Rosina Uriarte, autor en ROSINA URIARTE - Página 19 de 24

MANIPULAR EL CEREBRO con la estimulación magnética transcraneal

Redes 1: Manipular el cerebro 

En este documental, Eduardo Punset conversa con Álvaro Pascual-Leone, neurólogo del Harvard Medical School, sobre el funcionamiento de la estimulación magnética transcraneal.

Ya publiqué una entrada sobre esta nueva técnica que pretende incidir en el funcionamiento de nuestro cerebro y por tanto en nuestro comportamiento. Podéis leerlo AQUÍ.

En este vídeo vemos una demostración directa de cómo funciona esta estimulación magnética, pues Eduardo Punset se ofrece voluntario para la prueba. Él resalta el miedo que pasa durante la misma, a mí sigue quedándome esta sensación también cuando pienso en ello.

Los expertos afirman que se trata de una técnica «no invasiva» porque no requiere de cirugía, pero aún así, la idea de estimular el cerebro directamente mediante descargas electromagnéticas impresiona bastante. Como ya decía en mi anterior entrada, supongo que el miedo pueda ser debido al desconocimiento sobre esta técnica, quisiera pensar que las descargas son suaves y no podrán actuar dañando el cerebro en lugar de ayudarlo a funcionar mejor…

Existe una gran esperanza, como es lógico, en este nuevo método para la curación de muchos síndromes como el déficit de atención con hiperactividad o el autismo.
Yo sigo opinando que deberían dedicarse más tiempo y recursos a la investigación de medios naturales de estimulación cerebral a través de estímulos sensoriales y el movimiento, que aunque se trate de medios más costosos en tiempo y esfuerzo, parecen mucho más inocuos en cuanto a posibles riesgos en su práctica.

Con el tiempo sabremos de los verdaderos resultados de esta nueva técnica de estimulación magnética transcraneal. Esperemos que se convierta en la revolucionaria técnica que, en el futuro, acabará con las enfermedades mentales, los problemas de conducta y con los límites de nuestra inteligencia tal como explica este documental.

 

BIBLIOGRAFÍA DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA

 

Manual de Estimulación Temprana de Rosina Uriarte

 

Son dos los libros básicos que recomendaría a todo aquel interesado en la estimulación temprana. 

Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé. Glenn Doman

CÓMO MULTIPLICAR LA INTELIGENCIA DE SU BEBÉ
GLENN DOMAN
Editado por EDAF


Hijos mejores. Francisco Kovacs

HIJOS MEJORES. GUÍA PARA UN EDUCACIÓN INTELIGENTE
DR. FRANCISCO KOVACS
Editado por Martínez Roca

Otras publicaciones de gran interés son las siguientes:

Inteligencia auditiva. Estalayo y Vega
 
INTELIGENCIA AUDITIVA. TÉCNICAS DE ESTIMULACIÓN PRENATAL, INFANTIL Y PERMANENTE
VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado por Biblioteca Nueva
 
Para aquellos que quieran una información más detallada sobre alguno de los aspectos de la estimulación temprana, existen los siguientes libros:
 
 
El método de los bits de inteligencia. Estalayo y Vega
 
EL MÉTODO DE LOS BITS DE INTELIGENCIA
VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado pro Edelvives

Leer bien al alcance de todos

LEER BIEN, AL ALCANCE DE TODOS
VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado por Biblioteca Nueva

Las siguientes obras están todas escritas por GLENN DOMAN:

 

Qué hacer por su hijo con... Glenn Doman
 

QUÉ HACER POR SU NIÑO CON LESIÓN CEREBRAL.

Editado por Diana
 
 
CÓMO ENSEÑAR A LEER A SU BEBÉ
Editado por EDAF
CÓMO ENSEÑAR MATEMÁTICAS A SU BEBÉ
Editado por Diana
 
 
CÓMO ENSEÑAR A SU BEBÉ A SER FÍSICAMENTE EXCELENTE
Editado por Diana
 
 
Un libro excelente para la estimulación y acompañamiento del desarrollo del bebé durante el primer año:
 

Sí, su bebé es un genio. Glenn Doman

SÍ, SU BEBÉ ES UN GENIO

Editado por EDAF

 
Es posible que te interese leer esta anterior entrada del blog:

«Estimulación Temprana. Actividades, materiales y consejos prácticos para llevarla a cabo»

EMT. ESTIMULACIÓN MAGNÉTICA TRANSCRANEAL

Estimulación Magnética Transcraneal

Desde el pasado mes de marzo, y debido a la celebración del X Curso Internacional de Actualización en Neuropediatría y Neuropsicobiología Infantil, organizado por el Instituto Valenciano de Neurología Pediátrica (Invanep), estamos leyendo constantemente noticias sobre una nueva técnica aplicable al trastorno por déficit de atención con hiperactividad y a otras patologías del neurodesarrollo infantil. Se trata de la “estimulación magnética transcraneal” (EMT).

 

Cito textualmente una noticia sobre este tema en DiarioMédico.com:

La estimulación magnética transcraneal se suma a las herramientas terapéuticas de importantes enfermedades neuropediátricas como el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, el autismo y la epilepsia.

La aplicación de la estimulación magnética transcraneal (EMT), que ya ha dado buenos resultados en trastornos psiquiátricos, síndromes de dolor y rehabilitación, también puede consolidarse en el tratamiento de enfermedades neuropediátricas, aunque los estudios aún están en fases más o menos iniciales.

