El sentido vestibular controla el equilibrio y la postura entre otras muchas funciones.
Estimular este sentido interno es una de las formas más efectivas de lograr una correcta maduración cerebral y puede ayudar a muchos niños que muestran dificultades en su desarrollo (torpeza, problemas para controlar sus emociones o para relacionarse, miedos, atención dispersa, tono muscular bajo, etc.).
Todo lo que suponga movimiento del cuerpo en el espacio estimula el sentido vestibular.
Esto incluye saltar, rodar (hacer «croquetas» sobre el suelo tumbado girando hacia un lado y hacia el otro), girar sobre uno mismo de pie o sobe una silla giratoria, volteretas, columpiarse, bajar por un tobogán, tumbarse sobre una pelota de pilates y mecerse en todas las direcciones…
El cerebro del niño tiene una gran necesidad de este tipo de estimulación pues es vital para su maduración y crecimiento. Permitamos y fomentemos que los niños corran, salten, se columpien, se cuelguen boca abajo…
Porque Y estas últimas no pueden lograr un pleno desarrollo si no lo ha hecho la primera.
Trabajar por la regulación del tono muscular es de vital importancia para garantizar óptimas condiciones para el aprendizaje escolar.
La hipotonía es un problema que se refleja en los músculos, pero está en el cerebro, que es quien regula el tono de los músculos. Como afecta al estado de alerta del individuo, también afecta a su capacidad de prestar atención pues las áreas cerebrales que controlan el tono muscular también participan en la capacidad de atención.
No nos sirve trabajar uno u otro músculo (las piernas para que camine, la cadera y la espalda para que se siente, el cuello para que sujete la cabeza, luego las manos para que coja bien el lápiz o la boca para que pronuncie bien….). Es necesario trabajar el problema donde está: en el cerebro. Para que no quede ningún músculo afectado pues los movimientos de los músculos oculares (estos músculos realizan los movimientos más finos del cuerpo) son vitales para poder leer y escribir y un niño con hipotonía pueda tener problemas escolares si no puede mover correctamente sus ojos para mantenerlos y seguir la lectura o si no puede prestar una adecuada atención o mantener una adecuada postura en clase (esto también afecta a la atención).
Por esto se debe trabajar cuanto antes el problema de un bajo tono muscular, incluso desde la prevención: antes de que aparezcan las dificultades. Pero no debe plantearse este trabajo con perseguir logros aislados: ahora levanta la cabeza, ahora se sienta… Sino solucionando el problema de raíz, donde está: en el cerebro.
Para que un niño tenga el desarrollo deseado, es necesario que le demos todas las oportunidades para ello: esto significa que hay que tenerle sobre el suelo todo el tiempo posible durante el primer año de vida. Y significa también, que debemos evitar poner al bebé en sillitas, hamacas, tronas, andadores o dentro del parquecito… estos artilugios limitan el movimiento del niño y por consiguiente, limitan su desarrollo (no sólo físico, sino intelectual).
Es importante vigilar que el niño pase por todas las fases del desarrollo de este primer año: primero levantar su cabecita estando tumbado boca abajo, girarse hacia un lado y hacia el otro estando tumbado boca arriba y luego boca abajo, después comenzar a arrastrarse, para llegar a gatear y sentarse solito cuando ya gatee. Y por último, terminar caminando.
Todas estas etapas son necesarias, todas. Por esto ninguna de ellas debe quedarse sin trabajar lo suficiente, pues podrían quedar secuelas.
El desarrollo motor del primer año sienta las bases de todo el aprendizaje posterior. Ocurre a menudo que en los niños con hipotonía el tono muscular débil les impide atravesar fácilmente todas las etapas motoras importantes. Si el desarrollo motor no ha sido el adecuado, siempre se puede recuperar después, pero hay que hacerlo. Hay que trabajar con el niño hasta que no queden retrasos de su hipotonía, independientemente de la edad que tenga.
Para comprender cómo se ha de trabajar en estos casos, debemos conocer mínimamente cómo funciona el sistema nervioso en cuanto al control del tono muscular se refiere. Y qué relación tiene esto con la capacidad de prestar atención.
Toda la información que entra a través de los sentidos es integrada y filtrada por áreas básicas del cerebro que luego la envían a la corteza cerebral. Es esta corteza cerebral la que hace que seamos conscientes de estos estímulos y los podamos valorar para emitir una respuesta (la respuesta es nuestro comportamiento y cómo funcionamos ante cualquier situación dada en cada momento de la vida).
El doctor Harald Blomberg lo explica de esta manera: “La parte central del tronco encefálico está formada principalmente por una intensa red nerviosa llamada el sistema de activación reticular (SAR). Este sistema de neuronas recibe señales desde el sistema visual, auditivo, vestibular, de los músculos, las articulaciones, y los órganos internos (el sentido propioceptivo) y del sentido táctil, transmitiendo la información a la corteza. El efecto de tales señales es estimular la corteza y esto es necesario para mantener la atención y alerta…
… la carencia constante de señales del sentido vestibular, propioceptivo y táctil causa problemas de atención y del estado de alerta, que se puede recuperar rápidamente a través de la estimulación de los movimientos rítmicos.”
Blomberg se refiere con “movimientos rítmicos” a los que realizan los bebés de forma natural en su desarrollo motor. El movimiento proporciona la estimulación más importante para el desarrollo cerebral. Estimula y desarrolla las áreas vestibulares encargadas del equilibrio y de la postura corporal, pero que también reciben la información procedente de todos los sentidos salvo el olfato. Sin el sentido vestibular en condiciones, no pueden desarrollarse ni funcionar adecuadamente los demás sentidos.
“Los núcleos vestibulares que reciben señales no sólo del sentido vestibular, sino también de otros sentidos, como el táctil y el kinestésico, son los más importantes para el tono muscular. Si hay una estimulación insuficiente del tronco encefálico proveniente de los sentidos táctil, kinestésico y del sentido vestibular, el resultado puede ser un tono muscular bajo en los músculos extensores del cuerpo.
Por tanto es de crucial importancia que el bebé sea tocado, abrazado, mecido y que se le permita moverse libremente…. La falta de esta estimulación puede provocar que el bebé desarrolle bajo tono muscular y que tenga dificultades para sujetar la cabeza, el pecho y moverse, lo que llevará a una menor estimulación del sentido vestibular, del táctil y del kinestésico provocando un círculo vicioso.
…Muchos de estos niños desarrollarán problemas de atención debido a un mal funcionamiento de la corteza cerebral y serán diagnosticados de ADD (TDA) cuando se hagan mayores.”
