«LA OTRA CARA DE LA HIPERACTIVIDAD por Jorge Ferré Veciana y María del Mar Ferre Rodríguez»
HOMENAJE A JAVIER GARZA
El mundo del autismo se halla consternado ante la pérdida de un padre excepcional, un gran profesional y una guía y ayuda inestimable para muchos otros padres.
Javier Garza Fernández nos ha dejado, pero nos queda su legado en forma gráfica y audiovisual para seguir la cruzada que él se propuso en ayuda de todos los niños con autismo y sus familias.
A continuación me gustaría incluir parte de este legado , pero sobre todo un texto de Javier que me emocionó mucho y creo, sinceramente, que refleja su amor y admiración incondicional por Javiercito, «el motor» de su vida…

ESTE PENSAMIENTO LO ESCRIBÍ HACE MUCHO TIEMPO, PERO PARA MÍ SIGUE TENIENDO VIGENCIA:
«Manual para Padres de Niños Autistas» por Javier Gaza
Blog en su memoria: RECORDANDOAJAVIER (quien quiera dejarle un mensaje en el blog que me lo envíe en un correo privado).
MANIPULAR EL CEREBRO con la estimulación magnética transcraneal
En este documental, Eduardo Punset conversa con Álvaro Pascual-Leone, neurólogo del Harvard Medical School, sobre el funcionamiento de la estimulación magnética transcraneal.
Ya publiqué una entrada sobre esta nueva técnica que pretende incidir en el funcionamiento de nuestro cerebro y por tanto en nuestro comportamiento. Podéis leerlo AQUÍ.
En este vídeo vemos una demostración directa de cómo funciona esta estimulación magnética, pues Eduardo Punset se ofrece voluntario para la prueba. Él resalta el miedo que pasa durante la misma, a mí sigue quedándome esta sensación también cuando pienso en ello.
Los expertos afirman que se trata de una técnica «no invasiva» porque no requiere de cirugía, pero aún así, la idea de estimular el cerebro directamente mediante descargas electromagnéticas impresiona bastante. Como ya decía en mi anterior entrada, supongo que el miedo pueda ser debido al desconocimiento sobre esta técnica, quisiera pensar que las descargas son suaves y no podrán actuar dañando el cerebro en lugar de ayudarlo a funcionar mejor…
Existe una gran esperanza, como es lógico, en este nuevo método para la curación de muchos síndromes como el déficit de atención con hiperactividad o el autismo.
Yo sigo opinando que deberían dedicarse más tiempo y recursos a la investigación de medios naturales de estimulación cerebral a través de estímulos sensoriales y el movimiento, que aunque se trate de medios más costosos en tiempo y esfuerzo, parecen mucho más inocuos en cuanto a posibles riesgos en su práctica.
Con el tiempo sabremos de los verdaderos resultados de esta nueva técnica de estimulación magnética transcraneal. Esperemos que se convierta en la revolucionaria técnica que, en el futuro, acabará con las enfermedades mentales, los problemas de conducta y con los límites de nuestra inteligencia tal como explica este documental.
BIBLIOGRAFÍA DE ESTIMULACIÓN TEMPRANA

Son dos los libros básicos que recomendaría a todo aquel interesado en la estimulación temprana.

CÓMO MULTIPLICAR LA INTELIGENCIA DE SU BEBÉ
GLENN DOMAN
Editado por EDAF

HIJOS MEJORES. GUÍA PARA UN EDUCACIÓN INTELIGENTE
DR. FRANCISCO KOVACS
Editado por Martínez Roca
Otras publicaciones de gran interés son las siguientes:

VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado por Biblioteca Nueva

VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado pro Edelvives

LEER BIEN, AL ALCANCE DE TODOS
VÍCTOR ESTALAYO Y ROSARIO VEGA
Editado por Biblioteca Nueva

QUÉ HACER POR SU NIÑO CON LESIÓN CEREBRAL.

