Estimulación VESTIBULAR. Cómo estimular con el MOVIMIENTO.

La estimulación vestibular, procedente del movimiento del cuerpo en el espacio, es uno de los principales “alimentos” del cerebro. Resulta vital para el desarrollo cerebral del niño, ya desde la propia gestación (el movimiento de la madre desarrolla el cerebro del bebé en el útero). Una vez que nace, el bebé pide lo que más necesita: movimiento con mecimiento y contacto. ¡Necesita que le cojan en brazos!

También necesita del contacto piel con piel y del porteo… Pero volviendo al movimiento… Éste es esencial a lo largo de toda la infancia y los niños, de nuevo, nos lo hacen saber corriendo, saltando, trepando, girando…

En el mundo actual en el cual vivimos, los niños pasan la mayor parte de su tiempo en la escuela y el hogar, delante de pantallas. Apenas corren, trepan árboles o juegan en el exterior. Incluso los parques se encuentran en estos tiempos precintados, y en las escuelas los columpios y toboganes son solamente para los niños de Educación Infantil (esto con suerte para los más pequeños cuando disponen de ellos).

Nuestros niños se mueven cada día menos y el riesgo no es únicamente la obesidad infantil como podríamos pensar… ¡no!

Las consecuencias son mucho mayores y abarcan todas las áreas del desarrollo, incluidas la emocional y la cognitiva.

Y esto es así porque el desarrollo a través del movimiento sustenta todo el desarrollo posterior. Y niños que no se han movido adecuada y suficientemente en sus primeros años de vida, muy probablemente tendrán dificultades en su aprendizaje escolar después.

No se aprende a leer, a escribir o las matemáticas de repente, “porque sí”. Sino que se hace gracias a todo lo aprendido y experimentado anteriormente. Gracias a las experiencias con el cuerpo y el movimiento de éste en el espacio, será que el niño podrá contar con las herramientas necesarias para poder aprender fácilmente en la escuela.

¡Incluso los movimientos de sus ojos para poder leer dependen del movimiento que haya hecho antes con el resto de su cuerpo!

La estimulación vestibular que brindamos a los niños gracias al movimiento activa sus cerebros. ¡Los enciende! Por esto podemos ayudarles a mantener la atención en sus tareas escolares gracias a permitirles moverse.

Tenían razón ya en la antigüedad clásica cuando nos decían “mens sana in corpore sano”… Primero el cuerpo, luego la mente.

Charla en CENTRO EL ÁNGEL, Madrid: https://www.tomatismadrid.com/

Gracias a Mari Cruz Domínguez que me invitó a su centro a dar una charla sobre la estimulación vestibular.

Si quieres más información sobre desarrollo infantil, aquí en mi página: https://rosinauriarte.com/​ ¡Bienvenido!😘

Poner al BEBÉ BOCA ABAJO. ¿Sí o no?

¿Es conveniente poner al bebé boca abajo? Hay quienes piensan que sí… otros que no… Pero, ¿en qué se basan unos y otros? ¿Qué es lo mejor para el bebé? Según mi parecer, lo mejor es siempre lo más natural.

EL MOVIMIENTO ENCIENDE EL CEREBRO


El movimiento enciende el cerebro. Activa el aprendizaje.

¿Has estudiado alguna vez caminando por el pasillo?
Si lo has hecho, seguramente te haya servido para seguir atento y retener mejor la información. Y es que, el movimiento actúa como una dinamo para nuestro cerebro: ¡lo enciende!
Activar el cuerpo activa el cerebro.
Debemos permitir a nuestros niños que se muevan antes de hacer las tareas escolares, que puedan realizar descansos para moverse un o que lo hagan mientras están estudiando.
El movimiento, especialmente si va unido a un ritmo, es excelente para ayudar a nuestros niños a prestar atención y a rendir mejor en sus tareas cognitivas.
Girar unas pocas veces en una dirección y luego en la otra (siempre en ambas direcciones por igual) es un buen ejercicio. Pueden hacerlo estando de pie, tumbados sobre el suelo (haciendo “croquetas”) o sentados en una silla giratoria. Con cuidado de evitar el mareo o sensaciones que puedan impresionar. No se trata de hacerlo deprisa ni muchas veces seguidas, sino unas pocas (3 veces por ejemplo) en una dirección para cambiar y hacer otras pocas en la otra.
Mecerse sobre una hamaca, mecedora, columpio o pelota de pilates.
Saltar o botar, dentro de las posibilidades que nos ofrezca el hogar. Una pelota de pilates permitirá al niño botar sentado sobre la misma. Podrá sentarse o tumbarse boca abajo o incluso, boca arriba si le gusta. Y en estas posiciones, mecerse rítmicamente hacia adelante y atrás, hacia los lados… o botar hacia arriba y hacia abajo.
Un minuto antes de empezar a trabajar y otro en los descansos será suficiente.
Y por supuesto, si puede moverse mientras estudia, esto será estupendo pues le ayudará a seguir prestando atención y a aprender mejor los contenidos. Así que permite a tu hijo o hija que se sienta sobre una pelota de pilates y/o una silla giratoria, que camine mientras estudia y repite en voz alta los contenidos que ha de aprender.
Que haga la “marcha cruzada” mientras repasa algo es muy buena idea: habrá de tocarse la rodilla derecha con su mano o codo izquierdo y luego, la rodilla izquierda con la mano o el codo derecho. Y esto lo puede hacer estando quieto en el sitio o desplazándose.
Sólo cuando se hayan movido lo suficiente, podrán los niños controlar la necesidad que tienen de moverse y así poderse estar quietos. El movimiento dará a sus cerebros la energía que necesitan para poder aprender.