Hay diferentes métodos y ejercicios, pero lo importante es trabajar con el objetivo de lograr la maduración cerebral necesaria para solventar las dificultades del niño de una forma eficaz y definitiva.
Como ya se ha explicado, esta forma de trabajar no puede consistir en buscar logros aislados y que difícilmente pueden darse plenamente si no cuenta el niño con los requisitos previos que necesita para conseguir cada uno de esos logros. Es necesario un trabajo de base, para la maduración global del niño.
Cuando fallan las bases, tenemos que realizar un trabajo básico (“de base”). Dando al niño los estímulos más fundamentales, los primeros… los “básicos”, que desarrollan las áreas más primitivas del cerebro y sin cuya maduración no puede lograrse la maduración de áreas más sofisticadas.
De esta estimulación básica y primera dependen funciones como la regulación del tono muscular o la atención. Se trata de la estimulación propioceptiva y la estimulación vestibular.
Estimulación propioceptiva se refiere a lo relacionado con la información que entra por los músculos, las articulaciones, tendones… Podemos dársela al niño con masajes profundos (no ligeros), abrazos de oso, lucha corporal sobre el suelo, achuchándole, haciéndole cosquillas… Esta estimulación da al cerebro información desde el cuerpo y ayuda al niño a ser más consciente de éste y poder crear mejor su propio “mapa corporal” o “esquema corporal”. La estimulación propioceptiva es vital para que el cerebro pueda controlar el tono muscular y pueda enviar las órdenes correctas al cuerpo para que se mueva y utilice cada miembro correctamente, con los movimientos precisos o la fuerza necesaria en cada momento.
Estimulación vestibular es la relacionada con el movimiento del cuerpo en el espacio (este movimiento debe incluir la cabeza pues las áreas vestibulares están en el oído interno). Esta estimulación se logra moviendo al niño en todas las direcciones del espacio por medio de mecimientos, columpios, toboganes, camas elásticas, hamacas, mecedoras, pelotas de pilates… Esto significa que lo movamos hacia arriba y hacia abajo (botando en la pelota por ejemplo, o ayudándole a saltar en una camita elástica), hacia ambos lados (en la pelota o meciéndole sobre una manta entre dos adultos), hacia delante y hacia atrás (pelota o columpio), en círculos (sobre la pelota, sobre una manta, en brazos, en una silla giratoria…, rodar sobre sí mismo tumbado (croquetas).
Éstas son algunas ideas que pueden utilizarse para jugar con el niño y apoyar su maduración. Como en toda estimulación que pretendamos sea efectiva, debemos tener en cuenta unas reglas de oro: las actividades han de ser diarias, repetidas (debemos repetir cada movimiento varias), intensas (el niño debe notar la estimulación, cuanta más intensidad mayor es el efecto, pero siempre ha de cuidarse de que el niño se sienta bien, que disfrute de la actividad, que ésta jamás cree incomodidad, miedo o nerviosismo en el niño) y que es necesaria la constancia (la estimulación además de ser diaria, debe mantenerse en el tiempo… semanas, meses… el tiempo que sea necesario).
El tipo de estimulación que acabo de sugerir es beneficiosa para todos los niños en general. Puede beneficiar especialmente a niños con bajo tono muscular y problemas de atención, pero no sustituyen un método o terapia guiada y controlada por un profesional experto. Mi consejo ante un hijo por el que nos sentimos preocupados, es siempre acudir a un profesional con conocimientos y experiencia en el desarrollo infantil.
Como decía antes, existen varios métodos, la TMR es uno de ellos. El doctor Harald Blomberg es el creador de la terapia de movimiento rítmico (TMR). La TMR lleva ya años realizándose en España y en otros países y está mostrando ser efectiva en muchos casos de bajo tono muscular y déficit de atención.
Acaba de salir publicado el libro de Blomberg sobre la TMR. Para informarte, consulta la página oficial del método en nuestro país (desde la misma también puedes encargar el libro): http://www.reflejosprimitivos.es/
En este blog he publicado muchos artículos que hacen referencia a la importancia de la etapa del suelo para el bebé y todo su desarrollo futuro. De lo vital que es que permitamos a nuestros niños tener oportunidades de realizar el volteo, arrastre y gateo y de las consecuencias (en la forma de dificultades de aprendizaje principalmente) que puede haber si limitamos sus necesidades de movimiento y exploración.
ARRASTRE Y GATEO: LA IMPORTANTE ETAPA DEL SUELO. Comprendo que muchas veces resulte difícil «ver» esta importancia, pero con este vídeo creo que queda bastante claro el empeño y la constancia del bebé que se mueve sobre el suelo en lo que puede parecernos un «juego», pero que es en realidad una necesidad vital para su desarrollo cerebral.
Este vídeo lo he tomado del blog de Educadoras de Infantil, al cual agradezco infinitamente por haberme descubierto tan valioso documento gráfico. Sin duda merece la pena verlo:
Esto es lo que dicen los expertos en desarrollo infantil sobre la etapa del suelo con el arrastre y el gateo:
Sally Goddard, en «Reflejos, aprendizaje y comportamiento»: «Gatear y arrastrarse… ambos facilitan tanto la integración de información sensorial, como los sistemas vestibulares, visual y propioceptivo, todos empiezan a trabajar juntos la primera vez. Durante este período de movimiento de desarrollo, el niño adquiere el sentido del equilibrio, el sentido del espacio y el sentido de la profundidad. Es a través de arrastrarse y gatear que las actividades inmaduras de ver, sentir y moverse se sincronizan por primera vez para aportar una imagen más completa del entorno.»
«Las razones por las que un niño no gatea pueden ser de tipo neurológicas, de desarrollo o por el entorno. …Los niños que no han tenido mucha oportunidad de jugar en el suelo durante los primeros 8 mese quizá «se salten» las fases de arrastrarse y gatear, ya que no han tenido suficiente tiempo para desarrollar las habilidades motoras en la posición prona, que precede a la capacidad de gatear.»
«Será el proceso de arrastrarse con las manos y las rodillas lo que acabará de desarrollar las capacidades visuales que el niño ha aprendido hasta el momento, e integrarlas con información de otros sentidos.»