SÍ, SU BEBÉ ES UN GENIO
Editado por EDAF
«Estimulación Temprana. Actividades, materiales y consejos prácticos para llevarla a cabo»
EMT. ESTIMULACIÓN MAGNÉTICA TRANSCRANEAL

Cito textualmente una noticia sobre este tema en DiarioMédico.com:
La estimulación magnética transcraneal se suma a las herramientas terapéuticas de importantes enfermedades neuropediátricas como el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, el autismo y la epilepsia.
La aplicación de la estimulación magnética transcraneal (EMT), que ya ha dado buenos resultados en trastornos psiquiátricos, síndromes de dolor y rehabilitación, también puede consolidarse en el tratamiento de enfermedades neuropediátricas, aunque los estudios aún están en fases más o menos iniciales.
Álvaro Pascual Leone, catedrático de la Universidad de Harvard, en Boston, ha destacado que la EMT, una técnica de estimulación cerebral no invasiva, «emplea la inducción de electricidad para cambiar y modular la forma de funcionar de áreas o redes neuronales del cerebro».
Con ella se puede aumentar las áreas que tienen baja actividad, como ocurre en algunas de los niños autistas, que presentan dificultades en el desarrollo del lenguaje o en los niños con trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y con dificultad para el aprendizaje; pero también se puede emplear para reducir la actividad en aquellas células y neuronas cuando están sobreactivadas, como ocurre en los focos de epilepsia. En su opinión, el reto desde el punto de vista clínico «no es activar la capacidad de cambio del cerebro, sino guiarlo para que los cambios que se produzcan sean en beneficio del paciente. A diferencia de lo que ocurre con los fármacos, el EMT es un tratamiento muy dirigido, ya que la técnica se guía a través de un neuronavegador de alta precisión».
Pascual Leone ha asegurado que la EMT, que no requiere hospitalización, es aplicable siempre que «seamos capaces de detectar e identificar los circuitos cerebrales alterados. Dependiendo de la patología, son necesarias entre 10 y 20 sesiones de EMT, de 20-30 minutos de duración cada una».
En ocasiones, también se realizan sesiones de mantenimiento.
Además, ha señado que la técnica es segura «siempre y cuando se realice correctamente y se confirmen el punto y los patrones de estimulación».
Sin duda alguna, todos los avances de la medicina encaminados a paliar los trastornos neuropediátricos son una muy buena noticia. Hemos de celebrar que se inviertan medios y esfuerzo humano y tecnológico en buscar soluciones a estos problemas.
Es lógico que se busque estimular el cerebro puesto que estas patologías se hayan precisamente ahí.
Pero no puedo evitar la siguiente reflexión: ¿acaso no es esto lo que llevan décadas realizando los especialistas en terapias de estimulación y reorganización cerebral tales como Doman, Padovan, la Integración Sensorial, la TMR o incluso la reeducación auditiva de Berard y Tomatis y la reeducación optométrica?
Estas terapias estimulan determinadas zonas cerebrales que controlan e inciden en la atención, las emociones, los movimientos, la respuesta ocular o el procesamiento de la información auditiva entre otras funciones…
El doctor Pascual Leone define la EMT como una técnica de estimulación cerebral “no invasiva”. No tengo razones ni conocimientos suficientes para dudar de sus palabras, pero la idea de realizar descargas mangnéticas a través del cráneo del niño me parece bastante más invasivo que la realización de cualquiera de las terapias que he mencionado anteriormente. Reconozco que este “miedo” que me da solo de pensarlo se deba seguramente a mi desconocimiento sobre la técnica y de sus posibles efectos secundarios y no deseados. Nadie habla de éstos, por cierto… ¿Será que no existen? Quisiera pensar que es así…
