificamos deciendo: “es su carácter”.

Pero esta teoría está quedando de lo más obsoleta y es hora de que cambiemos los conceptos que tenemos sobre cómo se produce el desarrollo de la personalidad de un niño.

Hasta hace muy poco era la genética la que daba respuesta a todas estas cuestiones y creíamos firmemente que nuestra forma de ser estaba determinada por una selección de genes de la cual no teníamos escapatoria.

Hoy sabemos, sin embargo, que los genes no lo deciden todo como creíamos, sino que son el entorno que nos rodea y las experiencias vividas las que determinarán y conformarán al ser humano resultante.

Por un lado, la epigenética nos habla de cómo son factores externos ambientales los que hacen que un gen se manifieste en un grado u otro. Por otro lado, la neurociencia nos explica cómo se desarrolla el cerebro desde abajo hacia arriba, desde áreas más primitivas y básicas que se ocupan del cuerpo a nivel físico, hacia áreas más sofisticadas que se ocupan de funciones mucho más complejas como las cognitivas. Es precisamente en estas áreas cerebrales más primitivas donde dejan huella las experiencias vividas más tempranamente. Huellas a la que no tenemos acceso desde la consciencia y por ello, no podemos manejar desde la razón o la lógica, permitiéndoles vía libre para que condicionen muchos de nuestros comportamientos a lo largo de la vida.

Con todo lo anterior, vemos que las primeras experiencias y el movimiento son piezas clave en el comienzo del desarrollo de una persona, y por lo tanto, de su personalidad.

Piaget nos habló de periodo sensoriomotor en el niño pequeño. Un periodo en el cual los sentidos están a pleno rendimiento absorbiendo toda la información a través del cuerpo y éste, respondiendo a esa información que le rodea gracias al movimiento.

Alguien dijo alguna vez que “un niño pequeño es un cuerpo moviéndose en el espacio”. Y esta es una gran verdad en lo que al desarrollo infantil se refiere.

El niño tiene la necesidad de moverse porque es el movimiento un factor vital para el desarrollo de su cerebro. Busca lo que necesita, lo hace de forma instintiva. La naturaleza lo ha programado así, para asegurar que se produzca un desarrollo adecuado.

Dice el refrán que “nadie aprende en cabeza ajena”. La experimentación de un hecho hace que éste se grabe en nuestra memoria de una manera mucho más sólida que si solamente lo hubiésemos visto, leído o hubiésemos oído hablar de ello. Y para “experimentar” algo, necesitamos del cuerpo.

Los niños pequeños tienen una gran necesidad de moverse y lo hacen casi constantemente en su afán por conocer el mundo, pero primero, por conocer su propio cuerpo, por dominarlo y usarlo a la perfección.

Sin embargo, debe puntualizarse que no se trata simplemente del movimiento por el movimiento. Cada etapa del desarrollo requiere de unos logros determinados y en el bebé y el niño muy pequeño, gran parte de estos logros tienen que ver con su cuerpo y con cómo lo utiliza. Lograr destrezas motrices en el momento adecuado será lo que dé lugar a la creación o fortalecimiento de estructuras y conexiones cerebrales que facilitarán después otras funciones y que llevarán al niño a un buen control de su cuerpo. El niño necesita moverse en las primeras etapas de su vida para llegar a controlar el movimiento más adelante. El “control” y el “saber parar” son la máxima expresión del dominio del movimiento corporal.

Cuando esto no se ha logrado plenamente, siempre se puede trabajar repasando de nuevo los movimientos y etapas motrices que no se lograron con éxito en su momento. De esta forma estaríamos permitiendo al cerebro tener una segunda oportunidad para su pleno desarrollo.

Es sabio permitir a los niños moverse. Permitir que experimenten con su cuerpo, que adquieran destreza y eficacia con el mismo pues cuanto más hábiles se sientan dentro de su cuerpo y utilizándolo en sus experiencias en la vida, más confiados se sentirán consigo mismos. Esto afectará directamente a su autoestima y a su personalidad. Y como decíamos, sentará las bases de destrezas que aparentemente nada tienen que ver con el movimiento y que serán muy necesarias en el aprendizaje escolar y en muchas situaciones de la vida.