Álvaro Pascual Leone, catedrático de la Universidad de Harvard, en Boston, ha destacado que la EMT, una técnica de estimulación cerebral no invasiva, «emplea la inducción de electricidad para cambiar y modular la forma de funcionar de áreas o redes neuronales del cerebro».

Con ella se puede aumentar las áreas que tienen baja actividad, como ocurre en algunas de los niños autistas, que presentan dificultades en el desarrollo del lenguaje o en los niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y con dificultad para el aprendizaje; pero también se puede emplear para reducir la actividad en aquellas células y neuronas cuando están sobreactivadas, como ocurre en los focos de epilepsia. En su opinión, el reto desde el punto de vista clínico «no es activar la capacidad de cambio del cerebro, sino guiarlo para que los cambios que se produzcan sean en beneficio del paciente. A diferencia de lo que ocurre con los fármacos, el EMT es un tratamiento muy dirigido, ya que la técnica se guía a través de un neuronavegador de alta precisión».

Pascual Leone ha asegurado que la EMT, que no requiere hospitalización, es aplicable siempre que «seamos capaces de detectar e identificar los circuitos cerebrales alterados. Dependiendo de la patología, son necesarias entre 10 y 20 sesiones de EMT, de 20-30 minutos de duración cada una».

En ocasiones, también se realizan sesiones de mantenimiento.

Además, ha señado que la técnica es segura «siempre y cuando se realice correctamente y se confirmen el punto y los patrones de estimulación».

Sin duda alguna, todos los avances de la medicina encaminados a paliar los trastornos neuropediátricos son una muy buena noticia. Hemos de celebrar que se inviertan medios y esfuerzo humano y tecnológico en buscar soluciones a estos problemas.

Es lógico que se busque estimular el cerebro puesto que estas patologías se hayan precisamente ahí.

Pero no puedo evitar la siguiente reflexión: ¿acaso no es esto lo que llevan décadas realizando los especialistas en terapias de estimulación y reorganización cerebral tales como Doman, Padovan, la Integración Sensorial, la TMR o incluso la reeducación auditiva de Berard y Tomatis y la reeducación optométrica?

Estas terapias estimulan determinadas zonas cerebrales que controlan e inciden en la atención, las emociones, los movimientos, la respuesta ocular o el procesamiento de la información auditiva entre otras funciones…

El doctor Pascual Leone define la EMT como una técnica de estimulación cerebral “no invasiva”. No tengo razones ni conocimientos suficientes para dudar de sus palabras, pero la idea de realizar descargas mangnéticas a través del cráneo del niño me parece bastante más invasivo que la realización de cualquiera de las terapias que he mencionado anteriormente. Reconozco que este “miedo” que me da solo de pensarlo se deba seguramente a mi desconocimiento sobre la técnica y de sus posibles efectos secundarios y no deseados. Nadie habla de éstos, por cierto… ¿Será que no existen? Quisiera pensar que es así…

Me alegro sinceramente de que se esté investigando en esta línea y se aporte esta nueva esperanza a padres de niños con TDA-H, autismo, epilepsia, etc… Lo que no acabo de comprender es la razón por la cual el sistema sanitario invierte tanto en técnicas que proyectan directamente descargas en el cerebro de nuestros hijos o en suministrarles drogas potentes… y sin embargo no invierte ni estudia la eficacia de terapias inocuas que también estimulan el cerebro y están resultando beneficiosas a tantos niños desde hace tantos años.

A la vista de la información que tenemos, hay varias maneras de estimular las zonas cerebrales inmaduras en nuestros hijos que provocan muchos de sus problemas: una de ellas es la forma en la que la naturaleza estimula y desarrolla el cerebro, esto es por medio del movimiento, de los sonidos, del tacto, etc… La otra manera es a través de la “inducción de electricidad” con la EMT… Posiblemente esta última opción sea más efectiva que la primera, ojalá… y ojalá lo podamos comprobar pronto. Pero yo francamente, como madre, de momento me quedo con la primera opción…

Puedes ver este vídeo del programa de Redes sobre esta técnica: MANIPULAR EL CEREBRO CON LA ESTIMULACIÓN MAGNÉTICA TRANSCRANEAL

OPTOMETRÍA COMPORTAMENTAL Y LA TERAPIA VISUAL

optometría comportamental y terapia visual

En el desarrollo infantil y sus trastornos, tiene un gran peso el funcionamiento ocular. El optometrista comportamental es un profesional que no debería faltar (junto a otros) en el diagnóstico y tratamiento de los problemas de conducta y rendimiento escolar de nuestros hijos.
 
Para quienes estéis interesados en este tema, podéis leer mi anterior entrada escrita en forma de conversación:
 
 
Más adelante espero publicar más artículos referentes al tema, pues ésta es una deuda pendiente que tengo con este blog dada la importancia que considero tiene la terapia visual en el tratamiento de los problemas de desarrollo infantil, y que es aún desconocida por la mayoría de los padres y profesionales de la educación y la sanidad.
 
Es habitual que los niños que presentan trastornos o inmadurez en su sistema nervioso, acusen también, como consecuencia de esta inmadurez, problemas en el funcionamiento ocular o el procesamiento de la información visual.
 
A continuación incluyo extractos del blog de Rosa García, EXPLORANDO EL MUNDO DE LA VISIÓN, que me han parecido clarificantes con respecto a este tema. Pertenecen a las siguientes entradas de dicho blog:
 
 
 
 
Los profesionales encargados de evaluar todo lo relacionado con la visión son los Oftalmólogos y los Optometristas.
 