Me alegro sinceramente de que se esté investigando en esta línea y se aporte esta nueva esperanza a padres de niños con TDA-H, autismo, epilepsia, etc… Lo que no acabo de comprender es la razón por la cual el sistema sanitario invierte tanto en técnicas que proyectan directamente descargas en el cerebro de nuestros hijos o en suministrarles drogas potentes… y sin embargo no invierte ni estudia la eficacia de terapias inocuas que también estimulan el cerebro y están resultando beneficiosas a tantos niños desde hace tantos años.
A la vista de la información que tenemos, hay varias maneras de estimular las zonas cerebrales inmaduras en nuestros hijos que provocan muchos de sus problemas: una de ellas es la forma en la que la naturaleza estimula y desarrolla el cerebro, esto es por medio del movimiento, de los sonidos, del tacto, etc… La otra manera es a través de la “inducción de electricidad” con la EMT… Posiblemente esta última opción sea más efectiva que la primera, ojalá… y ojalá lo podamos comprobar pronto. Pero yo francamente, como madre, de momento me quedo con la primera opción…
Puedes ver este vídeo del programa de Redes sobre esta técnica: MANIPULAR EL CEREBRO CON LA ESTIMULACIÓN MAGNÉTICA TRANSCRANEAL
OPTOMETRÍA COMPORTAMENTAL Y LA TERAPIA VISUAL
MUDEZ SELECTIVA: ¡EL SILENCIO NO ESCOGIDO!
Este artículo está basado en la información contenida en el libro «Reflejos, aprendizaje y comportamiento» de Sally Goddard.
El término «mudez selectiva» que antes se denominaba «mudez optativa» supone un rechazo voluntario a hablar en ciertas circunstancias o entornos. DSM IV (1995) da la siguiente descripción:
Otros rasgos asociados pueden incluir: timidez excesiva, miedo al ridículo social, aislamiento y reclusión social, poca independencia, rasgos compulsivos, rabietas u otros comportamientos de control o de oposición, especialmente en casa.»
Goddard continúa en su texto dando una posible explicación de el porqué y el cómo ocurre el mutismo selectivo. Ella ha investigado en profundidad los reflejos primitivos y los efectos de éstos cuando no han madurado y no se han integrado de forma adecuada a lo largo del desarrollo del niño. Relaciona el mutismo selectivo con la presencia de dos reflejos concretamente.
NIÑOS INATENTOS
Los niños inatentos no son los mismos que tienen déficit de atención con o sin hiperactividad. Y son muchos más.
Dentro del Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA-H) existen tres subtipos que se diferencian por los síntomas más característicos de cada uno de ellos:
Son niños que no se mueven en exceso, muchas veces se trata de todo lo contrario, pues son poco activos y lentos. Pueden pasarse largos ratos sentados tranquilamente realizando sus actividades favoritas y no tienen problemas para terminar algunas de sus tareas. No son impulsivos, pero sí despistados y distraídos. En general todo lo hacen con lentitud, incluso el responder en clase.
Son mejor aceptados por sus iguales que los niños típicamente hiperactivos pues no son conflictivos normalmente. Pueden, sin embargo también mostrar dificultades a la hora de relacionarse y hacer amigos. Muestran torpeza en su autonomía y retrasos en el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas por lo que pueden llegar a sufrir fracaso escolar.
La diferencia de estos niños inatentos con los niños hiperactivos con predominio de déficit de atención está en sus problemas atencionales principalmente. Los niños con TDA-H tienen dificultades para sostener su atención, pueden centrarla pero no pueden mantenerla durante el tiempo necesario para poder realizar sus tareas escolares con éxito.