Es por esto que decimos que el desarrollo físico precede e influye directamente en todo el desarrollo posterior, incluyendo el desarrollo emocional, social y cognitivo.

Rosina Uriarte

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ALTERACIONES DEL DESARROLLO INFANTIL: UN ENFOQUE DIFERENTE, UNA NUEVA ESPERANZA

 
Alteraciones del desarrollo infantil: un enfoque diferente, una nueva esperanza: el neurodesarrollo.
 
Fatima Amezkua, responsable de comunicación de la Asociación Laztana, enero 2016
 
Los seres humanos nacemos muy inmaduros y altamente dependientes de los cuidados de nuestros progenitores no solo para crecer sino para seguir desarrollándonos. Los tres primeros años de vida, pero sobretodo el periodo gestacional y el primer año de vida, son fundamentales para el correcto desarrollo motor, sensorial y neuronal que sentará las bases para el posterior desarrollo emocional y cognitivo de la persona. Es por esta razón que las niñas y niños pequeños y las mujeres embarazadas son los más sensibles y vulnerables al impacto de distintos factores externos que pueden perturbar el normal desarrollo infantil.
 
Las sociedades modernas conllevan unos modos de vida y consumo que implican altos niveles de estrés en la vida cotidiana así como una constante exposición a miles de sustancias químicas combinadas, metales pesados, contaminación atmosférica, ondas electromagnéticas, etc. Nunca antes los seres humanos habíamos estado expuestos a tantas sustancias químicas, presentes incluso en los alimentos que ingerimos, y a tantas radiaciones de las que desconocemos sus efectos a largo plazo. Somos cobayas de una experimentación a escala mundial en la que, obviando el principio de precaución, se espera a que los efectos negativos de una sustancia se demuestren claramente dañinos para proceder a limitar su uso. Y, lo que es peor, nadie regula la influencia sobre las personas de la combinación de dos o más de estas sustancias potencialmente tóxicas cuando diariamente convivimos con cientos de ellas. La doctora en Medicina Ambiental, Pilar Muñoz Calero, ha estudiado ampliamente la influencia de estas sustancias en el ser humano y las patologías en las que incide entre las que se incluyen alergias, intolerancias y muchas alteraciones del desarrollo infantil.
Algunos de los factores que pueden perturbar el correcto desarrollo infantil incluyen: factores ambientales como exposición a sustancias tóxicas -vía placenta o por contacto directo- o a radiaciones electromagnéticas; problemas durante el periodo gestacional y/o el parto como altos niveles de estrés durante el embarazo, nacimientos prematuros o partos por cesárea; carencias afectivas y falta de estimulación sensorial como las sufridas en su primera etapa de vida por muchos niños y niñas adoptados; hospitalizaciones prolongadas; largas jornadas en guarderías desde muy bebes; uso abusivo de sillitas y andadores que limitan el libre movimiento del bebe tan necesario para su desarrollo motor, etc.  Diversos estudios como los dirigidos por la investigadora Marieta Fernández Cabrera[1] de la Universidad de Granada, así como otros muchos centros de investigación a nivel internacional, han demostrado que los niños y niñas que han vivido alguna de estas circunstancias tienen mayores probabilidades que el resto de la población de sufrir algún tipo de alteración del desarrollo infantil y/o del sistema inmunológico.
Por todo ello, no es extraño encontrar en nuestro entorno cada vez más niños y niñas que sufren alergias, intolerancias alimentarias, déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA/H), trastornos del lenguaje, problemas de integración sensorial, autismo o trastornos del espectro autista (TEA), etc. Si bien es cierto que dificultades del aprendizaje de diverso tipo, alergias o enfermedades como el autismo siempre han existido, llama la atención el incremento que algunos diagnósticos asociados a estos problemas han experimentado en las dos últimas décadas. Por ejemplo, según la revista Neurología[2]estudios epidemiológicos recientes informan que en 1985 se registraban 5 casos de autismo por 10.000, mientras que nuevas estimaciones reportan  1 caso por cada 100 niños y adolescentes en 2008 –algo evolutivamente imposible si su origen es solo genético y que tampoco se explica solo por una mejor detección de casos- y en el caso del TDA/H ha pasado de diagnosticarse al 2% de la población infantil a alcanzar niveles del 15% en algunos países como EEUU.
 
