El DESARROLLO INFANTIL se produce en un ORDEN y una secuencia

El DESARROLLO INFANTIL se produce en un ORDEN y una secuencia determinados

El mismo orden y secuencia en la cual crece y madura el cerebro en los niños.

Es necesario que las áreas inferiores y más primitivas del cerebro maduren adecuadamente para que después puedan hacerlo las áreas más sofisticadas.

Englobamos todas las áreas cerebrales en tres grandes boques (según su proceso de maduración y funciones): supervivencia, emocional y cognitivo.
 

El desarrollo en el niño debe ser pleno y completarse para que las tres áreas cerebrales maduren correctamente y la información pueda fluir por todas ellas sin obstáculos de ningún tipo.

El proceso de activación y maduración de estas tres áreas coincide con el proceso de maduración del desarrollo infantil, éste se produce siempre en el mismo orden:

1º físicamente

2º emocional y socialmente

3º intelectualmente

Cada etapa del desarrollo surge gracias a lo logrado en la etapa anterior y por lo tanto, depende directamente de ésta. Y a su vez, cada etapa determinará que el niño/a alcance fácil y plenamente la siguiente. Existe un orden y una secuencia en el desarrollo que resultan de vital importancia para el mismo.

Para reparar fallos en etapas anteriores del desarrollo (que se manifiestan con síntomas actuales causados por estos fallos antiguos) tenemos que volver atrás en el desarrollo.

De esto se ocupa el NEURODESARROLLO.

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El córtex es la parte de nuestro cerebro que piensa. Es la parte que entiende el lenguaje y es la que utilizan principalmente nuestros niños para aprender en la escuela. También la necesitan para regular sus emociones y su conducta, controlar su cuerpo y la necesidad de moverse, y para poder prestar atención.


Córtex cerebral

El córtex madura tardíamente. Por esto, en los primeros años de vida no está plenamente activo y los niños funcionan con áreas más básicas de su cerebro, con pleno protagonismo de las emociones y las funciones y necesidades del cuerpo y de la supervivencia.

 La capacidad de razonamiento, la planificación, el medir las consecuencias de sus actos o el control del comportamiento entre otras funciones, no se han desarrollado aún.
 
El lenguaje, tanto hablado como escrito, también pertenece a estas áreas más sofisticadas de nuestro cerebro que forman el córtex. Pero, a pesar de que un niño o niña pueda comenzar a entender y utilizar el lenguaje hablado a temprana edad, éste no será su vía de comunicación predominante aún puesto que su córtex no está bien conectado como lo están áreas inferiores de su cerebro.
 
Ten esto en cuenta que cuando te dirijas a los niños con palabras, con ejercicios de lectura, escritura, matemáticas o fichas para entrenar su atención. Piensa que, de esta forma estarás dirigiéndote a su córtex cerebral. A la parte su cerebro que puede no haber madurado aún lo suficiente para que obtengas de ellos los resultados esperados.
 
Si decides jugar con tu peque con puzles, colores o formas geométricas, considera que es su córtex también lo que estás entrenado. ¡Y es bueno hacerlo! Sin embargo, demasiadas veces creemos que con este trabajo lograremos una maduración en el desarrollo de nuestros hijos y alumnos… ¿Y no es así?
 
Bueno, sí porque le estamos enseñando y entrenando para tener esos conocimientos, también estamos trabajando su visión, su psicomotricidad fina y otras cosas más… PERO…
 
… Cuando un niño muestra dificultades en su comportamiento o su aprendizaje, cuando no habla como sería de esperar para su edad, no aprende a leer o escribir como los demás, no comprende las matemáticas, o tiene problemas para relacionarse y controlar su conducta… la raíz o causa de estas dificultades no estarán en esas áreas cerebrales a las que te diriges intentando solucionar los síntomas que ves. Estos síntomas sí salen del córtex (no habla, no lee o escribe, no se relaciona o se comporta como desearíamos…), pero los problemas reales, no los síntomas, sino las causas de éstos, son mucho más profundas. Están en áreas cerebrales más primitivas, esas a las que no puedes llegar realizando un
trabajo cognitivo o conductual.
 