En pocas palabras, los oftalmólogos evalúan la sanidad de la visión y nosotros, los optometristas evaluamos la funcionalidad de la visión.
 
La Optometría es la ciencia que estudia el funcionamiento de la visión y su cometido es prevenir, detectar y solucionar las alteraciones visuales no patológicas que un paciente pueda presentar.Desde alteraciones refractivas (miopía, astigmatismo, hipermetropía…), pasando por alteraciones funcionales (mal enfoque, sistema visual estresado, visión doble en ocasiones…), hasta alteraciones producidas en el desarrollo y el aprendizaje visual, no relacionadas con ver nítido y estable sino con recibir, comprender, identificar, discriminar tamaño, forma o color, calcular distancias y velocidad de objetos, mala coordinación ojo-mano, memorizar… Es decir, cualquier alteración que impida obtener el máximo rendimiento visual con la mínima fatiga.
 
En la visión hay más problemas además de ver o no ver el 100% y que de esos problemas nos encargamos los optometristas. Que los “ojos” no funcionen bien te hace que no rindas bien. No sólo tenemos que ver bien, sino que tenemos que procesar bien lo que vemos, y nuestro sistema visual tiene que ser capaz de responder y rendir de la manera más óptima en todas las situaciones en las que nos encontremos. Un optometrista especializado en Terapia Visual puede reeducar el sistema visual para que vuelva a tener unas buenas bases visuales o para instaurarlas desde el principio en el caso de no haberlas tenido antes (estrabismos, ojos vagos, reflejos no inhibidos,…). Puede enseñar al paciente a usar su visión de la forma más óptima para conseguir la mayor calidad y rendimiento en sus tareas visuales cotidianas.
 
Actualmente, en España el Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas (CNOO) y en EEUU el COVD (College of Optometrists in Vision Development) estiman que:- el 25% de los niños en edad escolar, tiene problemas visuales sin diagnosticar, que pueden afectar a su capacidad de aprender; (CNOO) (COVD)- el 70% de niños que tienen problemas de aprendizaje en la lectura tiene algún tipo de problema visual (COVD);- y alrededor el 30% del fracaso escolar está relacionado con anomalías visuales (CNOO).
 
* Consultar el listado de PROFESIONALES DE LA OPTOMETRÍA  en SIODEC

 

 
 

MUDEZ SELECTIVA: ¡EL SILENCIO NO ESCOGIDO!

Mudez selectivaEste artículo está basado en la información contenida en el libro «Reflejos, aprendizaje y comportamiento» de Sally Goddard.

El término «mudez selectiva» que antes se denominaba «mudez optativa» supone un rechazo voluntario a hablar en ciertas circunstancias o entornos. DSM IV (1995) da la siguiente descripción:

«El rasgo esencial de la mudez selectiva es el fracaso persistente a hablar en situaciones sociales específicas (ej. En la escuela con los compañeros) donde se espera la comunicación oral; mientras en otras situaciones se habla…
Otros rasgos asociados pueden incluir: timidez excesiva, miedo al ridículo social, aislamiento y reclusión social, poca independencia, rasgos compulsivos, rabietas u otros comportamientos de control o de oposición, especialmente en casa.»
 
Sally Goddard pone como ejemplo este caso:
 
«Carolina quería hablar mucho, pero le parecía una tarea imposible. «¿Crees que algún día hablará? Era la pregunta que les hacían con frecuencia a su madre y sus profesores, a lo que respondían «No hay ninguna razón por la que no lo haga. Tiene todo lo necesario. Cuando era pequeña hablaba».
 
A algunas personas les parecía difícil de creer. Creían que sus padres se deberían estar engañando y que la niña nunca había hablado. Pero sí que había hablado. Ella podía recordar exactamente las veces que le había dicho cosas a su mamá. «¡Mira la luna!» dijo un día, asombrada por la repentina belleza de ésta en el cielo diurno. Entonces tendría unos 6 años, perdida en su miseria, pero todavía respondía a la belleza que venía desprevenidamente de los cielos. Se podía acordar de otros momentos en los que había intentado decir cosas, pero se había sentido atrapada en la red negra de su infelicidad, incapaz de soltar una palabra. Es muy difícil de explicar cómo su miedo retenía sus cuerdas vocales. Era como si unas manos invisibles estuvieran presionando sobre la garganta estrangulándola hasta dejarla sin vida. Un lugar tan pequeño para que pasara el aire y tan poco sitio para que la fuerza misteriosa de la vida pudiera existir. Esta parte de su cuerpo parecía tan vulnerable, tan expuesta, que debería ser protegida a toda costa, incluso al precio del silencio. Parecía que estaba salvando aire para el mismísimo proceso de vida. No había aire que sobrara para el habla eventual, así pues el habla tenía que desaparecer. Nadie se daba cuenta de que este era uno de los miedos detrás del silencio, esta sensación de respiración oprimida que parecía asfixiarla y amenazaba con la extinción de la poca vida que le quedaba. Este era un sentimiento real cuando era una niña pequeña, pero no fue hasta que casi era mayor que encontró la soltura para describirlo. Lo mismo ocurrió con muchos otros sentimientos ahora que era mayor. Podía encontrar una manera de describir las cosas que le habían ocasionado grandes dudas y miedos en su pequeña mente. Ahora tenía las palabras para describir cómo había sido, por eso, sentía que era tan importante escribir un libro para explicarlo. Como su profesora le había dicho, estaba en posición de ayudar a otros. La experiencia real, hábilmente expresada, era más valiosa que una tonelada de suposiciones hechas por expertos bienintencionados. Lo más doloroso era la creencia común apoyada por los estudiantes de psiquiatría, si estaba muda no podías comprender. Pero, ¿cómo sabían que mucha gente silenciada no tenía la cabeza llena de un lenguaje expresivo maravilloso que no podían utilizar, simplemente porque nadie había encontrado la llave de su confianza?»
 