«Arrastrarse es uno de los patrones de movimiento más importantes en el largo proceso de enseñar a los ojos cómo cruzar la línea media. Además de mirar hacia delante, los bebés también aprenden la coordinación ojo-mano gracias a los movimientos de las manos. Algunas veces, los ojos enfocan de una mano a otra, utilizando las manos como si fueran un estímulo móvil. Más tarde esta capacidad será esencial para poder leer sin perder las palabras en la línea media y visualmente seguir la mano que escribe. Es a través de arrastrarse que los sistemas vestibular, propioceptivo y visual se conectan para funcionar juntos por primera vez. Sin esta integración el desarrollo del sentido del equilibrio, la percepción del espacio y la profundidad serán muy pobres. Las capacidades de enfocar a distancia y la coordinación oculo-manual utilizadas en el acto de arrastrarse son las mismas habilidades que el niño utilizará cuando aprenda a escribir y a leer. Pavlides observó en 1987 que un gran porcentaje de niños con dificultades de lectura habían omitido las fases de arrastrarse y gateo durante su infancia.»
«Las niñas … a las que se les ponen «vestidos bonitos», a veces andarán como «osos» para evitar poner las rodillas en el vestido que dificulta moverse hacia delante.»
«Rosanne Kermoian y sus colegas llevaron a cabo un estudio en el Reed College en 1988 y vieron que muchas habilidades cognitivas, como la permanencia de un objeto y la percepción del espacio, se aprenden durante el período de arrastrarse y no hasta entonces.»
«Los accesorios modernos para bebés son como regalos del cielo para los padres, pero los carritos, los asientos diseñados para bebés, los caminadores y las sillas para el coche no deberían reemplazar el suelo como el lugar primordial de juego para el bebé. Es el tiempo que se pasa jugando libremente en el suelo el que ayudará al niño a tomar control sobre su cuerpo, y por lo tanto, adquirir confianza. En el suelo hay libertad de movimiento y adquiere experiencia en diferentes tipos de aventuras y exploraciones que el niño no podría adquirir desde los límites de una silla. Mientras está tumbado sobre su estómago el niño aprenderá a mantener el peso de la cabeza. Unos meses más tarde, aprenderá a girar estando boca abajo hasta quedarse sobre su espalda y eventualmente conseguirá las posiciones de sentado y gateo. Para poder sentarse el niño debe pasar por varios estados de desarrollo motor, conseguir el control de la postura y dominar su equilibrio, cada fase posterior aumenta la madurez del sistema nervioso central.»
«Cada fase requiere práctica para poder adquirir el equilibrio y la coordinación automática. Durante los primeros años de vida, la práctica de habilidades motoras y el juego son prácticamente lo mismo.»
«La mayoría de los padres quieren proteger a sus hijos de los peligros del mundo exterior, pero esta actitud a veces puede impedirles que desarrollen las mismas habilidades que necesitan para sobrevivir. Aprendemos qué es el equilibrio gracias a las caídas y de ahí desarrollamos estrategias para no volver a caer otra vez. Aprendemos a tolerar alturas cuando escalamos y empezamos a sentirnos confiados con nuestras capacidades. Cualquier habilidad motriz que de adulto hacemos bien la hemos adquirido gracias a fracasos iniciales y por el esfuerzo de superar el problema. Los padres que permiten a sus hijos a descubrir su entorno, dentro de límites seguros por supuesto, permiten que sus hijos crezcan con la oportunidad de aprender a través de la experiencia. La experiencia es el alimento para el desarrollo del cerebro.»
«En su libro «Diagnóstico y tratamiento de problemas del habla y la lectura» (1963). Delacato describió cómo ninguno de los niños a los que había evaluado con dificultades de aprendizaje específicas había pasado por los estados motores de desarrollo de arrastre o gatear.»
«El bebé de ocho meses que rueda hacia delante y hacia atrás en el suelo sin un objetivo concreto, está preparando su equilibrio para sentarse, levantarse y finalmente andar. En lo que a él respecta, cuando se mueve, el mundo se mueve con él y cuando él para, el mundo permanece quieto una vez más. Gatear es por lo tanto un puente importante, capacitándole para combinar el sistema vestibular, el propioceptivo y el visual por primera vez.»
Raymundo Veras (1975): «El arrastrarse no solamente es una fase importante para el desarrollo de la movilidad del niño, sino que también es terriblemente importante para su desarrollo visual. En todas las personas primitivas que hemos visto, a los niños nunca se les permite arrastrarse y ninguno de ellos puede enfocar sus ojos a ninguna cosa que esté más cercana que la distancia de sus brazos. Todos tienen vista a larga distancia. Creemos que cuando un niño se arrastra desarrolla la capacidad de visión de cercanía.»
Glenn Doman en «Cómo enseñar a su bebé a ser físicamente excelente»: «Cuantas más oportunidades tenga su recién nacido de arrastrarse, mejor será físicamente, mayor será el desarrollo de su cerebro, más alta será su inteligencia motora… Sin importar la edad que tenga su bebé, el arrastrarse por primera vez constituirá un logro importantísimo.»
«Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse y gatear y converger con su visón en un punto próximo… La visión de puntos cercanos, que se ve desarrollada materialmente cuando el niño se arrastra y gatea, significa poder ser capaz de converger los propios ojos para enfocarlos juntos dentro de la distancia que existe de los ojos a las manos. Esta es la distancia a la que leemos, escribimos… Cuando no hay oportunidad de desarrollar la movilidad y se evita que los pequeños se arrastren y gateen, los efectos se hacen evidentes en otras áreas, como el caso de la visión.»
El doctor Harald Blomberg en su manual de Terapia de Movimiento Rítmico – Nivel Uno «TMR y ADD/TDAH» : «Es normal que los padres quieran ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras. Cuando llegan al desarrollo emocional se guían por sus instintos y por sus propias experiencias emocionales de la infancia. Sin embargo cuando tienen que desarrollar la parte motora de sus hijos, los padres normalmente no saben qué es lo que su bebé necesita para su desarrollo. En vez de dejar que el bebé desarrolle sus habilidades motoras por sí mismo y tome su propio espacio y vaya desde una posición tumbada a reptar, gatear y finalmente se ponga de pie, la mayoría de los padres intentan acelerar su desarrollo motor. En vez de dejar al niño tumbado en el suelo y que desarrolle sus reflejos posturales moviéndose alrededor por sí mismo, se utilizan sillas de coche incluso cestitas por períodos largos de tiempo antes incluso de que sean capaces de sentarse. En lugar de animarlo a desarrollarse moviéndose lo más posible en su nivel de desarrollo, los padres lo ponen en un andador durante largos períodos de tiempo antes de que esté listo para gatear o caminar. Todo esto restringirá el desarrollo motor normal y obstruirá las conexiones de los ganglios basales y la integración de reflejos primitivos. Si los padres quieren ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras deben adecuarse al desarrollo motor de sus hijos. Un bebé que no puede sentarse es mejor que esté tumbado. Al bebé se le debe permitir tumbarse sobre su estómago para estimular que levante la cabeza. Debe ser animado a moverse libremente por el suelo para gradualmente desarrollar sus patrones de movimiento, gravedad, equilibrio, estabilidad e integrar sus reflejos primitivos. Dejando al niño estar mucho tiempo en sillas para bebé s y andadores su desarrollo motor se obstruirá y correrá el riesgo de desarrollar TDA-H o ADD, dificultades de aprendizaje y problemas emocionales.»