Recuerda que si el córtex no está haciendo bien su labor es porque no ha madurado lo suficiente. Y no puede madurar hasta que no lo hayan hecho áreas más primarias que están debajo y lo sostienen. Éstas tienen que estar bien activas y conectadas para a su vez conectar y activar el córtex.
 
La cuestión es que los fallos en el desarrollo de los niños, esas dificultades que ves y que más te preocupan, suelen estar ahí: en esas áreas inferiores (“inferiores” porque están debajo, no porque sean menos importantes, ¡ojo!).
 
Y estas áreas cerebrales que se ocupan de sobrevivir, de hacer que el control del cuerpo se vuelva fácil y automático, que logran que nos sintamos cómodos y confiados emocionalmente dentro de nosotros mismos y dentro del mundo que nos rodea, NO entienden el lenguaje, no entienden las matemáticas, tampoco pueden aplicar razonamientos que llevan al control de la conducta… A ellas no llegamos
hablando con nuestros niños, ni tampoco jugando con los colores, o enseñándoles a leer…
 
Estás áreas de nuestro cerebro, dónde debemos actuar cuando el desarrollo y el aprendizaje no se estén produciendo como deseamos, sólo entienden un tipo de “lenguaje”. Y este es el que debemos utilizar para llegar a ellas: el lenguaje de los sentidos.
 
¿Qué significa esto?
 
Que hemos de dirigirnos a estas áreas más primitivas a través de los sentidos, a través del cuerpo. Ofreciendo un trabajo sensorial, con el tacto y la propiocepción (tacto profundo), con el movimiento y el ritmo, la audición y la visión, incluso el olfato y el gusto también.
 
Sólo el trabajo con el cuerpo, con los sentidos, llevará a una madurez cognitiva real. A una buena maduración del córtex. Es la forma que tenemos de poder incidir de verdad en el desarrollo del niño y ver los resultados positivos. Los veremos en todas las áreas: en su comportamiento, en lo emocional, en lo social y, por último, en su aprendizaje.
 
Igual que una casa no se empieza a construir por el tejado, sino por los cimientos, lo mismo ocurre con el cerebro humano: que crece de abajo hacia arriba. Y como pasa en la casa que, si no fuera estable o sufriera grietas, habríamos de bajar a restaurar los cimientos y no quedarnos a cambiar las tejas del tejado… con el cerebro pasa también que debemos bajar a áreas de base que sostienen las áreas
donde vemos los fallos (el córtex) porque ahora sabemos que las raíces de esas dificultades son más profundas.
 
Trabaja con tus niños utilizando su cuerpo y no solo con su mente, verás resultados definitivos, para toda la vida.
 
Y si necesitas saber cómo hacerlo, infórmate sobre el neurodesarrollo.
 
Tanto si eres padre, madre o profesional de la educación o cuidado infantil, puedo ofrecerte asesoramiento y formación. Acompañándote en este fascinante camino de ayuda a nuestros niños.

EL MOVIMIENTO ENCIENDE EL CEREBRO

 
El movimiento enciende el cerebro. Activa el aprendizaje.