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EL DESARROLLO MOTRIZ ALCANZADO DETERMINA EL DESARROLLO EMOCIONAL, SOCIAL Y COGNITIVO

EL DESARROLLO MOTRIZ ALCANZADO DETERMINA EL DESARROLLO EMOCIONAL, SOCIAL Y COGNITIVO

Cuántas veces nos hemos planteado por qué un niño es más tímido, más miedoso, más torpe que sus hermanos o que sus compañeros de colegio. Tendemos a explicarlo con la idea de que “le tocó” esa combinación de genes que nos hace ser como somos. Y lo justificamos deciendo: “es su carácter”.
Pero esta teoría está quedando de lo más obsoleta y es hora de que cambiemos los conceptos que tenemos sobre cómo se produce el desarrollo de la personalidad de un niño.
Hasta hace muy poco era la genética la que daba respuesta a todas estas cuestiones y creíamos firmemente que nuestra forma de ser estaba determinada por una selección de genes de la cual no teníamos escapatoria.
Hoy sabemos, sin embargo, que los genes no lo deciden todo como creíamos, sino que son el entorno que nos rodea y las experiencias vividas las que determinarán y conformarán al ser humano resultante.
Por un lado, la epigenética nos habla de cómo son factores externos ambientales los que hacen que un gen se manifieste en un grado u otro. Por otro lado, la neurociencia nos explica cómo se desarrolla el cerebro desde abajo hacia arriba, desde áreas más primitivas y básicas que se ocupan del cuerpo a nivel físico, hacia áreas más sofisticadas que se ocupan de funciones mucho más complejas como las cognitivas. Es precisamente en estas áreas cerebrales más primitivas donde dejan huella las experiencias vividas más tempranamente. Huellas a la que no tenemos acceso desde la consciencia y por ello, no podemos manejar desde la razón o la lógica, permitiéndoles vía libre para que condicionen muchos de nuestros comportamientos a lo largo de la vida.
Con todo lo anterior, vemos que las primeras experiencias y el movimiento son piezas clave en el comienzo del desarrollo de una persona, y por lo tanto, de su personalidad.
Piaget nos habló de periodo sensoriomotor en el niño pequeño. Un periodo en el cual los sentidos están a pleno rendimiento absorbiendo toda la información a través del cuerpo y éste, respondiendo a esa información que le rodea gracias al movimiento.
Alguien dijo alguna vez que “un niño pequeño es un cuerpo moviéndose en el espacio”. Y esta es una gran verdad en lo que al desarrollo infantil se refiere.
El niño tiene la necesidad de moverse porque es el movimiento un factor vital para el desarrollo de su cerebro. Busca lo que necesita, lo hace de forma instintiva. La naturaleza lo ha programado así, para asegurar que se produzca un desarrollo adecuado.
Dice el refrán que “nadie aprende en cabeza ajena”. La experimentación de un hecho hace que éste se grabe en nuestra memoria de una manera mucho más sólida que si solamente lo hubiésemos visto, leído o hubiésemos oído hablar de ello. Y para “experimentar” algo, necesitamos del cuerpo.
Los niños pequeños tienen una gran necesidad de moverse y lo hacen casi constantemente en su afán por conocer el mundo, pero primero, por conocer su propio cuerpo, por dominarlo y usarlo a la perfección.
Sin embargo, debe puntualizarse que no se trata simplemente del movimiento por el movimiento. Cada etapa del desarrollo requiere de unos logros determinados y en el bebé y el niño muy pequeño, gran parte de estos logros tienen que ver con su cuerpo y con cómo lo utiliza. Lograr destrezas motrices en el momento adecuado será lo que dé lugar a la creación o fortalecimiento de estructuras y conexiones cerebrales que facilitarán después otras funciones y que llevarán al niño a un buen control de su cuerpo. El niño necesita moverse en las primeras etapas de su vida para llegar a controlar el movimiento más adelante. El “control” y el “saber parar” son la máxima expresión del dominio del movimiento corporal.
Cuando esto no se ha logrado plenamente, siempre se puede trabajar repasando de nuevo los movimientos y etapas motrices que no se lograron con éxito en su momento. De esta forma estaríamos permitiendo al cerebro tener una segunda oportunidad para su pleno desarrollo.
Es sabio permitir a los niños moverse. Permitir que experimenten con su cuerpo, que adquieran destreza y eficacia con el mismo pues cuanto más hábiles se sientan dentro de su cuerpo y utilizándolo en sus experiencias en la vida, más confiados se sentirán consigo mismos. Esto afectará directamente a su autoestima y a su personalidad. Y como decíamos, sentará las bases de destrezas que aparentemente nada tienen que ver con el movimiento y que serán muy necesarias en el aprendizaje escolar y en muchas situaciones de la vida.
Es por esto que decimos que el desarrollo físico precede e influye directamente en todo el desarrollo posterior, incluyendo el desarrollo emocional, social y cognitivo.
Rosina Uriarte
El centro de Estimulación Temprana y Desarrollo Infantil BRISBANE cuenta con una novedad para este nuevo curso que comienza: “MOTRIJUEGOS”.
El Movimiento y el Juego se unen para hacer que los niños disfruten mientras avanzan en su desarrollo, fortaleciéndolo en todos los aspectos. Recordemos que EL DESARROLLO FÍSICO PRECEDE Y SUSTENTA TODOS LOS DEMÁS (desarrollo emocional, social y cognitivo) y por lo tanto, resulta de vital importancia y es la razón por la cual los niños gozan con el movimiento y lo buscan.
Las clases contarán con ejercicios lúdicos dentro de un serio programa de psicomotricidad y desarrollo neuromotor.
Comenzaremos con un grupo de niños (edades a determinar según el grupo) que acudirán los LUNES, MIÉRCOLES Y VIERNES ALTERNOS, DE 17:00 A 18:00 HORAS.
“Motrijuegos” es una propuesta para todos los niños. En el caso de niños con necesidades concretas que dificulten su desarrollo, contamos también con sesiones individualizadas y programas personalizados.
Información en [email protected]  y en el telf.: 646207929.
CBET BRISBANE
C/Silvestre Ochoa 9, i