«La transformación de los reflejos primitivos en reflejos posturales de por vida es debida a los movimientos rítmicos espontáneos que el bebé hace antes de empezar a caminar. La mayor parte de esta transformación debería estar hecha mientras que el bebé está todavía en el suelo. Los movimientos en posición vertical, de pie o caminando inhiben los reflejos primitivos solamente en una extensión muy limitada, pero son muy importantes para la maduración de los reflejos posturales y para conseguir equilibrio y estabilidad.»
María Docavo Alberti en «Mi hijo no es un problema, tiene un problema»: «En esta fase el bebé empieza a moverse en su entorno, a reconocer su espacio, mueve sus extremidades y reconoce su entorno, lo delimita, controla su territorio… Fija la mirada y calcula distancias con más precisión.
Si el bebé no hace el movimiento de reptar, las consecuencias pueden ser: – problemas para seguir con los ojos una línea – problemas para expresar los pensamientos e ideas – escritura ilegible – problemas de coordinación ojo-mano, fundamentalmente para escribir y coger pelotas – agresivo o por el contrario incapaz de defenderse – delimitación del territorio, puede ser agresivo cuando es invadido por sorpresa – miedoso – problemas con la regulación de la temperatura corporal – sexo, problemas de excesiva demanda de sexo, agresivo o sumiso – problemas de concentración, problemas de aprendizaje – reacciones repetitivas ante una situación – hiperactividad o hipoactividad
El bebé separa el cuerpo del suelo, comienza a sentarse de rodillas, a balancearse de delante a detrás y empieza a gatear, aquí ya los dos hemisferios empiezan a trabajar cruzados … es un movimiento fundamental para determinar la lateralidad, los ojos cruzan la línea media del cuerpo. Los problemas que pueden surgir de no haber gateado lo suficiente suelen ser: – problemas de coordinación de movimientos, andar homolateral – no coordina manos y ojos – problemas con el habla, problemas de concentración y de motórica gruesa – olfato demasiado sensible – inteligencia emocional, no controla sus emociones. Lloros y alegría histéricos, cambios repentinos de humor – problemas de comunicación, necesidad de ser aceptado – no acepta la crítica, o critica desmesuradamente a los demás – no reconoce el peligro – conciencia de grupo»
El doctor Jorge Ferré en «cer0atr3s El desarrollo neuro-senso-psicomotriz de los3 primeros años de vida»: «Lo peor que podemos hacer con un niño de estas edades (de los 6 a los 9 meses de vida), que necesita estar experimentando nuevas sensaciones con su cuerpo, es dejarle sentado todo el día en la sillita, la hamaca, el cochecito, la cuna o el sofá y convertirlo en mero espectador de lo que hacen los demás.»
«El reptado contralateral anterior significa un cambio muy profundo en el sistema y los mecanismos que utiliza el bebé para explorar su entorno y para aprender. … Se activa la vía cruzada de movimiento, que es la vía de control voluntario del movimiento, y empieza a ponerse en marcha la función del cuerpo calloso. Es un momento muy importante en el proceso de desarrollo humano por todas las consecuencias funcionales positivas que comporta. Con la incorporación del patrón contralateral, se prepara la coordinación dinámica de todos los movimientos que aprenderá a hacer después: andar, correr, pedalear, saltar a la «pata coja», subir y bajar escaleras con soltura, etc. También cambia el programa de análisis perceptivo porque inicia la puesta en marcha de la percepción visual, auditiva y táctil tridimensional. … El cuerpo empieza a funcionar como una auténtica unidad y el Sistema Nervioso también.»
«El gateador puede sortear obstáculos de mayor altura, eleva la cabeza, dirige la escucha y la mirada a mayor distancia. Poco a poco, se desarrolla la fusión visual. Las dos imágenes visuales se funden e integran en una sola y eso le permite empezar a percibir el espacio en tres dimensiones. Capa la profundidad y empieza a desarrollar la capacidad de medir la distancia.»
«Su percepción le ofrece una visión del mundo que va más allá de los próximo y lo táctil y empieza a desarrollar la capacidad de elaborar imágenes de representación mental de un objeto. Ahora, aunque el objeto esté oculto detrás de un obstáculo visual, empieza a retener su imagen mental. Esta capacidad es la que se llame persistencia o permanencia del objeto. La experiencia motora del gateo es una experiencia global, gracias a la cual activamos un patrón de organización rítmico y sincrónico de la actividad bilateral del cuerpo, que estimula la coordinación ocular y la visión binocular.»
«El gateador, utiliza constantemente la pinza para explorar el espacio y coger objetos tan pequeños como una miga de pan o una pestaña. Los niños que no han vivido experiencias en el suelo porque se han pasado el primer años de vida sentados o en el parque, pasivos e inmovilizados, pueden tener menos habilidad manual.»
«Si no se activan todos los patrones funcionales correspondientes a esta etapa evolutiva y se acelera la deambulación, se dificulta la correcta activación del mesencéfalo, la vía piramidal y el cuerpo calloso.»
«La visomotricidad es una función trascendental a la hora de leer con eficacia. Muchos problemas de lectura se deben a los vacíos de información que acumula el bebé que no ha vivido experiencias en el plano del suelo y que su primera experiencia motriz ha sido empezar a andar mal, después de haber pasado el primer año de vida sentado con apoyos.»
» El parque y los andadores son instrumentos que deberíamos eliminar totalmente. El parque impide el gateo, reduce el campo experimental obliga al bebé a hacer lo único que puede hacer ponerse de pie con apoyo. Los andadores impiden el gateo y fuerzan al bebé a colocarse en postura bipedestante cuando todavía no tiene suficiente tono muscular en las piernas y no está preparado para hacerlo, con todas las consecuencias que ello comporta.»
Elena García ha escrito este artículo para este blog. Muchas gracias, Elena, por un artículo tan clarificador y tan directo. En él se condensa el sentir y uno de los principales objetivos comunicativos de este espacio.