¿Has estudiado alguna vez caminando por el pasillo?
Si lo has hecho, seguramente te haya servido para seguir atento y retener mejor la información. Y es que, el movimiento actúa como una dinamo para nuestro cerebro: ¡lo enciende!
Activar el cuerpo activa el cerebro.
Debemos permitir a nuestros niños que se muevan antes de hacer las tareas escolares, que puedan realizar descansos para moverse un o que lo hagan mientras están estudiando.
El movimiento, especialmente si va unido a un ritmo, es excelente para ayudar a nuestros niños a prestar atención y a rendir mejor en sus tareas cognitivas.
Girar unas pocas veces en una dirección y luego en la otra (siempre en ambas direcciones por igual) es un buen ejercicio. Pueden hacerlo estando de pie, tumbados sobre el suelo (haciendo “croquetas”) o sentados en una silla giratoria. Con cuidado de evitar el mareo o sensaciones que puedan impresionar. No se trata de hacerlo deprisa ni muchas veces seguidas, sino unas pocas (3 veces por ejemplo) en una dirección para cambiar y hacer otras pocas en la otra.
Mecerse sobre una hamaca, mecedora, columpio o pelota de pilates.
Saltar o botar, dentro de las posibilidades que nos ofrezca el hogar. Una pelota de pilates permitirá al niño botar sentado sobre la misma. Podrá sentarse o tumbarse boca abajo o incluso, boca arriba si le gusta. Y en estas posiciones, mecerse rítmicamente hacia adelante y atrás, hacia los lados… o botar hacia arriba y hacia abajo.
Un minuto antes de empezar a trabajar y otro en los descansos será suficiente.
Y por supuesto, si puede moverse mientras estudia, esto será estupendo pues le ayudará a seguir prestando atención y a aprender mejor los contenidos. Así que permite a tu hijo o hija que se sienta sobre una pelota de pilates y/o una silla giratoria, que camine mientras estudia y repite en voz alta los contenidos que ha de aprender.
Que haga la “marcha cruzada” mientras repasa algo es muy buena idea: habrá de tocarse la rodilla derecha con su mano o codo izquierdo y luego, la rodilla izquierda con la mano o el codo derecho. Y esto lo puede hacer estando quieto en el sitio o desplazándose.
Sólo cuando se hayan movido lo suficiente, podrán los niños controlar la necesidad que tienen de moverse y así poderse estar quietos. El movimiento dará a sus cerebros la energía que necesitan para poder aprender.

 
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“Estimulación vestibular. La estimulación del movimiento”

“¡No puede parar! Poder estar quieto pasa por haberse movido mucho y bien”

“¿Qué pasa con los niños que no pueden parar?”

PLASTICIDAD CEREBRAL EN EL NIÑO



 

Cuanto más joven es el niño, mayor es su plasticidad cerebral. Lo que supone que su cerebro es más maleable e influenciable por todo lo que vive en las etapas más tempranas.
La gestación, el nacimiento y los primeros años son momentos clave que determinarán el desarrollo cerebral y nuestro funcionamiento en la vida.
Y es que, estos tempranas etapas son las que suponen el mayor crecimiento cerebral y cuando el cerebro crea muchos de los patrones con los que funcionaremos más adelante. Debemos tener esto en cuenta para cuidar al máximo las experiencias que ofrezcamos a los niños desde su concepción. Y para actuar cuanto antes cuando veamos que exista alguna necesidad.
Porque es la plasticidad cerebral la que nos brinda la oportunidad de poder ayudar realmente al niño.
Cuanto más joven es el niño con quien trabajamos en apoyo de su desarrollo, mejores serán los resultados, con menos esfuerzo y en menos tiempo.
Esto no quiere decir que no merezca la pena trabajar con un niño mayor o un adulto, pues hoy sabemos que existe cierta plasticidad cerebral toda la vida. Así que siempre se debe trabajar en apoyo del desarrollo de una persona. Pero no dejemos el tiempo pasar gratuitamente, diciéndonos a nosotros mismos que “ya madurará”.
Si quieres trabajar con un niño, de cualquier edad, y necesitas saber cómo hacerlo, puedo ofrecerte la orientación y guía que necesitas.
Ponte en contacto conmigo en:
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VALIDEZ DE LA TEORÍA DEL CEREBRO TRIUNO

 
 
Para respetar el desarrollo infantil y de esta forma apoyarlo, es necesario empezar por conocerlo bien. Tomando en consideración que el desarrollo infantil se basa principalmente en el desarrollo y maduración del cerebro, nos planteamos los educadores y quienes no somos expertos en neurociencia cómo podemos llegar a conocer lo suficiente ese desarrollo y maduración cerebrales.

Cerebro Triuno: tres en uno

En nuestro planteamiento y propósito de tener más nociones sobre el cerebro, es fácil que nos encontremos con la teoría del “cerebro triuno”. Teoría que el científico estadounidense Paul MacLean formuló por primera vez en 1960 y después desarrolló con mayor detalle en su obra “The Triune Brain” en 1990. Su nombre significa “tres en uno” y describe el cerebro formado por tres capas principales.