39700 Castro Urdiales

Cantabria

MOVIMIENTO Y APRENDIZAJE EN LOS NIÑOS

El sentido vestibular controla el equilibrio y la postura entre otras muchas funciones.
Estimular este sentido interno es una de las formas más efectivas de lograr una correcta maduración cerebral y puede ayudar a muchos niños que muestran dificultades en su desarrollo (torpeza, problemas para controlar sus emociones o para relacionarse, miedos, atención dispersa, tono muscular bajo, etc.).
Todo lo que suponga movimiento del cuerpo en el espacio estimula el sentido vestibular. Esto incluye saltar, rodar (hacer “croquetas” sobre el suelo tumbado girando hacia un lado y hacia el otro), girar sobre uno mismo de pie o sobe una silla giratoria, volteretas, columpiarse, bajar por un tobogán, tumbarse sobre una pelota de pilates y mecerse en todas las direcciones…
El cerebro del niño tiene una gran necesidad de este tipo de estimulación pues es vital para su maduración y crecimiento. Permitamos y fomentemos que los niños corran, salten, se columpien, se cuelguen boca abajo… Porque la maduración física es la base de la maduración emocional, social e inteectual. Y estas últimas no pueden lograr un pleno desarrollo si no lo ha hecho la primera.

ARRASTRE Y GATEO: LA IMPORTANTE ETAPA DEL SUELO

En este blog he publicado muchos artículos que hacen referencia a la importancia de la etapa del suelo para el bebé y todo su desarrollo futuro. De lo vital que es que permitamos a nuestros niños tener oportunidades de voltearse, arrastrarse y gatear y de las consecuencias (en la forma de dificultades de aprendizaje principalmente) que puede haber si limitamos sus necesidades de movimiento y exploración.
Comprendo que muchas veces resulte difícil “ver” esta importancia, pero con este vídeo creo que queda bastante claro el empeño y la constancia del bebé que se mueve sobre el suelo en lo que puede parecernos un “juego”, pero que es en realidad una necesidad vital para su desarrollo cerebral.

Este vídeo lo he tomado del blog de Educadoras de Infantil, al cual agradezco infinitamente por haberme descubierto tan valioso documento gráfico. Sin duda merece la pena verlo:

Esto es lo que dicen los expertos en desarrollo infantil sobre la etapa del suelo:

Sally Goddard, en “Reflejos, aprendizaje y comportamiento”: “Gatear y arrastrarse… ambos facilitan tanto la integración de información sensorial, como los sistemas vestibulares, visual y propioceptivo, todos empiezan a trabajar juntos la primera vez. Durante este período de movimiento de desarrollo, el niño adquiere el sentido del equilibrio, el sentido del espacio y el sentido de la profundidad. Es a través de arrastrarse y gatear que las actividades inmaduras de ver, sentir y moverse se sincronizan por primera vez para aportar una imagen más completa del entorno.”

“Las razones por las que un niño no gatea pueden ser de tipo neurológicas, de desarrollo o por el entorno. …Los niños que no han tenido mucha oportunidad de jugar en el suelo durante los primeros 8 mese quizá “se salten” las fases de arrastrarse y gatear, ya que no han tenido suficiente tiempo para desarrollar las habilidades motoras en la posición prona, que precede a la capacidad de gatear.”