Los usuarios de este blog estamos acostumbrados a la palabra estimulación, somos conscientes de la importancia que tiene para el desarrollo de un niño el hecho de proporcionar ciertos estímulos, ya sea a nivel sensorial, físico o simplemente tiempo para estar con el bebé. Somos madres (y algún que otro padre) atentos a cualquier innovación metodológica, a nuevos tratamientos, investigaciones, que traten sobre este tema.
El problema es que esta realidad que nos define y en la que nos movemos no tiene nada que ver con la que se suele observar en las calles, en los parques, en las guarderías. A menudo podemos encontrarnos con personas que desatienden sistemáticamente a sus hijos, que entorpecen su desarrollo psicomotor y que presentan comportamientos no apropiados. Y no estoy hablando de familias socioeconómicamente desfavorecidas.
¿Os habéis fijado en cuántos bebés toman su biberón ellos solos en su cuna o en su cochecito? Pero bueno, ¿no habíamos quedado en que el biberón era el sustituto del pecho? La forma tradicional de alimentar a los bebés (ya sea leche materna o artificial) asegura que el niño está en brazos de mamá, recibiendo toda una serie de estímulos: Táctiles: presión, temperatura, tamaños, texturas. Visuales: trabaja alternativamente los dos ojos, dependiendo de qué pecho le está alimentando. Auditivos: los dos oídos también trabajan de forma alternativa en función de la posición del cuerpo, un oído oye el sonido ambiental y el otro está pegado al cuerpo de la madre. Olfativos: siente el olor de la piel de su madre, de su perfume, etc. Propiocepción: el niño va percibiendo las distintas partes de su cuerpo a partir de sus experiencias siendo tomado en brazos. Los niños que tienen dificultades de propiocepción suelen relacionarse mal con sus compañeros, ya que no controlan bien su cuerpo. Equilibrio: aprende la posición de su cuerpo en el espacio, también gracias a la experiencia. Los niños que sistemáticamente son alimentados en su cuna o en el cochecito están perdiendo una importante estimulación sensorial y vestibular completamente necesaria para su desarrollo. Quizás en un futuro no muy lejano tendrán dificultades con la lectura o la escritura o problemas de comportamiento.
Otro error muy común es la utilización generalizada durante todo el día de las hamacas y los cestitos (tipo maxi cosi). El desarrollo motor del bebé tiene sus etapas, la primera consiste en mover libremente brazos y piernas. Cuando vemos a un bebé tumbado sobre su espalda, en su cochecito o en su cuna, tiene un movimiento muy divertido, es como una coreografía. Mueve sus cuatro extremidades a la vez, sin mover el cuerpo. Este movimiento no puede llevarse a cabo si el bebé está encorsetado. Los reflejos primarios tienen que hacer su curso. Por ejemplo, el Reflejo Tónico Asimétrico Cervical aparece a las 16-18 semanas en útero y debería inhibirse entre los 3 y los 9 meses de vida postnatal. Este reflejo se activa cuando el niño gira su cabeza hacia un lado, entonces el bracito del mismo lado se extiende en posición horizontal, de manera que el niño se encuentra con su mano enfrente de sus ojos. Se desarrolla la primera conexión ojo-mano que será tan importante en su vida. Me pregunto cómo se puede desarrollar e inhibir este reflejo si está el niño metido en un maxi cosi… Además, en este tipo de hamacas, la cabecita suele quedar ladeada, es decir, se está bloqueando de algún modo el flujo sanguíneo y las conexiones nerviosas y musculares entre el cuerpo y la cabeza (o sea el cerebro). Supongo que un osteópata podría explicar esto mucho mejor que yo.
Por otro lado, algunas familias tienen un gran desconocimiento de las necesidades reales de sus hijos de menos de 1 año de edad. No les enseñan libros con ilustraciones porque creen que el niño no entiende. Les dejan durante horas sentados en la hamaca delante de la televisión, viendo películas infantiles o DVDs educativos, porque así están muy quietos. No les dan la oportunidad de arrastrarse ni de gatear. En ciertas ocasiones es comprensible que los bebés tengan que permanecer en la hamaca, la cuna o cualquier otro lugar seguro. Con la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, cuando ésta llega a casa, tiene que hacer también el trabajo doméstico y por supuesto no se puede hacer la cena, poner la lavadora, vigilar los deberes y perseguir a un bebé gateador al mismo tiempo.
Desde las instituciones educativas y la Administración hay una gran preocupación por el alarmante aumento del fracaso escolar. ¿A qué edad hay que empezar a prevenirlo? Normalmente se dedican esfuerzos en la ESO, o en primaria, pero es demasiado tarde. En mi opinión debería empezar la prevención en la unidad de pediatría en la que se ve al bebé por primera vez. Podrían incorporarse profesionales con formación en psicología y neurodesarrollo y así poder complementar la información que se da a las familias en cuanto a las necesidades básicas del recién nacido.
Elena García Psicóloga especialista en Neurodesarrollo INPP Licentiate Terapeuta Johansen Sound Therapy
Junto al arrastre y al gateo, existe otro ejercicio que en los métodos de estimulación, tanto «temprana» como «terapéutica», se toma del proceso natural de desarrollo del niño para realizarlo de forma intensiva como una herramienta más para ayudar al niño en su desarrollo reforzando el mismo. Estamos hablando de las «croquetas» o rodadas en una dirección y otra estando el niño tumbado en el suelo.
Rodar haciendo croquetas, un excelente ejercicio para favorecer el desarrollo.
Las croquetas suponen una potente estimulación vestibular que favorece la maduración del sistema nervioso.
El aparato vestibular (también llamado laberinto) es un órgano situado en el oído interno que sirve principalmente para el control de la postura corporal y el equilibrio, pero también para regular el tono muscular, los movimientos oculares y la orientación espacial.
Es un ejercicio muy sencillo y con él suelen disfrutar mucho los niños. Sin embargo, puede ocurrir que un niño sea muy sensible a la estimulación vestibular, en cuyo caso habría que tener cuidado, haciendo muy poquitas croquetas y muy lentamente. En el supuesto caso de que al niño le impresionara aún de este modo, sería mejor optar por otro tipo de estimulación que le ayude a madurar lo suficiente para poder más adelante tolerar las croquetas.
El niño ha de tumbarse en el suelo, con los brazos extendidos por encima de la cabeza, o con los brazos hacia abajo pegados a lo largo del cuerpo. El cuerpo debe estar en tensión, totalmente estirado, desde las palmas de las manos hasta la planta del pie.