Este tipo de trastornos inciden de forma significativa en la vida familiar, escolar y social de muchos niños y, cuando afectan a capacidades atencionales, cognitivas o relacionales, son a veces difíciles de detectar hasta que los pequeños cursan Educación Primaria. Muchos escolares con TDA/H, lateralidad cruzada, trastornos del lenguaje, TEA u otras alteraciones del desarrollo son incomprendidos y el sistema educativo no siempre está preparado para ofrecerles la ayuda que necesitan.
 
Muchas veces la única respuesta que reciben del sistema sanitario y educativo es medicación farmacológica tal vez complementada con asistencia psicológica mediante terapia conductual y cognitiva  que -aunque puede resultar positiva- no logra cambios suficientemente profundos y duraderos pues no corrige la causa del trastorno sino que más bien ayudan a controlar algunos de los síntomas que produce.
 
Sin embargo, hoy día existe una diversidad de métodos terapéuticos que trabajan estos problemas desde su origen dando una segunda oportunidad al cerebro para que logre su correcto desarrollo. Están basados en ejercicios de estimulación cerebral para la reorganización neurofuncional junto a la mejora del estado del sistema inmunológico acompañada de una alimentación sana, preferiblemente ecológica. Estos métodos están avalados por profesionales de todo el mundo y por miles de familias que los han utilizado obteniendo mayores garantías de éxito sin efectos secundarios para la salud. No se trata de terapias milagrosas diseñadas por el gurú de turno, sino que están basadas en principios científicos, estudios contrastados y años de trabajo. En la práctica la reorganización neurofuncional se logra a través de en una serie de ejercicios de estimulación cerebral personalizados que padres y madres deben realizar diariamente en casa con sus hijos y que se complementan con sesiones de terapia presencial y revisiones por parte de las y los profesionales correspondientes: neurólogo, optometrista comportamental, especialista en reeducación auditiva, especialista en integración de reflejos primitivos, etc.
 
Dos son las claves que hacen que estos métodos terapéuticos funcionen. Por un lado, la plasticidad cerebral que, si bien se ha demostrado que es una capacidad que mantenemos a lo largo de toda la vida, ésta es mucho mayor durante la infancia. La segunda clave es constancia y repetición pues es así como nuestro cerebro aprende y se desarrolla. Repitiendo de forma sistemática y durante el tiempo necesario el tipo de estímulo que cada niño o niña necesite se logra que el cerebro desarrolle esa área que había quedado bloqueada o que mejore la conexión neuronal entre áreas del cerebro que deberían comunicarse con fluidez.
 
Ante la falta de información sobre las causas y posibilidades de tratamiento de estas alteraciones del desarrollo, nace en julio de 2013 Laztana –Asociación para el desarrollo y la estimulación infantil- con el objetivo de difundir y facilitar a las familias el acceso a métodos terapéuticos libres de medicación que trabajan por lograr una maduración neurológica adecuada y un estado biológico en las mejores condiciones por medios naturales y efectivos. Cualquier persona interesada puede informarse y contactarnos a través de nuestra página Web:http://www.asociacionlaztana.org/, en facebook:https://www.facebook.com/asociacionlaztana  o en el email:asociacionlaztana@gmail.com.


[1]             Marieta Fernández Cabrera es Doctora en Ciencias Químicas de la Universidad de Granada y coordinadora en Granada del Proyecto INMA, INfancia y Medioambiente. http://www.proyectoinma.org
[2]             Revista Neurología, Vol. 27, Num. 7, sep 2012, editorial Elsevier. Publicación científica de la Sociedad Española de Neurología.

NACE EL MÉTODO “BEBÉ Y YO”. Curso online para padres y cuidadores

Bebé y Yo nos enseña cómo acompañar a los bebés en el momento más importante de su desarrollo.

 
¿Cuántas veces oímos decir que “los bebés no vienen con manual de instrucciones”? ¡Y qué cierto resulta cuando experimentamos la maternidad o paternidad por primera vez!

