Hazles un regalo a tus hijos: COMPARTE TUS INTERESES y aficiones.

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Comparte tus intereses y aficiones con tus hijos cuando son pequeños, será un verdadero regalo para ellos, para toda su vida.
Existe un momento en el cual los niños se interesan por absolutamente TODO. Es el momento en el cual están aún en Educación Infantil. Los niños menores de seis años disfrutarán de cualquier cosa. Pero con una condición: hacerlo contigo.
Tienen a esta edad una gran necesidad de estar con sus padres y les interesa todo lo que hacen éstos.
Te imitan, te siguen a todas partes y quieren “jugar” contigo.
Aún no diferencian “jugar” de “aprender”, son dos conceptos que van unidos, son prácticamente la misma cosa.
Por ello disfrutan de todo lo que hacemos con ellos, y mucho más aún si nosotros, los padres disfrutamos también.
Si eres padre o madre, no dudes en compartir lo que te apasiona con tu hijo o hija.
No hay una edad demasiado temprana. Pero sí una edad en la que ya será tarde para intentarlo.
Crear intereses en un niño o niña pequeña es fomentar su curiosidad y aprendizaje. Regalarle intereses a disfrutar juntos ahora, servirá de base para que adquiera más intereses en el futuro.
Una persona que disfruta de muchas cosas en la vida, no es solamente una persona más inteligente, sino una persona más feliz.

VÍDEO “EMOCIÓN Y APRENDIZAJE”

En nuestro cerebro, muchas y variadas áreas se ocupan de nuestros recuerdos, pero una de las principales, y de la que depende especialmente nuestra memoria a largo plazo, es el hipocampo, el cual se halla en nuestro cerebro emocional.

Suponemos que por esto, solamente si existe una emoción, una motivación, es posible el aprendizaje real.

Hay que tener cuidado porque si la emoción es negativa, también determinará un aprendizaje. La presión que pueda sentir un niño para aprender (a leer, escribir, realizar cálculos mateemáticos) como los adultos deseamos y al ritmo que quisiéramos imponerle, marcará su aprendizaje y su disposición al mismo.

Tengamos esto en cuenta, motivemos positivamente a nuestros niños en su aprendizaje. No los presionemos para evitar que puedan sentir emociones negativas relacionadas con ese aprender.
Hace años, RTVE hizo un reportaje en mi centro de Castro Urdiales sobre la Estimulación Temprana. O al menos creía yo que trataba este tema, porque en realidad tuvimos que compartir el reportaje con experimentos realizados a ratas en un laboratorio…

Una de las máximas de la Estimulación Temprana es: jamás presionar al niño. Dar sin esperar nada a cambio, ofreciéndole la oportunidad de “devolvernos” lo que pueda y quiera en cada momento. Con la maravillosa consecuencia de que en una situación de libertad y motivación para el aprendizaje, el niño da muchísimo más de lo esperado.

La máxima de los tristes experimentos con ratas mencionados: ponerlas en situaciones de estrés para comprobar su conducta y llegar a la conclusión de que no pueden aprender bajo presión.

Igual que nos ocurre a los seres humanos. No podemos aprender en una situación de estrés y miedo.

Fue muy poco afortunado hablar de ambos temas en un reportaje. Por si tienes curiosidad, puedes verlo aquí:
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LA EMOCIÓN Y SUS IMPLICACIONES EN LA MEMORIA Y LA CONDUCTA

Rosina Uriarte

Las emociones juegan un papel muy importante en nuestro comportamiento, pero también influyen en nuestra memoria y en nuestro aprendizaje.

Las emociones son fenómenos psicológicos complejos que desencadenan procesos fisiológicos (cambios en el ritmo cardíaco, sudoración de la piel, etc.), conductuales y cognitivos.

Su función primera es la ayudar al individuo a adaptarse a las diferentes situaciones, en especial a situaciones relevantes. Así surgen las emociones como reacciones a estímulos externos y también internos (recuerdos y estados de ánimo conscientes).

Lo interesante de los últimos estudios sobre cómo funcionan las emociones es la demostración de que estímulos que no son percibidos conscientemente también producen una reacción emocional. En las pruebas se pudo comprobar cómo se dan reacciones fisiológicas ante estímulos que no eran reconocidos conscientemente por la persona, por lo que ésta no se daba cuenta siquiera de su existencia.