Esto se une a su impulsividad, a su movimiento descontrolado y a su carácter normalmente conflictivo. Los niños inatentos pueden mantener su atención durante largos períodos de tiempo, lo cual es favorecido por su falta de impulsividad y movimiento, pues como se ha dicho, son lentos y poco activos. Su problema atencional no se refiere a la cantidad de su atención (en cuanto al tiempo que pueden mantenerla), sino a la calidad de la misma. Lo que les impide rendir óptimamente en la escuela es su incapacidad de focalizar su atención, de poder ver los detalles importantes y dejar de lado los supérfluos.
Son niños que se les ve a menudo absortos y distraídos, o apáticos y poco interesados. Tardan más que sus compañeros en comprender las explicaciones de los profesores y les cuesta organizar su atención de modo que puedan saber qué pasos han de dar para realizar sus tareas con eficacia.
El hecho que primero llamó la atención sobre la diferencia entre niños inatentos y niños con TDA-H, fue su diferente respuesta a la medicación que habitualmente se administra a los niños con este trastorno. Los niños hiperactivos se calman y consiguen mantener su atención con psicoestimulantes (metilfenidato).
Los niños inatentos, sin embargo, no mejoran con este tipo de fármacos. Aún no existen suficientes estudios para saber con certeza si el nuevo medicamento recetado a niños con TDA-H (atomoxetina) y que, en lugar de ser un psicoestimulante es un antidepresivo, resulta efectivo en los niños inatentos.
Por estas razones, el único tratamiento oficialmente aceptado como beneficioso en niños inatentos es el trabajo cognitivo realizado por psicopedagogos que entrenan al niño para trabajar con su atención de forma más efectiva.
El TDA-H es un trastorno 3 ó 4 veces más común en niños que en niñas. Pero esto no parece ser así en el caso de los inatentos, donde se ven muchas más niñas que en el grupo de los hiperactivos. Todavía no existen datos suficientes para conocer los porcentajes de niñas inatentas con respecto a los niños.
Lo que sí que es un dato a tener en cuenta es el porcentaje de niños inatentos que se estima existen entre la población infantil. Los hiperactivos representan un 3% de nuestros niños. ¡Los niños inatentos un 13%!. Esto supone que si hay posibilidades de tener uno o ningún hiperactivo en cada aula de 25 niños, es posible llegar a contar con 2 ó 3 niños inatentos por aula…
Una proporción realmente alarmante y que los educadores no debemos olvidar…
PLASTICIDAD NEURONAL, LA IMPORTANCIA DE LA ATENCIÓN TEMPRANA
PRECOZ EN NIÑOS CON NECESIDADES ESPECIALES
La atención temprana es un término general que describe los programas de intervención terapéutica y educativa, a distintos niveles, dirigidos a niños de 0 a 6 años con problemas en su desarrollo, sus familias y entorno, destinados a prevenir o minimizar las posibles alteraciones o deficiencias ya existentes.
Surge en sus orígenes de la evidencia de que, a través de la generación de un ambiente rico en estímulos de diverso tipo, podemos intervenir positivamente en la adquisición de funciones o capacidades que se han visto mermadas por problemas acaecidos a lo largo del desarrollo o en problemas surgidos a lo largo de la maduración de las mismas.
Desde la neurología, el Dr. Katona (Instituto Pediátrico de Budapest) fundamenta lo que denomina ‘neurohabilitación’ o ‘rehabilitación temprana’ en la plasticidad del cerebro en los primeros meses de vida, en base a la activación y aprovechamiento funcional de todas las estructuras del sistema nervioso central (SNC), que conserven su funcionalidad normal e incluso de aquellas que presentan funciones incompletas en relación con el daño cerebral.