Goddard continúa en su texto dando una posible explicación de el porqué y el cómo ocurre el mutismo selectivo. Ella ha investigado en profundidad los reflejos primitivos y los efectos de éstos cuando no han madurado y no se han integrado de forma adecuada a lo largo del desarrollo del niño. Relaciona el mutismo selectivo con la presencia de dos reflejos concretamente.

El hecho de que dos de estos reflejos primitivos se mantengan activos después de los primeros meses de vida (el reflejo de parálisis por miedo (RPM) y el reflejo de Moro) pueden hacer que la persona tendrá un umbral de miedo y de estrés muy bajo. Ésta sería una persona hipersensible a nivel de los sentidos, especialmente en el tacto y la audición, pero también podría ser en lo visual, el olfato o y posiblemente también el gusto.
 
Muchas personas compensan y sobrellevan estas hipersensibilidades en muchas situaciones, pero esto será siempre a costa de que las respuestas que deberían ser reflejas e instintivas se hagan de forma absolutamente consciente (generadas desde el córtex), lo cual produce un gran cansancio.
 
En situaciones en las cuales la persona se sienta más segura y confiada el control consciente superará las dificultades y las respuestas y reacciones serán racionales y efectivas.
 
Sin embargo, en las situaciones en las cuales exista mayor inseguridad y se active el reflejo de Moro, habrá una respuesta instintiva (no racional) y exagerada. En los momentos en los que los reflejos de miedo paralizador o de retirada sean protagonistas, a la persona le resultará imposible responder. Así explica Goddard cómo la mudez optativa/selectiva puede ser el resultado de esto último.
 
 

«REFLEJOS PRIMITIVOS NO INTEGRADOS»

NIÑOS INATENTOS

Niño inatento

Los niños inatentos no son los mismos que tienen déficit de atención con o sin hiperactividad. Y son muchos más.

Dentro del Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA-H) existen tres subtipos que se diferencian por los síntomas más característicos de cada uno de ellos:

– El trastorno por déficit de atención con hiperactividad de tipo combinado, en éste grupo están los niños que muestran ambos síntomas de forma clara, tanto los problemas de atención como el excesivo movimiento.
– El trastorno por déficit de atención con hiperactividad con predominio del déficit de atención.
– El trastorno por déficit de atención con hiperactividad con predominio hiperactivo-impulsivo.
Con esta clasificación se sigue funcionando para poder dar un diagnóstico y un tratamiento adecuados a los niños que sufren de TDA-H. Sin embargo, hace ya algún tiempo que tanto padres como profesionales, creen en la necesidad de cambiar los términos para dar cabida a niños que no encajan en ninguno de los subtipos acordados para el TDA-H.

Son niños que no se mueven en exceso, muchas veces se trata de todo lo contrario, pues son poco activos y lentos. Pueden pasarse largos ratos sentados tranquilamente realizando sus actividades favoritas y no tienen problemas para terminar algunas de sus tareas. No son impulsivos, pero sí despistados y distraídos. En general todo lo hacen con lentitud, incluso el responder en clase.

Son mejor aceptados por sus iguales que los niños típicamente hiperactivos pues no son conflictivos normalmente. Pueden, sin embargo también mostrar dificultades a la hora de relacionarse y hacer amigos. Muestran torpeza en su autonomía y retrasos en el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas por lo que pueden llegar a sufrir fracaso escolar.

La diferencia de estos niños inatentos con los niños hiperactivos con predominio de déficit de atención está en sus problemas atencionales principalmente. Los niños con TDA-H tienen dificultades para sostener su atención, pueden centrarla pero no pueden mantenerla durante el tiempo necesario para poder realizar sus tareas escolares con éxito.

Esto se une a su impulsividad, a su movimiento descontrolado y a su carácter normalmente conflictivo. Los niños inatentos pueden mantener su atención durante largos períodos de tiempo, lo cual es favorecido por su falta de impulsividad y movimiento, pues como se ha dicho, son lentos y poco activos. Su problema atencional no se refiere a la cantidad de su atención (en cuanto al tiempo que pueden mantenerla), sino a la calidad de la misma. Lo que les impide rendir óptimamente en la escuela es su incapacidad de focalizar su atención, de poder ver los detalles importantes y dejar de lado los supérfluos.

Son niños que se les ve a menudo absortos y distraídos, o apáticos y poco interesados. Tardan más que sus compañeros en comprender las explicaciones de los profesores y les cuesta organizar su atención de modo que puedan saber qué pasos han de dar para realizar sus tareas con eficacia.

El hecho que primero llamó la atención sobre la diferencia entre niños inatentos y niños con TDA-H, fue su diferente respuesta a la medicación que habitualmente se administra a los niños con este trastorno. Los niños hiperactivos se calman y consiguen mantener su atención con psicoestimulantes (metilfenidato).