Antes decía que las emociones afectan nuestra memoria. Pero también es cierto que ocurre al revés: que la memoria juega un papel muy importante en nuestras reacciones emocionales.

Dado el funcionamiento y la distribución de funciones de nuestro cerebro, contamos con dos tipos de memoria. La memoria explícita o consciente, la que se denomina también “episódica” y hace referencia a los recuerdos de experiencias de nuestra vida. Y la memoria implícita o inconsciente.

Las estructuras cerebrales clave en estos procesos son el hipocampo y la amígdala.

El hipocampo se ocupa de la memoria explícita reuniendo nuestros recuerdos conscientes. La amígdala activa automáticamente reacciones emocionales ante situaciones de supuesto peligro por vías de recuerdos a los cuales no tenemos acceso consciente. Se ocupa, por lo tanto, de la memoria implícita.

Ambos tipos de memoria trabajan de forma conjunta. El conocimiento implícito actúa como una primera señal de aviso que influye en los procesos racionales y conscientes del conocimiento explícito. Esta combinación da lugar a las respuestas adaptativas de la persona a las diferentes situaciones arriesgadas en las que debe tomar decisiones. Nuestras elecciones dependen de las dos formas de conocimiento: el consciente y el inconsciente. Sin las evaluaciones primarias de tipo afectivo de la memoria implícita no se puede llegar a los complejos mecanismos conscientes de evaluación y análisis de la situación.

Esta diferenciación entre el conocimiento emocional implícito y explícito nos da la razón de muchas reacciones de ansiedad patológica o miedos irracionales que desconciertan precisamente por no tener una explicación lógica y racional (consciente). Fobias que llevan a reacciones desmesuradas ante estímulos que la persona racionalmente considera inofensivos.

Esta diferenciación también explica la “amnesia infantil”, el hecho de que no dispongamos de recuerdos conscientes de las experiencias de nuestros primeros años de vida.

Como decía antes, es el hipocampo el encargado básicamente de la recopilación y recuperación de la información explícita, de la memoria episódica. Esta estructura madura tardíamente y no es plenamente funcional hasta la edad de tres años. Aquí tenemos la explicación del por qué no tenemos recuerdos de esta edad.

Junto a esto está el factor de que nuestro pensamiento funciona utilizando el lenguaje principalmente. La falta de un lenguaje estructurador, que dé forma a nuestros pensamientos y recuerdos, hace que nos quedemos con la impronta emocional, con sensaciones difusas que hechos importantes dejaron en nuestro sistema nervioso.

Los expertos en neurodesarrollo infantil aseguran que los tres primeros años de vida determinan de forma definitiva toda nuestra persona. Que las experiencias fuertemente negativas en esta edad (e incluso antes, en el útero) pueden llegar a afectar tanto el sistema nervioso que creen bloqueos en el desarrollo del mismo. Manifestándose estos bloqueos más adelante en la forma de trastornos o dificultades de aprendizaje. Y es precisamente el hecho de no poder acceder de forma consciente a estas experiencias traumáticas lo que las hace tan importantes al no poder elaborarlas, evaluarlas ni conocerlas siquiera.

En el caso de experiencias traumáticas infantiles no existirá un acceso deliberado a la información sobre lo que ocurrió, habrá ausencia del recuerdo explícito, lo cual nos deja exclusivamente con la reacción emocional e inconsciente por parte de la amígdala. Por este motivo es muy posible que estos traumas infantiles afecten la conducta emocional del adulto sin que éste sea consciente de los mismos ni pueda modificarlos desde la razón y la consciencia.

Los hechos que dan lugar a una activación afectiva intensa después de los primeros años de vida, favorecen su recuerdo. Las emociones importantes influyen en los recuerdos, haciéndolos especialmente vívidos y resistentes al olvido.

(Información basada en el artículo de L. Aguado titulado “Procesos cognitivos y sistemas cerebrales de la emoción”. Publicado en la Revista de Neurología, 2002:
http://www.revneurol.com/sec/resumen.php?or=web&i=e&id=2002079)