 


Estas tres partes principales serían:

– cerebro de supervivencia o reptiliano
– cerebro emocional o mamífero
– cerebro racional o humano
Las tres partes existen desde el nacimiento, pero no se desarrollan al mismo tiempo ni a la misma velocidad. Cada capa del cerebro Triuno tiene una función y características específicas que se manifiestan a una edad y siguiendo una determinada secuencia de desarrollo.
Es el cerebro de la supervivencia está formado principalmente por los ganglios basales, el tallo cerebral, el sistema reticular y el cerebelo.
Se le denomina cerebro “reptiliano” porque lo compartimos con los reptiles. Como ocurre en estos animales, esta parte del cerebro tiene la función de ocuparse de la supervivencia, de decidir sobre luchar o huir ante situaciones de peligro. Busca alimento, refugio y reproducirse. No “piensa” ni considera las emociones antes de responder a un estímulo. Es la parte del cerebro que se ocupa de hacer que el individuo reaccione instintivamente a situaciones de peligro, haciendo que la persona actúe sin la intervención de la consciencia (retiramos la mano de forma inmediata de algo que quema, por ejemplo). Es responsable de la conducta impulsiva por la supervivencia que prioriza comer, beber, mantener una adecuada temperatura corporal, reproducirse, la territorialidad o la necesidad de protección… Es funcional, territorial y ritualista, responsable de conservar la vida. Por ello se ocupa de funciones como la respiración, la digestión, la circulación y el ritmo cardíaco.
Estas primera estructuras cerebrales cuentan con el protagonismo en los primeros 14 meses de vida, aunque se produce su desarrollo desde la concepción.
Por encima del cerebro reptiliano o de supervivencia se encuentra el cerebro emocional, que madura especialmente entre los 14 meses y los 4 años de edad.
Corresponde al sistema límbico, el cual nos otorga la capacidad de sentir y desear. Está formado por el tálamo, el hipotálamo, la amígdala y el hipocampo principalmente.
Se llama también “mamífero” porque es el cerebro con el que cuentan los animales mamíferos y como a ellos, determinará que seamos seres sociales que necesitemos vivir en grupos y cuidar de nuestras crías, que actuemos guiados por nuestras emociones, motivaciones, placeres, miedos… En estas áreas cerebrales están las encargadas principalmente de la memoria y es por ello que, al igual que los mamíferos, aprendemos de nuestras experiencias al ser capaz de recordarlas.
Aquí viven nuestras emociones, fantasías, ilusiones, miedos, adicciones… nuestros recuerdos y también en gran parte, el aprendizaje. Es necesaria una emoción o motivación para que podamos aprender realmente algo. Por esto, cuando algo no nos “toca” afectivamente, lo olvidamos. Melodie de Jager dice que “la emoción es el pegamento de la memoria”.
Al igual que los cachorros de animales mamíferos, nuestros niños también aprenden con la emoción, aprenden jugando.
Por último, en la parte más externa de nuestro cerebro, se encuentra el cerebro racional.  Nuestro cerebro cognitivo o neocortex. Es exclusivamente humano y es la parte que nos hace diferentes a las demás especies.
La neocorteza o neocórtex está compuesto por los dos hemisferios cerebrales (el derecho y el izquierdo), cada uno de los cuales cuenta con cuatro lóbulos: el occipital, el temporal, el parietal y el frontal. Recibe la información de los sentidos para procesarla y poder llevar a cabo una actuación consciente como respuesta a la misma. Es el lugar donde se elaboran los procesos intelectuales superiores.
Estas áreas cerebrales son las encargadas del razonamiento, de la planificación y la organización. Hacen que seamos capaces de medir las consecuencias de nuestros actos, de juzgar, de planificar nuestras acciones. Controlan los impulsos, el movimiento y las emociones desde la consciencia.
Su período de desarrollo máximo se da entre los 4 y los 11 años.

