Publicado en Vivir para Crecer

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«Sí, su bebé es un genio», libro de Glenn Doman para apoyar el desarrollo del bebé.
He traducido y adpaptado uno de los capítulos del libro «How smart is your baby?» de Glenn Doman y Janet Doman. Me gusta porque muestra el amor y el respeto incondicionales de Glenn Doman por los bebés y por todos los niños en general. También porque nos hace reflexionar sobre cómo actuamos los adultos con los bebés y nos acerca un poco más a su mundo y a su forma de verlo y experimentarlo.

La visión es un elemento clave dentro del aprendizaje, en concreto en cuanto a la lectura, la escritura y las matemáticas se refiere. Estas tres áreas básicas del aprendizaje escolar dependen de la capacidad del niño de ver e interpretar símbolos escritos.
Nuestros niños pasan todos por exámenes oculares, pero éstos raramente evalúan otra cosa que la agudeza visual, es decir: la distancia de nuestra visión. Éste es solamente un componente más del complejo sentido de la visión.
Ver, percibir correctamente e interpretar lo que vemos, además de utilizar los ojos de forma adecuada para poder leer y escribir con facilidad, son capacidades que dependen directamente de una compleja serie de conexiones neuronales que ocurren en los primeros años de desarrollo del niño. Nuestro funcionamiento visual depende de una maduración adecuada del sistema nervioso central.
Debido a la separación que existe entre los dos ojos ocurre que cada uno de ellos ve una imagen ligeramente diferente del otro. Será el cerebro el encargado de fusionar estas dos imágenes en una única imagen, a esto se le llama «convergencia«. Para poder hacer esto, el cerebro necesita que ambos ojos envíen una imagen clara y nítida.
La imagen será clara y nítida si nuestros ojos son capaces de enfocar en el objeto que miramos a la distancia adecuada. El foco debe ajustarse rápidamente a diferentes distancias para lograr estas imágenes de calidad, a esto se le denomina «acomodación«.
A la hora de leer con comodidad, los ojos deben poder seguir una línea de letras de forma suave y uniforme. En realidad, leemos grupos de palabras en forma de saltos de izquierda a derecha. Estos movimientos se llaman «sacádicos» y la capacidad visual que lee líneas de palabras escritas sin perder el punto es el «reseguimiento«.
Los problemas con la lectura suelen ser los primeros en alarmarnos, pero normalmente van asociados a otros tales como problemas en la escritura y la ortografía.
Una deficiente capacidad visual afectará también a la conciencia espacial del niño, a su imagen corporal y a su coordinación mano-ojo.
La energía y el esfuerzo realizados por el niño dentro del aula serán siempre desproporcionales a sus resultados y a su rendimiento en general. Esto genera frustración y la evitación de ciertas actividades relacionadas con el trabajo escolar.

Síntomas que podemos observar en clase relacionados con problemas en el proceso visual («Reflejos, aprendizaje y comportamiento» de Sally Goddard):
– Pérdida de la línea que se estaba leyendo.
– La necesidad de utilizar el dedo para mantener la fijación visual.
– Voz monótona y plana cuando lee en voz alta.
– Comprensión lectora pobre.
– Incapacidad de dibujar con precisión.
– Columnas desalineadas en aritmética.
– Dificultad para atrapar una pelota.
Muchos problemas visuales necesitarán de la opinión de un profesional, que implicará la visita a:
– El oculista para comprobar la agudeza visual.
– El optometrista que puede recomendar gafas especiales y ejercicios oculares.
– Un optometrista especializado en desarrollo y comportamiento.
«JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS. Problemas visuales en el aprendizaje de la lectura»

*TMR se llama ahora BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training)
Los estímulos vestibulares pueden resultar tranquilizantes o alarmantes. Un movimiento suave, un balanceo o un mecimiento, pueden provocar el sueño. Un estímulo más vigoroso como el de una montaña rusa puede tener un efecto de excitación.
Los niños con problemas para integrar la información sensorial pueden tener respuestas hiper o hipo a los estímulos vestibulares diarios. Esto puede hacer que se muestren como exageradamente miedosos o afectados por el movimiento o, todo lo contrario, que esta estimulación no les llegue con la suficiente claridad por lo que necesitan más de lo que sus actividades diarias les ofrecen. Estos son los niños que no paran quietos, que saltan, corren y escalan o se revuelcan y giran por el suelo a todas horas.
El estado más maduro del sistema nervioso en cuanto al movimiento es la capacidad de mantenerse totalmente quieto y el equilibrio perfecto es el no movimiento. Los niños que tienen dificultad para estar quietos, a menudo tienen un control inmaduro sobre el equilibrio. Estos niños con frecuencia se concentrarán mejor en clase, si se les permite levantarse durante unos minutos. El movimiento es como un alimento para su cerebro que necesitan y buscan constantemente.
Se ha comprobado que si se les permite a los niños hiperactivos dar vueltas durante 30 segundos en ambas direcciones (para evitar mareos, debe cambiarse de dirección al cabo de pocas vueltas), éstos muestran un aumento en su atención de hasta 30 minutos después del ejercicio (Sally Goddard en «Reflejos, aprendizaje y comportamiento«). Esto sugiere una vez más que estos niños hiperactivos necesitan la estimulación vestibular para poner su cerebro «en marcha». Es una actividad sencilla y a la vez divertida que puede merecer la pena llevar a cabo. Es muy importante que se den unas poquitas vueltas en cada dirección cada vez, y la misma cantidad en un sentido que en el otro, para evitar el mareo y que la estimulación de ambos hemisferios cerebrales sea la misma.

Rosina Uriarte en rosinauriarte.com