“Será el proceso de arrastrarse con las manos y las rodillas lo que acabará de desarrollar las capacidades visuales que el niño ha aprendido hasta el momento, e integrarlas con información de otros sentidos.”

“Arrastrarse es uno de los patrones de movimiento más importantes en el largo proceso de enseñar a los ojos cómo cruzar la línea media. Además de mirar hacia delante, los bebés también aprenden la coordinación ojo-mano gracias a los movimientos de las manos. Algunas veces, los ojos enfocan de una mano a otra, utilizando las manos como si fueran un estímulo móvil. Más tarde esta capacidad será esencial para poder leer sin perder las palabras en la línea media y visualmente seguir la mano que escribe. Es a través de arrastrarse que los sistemas vestibular, propioceptivo y visual se conectan para funcionar juntos por primera vez. Sin esta integración el desarrollo del sentido del equilibrio, la percepción del espacio y la profundidad serán muy pobres.
Las capacidades de enfocar a distancia y la coordinación oculo-manual utilizadas en el acto de arrastrarse son las mismas habilidades que el niño utilizará cuando aprenda a escribir y a leer.
Pavlides observó en 1987 que un gran porcentaje de niños con dificultades de lectura habían omitido las fases de arrastrarse y gateo durante su infancia.”

“Las niñas … a las que se les ponen “vestidos bonitos”, a veces andarán como “osos” para evitar poner las rodillas en el vestido que dificulta moverse hacia delante.”
“Rosanne Kermoian y sus colegas llevaron a cabo un estudio en el Reed College en 1988 y vieron que muchas habilidades cognitivas, como la permanencia de un objeto y la percepción del espacio, se aprenden durante el período de arrastrarse y no hasta entonces.”

“Los accesorios modernos para bebés son como regalos del cielo para los padres, pero los carritos, los asientos diseñados para bebés, los caminadores y las sillas para el coche no deberían reemplazar el suelo como el lugar primordial de juego para el bebé. Es el tiempo que se pasa jugando libremente en el suelo el que ayudará al niño a tomar control sobre su cuerpo, y por lo tanto, adquirir confianza. En el suelo hay libertad de movimiento y adquiere experiencia en diferentes tipos de aventuras y exploraciones que el niño no podría adquirir desde los límites de una silla.
Mientras está tumbado sobre su estómago el niño aprenderá a mantener el peso de la cabeza. Unos meses más tarde, aprenderá a girar estando boca abajo hasta quedarse sobre su espalda y eventualmente conseguirá las posiciones de sentado y gateo. Para poder sentarse el niño debe pasar por varios estados de desarrollo motor, conseguir el control de la postura y dominar su equilibrio, cada fase posterior aumenta la madurez del sistema nervioso central.”

“Cada fase requiere práctica para poder adquirir el equilibrio y la coordinación automática. Durante los primeros años de vida, la práctica de habilidades motoras y el juego son prácticamente lo mismo.”

“La mayoría de los padres quieren proteger a sus hijos de los peligros del mundo exterior, pero esta actitud a veces puede impedirles que desarrollen las mismas habilidades que necesitan para sobrevivir. Aprendemos qué es el equilibrio gracias a las caídas y de ahí desarrollamos estrategias para no volver a caer otra vez. Aprendemos a tolerar alturas cuando escalamos y empezamos a sentirnos confiados con nuestras capacidades. Cualquier habilidad motriz que de adulto hacemos bien la hemos adquirido gracias a fracasos iniciales y por el esfuerzo de superar el problema.
Los padres que permiten a sus hijos a descubrir su entorno, dentro de límites seguros por supuesto, permiten que sus hijos crezcan con la oportunidad de aprender a través de la experiencia. La experiencia es el alimento para el desarrollo del cerebro.”

“En su libro “Diagnóstico y tratamiento de problemas del habla y la lectura” (1963). Delacato describió cómo ninguno de los niños a los que había evaluado con dificultades de aprendizaje específicas había pasado por los estados motores de desarrollo de arrastre o gatear.”

“El bebé de ocho meses que rueda hacia delante y hacia atrás en el suelo sin un objetivo concreto, está preparando su equilibrio para sentarse, levantarse y finalmente andar. En lo que a él respecta, cuando se mueve, el mundo se mueve con él y cuando él para, el mundo permanece quieto una vez más. Gatear es por lo tanto un puente importante, capacitándole para combinar el sistema vestibular, el propioceptivo y el visual por primera vez.”

Raymundo Veras (1975): “El arrastrarse no solamente es una fase importante para el desarrollo de la movilidad del niño, sino que también es terriblemente importante para su desarrollo visual. En todas las personas primitivas que hemos visto, a los niños nunca se les permite arrastrarse y ninguno de ellos puede enfocar sus ojos a ninguna cosa que esté más cercana que la distancia de sus brazos. Todos tienen vista a larga distancia. Creemos que cuando un niño se arrastra desarrolla la capacidad de visión de cercanía.”