Crítica y reflexiones

La teoría del cerebro triuno, al igual que otras en las que nos hemos fundamentado para explicar la evolución del pensamiento y el aprendizaje en el desarrollo infantil, como por ejemplo la de las etapas del desarrollo cognitivo de Piaget, resultan hoy en muchos aspectos obsoletas, desfasadas.
Las críticas a estas teorías se basan en razones bien fundadas que han de tenerse en cuenta. Pero ¿significa esto que debamos olvidarlas y no recurrir ya jamás a ellas para comprender tantas cosas que nos han ayudado a clarificar? Pienso que no.
Primero, porque a pesar de su desfase actual, siguen siendo útiles en muchos aspectos que seguimos considerando ciertos. Por otra parte, pensadores como MacLean nos ayudaron a comprender las diferentes etapas de la infancia y las consecuencias de esta evolución en la del aprendizaje infantil gracias al desarrollo y funcionamiento cerebrales.
Una de las principales críticas al modelo triuno de MacLean es que resulta demasiado simple a la luz de los conocimientos con los que contamos hoy sobre el cerebro humano. Sin embargo, es esta simplicidad lo que nos ayuda a comprender la estructura, funcionamiento y desarrollo cerebrales para quienes no somos neurocientíficos y no necesitamos conocer la complejidad cerebral para poder comprender lo necesario en cuanto a sus implicaciones en el aprendizaje infantil.
Ha sido gracias a esta teoría que muchos profesionales de la educación se han interesado por el cerebro humano en relación al aprendizaje. Y no solamente agradecemos a esta simplificación que nos ayude a conocer mejor nuestro cerebro, sino que también reconocemos su utilidad a la hora de hacer comprender cómo y por qué trabajamos con nuestros niños en la manera en que lo hacemos desde la neuropsicología y el neurodesarrollo. Pero, para valernos de esta teoría tengamos en cuenta varios aspectos.
Como ya se ha mencionado, es una simplificación del cerebro humano y nunca se ha pretendido que fuese otra cosa. No corresponde a una explicación de la anatomía cerebral. Ésta es compleja y no cuenta con tres áreas separadas unas de otras o que puedan distinguirse claramente.
MacLean establece estas tres áreas principales por la relación que tienen diferentes zonas cerebrales en cuanto a sus funciones. Y aquí tenemos que tener en cuenta que ninguna área cerebral funciona por sí sola, sino que lo hacen todas completamente intercontectadas.
La antigua separación entre lo emocional y lo racional no se sostiene ya. En nuestro comportamiento aunamos funciones de todas las áreas. A nivel cortical se toman decisiones gracias a las emociones. Y éstas son conscientes gracias al córtex.
La teoría del cerebro triuno supone que contamos con la evolución cerebral de todas las especies dentro de nuestro cerebro, con lo que éste se habría ido formando como en una serie de capas, cada cual más sofisticada que la anterior. Esta idea de lo lineal en la evolución tampoco se sostiene. Hoy sabemos que la sucesión no ha sido en línea, ni en las especies de todos los seres vivos en general, ni tampoco en la evolución del ser humano en concreto. Tendríamos que hablar más bien de “coevolución” en la cual varias especies coexisten y cambian según las adaptaciones que van realizando, al igual que dentro del propio cerebro, las diferentes áreas no se van superponiendo, sino que van evolucionando de forma diferente en cada una de las especies (por ejemplo, el cerebelo es más grande en primates en comparación con otros mamíferos).
Por otro lado, las partes llamadas por MacLean como “reptiliana”, “mamífera” o “humana” no existen exclusivamente en estas especies. Los reptiles tienen olfato (sentido relacionado directamente con el sistema límbico o cerebro mamífero) y tienen un cerebro consciente en lo relacionado con su bienestar o el dolor. Los mamíferos cuentan con neocorteza, aunque ésta es prácticamente lisa en los mamíferos más pequeños como la rata y con muchos surcos y cicunvoluciones en los primates superiores. Últimamente se han descubierto en las aves células similares a las del neocórtex.