Hay que girar de un lado a otro, procurando no torcerse. No se debe correr, pues se torcería uno más.
Para evitar los mareos, se le puede decir que mire un punto fijo siempre que acabe el giro.
Es muy importante que se ruede siempre en ambas direcciones, el mismo número de veces hacia un lado y hacia el otro. Esto es de vital importancia para que la estimulación de ambos lados del cuerpo sea la misma, y por lo tanto, también lo sea la de ambos hemisferios cerebrales.
En el enlace que aparece a continuación podemos ver un vídeo en el que un padre realiza las croquetas con su hijo como parte de un programa de organización neurológica:
Nota: Para evitar que el niño se sobreexcite o pueda marearse, lo ideal sería realizar tres croquetas en una dirección y otras tres en la otra para así seguir haciendo croquetas de tres en tres en ambas direcciones. Y comenzar por hacerlas despacio hasta ver que el niño las disfruta y no le impresionan o marean (esto no suele ser lo común, pero sí ocurre en niños que tienen una alta sensibilidad a la estimulación vestibular).
Aunque se observe en los músculos, el bajo tono muscular o hipotonía es un problema que se halla realmente en el cerebro.
Rosina Uriarte
En realidad donde se encuentra el tono muscular es, como su propio nombre indica, en los músculos. Pero he elegido este título para llamar la atención de quienes se desviven por ejercitar los músculos de sus hijos ante una hipotonía y no son informados de que existen otras vías más eficaces.
Por supuesto que ejercitar músculos es algo positivo. Pero veo a los padres luchar primero con los músculos del cuello que sujetan la cabeza del bebé cuando éste no lo hace de forma natural. Luego luchan por que sus hijos tengan el suficiente tono en sus espaldas para poder mantenerse sentados una vez pasados los seis meses. Después viene la gran hazaña de poner a los niños a caminar tras haber cumplido los doce … Aquí es cuando normalmente respiran un poco, pues parece que en cuanto el niño camina, ya está todo hecho… Pero pueden surgir problemas en el lenguaje; más tarde en la manera de coger el lápiz y dificultades en la escritura… y es probable que también aparezcan problemas de motricidad ocular que dificulten seriamente la lectura. Esto último suele quedarse sin «descubrir» pues pocos padres son bien aconsejados en cuanto a la conveniencia de una revisión ocular en sus hijos por parte de un optometrista comportamental.
Además de lo anterior, el tono muscular está muy relacionado con la capacidad de atención pues ésta forma parte del estado de alerta del sistema nervioso, al igual que el tono muscular. Ambas funciones son reguladas en parte por las mismas zonas cerebrales, por lo que hay muchas probabilidades de que un inadecuado tono muscular conlleve problemas de déficit de atención.
Todo esto sin tener en cuenta que un niño con un tono muscular bajo tiende a sentirse cansado con facilidad y no se desarrolla en la misma medida que los niños de su edad por evitar experiencias motrices que son importantes. Hecho que se añade a su problema original agravando toda la condición.
Son muchos parches que se van aplicando en un camino lleno de baches… demasiados para no pensar seriamente en asfaltar la carretera de una vez por todas y acabar con todos los inconvenientes a la vez.
Para esto es necesario comprender un poco cómo se lleva a cabo el desarrollo del niño y cómo funciona su sistema nervioso.
Nos dicen los expertos en el tema que son los núcleos vestibulares de nuestro cerebro los encargados de enviar mensajes a los músculos sobre cuándo y cómo contraerse. Es un control muscular totalmente subconsciente y no nos damos cuenta de ello. Estos continuos impulsos que se envían desde los núcleos vestibulares generan el tono muscular del cuerpo.
Para que el sistema vestibular realice bien su trabajo, es preciso que esté bien organizado. Esto, por desgracia, no ocurre en todos los niños.
Existen muchas disfunciones del sistema nervioso que no aparecen en las pruebas clínicas realizadas por expertos neurólogos. Cuando así ocurre quiere decir que no hay evidencia de lesión cerebral, lo cual supone un claro alivio. Pero no significa que no exista un problema de funcionamiento cerebral. Así que deberíamos empezar a cuestionar afirmaciones frecuentes del tipo: «no, si mi niño no tiene nada neurológico, sólo hipotonía», o «neurológicamente está perfecto, pero tiene déficit de atención con hiperactividad»… pues son contradictorias en sí mismas.
Puede en un primer momento parecer desalentador el hecho de que un problema como la hipotonía ya no esté localizado como creíamos en brazos o piernas… para pasar al cerebro, pues da la sensación de ser más inaccesible para su tratamiento y su posible solución. Pero no es así.
Existen diferentes enfoques terapéuticos, que no sólo sirven para el problema de bajo tono muscular, sino que pueden aplicarse a otros muchos trastornos siempre que estemos hablando de una inmadurez cerebral.
Tradicionalmente se trabajan los síntomas allí donde se ven: se masajean piernas, brazos, cuello… se busca el fortalecimiento de los músculos por medio de la natación o de la gimnasia… Esta labor, si bien es beneficiosa, lógicamente no es suficiente pues no está trabajando el problema en sí y se está compartimentándolo en lugar de tratarlo todo de una vez.
Dentro de la fisioterapia hay varios métodos de los cuales no puedo hablar por desconocerlos, por esto me limitaré a mencionar dos nuevos enfoques que me son familiares y considero puede resultar interesante tener en cuenta.
El primero de ellos sigue la premisa de que «la función crea la estructura». Esto quiere decir que es precisamente a través de la práctica de la función (habilidad) que queremos lograr en el niño como creamos la estructura cerebral necesaria para dominar esta misma función. Así lo establece el método Doman y es por ello que al niño se le hace practicar cada hito del desarrollo hasta dominarlo antes de pasar al siguiente nivel. Por ejemplo, para que un niño llegue a caminar, primero habrá de evaluarse su nivel de desarrollo para conocer en qué punto se ha quedado del mismo y trabajar desde este mismo punto toda la evolución natural del niño, de forma intensiva y continuada. A través de la práctica diaria de cada hito del desarrollo (en el plano motor: el control de la cabeza, el volteo hacia un lado y hacia el otro, la sedestación, el arrastre, el gateo, para al final llegar a la deambulación y más tarde a la carrera) se va logrando un desarrollo y madurez cerebrales que se asemejan a los deseados y considerados normales. Los cambios en el tono muscular y los éxitos en cada una de las etapas y cada una de las áreas del desarrollo infantil serían consecuencia de esta madurez cerebral.