Los estímulos a utilizar (input) son diversos, y en la generación de las respuestas (output) se consigue establecer o reforzar circuitos neuronales que facilitan la adquisición de funciones cerebrales dificultadas por diversas lesiones o problemas. Las lesiones tempranas de las estructuras nerviosas o la privación de la estimulación sensorial procedente del ambiente pueden afectar la maduración neuropsicológica, por lo que aprovechar la plasticidad neuronal en estadios precoces es decisivo para optimizar el desarrollo posterior.
Así, la eficacia de los programas de atención temprana se basa, por una parte, en la precocidad de la intervención, y por otra, en la consecución de un diagnóstico precoz de los problemas o patologías que van a derivar en patología de neurodesarrollo posterior, y cuya presencia define las poblaciones de riesgo subsidiarias de aplicación de programas de atención temprana.
El diagnóstico precoz permite iniciar un trabajo de forma temprana y por tanto más eficaz, puesto que la capacidad de asimilar e integrar nuevas experiencias es mucho mayor en etapas precoces del desarrollo, gracias a la posibilidad de aumentar las interconexiones neuronales, en respuesta a ambientes enriquecidos con estímulos debidamente programados.
Por ello, la aplicación de los programas de trabajo con el niño de riesgo no es arbitraria, sino que cumple dos condiciones: es sistemática, en cuanto a la adecuación del programa a su edad de desarrollo y a las expectativas reales que determinemos para cada niño en particular, y es secuencial, puesto que cada etapa superada es punto de apoyo necesario para iniciar la siguiente.
Los mecanismos por los cuales la intervención temprana ejerce su efecto, y las orientaciones teóricas que sustentan su aplicación práctica, han venido clarificándose a través de las neurociencias y son recogidas por lo que se denomina ‘neurología evolutiva’.
Su comprensión pasa por conocer la anatomía funcional del cerebro, su organización, la relación entre las diversas áreas y niveles, y la naturaleza intrínseca de las respuestas generadas y cómo éstas, siguiendo un programa de trabajo y estimulación secuencial, son capaces de establecer cambios estables en la organización cerebral que permiten la adquisición de funciones no desarrolladas o la maduración de las mismas.
En los últimos años, las líneas experimentales de las neurociencias, tanto en animales como en humanos, se han encaminado a desvelar los mecanismos por los cuales el cerebro se va construyendo en un continuo en el tiempo, acomodándose a las diferentes etapas de desarrollo, permitiendo el aprendizaje y la recuperación funcional tras lesiones de distinta naturaleza.
El análisis de todos estos mecanismos de neuroplasticidad y restauración funcional como base neurobiológica que apoya y justifica la intervención temprana, constituye el objetivo del presente tema. Se ha demostrado ampliamente la eficacia de la intervención temprana en niños con necesidades especiales en diversos ámbitos: motor, lingüístico, cognitivo, sensorial…
En general, y básicamente, los mecanismos responsables de los fenómenos plásticos para las diferentes funciones y en las distintas áreas del córtex motor, somestésico y las redes relacionadas con la cognición y el lenguaje, son los mismos. Sin embargo, existen investigaciones al respecto que inducen a pensar que el fenómeno de plasticidad neuronal y reorganización funcional es mucho más complejo y muestra particularidades según el área y función interesada.
Para más información: «Plasticidad cerebral en el niño»
SOBREESTIMULACIÓN… ¿EXISTE REALMENTE?