Glenn Doman en “Cómo enseñar a su bebé a ser físicamente excelente”: “Cuantas más oportunidades tenga su recién nacido de arrastrarse, mejor será físicamente, mayor será el desarrollo de su cerebro, más alta será su inteligencia motora… Sin importar la edad que tenga su bebé, el arrastrarse por primera vez constituirá un logro importantísimo.”

“Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse y gatear y converger con su visón en un punto próximo… La visión de puntos cercanos, que se ve desarrollada materialmente cuando el niño se arrastra y gatea, significa poder ser capaz de converger los propios ojos para enfocarlos juntos dentro de la distancia que existe de los ojos a las manos. Esta es la distancia a la que leemos, escribimos… Cuando no hay oportunidad de desarrollar la movilidad y se evita que los pequeños se arrastren y gateen, los efectos se hacen evidentes en otras áreas, como el caso de la visión.”

El doctor Harald Blomberg en su manual de Terapia de Movimiento Rítmico – Nivel Uno “TMR y ADD/TDAH” : “Es normal que los padres quieran ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras. Cuando llegan al desarrollo emocional se guían por sus instintos y por sus propias experiencias emocionales de la infancia. Sin embargo cuando tienen que desarrollar la parte motora de sus hijos, los padres normalmente no saben qué es lo que su bebé necesita para su desarrollo. En vez de dejar que el bebé desarrolle sus habilidades motoras por sí mismo y tome su propio espacio y vaya desde una posición tumbada a reptar, gatear y finalmente se ponga de pie, la mayoría de los padres intentan acelerar su desarrollo motor. En vez de dejar al niño tumbado en el suelo y que desarrolle sus reflejos posturales moviéndose alrededor por sí mismo, se utilizan sillas de coche incluso cestitas por períodos largos de tiempo antes incluso de que sean capaces de sentarse. En lugar de animarlo a desarrollarse moviéndose lo más posible en su nivel de desarrollo, los padres lo ponen en un andador durante largos períodos de tiempo antes de que esté listo para gatear o caminar. Todo esto restringirá el desarrollo motor normal y obstruirá las conexiones de los ganglios basales y la integración de reflejos primitivos.
Si los padres quieren ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras deben adecuarse al desarrollo motor de sus hijos. Un bebé que no puede sentarse es mejor que esté tumbado. Al bebé se le debe permitir tumbarse sobre su estómago para estimular que levante la cabeza. Debe ser animado a moverse libremente por el suelo para gradualmente desarrollar sus patrones de movimiento, gravedad, equilibrio, estabilidad e integrar sus reflejos primitivos. Dejando al niño estar mucho tiempo en sillas para bebé s y andadores su desarrollo motor se obstruirá y correrá el riesgo de desarrollar TDA-H o ADD, dificultades de aprendizaje y problemas emocionales.”

“La transformación de los reflejos primitivos en reflejos posturales de por vida es debida a los movimientos rítmicos espontáneos que el bebé hace antes de empezar a caminar. La mayor parte de esta transformación debería estar hecha mientras que el bebé está todavía en el suelo. Los movimientos en posición vertical, de pie o caminando inhiben los reflejos primitivos solamente en una extensión muy limitada, pero son muy importantes para la maduración de los reflejos posturales y para conseguir equilibrio y estabilidad.”

María Docavo Alberti en “Mi hijo no es un problema, tiene un problema”: “En esta fase el bebé empieza a moverse en su entorno, a reconocer su espacio, mueve sus extremidades y reconoce su entorno, lo delimita, controla su territorio… Fija la mirada y calcula distancias con más precisión.

Si el bebé no hace el movimiento de reptar, las consecuencias pueden ser:
– problemas para seguir con los ojos una línea
– problemas para expresar los pensamientos e ideas
– escritura ilegible
– problemas de coordinación ojo-mano, fundamentalmente para escribir y coger pelotas
– agresivo o por el contrario incapaz de defenderse
– delimitación del territorio, puede ser agresivo cuando es invadido por sorpresa
– miedoso
– problemas con la regulación de la temperatura corporal
– sexo, problemas de excesiva demanda de sexo, agresivo o sumiso
– problemas de concentración, problemas de aprendizaje
– reacciones repetitivas ante una situación
– hiperactividad o hipoactividad

El bebé separa el cuerpo del suelo, comienza a sentarse de rodillas, a balancearse de delante a detrás y empieza a gatear, aquí ya los dos hemisferios empiezan a trabajar cruzados … es un movimiento fundamental para determinar la lateralidad, los ojos cruzan la línea media del cuerpo. Los problemas que pueden surgir de no haber gateado lo suficiente suelen ser:
– problemas de coordinación de movimientos, andar homolateral
– no coordina manos y ojos
– problemas con el habla, problemas de concentración y de motórica gruesa
– olfato demasiado sensible
– inteligencia emocional, no controla sus emociones. Lloros y alegría histéricos, cambios repentinos de humor
– problemas de comunicación, necesidad de ser aceptado
– no acepta la crítica, o critica desmesuradamente a los demás
– no reconoce el peligro
– conciencia de grupo”

El doctor Jorge Ferré en “cer0atr3s El desarrollo neuro-senso-psicomotriz de los3 primeros años de vida”: “Lo peor que podemos hacer con un niño de estas edades (de los 6 a los 9 meses de vida), que necesita estar experimentando nuevas sensaciones con su cuerpo, es dejarle sentado todo el día en la sillita, la hamaca, el cochecito, la cuna o el sofá y convertirlo en mero espectador de lo que hacen los demás.”