Este desarrollo, o tal como lo califica Doman, esta «organización neurológica», se reflejará en un mejor rendimiento y eficacia del niño, tanto en su competencia física, como en su trabajo académico, en su control emocional y comportamiento o en su relación con los demás.
Por último existe un más novedoso enfoque terapéutico, y en opinión de muchos, más efectivo para este problema concreto. El concepto que sigue es contrario al anterior, en otras palabras: «la estructura determina la función». Así que, suponiendo que la estructura cerebral no es la correcta y por esto no existe la función o ésta es deficiente, el objetivo es lograr crear esa estructura necesaria para que en el niño se dé la función o habilidad requerida.
En este sentido, la terapia de la Integración Sensorial y la Terapia de Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos (TMR) buscan estimular determinadas zonas cerebrales, que a su vez estimulan otras superiores y con lo cual se logra una madurez neurológica global. Así se obtienen estructuras cerebrales maduras y adecuadas.
Ambos métodos utilizan la estimulación vestibular principalmente (la Integración Sensorial realiza actividades con columpios, balancines, patinetas, etc. y la TMR movimientos de mecimiento rítmicos) que estimulan y activan directamente zonas primitivas del sistema nervioso central como es el tronco encefálico y el cerebelo. En el primero se hallan los núcleos vestibulares mencionados al comienzo de este artículo.
De esta manera se logra una estructura cerebral madura que se refleja en funciones también maduras y en concreto, en un tono muscular apropiado.
La diferencia principal entre el concepto de trabajo de la Integración Sensorial y la TMR es que la primera busca una maduración en el niño a través del disfrute y la motivación en el mismo. Es el niño, quien guiado por el terapeuta, busca su propia maduración siguiendo su propio ritmo.
La TMR es una estimulación menos lúdica, aunque agradable, pero más sistemática e intensiva. Es muy fácil de realizar y, al igual que el método Doman, se lleva a cabo en el hogar tras el asesoramiento profesional. También como ocurre con este método, la madurez cerebral lograda con la TMR repercute beneficiosamente en todas las áreas de desarrollo del niño.
Las diferentes etapas motrices del bebé tienen un gran impacto desde el punto de vista de su desarrollo óseo y de equilibrio.
Estas etapas tienen además una gran influencia en el desarrollo neurológico del niño y por lo tanto en la formación global de su ser. Para más información podéis consultar otras entradas en este mismo blog en los apartados depsicomotricidad, desarrollo motriz o movimiento.
En cuanto al gateo, la forma correcta de gatear es hacerlo en «patrón cruzado», esto es moviendo la pierna derecha mientras se adelanta el brazo izquierdo y viceversa. Otras formas de desplazamiento que adoptan de forma continuada algunos niños, y que los padres consideran erróneamente «gatear», no son recomendables si se pueden evitar. Es importante que se anime a los niños a gatear correctamente pues solamente de esta manera se obtiene el aprovechamiento beneficioso de esta fase. Si les ayudamos, en pocos días lo consiguen.
En el siguiente vídeo observamos cómo se realiza el «patrón contralateral» o «cruzado» en el gateo:
El gateo es la clave de operaciones cerebrales muy sofisticadas como la lectura y la escritura y ofrece una gran oportunidad para sentar las bases del proceso de lateralización (determinación de la dominancia manual, ocular, auditiva y podal).
Además, muchos problemas de fracaso escolar tienen su origen en dificultades visuales de convergencia, focalización y visión estereoscópica que unas buenas dosis de arrastre y gateo pueden ayudar a corregir.
El gateo en edades más mayores, puede ser un buen ejercicio corrector cuando ya han aparecido problemas de fracaso escolar, mala lateralización, lesión cerebral, dislexias, etc.
G. DOMAN: «Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse, de gatear y de converger con la visión en un punto próximo.»
M.T. ALDRETE: «El 95% de niños que no gatean tienen problemas de lectoescritura. El 5% restante lo suple trabajando la manualidad. El gateo es un ejercicio preventivo para la lectura.»
La importancia del gateo va mucho más allá de una simple mejora en la movilidad del bebé. Su conexión con el desarrollo físico e intelectual del pequeño lo convierten en un factor clave que implicará y marcará el desarrollo de sus aprendizajes escolares y extraescolares, entre otras muchas cosas.
Psicomotricidad y desarrollo neuromotor. Dos enfoques diferentes, pero complementarios, en busca de la maduración en el desarrollo.
Dentro de los aprendizajes tempranos, la psicomotricidad ocupa un lugar prioritario.
El niño, hasta los cinco años, se encuentra en un período evolutivo básicamente perceptivomotor, que organiza su mundo a través de sus percepciones subjetivas, siendo su propio cuerpo el canal más fácil para la adquisición del conocimiento.
El objetivo de la psicomotricidad (mejor denominada «desarrollo neuromotor» para diferenciarla del concepto tradicional de «psicomotricidad») es conseguir una correcta organización neurológica: un problema funcional deriva en un problema educativo. Con las actividades de psicomotricidad ayudamos al Sistema Nervioso a madurar correctamente, a formar y consolidar circuitos neuronales.
G. DOMAN: «Estamos totalmente convencidos de que todo niño, en el momento de nacer, posee una inteligencia potencial superior a la que jamás utilizó Leonardo da Vinci. Esa inteligencia potencial, presente en el nacimiento, incluye y de hecho empieza, con la función física.»
También según Glenn Doman, el tiempo que requiere un niño para aprender una nueva función, el grado de dificultad que encuentre, la determinación que tenga que demostrar y el nivel de destreza que logre, serán delineados por el nivel físico que haya alcanzado durante sus primeros seis años de vida: promedio, inferior al promedio o superior al promedio.
Un elevado número de fracasos escolares tienen como origen la falta de estimulación psicomotriz en los primeros años de vida.
M. GARCÍA VELA: «Cuantas más oportunidades damos a un niño para que se mueva, más favorecemos el desarrollo global de su inteligencia y más bases sólidas ponemos para futuros aprendizajes. Por otro lado, cuando el niño consigue habilidades en el movimiento, experimenta sensaciones de dominio, de autoestima, etc. Y favorece su equilibrio emocional. También tiene repercusiones positivas en su capacidad para concentrarse en los deberes y para relacionarse con los demás».
Los primeros años son cruciales para conseguir el desarrollo motriz. El rendimiento va mejorando de forma progresiva, pero después de los 5 ó 6 años no aparecen habilidades corporales nuevas.