Los niños inatentos, sin embargo, no mejoran con este tipo de fármacos. Aún no existen suficientes estudios para saber con certeza si el nuevo medicamento recetado a niños con TDA-H (atomoxetina) y que, en lugar de ser un psicoestimulante es un antidepresivo, resulta efectivo en los niños inatentos.

Por estas razones, el único tratamiento oficialmente aceptado como beneficioso en niños inatentos es el trabajo cognitivo realizado por psicopedagogos que entrenan al niño para trabajar con su atención de forma más efectiva.

El TDA-H es un trastorno 3 ó 4 veces más común en niños que en niñas. Pero esto no parece ser así en el caso de los inatentos, donde se ven muchas más niñas que en el grupo de los hiperactivos. Todavía no existen datos suficientes para conocer los porcentajes de niñas inatentas con respecto a los niños.

Lo que sí que es un dato a tener en cuenta es el porcentaje de niños inatentos que se estima existen entre la población infantil. Los hiperactivos representan un 3% de nuestros niños. ¡Los niños inatentos un 13%!. Esto supone que si hay posibilidades de tener uno o ningún hiperactivo en cada aula de 25 niños, es posible llegar a contar con 2 ó 3 niños inatentos por aula…

Una proporción realmente alarmante y que los educadores no debemos olvidar…

PLASTICIDAD NEURONAL, LA IMPORTANCIA DE LA ATENCIÓN TEMPRANA

Plasticidad neuronal

El artículo que publico a continuación forma parte de la REVISTA DE NEUROLOGÍA de 2004. Me interesa pues demuestra científicamente y desde el punto de vista de la neurología más concretamente, la importancia vital de la atención temprana (entendida como estimulación intensiva de niños con problemas de desarrollo, no debemos confundirla con la estimulación temprana de niños sanos).
 
Los métodos de desarrollo cerebral como Doman o Filadelfia, Padovan, la Integración Sensorial, la reeducación auditiva de los métodos Berard y Tomatis, la reeducación ocular por optometristas comportamentales, o la TMR (terapia de movimiento rítmico), buscan estimular el cerebro a través de diferentes ejercicios motores, vestibulares, de estimulación táctil o auditiva para hacer que el sistema nervioso madure y se acerque así, en niños con dificultades, a lo que sería su estado de madurez ideal acorde a la edad del niño. Buscan paliar lesiones y salvar retrasos…
 
Ninguna de estas terapias está aceptada hoy por la medicina, ni está científicamente avalada. Existe además un gran descrédito hacia las mismas por parte de los profesionales de la medicina. Pero leyendo este artículo, del cual publico solamente la introducción, vemos que todas estas terapias alternativas o «pseudocientíficas» como se tiende a denominarlas, buscan exactamente lo mismo que la atención temprana, y que los métodos utilizados para lograr los mismos objetivos son parecidos o similares…
 
Entonces yo me pregunto: ¿por qué tanta discusión sobre el método a utilizar? ¿Por qué tanto descrédito y tanta crítica de unos hacia otros? ¿Hasta cuando van a seguir confundiendo a los padres desaconsejando terapias que pueden ser beneficiosas? ¿Cómo puede alguien desaconsejar algo que no conoce siquiera? ¿Hasta cuándo seguirán siendo terapias desconocidas y no aceptadas?
 
Sólo quien conoce algo puede hablar de ello… Y yo dejo paso a los neurólogos para que os hablen de la plasticidad neuronal y de la función de la atención temprana en la madurez del sistema nervioso y de cómo así pueden evitarse muchos problemas futuros en los niños con necesidades especiales en su desarrollo. Espero os parezca interesante…
 
 
INTRODUCCIÓN: ENTENDIENDO LA ATENCIÓN
PRECOZ EN NIÑOS CON NECESIDADES ESPECIALES
 

La atención temprana es un término general que describe los programas de intervención terapéutica y educativa, a distintos niveles, dirigidos a niños de 0 a 6 años con problemas en su desarrollo, sus familias y entorno, destinados a prevenir o minimizar las posibles alteraciones o deficiencias ya existentes.

Surge en sus orígenes de la evidencia de que, a través de la generación de un ambiente rico en estímulos de diverso tipo, podemos intervenir positivamente en la adquisición de funciones o capacidades que se han visto mermadas por problemas acaecidos a lo largo del desarrollo o en problemas surgidos a lo largo de la maduración de las mismas.

Desde la neurología, el Dr. Katona (Instituto Pediátrico de Budapest) fundamenta lo que denomina ‘neurohabilitación’ o ‘rehabilitación temprana’ en la plasticidad del cerebro en los primeros meses de vida, en base a la activación y aprovechamiento funcional de todas las estructuras del sistema nervioso central (SNC), que conserven su funcionalidad normal e incluso de aquellas que presentan funciones incompletas en relación con el daño cerebral.

Los estímulos a utilizar (input) son diversos, y en la generación de las respuestas (output) se consigue establecer o reforzar circuitos neuronales que facilitan la adquisición de funciones cerebrales dificultadas por diversas lesiones o problemas. Las lesiones tempranas de las estructuras nerviosas o la privación de la estimulación sensorial procedente del ambiente pueden afectar la maduración neuropsicológica, por lo que aprovechar la plasticidad neuronal en estadios precoces es decisivo para optimizar el desarrollo posterior.