“El reptado contralateral anterior significa un cambio muy profundo en el sistema y los mecanismos que utiliza el bebé para explorar su entorno y para aprender.
… Se activa la vía cruzada de movimiento, que es la vía de control voluntario del movimiento, y empieza a ponerse en marcha la función del cuerpo calloso.
Es un momento muy importante en el proceso de desarrollo humano por todas las consecuencias funcionales positivas que comporta.
Con la incorporación del patrón contralateral, se prepara la coordinación dinámica de todos los movimientos que aprenderá a hacer después: andar, correr, pedalear, saltar a la “pata coja”, subir y bajar escaleras con soltura, etc.
También cambia el programa de análisis perceptivo porque inicia la puesta en marcha de la percepción visual, auditiva y táctil tridimensional.
… El cuerpo empieza a funcionar como una auténtica unidad y el Sistema Nervioso también.”

“El gateador puede sortear obstáculos de mayor altura, eleva la cabeza, dirige la escucha y la mirada a mayor distancia. Poco a poco, se desarrolla la fusión visual.
Las dos imágenes visuales se funden e integran en una sola y eso le permite empezar a percibir el espacio en tres dimensiones. Capa la profundidad y empieza a desarrollar la capacidad de medir la distancia.”

“Su percepción le ofrece una visión del mundo que va más allá de los próximo y lo táctil y empieza a desarrollar la capacidad de elaborar imágenes de representación mental de un objeto.
Ahora, aunque el objeto esté oculto detrás de un obstáculo visual, empieza a retener su imagen mental. Esta capacidad es la que se llame persistencia o permanencia del objeto.
La experiencia motora del gateo es una experiencia global, gracias a la cual activamos un patrón de organización rítmico y sincrónico de la actividad bilateral del cuerpo, que estimula la coordinación ocular y la visión binocular.”

“El gateador, utiliza constantemente la pinza para explorar el espacio y coger objetos tan pequeños como una miga de pan o una pestaña.
Los niños que no han vivido experiencias en el suelo porque se han pasado el primer años de vida sentados o en el parque, pasivos e inmovilizados, pueden tener menos habilidad manual.”

“Si no se activan todos los patrones funcionales correspondientes a esta etapa evolutiva y se acelera la deambulación, se dificulta la correcta activación del mesencéfalo, la vía piramidal y el cuerpo calloso.”

“La visomotricidad es una función trascendental a la hora de leer con eficacia. Muchos problemas de lectura se deben a los vacíos de información que acumula el bebé que no ha vivido experiencias en el plano del suelo y que su primera experiencia motriz ha sido empezar a andar mal, después de haber pasado el primer año de vida sentado con apoyos.”

” El parque y los andadores son instrumentos que deberíamos eliminar totalmente. El parque impide el gateo, reduce el campo experimental obliga al bebé a hacer lo único que puede hacer ponerse de pie con apoyo. Los andadores impiden el gateo y fuerzan al bebé a colocarse en postura bipedestante cuando todavía no tiene suficiente tono muscular en las piernas y no está preparado para hcerlo, con todas las consecuencias que ello comporta.”

RODAR HACIENDO “CROQUETAS”, UN EXCELENTE EJERCICIO PARA FAVORECER EL DESARROLLO

Rosina Uriarte

Junto al arrastre y al gateo, existe otro ejercicio que en los métodos de estimulación, tanto “temprana” como “terapéutica”, se toma del proceso natural de desarrollo del niño para realizarlo de forma intensiva como una herramienta más para ayudar al niño en su desarrollo reforzando el mismo. Estamos hablando de las “croquetas” o rodadas en una dirección y otra estando el niño tumbado en el suelo.

Las croquetas suponen una potente estimulación vestibular que favorece la maduración del sistema nervioso.

El aparato vestibular (también llamado laberinto) es un órgano situado en el oído interno que sirve principalmente para el control de la postura corporal y el equilibrio, pero también para regular el tono muscular, los movimientos oculares y la orientación espacial.

Es un ejercicio muy sencillo y con él suelen disfrutar mucho los niños. Sin embargo, puede ocurrir que un niño sea muy sensible a la estimulación vestibular, en cuyo caso habría que tener cuidado, haciendo muy poquitas croquetas y muy lentamente. En el supuesto caso de que al niño le impresionara aún de este modo, sería mejor optar por otro tipo de estimulación que le ayude a madurar lo suficiente para poder más adelante tolerar las croquetas.

El niño ha de tumbarse en el suelo, con los brazos extendidos por encima de la cabeza, o con los brazos hacia abajo pegados a lo largo del cuerpo. El cuerpo debe estar en tensión, totalmente estirado, desde las palmas de las manos hasta la planta del pie.