Validez de la teoría del Cerebro Triuno

Y después de todo esto, ¿por qué quedarse con el modelo del cerebro triuno? Pues porque nos ayuda a comprender el desarrollo y el aprendizaje infantil. También corrobora nuestra forma de trabajar desde la neuropsicología y el neurodesarrollo.
Esto es así porque tal como describe MacLean, el desarrollo cerebral se produce de abajo hacia arriba, adquiriendo cada vez funciones más complejas. Y aunque las tres grandes áreas están presentes y conviven desde el mismo comienzo, cuentan cada una de ellas con una edad en la cual son protagonistas por el peso de su desarrollo en ese momento.
Las etapas del desarrollo que nos sugiere la teoría del cerebro triuno coinciden mucho en el tiempo y sus características con las descritas por Jean Piaget para el desarrollo cognitivo infantil. Nos sirve para comprender lo que resulta evidente desde otros enfoques relativos al desarrollo: el desarrollo físico precede y predetermina el desarrollo emocional, social y el cognitivo.
Veamos cómo es esto…
Durante los primeros 14 meses está en pleno funcionamiento el cerebro de supervivencia. En este primer nivel se forman los sentidos gracias a las experiencias que vive el bebé. La información del exterior y del interior del cuerpo entrará por éste a través de los sentidos. Para que el bebé pueda emitir una respuesta, necesitará utilizar su cuerpo y para realizar cualquier tipo de movimiento necesita sus músculos. La coordinación y colaboración de los sentidos y los músculos hacen posible que el desarrollo se produzca.
En esta primera etapa de la vida, siendo el cerebro de supervivencia el protagonista por estar más conectado y maduro, se producirá un gran desarrollo físico. Esto podemos observarlo gracias a todas las nuevas adquisiciones e hitos motrices que irá alcanzando el bebé desde su nacimiento: succionar, levantar su cabeza, rodar, arrastrarse, gatear, estar sentado y ponerse de pie para caminar…
Existen otros muchos logros, también a nivel emocional, social y cognitivo, pero son los motrices los más destacados y los que acompañarán a los anteriores.
De los 14 meses a los 4 años de vidaestará en pleno funcionamiento el cerebro de supervivencia y también el sistema límbico, el cerebro emocional. Éste último será el gran protagonista por lo que en este período se produce un gran desarrollo emocional y social en el niño. Lo veremos en las pataletas, la dependencia emocional y paulatina adquisición de autonomía, y al final de este período, la necesidad de relacionarse con sus iguales.
Dsdee los 4 a los 11 años de edadmadura especialmente el área cognitiva. Es en esta última área donde reside el lenguaje (tanto hablado como escrito), el razonamiento, la planificación, la organización, las matemáticas… Es aquí donde el niño aprende las letras, los números, los colores, las formas geométricas… Es aquí donde trabaja el niño en la escuela y para tener éxito en sus tareas escolares necesita que esta área haya logrado una buena maduración, lo cual depende de que hayan madurado plenamente las dos partes anteriores.

Orden en el desarrollo infantil

El desarrollo de un niño se produce siempre en la misma secuencia:
1º físicamente
2º emocional y socialmente
3º intelectualmente
El orden en el que se produce el desarrollo infantil


A los padres y educadores nos preocupa especialmente el rendimiento cognitivo de nuestros niños porque el éxito escolar tiene un gran peso en la infancia… demasiado peso. Son las dificultades escolares lo que más nos mueve a buscar ayuda y a la hora de trabajar con un niño para reforzar su desarrollo.

Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que el desarrollo cognitivo no llegará a ser pleno si no lo han sido el emocional y el motriz primero.
Solamente un niño que está muy bien conectado con su cuerpo, lo conoce bien y, por lo tanto, lo utiliza eficazmente, podrá llegar a sentirse emocionalmente fuerte, seguro y confiado en el mundo que le rodea. Y solamente un niño que, no solamente controla automáticamente su cuerpo, sino que se siente tranquilo y seguro a nivel emocional y social, podrá centrar su atención y energía en aprender cognitivamente.
Para que se produzca el aprendizaje en la escuela no debe haber interferencias corporales o emocionales, pues esto supondría que la energía cerebral del niño tendría que concentrarse en controlar el cuerpo y el movimiento, el estrés del miedo o la inseguridad y no quedaría suficiente energía para poder aprender adecuadamente. Esto lo sabemos los adultos, también nos pasa… sólo tenemos que imaginarnos que tuviéramos que prestar atención y aprender algo cuando sentimos mucho nuestro cuerpo por un dolor, por ejemplo, o sentimos estrés o estamos agobiados por algo… Sabemos que en esta situación no rendiríamos a nivel intelectual como sería de esperar.
Digamos que, si el cerebro de supervivencia o el emocional están muy activos y no han dado paso al dominio del cerebro cognitivo, éste no estará suficientemente activo. Esto nos ocurre en estados de estrés o en una situación de peligro en la cual tomarían las riendas nuestras áreas más primitivas dejando las cognitivas casi “apagadas”. Esto es algo muy parecido a lo que ocurre también cuando no se cumple adecuadamente el desarrollo motriz y emocional en los primeros años de vida.
Cuando el niño no ha tenido un desarrollo completo desde el mismo comienzo, es muy posible que áreas inferiores de su cerebro como son el cerebro de supervivencia o el emocional, estén aun siendo las protagonistas en lugar de permitir que lo sea el cerebro pensante a partir de los cuatro años. Esto implicaría que gran parte de la información no fluyera libremente y hasta las áreas que necesita alcanzar.
Entonces las respuestas en el niño serán impulsivas, dominadas por sus emociones o necesidades básicas, por un cerebro encargado de funciones de supervivencia que le tiene constantemente en movimiento porque no puede controlar cómodamente su cuerpo, o le tiene en guardia por si pudiera haber un peligro, y que no le permite reaccionar ante lo que le ocurre con tranquilidad y de una forma razonada. A estos niños les cuesta mucho más dar una respuesta intelectual puesto que no toda la información necesaria llega a su cerebro pensante y, por lo tanto, no son conscientes de la misma por lo que no pueden tenerla en cuenta a la hora de elaborar una respuesta.
“Todos necesitamos sentirnos físicamente seguros si vamos a adquirir la consciencia de nuestros sentimientos, sensaciones y pensamientos. Esta seguridad es prerrequisito para aprender. La seguridad se experimenta primero en el nivel primario del cuerpo.”  Cecilia Koester, experta en niños con necesidades especiales. (Koester, 2013, p.3).
El desarrollo en el niño debe ser pleno y completarse para que las tres áreas cerebrales maduren correctamente y la información pueda fluir por todas ellas sin obstáculos de ningún tipo.

Conclusión

De todo lo que he aprendido sobre el desarrollo y el aprendizaje infantil, y de la incidencia que tiene en el mismo la maduración cerebral, me quedo con la teoría del cerebro triuno por lo que me aporta. Pienso, sin embargo, que debemos tener cuidado al utilizarla y al explicarla a los profesionales de la educación, a los padres y a los propios niños. Mucho cuidado de no dar la idea de que nuestro cerebro esté realmente dividido en tres partes o que cada una de esas partes tenga una correspondencia con el cerebro de determinados seres vivos.
La teoría del cerebro triuno es una simplificación, sí, y no debemos tomarla al pie de la letra tal como nos la han explicado muchas veces. Tomemos de ella lo que sabemos que es cierto, como que existe una jerarquización a nivel cerebral que coincide con el nivel de maduración en el desarrollo del niño. Que al igual que la información entra al cerebro desde abajo y sube hacia áreas superiores, igualmente la maduración cerebral se produce de abajo hacia arriba, desde áreas más primitivas a otras más sofisticadas.
Más sofisticadas y complejas, pero no por ello más importantes. Porque gracias a la teoría del cerebro triuno y a lo gráfica que resulta su representación del desarrollo, vemos cómo la parte física y más temprana del desarrollo del niño, se produce antes que la emocional y social y éstas antes que la cognitiva. Y que por mucho que nos interesen las habilidades y capacidades intelectuales de nuestros niños en relación a su aprendizaje, no debemos descuidar otras enlazadas con la emoción y el cuerpo.
Es por ello que cuando trabajamos desde el neurodesarrollo, trabajamos con el cuerpo y el movimiento principalmente. Y es por ello que hay que darle el lugar de importancia que merecen las etapas motrices intermedias y descuidadas que atraviesa el bebé durante el primer año de vida. También debemos de valorar en su justa y enorme medida la importancia que tiene el contacto físico desde el comienzo de la vida, lo cual, junto a otras experiencias corporales, nos llevará o no a ser seres emocionalmente saludables y felices.
Rosina Uriarte