Así, la eficacia de los programas de atención temprana se basa, por una parte, en la precocidad de la intervención, y por otra, en la consecución de un diagnóstico precoz de los problemas o patologías que van a derivar en patología de neurodesarrollo posterior, y cuya presencia define las poblaciones de riesgo subsidiarias de aplicación de programas de atención temprana.

El diagnóstico precoz permite iniciar un trabajo de forma temprana y por tanto más eficaz, puesto que la capacidad de asimilar e integrar nuevas experiencias es mucho mayor en etapas precoces del desarrollo, gracias a la posibilidad de aumentar las interconexiones neuronales, en respuesta a ambientes enriquecidos con estímulos debidamente programados.

Por ello, la aplicación de los programas de trabajo con el niño de riesgo no es arbitraria, sino que cumple dos condiciones: es sistemática, en cuanto a la adecuación del programa a su edad de desarrollo y a las expectativas reales que determinemos para cada niño en particular, y es secuencial, puesto que cada etapa superada es punto de apoyo necesario para iniciar la siguiente.

Los mecanismos por los cuales la intervención temprana ejerce su efecto, y las orientaciones teóricas que sustentan su aplicación práctica, han venido clarificándose a través de las neurociencias y son recogidas por lo que se denomina ‘neurología evolutiva’.

Su comprensión pasa por conocer la anatomía funcional del cerebro, su organización, la relación entre las diversas áreas y niveles, y la naturaleza intrínseca de las respuestas generadas y cómo éstas, siguiendo un programa de trabajo y estimulación secuencial, son capaces de establecer cambios estables en la organización cerebral que permiten la adquisición de funciones no desarrolladas o la maduración de las mismas.

En los últimos años, las líneas experimentales de las neurociencias, tanto en animales como en humanos, se han encaminado a desvelar los mecanismos por los cuales el cerebro se va construyendo en un continuo en el tiempo, acomodándose a las diferentes etapas de desarrollo, permitiendo el aprendizaje y la recuperación funcional tras lesiones de distinta naturaleza.

El análisis de todos estos mecanismos de neuroplasticidad y restauración funcional como base neurobiológica que apoya y justifica la intervención temprana, constituye el objetivo del presente tema. Se ha demostrado ampliamente la eficacia de la intervención temprana en niños con necesidades especiales en diversos ámbitos: motor, lingüístico, cognitivo, sensorial…

En general, y básicamente, los mecanismos responsables de los fenómenos plásticos para las diferentes funciones y en las distintas áreas del córtex motor, somestésico y las redes relacionadas con la cognición y el lenguaje, son los mismos. Sin embargo, existen investigaciones al respecto que inducen a pensar que el fenómeno de plasticidad neuronal y reorganización funcional es mucho más complejo y muestra particularidades según el área y función interesada.

Para más información: «Plasticidad cerebral en el niño»

SOBREESTIMULACIÓN… ¿EXISTE REALMENTE?

Sobre-estimulación

¿Existe la sobreestimulación?

Es ésta una pregunta que se hacen frecuentemente los padres cuando se acercan al mundo de la estimulación temprana.
Se convierte en una afirmación por parte de algunos profesionales de la medicina y la educación que creen encontrar en esta sobreestimulación la supuesta causa de ciertos problemas de desarrollo.
Es en definitiva uno de los grandes “mitos” que giran entorno a la estimulación temprana y que se deben esencialmente al desconocimiento del término “estimulación temprana”, al desconocimiento de cómo se lleva ésta a cabo y en qué consiste realmente, y al desconocimiento de los objetivos que se buscan en su aplicación.

Por “estimulación temprana” se entienden todas las actividades y juegos que realizamos con los niños menores de seis años y que favorecen su desarrollo en el momento más adecuado para el mismo.

Estas actividades se realizan de manera atractiva y lúdica, son variadas, cortas y rápidas, y se repiten un número mínimo de veces.

Sus objetivos son varios: la creación de circuitos y conexiones neuronales nuevas, y mantener las ya existentes para que no se pierdan por el desuso. Con ello se persigue alcanzar el máximo desarrollo en el potencial innato del niño.

En este desarrollo se pretende que el niño crezca seguro de sí mismo y confiando en sus capacidades, que experimente con su cuerpo y aprenda a través del mismo, que mantenga la curiosidad por todo lo que le rodea, que inicie su interés por un amplio abanico de temas y que tenga su primer contacto con cosas y experiencias que normalmente no le ofrece su entorno inmediato.

Si “estimular” significa dar al niño estímulos, esto es algo que hacemos los padres a diario y hemos hecho toda la vida: abrazándoles, bañándoles, contándoles cuentos, llevándoles al parque… En este sentido también los estimulamos cuando los llevamos a un centro comercial atestado de gente, o a los bares llenos de humo y con música ensordecedora, o si les hacemos trasnochar porque nos conviene por nuestros compromisos sociales…

Evidentemente, estos últimos ejemplos nada tienen que ver con la “estimulación temprana”.

La estimulación temprana se parece mucho a la que ofrecen los padres de forma natural a sus hijos cuando disfrutan con ellos, sólo que es una estimulación estructurada con el fin de ser lo más adecuada posible, para que tenga los efectos buscados, para que se adapte al momento evolutivo del niño y le regale experiencias nuevas y diferentes a las que vive en su hogar.

La estimulación temprana debe ser siempre algo que se disfruta. Cualquier actividad que agobie al niño, que lo canse, que lo ponga nervioso o irritable no es “estimulación temprana”… podría calificarse como excitación, obligación, estrés o incluso tortura… pero no “estimulación temprana”.