En psicomotricidad existen muchos ejercicios que se pueden hacer que favorezcan el desarrollo de los pequeños. Pero están los llamados «patrones básicos», que serían los más importantes en este sentido. La marcha (tanto andar como correr); los ejercicios vestibulares (que trabajan el sentido del equilibrio) como los saltos, las volteretas y las croquetas; el arrastre y el gateo.
La marcha, pero sobre todo el arrastre y el gateo, tienen una importancia destacada por su realización en patrón de «esquema cruzado», es decir, que mientras se efectúan dichos ejercicios, se están utilizando ambas partes del cuerpo contralateralmente: cuando se mueve la pierna izquierda, se mueve el brazo derecho y viceversa. Esto supone el desarrollo de los dos hemisferios y de las conexiones que se establecen entre ambos.
El gateo es un momento evolutivo muy importante, pues supone una adquisición de autonomía frente a los padres y una oportunidad de descubrir y experimentar el entorno que el niño no había tenido hasta entonces. Cuando comience a andar estará mucho más preocupado por mantener el equilibrio y será más dependiente de los adultos, dejará a su vez durante algún tiempo de explorar el medio en favor del disfrute y perfeccionamiento de su nuevo logro.
Mientras dura la fase del gateo, el niño aprenderá a calcular distancias en el espacio y se acostumbrará a observar objetos a una distancia de unos 30 cm., que será casualmente la distancia de enfoque que utilizará más tarde para sus labores de lectoescritura.
G. DOMAN: «Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse, de gatear y de converger con la visión en un punto próximo.»
M.T. ALDRETE: «El 95% de niños que no gatean tienen problemas de lectoescritura. El 5% restante lo suple trabajando la manualidad. El gateo es un ejercicio preventivo para la lectura.»
Debemos dejar a nuestros pequeños gatear, sin temor a que se ensucien. Debemos dejarles correr siempre que esto sea posible y no reñirles por ello. Debemos dejar que se encaramen y suban a todas partes, siempre que no corran peligro. Debemos dejar que lo toquen e investiguen todo, controlando que no puedan hacerse daño. Cada vez que decimos a un niño : «No toques» «No corras» «No te subas ahí» «No te tires por el suelo» «Mira que te pones hecho un cochino» etc. … si se lo decimos sin un verdadero motivo de evitar lo que consideramos un peligro o una acción totalmente inapropiada a las circunstancias, estaremos limitando el desarrollo del pequeño y por lo tanto, su inteligencia. Estaremos cortando el desarrollo de su autodominio motriz, lo cual no sólo afectará a su destreza motora, sino también a su personalidad y autoestima. También estaremos cortando su curiosidad y ganas de saber, lo cual afectará a su actitud ante el aprendizaje futuro. Muchas veces, los padres enseñamos a nuestros hijos a «no ser inteligentes».
La psicomotricidad puede aplicarse a cualquier edad, aunque es más efectiva cuanto más pequeño es el niño. A los 6 años tendrá que recorrer una distancia mucho mayor gateando para que se produzca el beneficio buscado. Estos ejercicios ayudan a madurar neuro-lógicamente a cualquier niño y no tienen efectos secundarios, por lo que todos podríamos apuntarnos a sesiones familiares de gateo. Los adultos probablemente precisen de rodilleras (se venden en las tiendas de deporte), y de ilusión y ganas. Con un poco de imaginación se pueden realizar carreras, circuitos por los que habrá que pasar bajo sillas o sobre obstáculos… Es importante que nos involucremos con lo que propongamos a nuestros hijos, si les dejamos solos y se lo ordenamos, no obtendremos ningún éxito. Es preciso motivarles, y lo que más les motiva en el mundo es nuestra compañía.
El gateo es una etapa del desarrollo importante para la lectura pues durante esta etapa se produce gran parte del desarrollo del sistema visual.
Glenn Doman, tratando a sus pacientes con parálisis cerebral, había cosechado ya grandes éxitos en la mejoría de muchos de éstos en todos las áreas del ser humano.
Sin embargo, había un grupo de estos niños que le tenía totalmente desconcertado, eran niños capaces de ver, de hablar, de oír y escuchar… eran niños muy brillantes en muchos casos, pero eran incapaces de aprender a leer.
«Hemos visto que estos niños tienen únicamente dos cosas en común: no saben leer ni andar a gatas. Cuando estos niños consiguen gatear durante algún tiempo, también su forma de leer mejora. Ahora, ¿cuántas veces tiene que suceder esto, y lo hemos visto miles de veces, antes de convencernos de esta correlación entre la capacidad de andar a gatas y de leer? Y cuándo nos convenzamos de esta correlación entre la capacidad de andar a gatas y de leer, ¿cuánto se necesita hasta que comencemos a preguntarnos si, en algún lugar del mundo hay personas que, por una razón o por otra, social o cultural, religiosa, no han tenido la posibilidad, de pequeños, de poder tirarse al suelo? En otras palabras, que no hayan tenido nunca la posibilidad de arrastrarse o de gatear. Si existe tal civismo, y si existe un pueblo así, ¿se encuentra en grado de leer?»
A raíz de esta pregunta, Doman y sus colaboradores recorrieron el mundo conviviendo con pueblos primitivos como los Xingu de Brasil, los Bosquimanos del Kalahari, los esquimales de Alaska, los Navajos de Arizona… También observaron el comportamiento de niños de Samoa, rusos, franceses…
Descubrieron que ningún niño xingu, por ejemplo, ha tenido nunca la oportunidad de arrastrarse por el suelo o de gatear. La razón es que el terreno en los lugares donde habitan es una amenaza para la seguridad, e incluso la vida, de los pequeños. Los niños son llevados sobre las caderas o las espaldas de sus madres.
Raimundo Veras, discípulo de Doman y fundador de los Institutos Veras en Brasil, dice lo siguiente: «En todos los pueblos primitivos que hemos visitado, los niños no pueden andar a gatas y ninguno de ellos puede fijar sus ojos en un objeto más cerca que el largo de su brazo. Todos son présbites. Creemos que cuando un niño camina a gatas su vista de cerca se desarrolla.»
«Si el suelo o terreno lleva a los niños a gatear, entonces existen buenas probabilidades de que aquella cultura tenga un lenguaje escrito; si los niños no pueden andar a gatas es muy dudoso que su cultura tenga un lenguaje escrito.»
«Para que un pueblo pueda escribir o leer tiene que haber desarrollado la capacidad de focalizar sobre los objetos situados a unos 30 ó 40 centímetros de su rostro.»
Glenn Doman: «Si me muestra el suelo de una cultura, puedo decirle si esa cultura tiene un lenguaje escrito o no.»
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