¿Existe la sobreestimulación?
Por “estimulación temprana” se entienden todas las actividades y juegos que realizamos con los niños menores de seis años y que favorecen su desarrollo en el momento más adecuado para el mismo.
Estas actividades se realizan de manera atractiva y lúdica, son variadas, cortas y rápidas, y se repiten un número mínimo de veces.
Sus objetivos son varios: la creación de circuitos y conexiones neuronales nuevas, y mantener las ya existentes para que no se pierdan por el desuso. Con ello se persigue alcanzar el máximo desarrollo en el potencial innato del niño.
En este desarrollo se pretende que el niño crezca seguro de sí mismo y confiando en sus capacidades, que experimente con su cuerpo y aprenda a través del mismo, que mantenga la curiosidad por todo lo que le rodea, que inicie su interés por un amplio abanico de temas y que tenga su primer contacto con cosas y experiencias que normalmente no le ofrece su entorno inmediato.
Si “estimular” significa dar al niño estímulos, esto es algo que hacemos los padres a diario y hemos hecho toda la vida: abrazándoles, bañándoles, contándoles cuentos, llevándoles al parque… En este sentido también los estimulamos cuando los llevamos a un centro comercial atestado de gente, o a los bares llenos de humo y con música ensordecedora, o si les hacemos trasnochar porque nos conviene por nuestros compromisos sociales…
Evidentemente, estos últimos ejemplos nada tienen que ver con la “estimulación temprana”.
La estimulación temprana se parece mucho a la que ofrecen los padres de forma natural a sus hijos cuando disfrutan con ellos, sólo que es una estimulación estructurada con el fin de ser lo más adecuada posible, para que tenga los efectos buscados, para que se adapte al momento evolutivo del niño y le regale experiencias nuevas y diferentes a las que vive en su hogar.
La estimulación temprana debe ser siempre algo que se disfruta. Cualquier actividad que agobie al niño, que lo canse, que lo ponga nervioso o irritable no es “estimulación temprana”… podría calificarse como excitación, obligación, estrés o incluso tortura… pero no “estimulación temprana”.
La estimulación se puede hacer “mal”, pero no se puede sobreestimular desde los programas de estimulación temprana. Si ésta no se realiza de manera adecuada el niño se aburrirá, con lo cual no nos prestará atención… quizá se agobie y llore… protestará o simplemente se pondrá a hacer otra cosa… Entonces no habría estimulación pues no tendría ningún efecto sobre el niño.
Nuestra actitud como padres o educadores puede afectar negativamente al niño. Si nos obsesionamos con que el niño realice algo para lo cual no está preparado, por ejemplo.
Debemos tener en cuenta que hablamos de estimulación “temprana” porque se lleva a cabo a edades tempranas, y que ya se abandonó el término “precoz” porque sugería la errónea idea de que se perseguía crear “genios” de niños que cumpliesen las etapas de su desarrollo “antes” de tiempo. Por el contrario, la estimulación temprana exige el conocimiento de la evolución del niño y el respeto absoluto por cada etapa de su desarrollo.
Cuando se aplica la estimulación a un niño con problemas o retrasos en su desarrollo, ésta debería dejar de denominarse “estimulación temprana”, la cual está más enfocada al desarrollo del potencial en el niño sin problemas. Cuando estos existen, el niño precisará de una estimulación mucho más intensiva y continuada, diseñada exclusivamente para su caso particular por un especialista, con un enfoque terapéutico.
No se debe confundir ambos términos: la “estimulación temprana” de niños sanos y los “programas de reorganización neurofuncional” en niños con dificultades. En estos casos, al contemplarse la estimulación como una terapia, la aplicación de la misma implica una obligación en la realización de ejercicios que pueden resultar difíciles para el niño o sus padres, y una insistencia en el intento de lograr determinados objetivos en el desarrollo de los pequeños. Pero esto no es así en la “estimulación temprana”.
Muchas veces oímos decir de un niño: “es muy nervioso, no necesita más estimulación”. Estos niños crean en sus padres y educadores miedo a la sobreestimulación. Pero de nuevo se están confundiendo los términos “estimulación” y “excitación”. Precisamente a este tipo de niños les sería muy beneficioso un programa de estimulación diseñado para lograr que se tranquilizasen y dejaran de ser tan excitables.
En la “estimulación temprana”, insisto: no se le obliga al niño a hacer ninguna actividad para la cual no esté preparado o capacitado, ni siquiera para la cual no esté dispuesto… Si cualquiera de las actividades que se realizan habitualmente excitan a un niño poniéndole nervioso, debería replantearse la realización de dicha actividad y la adaptación de un programa de estimulación individualizado, enfocado a solucionar los problemas de nerviosismo en el niño.
Es lógico pensar que lo que deben hacer los niños menores de seis años es jugar, una de las razones que esgrimen los que temen la sobreestimulación. Y, en principio, tienen toda la razón. Pero de nuevo sus temores se basan en un concepto erróneo y un desconocimiento total de lo que es la estimulación temprana. El niño de educación infantil disfruta con todo lo que le propongamos de forma atractiva, cualquier cosa que le divierta la considera un juego, para él aprender es el mayor juego de todos… Aprende mientras juega y debemos conseguir que juegue mientras aprenda. Es la mejor manera de lograr ese aprendizaje. La estimulación temprana no va a quitarle nunca de jugar, “estimulación temprana” y juego deben ser una misma cosa.
Dicho todo lo anterior y viendo que lo que hacemos en la estimulación temprana es enseñar imágenes grandes y en color, hablarles de animales de todo tipo, ponerles música clásica con la que seguimos ritmos y nos divertimos, contarles cuentos en un segundo idioma, cantar canciones, jugar con cantidades de objetos mientras les familiarizamos con los términos básicos de la matemática, enseñarles carteles de palabras escritas, gatear, correr, saltar… entre otras muchas cosas… la respuesta a la pregunta de si existe la sobreestimulación es: no.
Al menos no en la “estimulación temprana”.
«ESTIMULAR A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS»