La estimulación se puede hacer “mal”, pero no se puede sobreestimular desde los programas de estimulación temprana. Si ésta no se realiza de manera adecuada el niño se aburrirá, con lo cual no nos prestará atención… quizá se agobie y llore… protestará o simplemente se pondrá a hacer otra cosa… Entonces no habría estimulación pues no tendría ningún efecto sobre el niño.

Nuestra actitud como padres o educadores puede afectar negativamente al niño. Si nos obsesionamos con que el niño realice algo para lo cual no está preparado, por ejemplo.

Debemos tener en cuenta que hablamos de estimulación “temprana” porque se lleva a cabo a edades tempranas, y que ya se abandonó el término “precoz” porque sugería la errónea idea de que se perseguía crear “genios” de niños que cumpliesen las etapas de su desarrollo “antes” de tiempo. Por el contrario, la estimulación temprana exige el conocimiento de la evolución del niño y el respeto absoluto por cada etapa de su desarrollo.

Cuando se aplica la estimulación a un niño con problemas o retrasos en su desarrollo, ésta debería dejar de denominarse “estimulación temprana”, la cual está más enfocada al desarrollo del potencial en el niño sin problemas. Cuando estos existen, el niño precisará de una estimulación mucho más intensiva y continuada, diseñada exclusivamente para su caso particular por un especialista, con un enfoque terapéutico.

No se debe confundir ambos términos: la “estimulación temprana” de niños sanos y los “programas de reorganización neurofuncional” en niños con dificultades. En estos casos, al contemplarse la estimulación como una terapia, la aplicación de la misma implica una obligación en la realización de ejercicios que pueden resultar difíciles para el niño o sus padres, y una insistencia en el intento de lograr determinados objetivos en el desarrollo de los pequeños. Pero esto no es así en la “estimulación temprana”.

Muchas veces oímos decir de un niño: “es muy nervioso, no necesita más estimulación”. Estos niños crean en sus padres y educadores miedo a la sobreestimulación. Pero de nuevo se están confundiendo los términos “estimulación” y “excitación”. Precisamente a este tipo de niños les sería muy beneficioso un programa de estimulación diseñado para lograr que se tranquilizasen y dejaran de ser tan excitables.

En la “estimulación temprana”, insisto: no se le obliga al niño a hacer ninguna actividad para la cual no esté preparado o capacitado, ni siquiera para la cual no esté dispuesto… Si cualquiera de las actividades que se realizan habitualmente excitan a un niño poniéndole nervioso, debería replantearse la realización de dicha actividad y la adaptación de un programa de estimulación individualizado, enfocado a solucionar los problemas de nerviosismo en el niño.

Es lógico pensar que lo que deben hacer los niños menores de seis años es jugar, una de las razones que esgrimen los que temen la sobreestimulación. Y, en principio, tienen toda la razón. Pero de nuevo sus temores se basan en un concepto erróneo y un desconocimiento total de lo que es la estimulación temprana. El niño de educación infantil disfruta con todo lo que le propongamos de forma atractiva, cualquier cosa que le divierta la considera un juego, para él aprender es el mayor juego de todos… Aprende mientras juega y debemos conseguir que juegue mientras aprenda. Es la mejor manera de lograr ese aprendizaje. La estimulación temprana no va a quitarle nunca de jugar, “estimulación temprana” y juego deben ser una misma cosa.

Dicho todo lo anterior y viendo que lo que hacemos en la estimulación temprana es enseñar imágenes grandes y en color, hablarles de animales de todo tipo, ponerles música clásica con la que seguimos ritmos y nos divertimos, contarles cuentos en un segundo idioma, cantar canciones, jugar con cantidades de objetos mientras les familiarizamos con los términos básicos de la matemática, enseñarles carteles de palabras escritas, gatear, correr, saltar… entre otras muchas cosas… la respuesta a la pregunta de si existe la sobreestimulación es: no.

Al menos no en la “estimulación temprana”.

«ESTIMULAR A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS»

MÉTODO GYMBOREE DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA

Método Gymboree de Estimulación Temprana

Gymboree es un método de Estimulación Temprana con más de 30 años de existencia y 500 centros diseminados por todo el mundo. En España hay uno en Madrid.
 
Todos los métodos de estimulación temprana se basan en los mismos principios y tienen más o menos los mismos objetivos, pero la técnica y los materiales varían de unos a otros.
 
Este método difiere en muchos aspectos al que utilizamos los que nos acercamos más al método de los Institutos para el Desarrollo del Potencial Humano de Filadelfia, creado por Glenn Doman y sus colaboradores, pero está claro que debe resultar de lo más divertido tanto para los niños como para sus padres.
 
«GYMBOREE propone tiempo de calidad entre padres e hijos, intenta enseñar a los adultos a ser los mejores profesores de sus hijos. Ofrece a los pequeños un aprendizaje individualizado y libre, sin competitividad alguna. En un entorno muy divertido, bebés y niños evolucionan sintiéndose seguros y muy estimulados.»
 
Tenéis más información en la página oficial de GYMBOREE

 

«MÁSTER PARA BEBÉS (O CÓMO CONSEGUIR QUE SU NIÑO SEA MÁS LISTO)»

EL DÉFICIT DE ATENCIÓN Y LA TELEVISIÓN

El déficit de atención y la televisión

Quien se mueva por la red entre artículos sobre el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H), se encontrará desde hace unos pocos meses, y de forma reiterada y repetida, con el siguiente titular: Vinculan el déficit de atención con ver mucho la TV de niños.
 