Hay que girar de un lado a otro, procurando no torcerse. No se debe correr, pues se torcería uno más.

Para evitar los mareos, se le puede decir que mire un punto fijo siempre que acabe el giro.

Es muy importante que se ruede siempre en ambas direcciones, el mismo número de veces hacia un lado y hacia el otro. Esto es de vital importancia para que la estimulación de ambos lados del cuerpo sea la misma, y por lo tanto, también lo sea la de ambos hemisferios cerebrales.

En el enlace que aparece a continuación podemos ver un vídeo en el que un padre realiza las croquetas con su hijo como parte de un programa de organización neurológica:

http://www.youtube.com/watch?v=Nkvv95xdY6A&NR=1

Nota: Para evitar que el niño se sobreexcite o pueda marearse, lo ideal sería realizar tres croquetas en una dirección y otras tres en la otra para así seguir haciendo croquetas de tres en tres en ambas direcciones.

PSICOMOTRICIDAD Y DESARROLLO NEUROMOTOR

Rosina Uriarte

Dentro de los aprendizajes tempranos, la psicomotricidad ocupa un lugar prioritario.

El niño, hasta los cinco años, se encuentra en un período evolutivo básicamente perceptivomotor, que organiza su mundo a través de sus percepciones subjetivas, siendo su propio cuerpo el canal más fácil para la adquisición del conocimiento.

El objetivo de la psicomotricidad (mejor denominada “desarrollo neuromotor” para diferenciarla del concepto tradicional de “psicomotricidad”) es conseguir una correcta organización neurológica: un problema funcional deriva en un problema educativo. Con las actividades de psicomotricidad ayudamos al Sistema Nervioso a madurar correctamente, a formar y consolidar circuitos neuronales.

G. DOMAN: “Estamos totalmente convencidos de que todo niño, en el momento de nacer, posee una inteligencia potencial superior a la que jamás utilizó Leonardo da Vinci. Esa inteligencia potencial, presente en el nacimiento, incluye y de hecho empieza, con la función física.”

También según Glenn Doman, el tiempo que requiere un niño para aprender una nueva función, el grado de dificultad que encuentre, la determinación que tenga que demostrar y el nivel de destreza que logre, serán delineados por el nivel físico que haya alcanzado durante sus primeros seis años de vida: promedio, inferior al promedio o superior al promedio.
Un elevado número de fracasos escolares tienen como origen la falta de estimulación psicomotriz en los primeros años de vida.
M. GARCÍA VELA: “Cuantas más oportunidades damos a un niño para que se mueva, más favorecemos el desarrollo global de su inteligencia y más bases sólidas ponemos para futuros aprendizajes. Por otro lado, cuando el niño consigue habilidades en el movimiento, experimenta sensaciones de dominio, de autoestima, etc. Y favorece su equilibrio emocional. También tiene repercusiones positivas en su capacidad para concentrarse en los deberes y para relacionarse con los demás”.
Los primeros años son cruciales para conseguir el desarrollo motriz. El rendimiento va mejorando de forma progresiva, pero después de los 5 ó 6 años no aparecen habilidades corporales nuevas.
En psicomotricidad existen muchos ejercicios que se pueden hacer que favorezcan el desarrollo de los pequeños. Pero están los llamados “patrones básicos”, que serían los más importantes en este sentido. La marcha (tanto andar como correr); los ejercicios vestibulares (que trabajan el sentido del equilibrio) como los saltos, las volteretas y las croquetas; el arrastre y el gateo.

La marcha, pero sobre todo el arrastre y el gateo, tienen una importancia destacada por su realización en patrón de “esquema cruzado”, es decir, que mientras se efectúan dichos ejercicios, se están utilizando ambas partes del cuerpo contralateralmente: cuando se mueve la pierna izquierda, se mueve el brazo derecho y viceversa. Esto supone el desarrollo de los dos hemisferios y de las conexiones que se establecen entre ambos.

El gateo es un momento evolutivo muy importante, pues supone una adquisición de autonomía frente a los padres y una oportunidad de descubrir y experimentar el entorno que el niño no había tenido hasta entonces. Cuando comience a andar estará mucho más preocupado por mantener el equilibrio y será más dependiente de los adultos, dejará a su vez durante algún tiempo de explorar el medio en favor del disfrute y perfeccionamiento de su nuevo logro.Mientras dura la fase del gateo, el niño aprenderá a calcular distancias en el espacio y se acostumbrará a observar objetos a una distancia de unos 30 cm., que será casualmente la distancia de enfoque que utilizará más tarde para sus labores de lectoescritura.

G. DOMAN: “Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse, de gatear y de converger con la visión en un punto próximo.”

M.T. ALDRETE: “El 95% de niños que no gatean tienen problemas de lectoescritura. El 5% restante lo suple trabajando la manualidad. El gateo es un ejercicio preventivo para la lectura.”