Por suerte, contamos con todo tipo de información divulgada con el objeto de ayudar a los nuevos padres en el proceso de criar a sus pequeños. “Criarlos” sanos y felices es lo que nos proponemos todos los padres y cuidadores, pero hay mucho más que podemos hacer para lograr el pleno desarrollo de nuestros pequeños mientras disfrutamos con ellos y al mismo tiempo reforzamos nuestros vínculos afectivos.

El método BEBÉ Y YO nace para concienciarnos de la importancia de cuidar el desarrollo de los bebés (desarrollo físico-motriz, emocional, social y cognitivo) desde la misma concepción y hasta que cumplen el primer año y logran dar sus primeros pasos.

Los bebés no vienen con instrucciones, pero ciertamente sí que lo hacen “con un pan bajo el brazo”. Un pan lleno de sabiduría que nos hace aprender y crecer con ellos como no lo haremos con ninguna otra experiencia en nuestras vidas.

Conocer las prioridades del desarrollo de nuestros hijos hará que aprovechemos plenamente el momento más importante de todos, un momento que marcará de forma determinante todo el desarrollo posterior, y por tanto, el carácter y las habilidades de los niños.

BEBÉ Y YO nos ayudará a comprender la importancia de procesos tan lógicos y naturales que nos sorprenderá no haberlos reconocido con anterioridad. Esta lógica natural e instintiva, se une a los conocimientos que nos aporta la neurociencia en un trabajo sencillo y placentero para ambas partes: para los bebés y para quienes los cuidan.

Acompaña a tu bebé en este fascinante momento de su vida, desde la consciencia y el conocimiento de lo que es ahora, y será en el futuro, lo mejor para él.
 

 

HOMENAJE AL DOCTOR JORGE FERRÉ

Doctor Jorge Ferré

Hace unos pocos días recibimos la triste noticia del fallecimiento del doctor Jorge Ferré Veciana.

Quisiera dedicarle unas sentidas palabras, pero sólo se me ocurren algunas tan utilizadas ya que no llegarían ni de lejos a reflejar lo que suponía este hombre para tantas y tantas personas.

Palabras como que era de lo mejor como profesional y también como persona. Que nuestra admiración por él (la mía y la de muchos otros profesionales dedicados al desarrollo infantil) era inmensa y que nuestro agradecimiento (el de muchísimos padres) literalmente infinito.
Porque cuando alguien te ayuda de una forma definitiva cuando llevas años desesperándote ante un problema que consume tu paz, tu energía y a tu familia, el agradecimiento no se acaba nunca, dura siempre.

Se nos ha ido Ferré, dejando un gran hueco que difícilmente podrá llenar otra persona de características siquiera «parecidas», se ha ido un gran referente, «el referente» para todo lo relacionado con el desarrollo infantil.

Pero por suerte, entre las muchas cosas buenas que hizo este hombre en su vida, una de ellas fue difundir lo que él sabía, compartiéndolo con todo el que esté dispuesto a acercarse para conocerlo.

Y lo hizo de una manera generosa, mostrándose siempre accesible a cualquier consulta o propuesta.

Muchas veces me preguntaba cómo encontraba el momento para ello con todas las ocupaciones que tenía. Fijaros que en cuanto le conté que había fundado una asociación, se dedicó a diseñarnos un logo ¡y lo envió el mismo día!

El logo de la Asociación Laztana fue creado por él, un hecho que llevamos con todo el orgullo. Como dice nuestra secretaria: «representa a un niño en movimiento y constante desarrollo, con los brazos alzados, alegres y confiados. Y una sólida base en la que apoyarse para avanzar».
Este logo refleja fielmente nuestra esencia como asociación y la esencia que emanaba su autor.

Que saliera de él diseñar el logo de forma tan desinteresada es sólo un ejemplo de cómo funcionaba este hombre. Yo, personalmente tengo muchísimo más que agradecerle. Y sé que no soy la única, que los conocimientos y avances alcanzados en las últimas décadas con respecto al desarrollo infantil los debemos en gran medida a su trabajo y experiencia.

Por esto somos tantos lamentando su pérdida.

Descansa en paz Jorge Ferré. Siempre seguiremos de alguna forma contando con tu ayuda. ¡Gracias por todo!

Rosina Uriarte