Creo que para la mayoría de quienes nos relacionamos con un TDA-H hay una cosa clara: existe realmente esa vinculación entre el déficit de atención y la TV. Y para llegar a esta conclusión no nos hace falta ningún estudio científico, nos basta con observar a nuestros pequeños TDA-Hs en su comportamiento diario.

Mucha gente no sabe que los niños con problemas de atención ven mucho la televisión, y no sólo la ven, sino que se quedan «hipnotizados» delante de la pantalla hasta transformarse en «otro niño» completamente diferente al que vuelve ser en cuanto apagamos el televisor.

Por supuesto que no todos los niños son iguales, y en el TDA-H hay tantas variantes como los propios niños, por ello habrá niños desatentos a quienes no atraiga la televisión. Pero cuando hablo con madres de un potencial TDA-H temo el momento de la confirmación de mis sospechas cuando las oigo invariablemente decirme: «¿Mi hijo falta de atención? ¡Qué va! Cuando quiere ya presta atención, ya… delante de la tele ni pestañea, es capaz de mantener la atención durante horas.»
 

También lo vemos en el aula: los niños más movidos y a quienes cuesta más prestar atención en clase son los que se quedan mirando la televisión sin moverse del sitio…

Según la fuente REUTERS, el artículo publicado repetidamente en internet dice lo siguiente:
«Los que vieron más de dos horas y especialmente los que vieron más de tres horas de televisión diaria durante su infancia tenían síntomas de problemas de atención en la adolescencia por encima de la media», escribió en su informe Carl Landhuis, de la Universidad de Otago, en Dunedin.
Los niños que vieron mucha televisión tenían más probabilidades de continuar con el hábito cuando crecían, pero incluso si no lo hacían el daño ya estaba hecho, dijo el informe, publicado en Pediatrics.
La explicación sobre este vínculo podría tener varias explicaciones, según Landhuis.
La primera es que el cambio rápido de escenas común en muchos programas de TV podría sobre estimular el celebro en desarrollo de un niño, y podría hacer que la realidad resultara aburrida en comparación.
 

A mí personalmente hay algo que me cuesta comprender y es que a los niños la realidad les resulte «aburrida». Esta explicación del déficit de atención no me resulta en absoluto ni científica ni convincente. Estos niños tienen dificultades para centrar su atención en tareas que les apasionan, las cuales la mayoría de las veces derivan en pura frustración y se dejan inacabadas. Para ellos la realidad no es aburrida, es simplemente difícil de captar y de controlar porque no pueden organizarse ni controlarse ellos mismos.

En otro estudio hay una parte realmente interesante que no se publica en la mayoría de las noticias que he encontrado sobre el tema. Realizado por los doctores Christakis, Zimmerman, DiGiuseppe y McCarty conjuntamente con el Departamento de Pediatría de la Universidad de Washington, se titula «La Exposición a Temprana Edad a la Televisión y los Problemas de Atención en Niños». Cito textualmente:
El estudio concluye que «la exposición a temprana edad a la televisión se asoció a problemas subsecuentes de atención». Sin embargo, los autores hacen hincapié en que «no podemos hacer deducciones a partir de estas asociaciones.
Podría ser que los problemas de atención induzcan a ver televisión y no al revés».
 

Y es aquí a dónde quiero llegar… Realmente existe esta relación entre el TDA-H y la TV, pero, ¿qué fue primero? Por supuesto que los adolescentes con déficit de atención vieron mucho la televisión en su infancia. ¿Pero puede ser ésta una causa de su problema atencional? ¿Por qué un niño de dos años insiste en ver la TV y se relaja solamente delante de ella? ¿No será que estos adolescentes con TDA-H han sido siempre TDA-H y por eso veían mucho la TV de pequeños?

La exposición a escenas rápidas y sonidos cambiantes puede irritar a cualquiera y hacernos sentirnos nerviosos. Ver mucho la televisión tiene por supuesto efectos negativos en los niños en general. La sobreestimulación es siempre negativa porque agota el sistema nervioso… puede provocar hiperactividad o apatía…
 
Pero los niños TDA-H no integran los estímulos como los demás. Por eso se les medica con estimulantes, no con tranquilizantes. Sí, sí, has leído correctamente, y yo no me he equivocado: «a los niños con déficit de atención, sean hiperactivos o no, se les medica con estimulantes, no tranquilizantes». Los psicoestimulantes (también llamados «cocaína terapéutica» o «derivados de las anfetaminas») calman su sistema nervioso en lugar de alterarlo. Y la TV tiene el mismo efecto. Lo que a la mayoría de los niños les pone nerviosos (imágenes y sonidos rápidos y cambiantes) a ellos los calma y les ayuda a centrar su atención.
 
Todo debe darse en su justa medida. Tener a un niño, sea TDA-H o no, delante del televisor durante horas no es beneficioso, esto está claro. Pero intentar evitar que un niño, que necesita ver la TV para calmarse, la vea, es también un error. Estos niños necesitan sus momentos de calma y tranquilidad. También lo necesitan los que conviven con ellos. Erradicar la TV de la vida de un niño TDA-H puede dificultarla aún mucho más. Hablo desde la experiencia y necesitaba compartir mi opinión respecto a este tema.
 

El déficit de atención y la televisión

 

«LAS PANTALLAS EN EL DESARROLLO INFANTIL»