Debemos dejar a nuestros pequeños gatear, sin temor a que se ensucien. Debemos dejarles correr siempre que esto sea posible y no reñirles por ello. Debemos dejar que se encaramen y suban a todas partes, siempre que no corran peligro. Debemos dejar que lo toquen e investiguen todo, controlando que no puedan hacerse daño. Cada vez que decimos a un niño : “No toques” “No corras” “No te subas ahí” “No te tires por el suelo” “Mira que te pones hecho un cochino” etc. … si se lo decimos sin un verdadero motivo de evitar lo que consideramos un peligro o una acción totalmente inapropiada a las circunstancias, estaremos limitando el desarrollo del pequeño y por lo tanto, su inteligencia. Estaremos cortando el desarrollo de su autodominio motriz, lo cual no sólo afectará a su destreza motora, sino también a su personalidad y autoestima. También estaremos cortando su curiosidad y ganas de saber, lo cual afectará a su actitud ante el aprendizaje futuro. Muchas veces, los padres enseñamos a nuestros hijos a “no ser inteligentes”.

La psicomotricidad puede aplicarse a cualquier edad, aunque es más efectiva cuanto más pequeño es el niño. A los 6 años tendrá que recorrer una distancia mucho mayor gateando para que se produzca el beneficio buscado. Estos ejercicios ayudan a madurar neurológicamente a cualquier niño y no tienen efectos secundarios, por lo que todos podríamos apuntarnos a sesiones familiares de gateo. Los adultos probablemente precisen de rodilleras (se venden en las tiendas de deporte), y de ilusión y ganas. Con un poco de imaginación se pueden realizar carreras, circuitos por los que habrá que pasar bajo sillas o sobre obstáculos… Es importante que nos involucremos con lo que propongamos a nuestros hijos, si les dejamos solos y se lo ordenamos, no obtendremos ningún éxito. Es preciso motivarles, y lo que más les motiva en el mundo es nuestra compañía.

EL MOVIMIENTO ES DIVERSIÓN Y APRENDIZAJE

Extracto del libro “Reflejos, aprendizaje y comportamiento” de Sally Goddard

… la libertad de movimiento y la libertad de jugar son dos de los regalos más importantes que un padre puede dar a sus hijos…

“Los niños aprenden mejor cuando se divierten aprendiendo” (Kiphard 2000). Los niños pequeños asocian movimiento con diversión y, a menudo, se reirán cuando los balanceamos por el aire o cuando aprenden a dar vueltas deleitándose con el desarrollo de su movimiento.

El aprendizaje de un niño empieza con su propio cuerpo. Los bebés se sienten fascinados con sus propios cuerpos y se pasarán tiempo intrigados por el movimiento de los dedos de las manos o de los pies antes de darse cuenta de que estos objetos movedizos les pertenecen. Las primeras exploraciones del entorno las hacen a través de la boca. A través de la boca no sólo aprenden los gustos y los olores, sino que también aprenden los distintos tamaños, las formas y las texturas. La boca está repleta de millones de conexiones neurales que van hacia el cerebro, cada vez que son utilizadas, ayudan a hacer un “mapa” de la información sensorial y espacial en el cerebro.
El movimiento y los estímulos vestibulares son experimentados con alegría. A través del movimiento un bebé puede explorar el entorno y expresar sus emociones.

Los carritos, los asientos diseñados para bebés, los caminadores y las sillas para el coche no deberían reemplazar el suelo como el lugar primordial de juego para el bebé. Es el tiempo que se pasa jugando libremente en el suelo el que ayudará al niño a tomar el control sobre su cuerpo, y por tanto, adquirir confianza.

Mientras está tumbado sobre su estómago el niño aprenderá a mantener el peso de la cabeza. Unos meses más tarde, aprenderá a girar estando boca abajo hasta quedarse sobre su espalda y eventualmente conseguirá las posiciones de sentado y gateo. Para poder sentarse el niño debe pasar por varios estados de desarrollo motor, conseguir el control de la postura y dominar su equilibrio, cada fase posterior aumenta la madurez del sistema nervioso central.

Con cada nuevo logro llega un nuevo problema, como por ejemplo después de aprender a sentarse y aprender a ponerse a gatas, tiene que aprender a ponerse de pie teniendo que convivir con una nueva relación con la gravedad. Cada fase requiere práctica para poder adquirir el equilibrio y la coordinación automática.

Durante los primeros años de vida, la práctica de habilidades motoras y el juego son prácticamente lo mismo.

La mayoría de los padres quieren proteger a sus hijos de los peligros del mundo exterior, pero esta actitud a veces puede impedirles que desarrollen las mismas habilidades que necesitan para sobrevivir. Aprendemos qué es el equilibrio gracias a las caídas y de ahí desarrollamos estrategias para no volver a caer otra vez. Aprendemos a tolerar alturas cuando escalamos y empezamos a sentirnos confiados con nuestras capacidades. Cualquier habilidad motriz que de adulto hacemos bien la hemos adquirido gracias a fracasos iniciales y por el esfuerzo de superar el problema.

Los padres que permiten a sus hijos descubrir su entorno, dentro de unos límites de seguridad por supuesto, permiten que sus hijos crezcan con la oportunidad de aprender a través de la experiencia. La experiencia es el alimento para el desarrollo del cerebro.