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REPETIR Y REPETIR. LA IMPORTANCIA DE LA REPETICIÓN PARA EL CEREBRO.

Sólo con la repetición de un estímulo, o con un estímulo de muy alta intensidad, se consiguen conexiones neuronales permanentes.
La cantidad de neuronas no determina nuestras habilidades o nuestra inteligencia, pero sí lo hace la cantidad de circuitos neuronales creados gracias a la conexión de unas neuronas con otras.
Para que estas conexiones se mantengan es necesario que el estímulo que las genera se repita.
Puedes ponerte en contacto conmigo si buscas asesoramiento, orientación o consejos sobre cualquier tema relacionado con el desarrollo de tu hijo/a:
Te espero 💗

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Documental “CAMBIANDO LA FORMA DE NACER, TRAS LA EVIDENCIA CIENTÍFICA”

Para el 17º Día Mundial de los Derechos del Nacimiento
20 mayo 2016

“CUIDANDO EL PARTO PARA UN MEJOR NACIMIENTO”

Hablar del parto es un tema delicado porque la mayoría de las mujeres hemos pasado por esta extraordinaria y única experiencia, y cada una la hemos vivido de una manera diferente. Otras pasarán por ella y posiblemente tengan ya una idea formada de cómo les gustaría que fuera. La realidad nos muestra que muy pocas veces tenemos el parto con el que habíamos soñado.

Y esto no debería significar que sea una experiencia negativa, sino simplemente diferente a lo que habíamos imaginado. Sin embargo, muchas mujeres sentimos que “nos hemos perdido” algo importante, algo irrepetible y que ya no volverá jamás. Peor aún es cuando sentimos que ese momento tan especial “nos lo robaron” en contra de nuestra voluntad. Es un dolor con el cual convivimos y que el paso del tiempo logra mitigar, pero no eliminar.

Esta sensación de habernos sido arrebatado lo más vital de un momento tan sagrado viene dada por una confrontación entre lo que nos pide nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro amor por el bebé… y las decisiones tomadas por terceras personas “desde fuera”. Decisiones que aceptamos convencidas de que son por nuestro bien, otras veces son decisiones de las cuales in siquiera somos conscientes ya que no siempre se cuenta con la mujer en todo el proceso del parto. Pero, ¡un momento! ¡Es la mujer la que pare! Los demás están para acompañarla desde la comprensión y el respeto, y ayudarla cuando sea necesario.

La ciencia está para ayudarnos. Y gracias a los avances científicos, muchos niños sobreviven, muchas madres también. Pero hemos incorporado la ciencia hasta tal grado en nuestra vida, que apenas existen ya procesos realmente naturales, como debería ser el parto.

Cuando en los años cuarenta los hombres ocuparon el lugar de las mujeres que atendían los partos y éstos dejaron de tener lugar en el hogar para hacerlo en el hospital, no se invitó a la madre naturaleza a estar también.” David Chamberlain, pionero en la creación de la psicología pre y perinatal.

El parto es un proceso dirigido por protocolos que pocas veces obedecen a razones reales y que pocas veces ayudan, más bien complican las cosas.

La elevada intervención en el proceso del parto aumenta las estadísticas de partos largos, dolorosos, con empleo de fórceps, ventosas, cortes, etc… a las que siguen las estadísticas de depresiones postparto y de dificultades en el apego o para disfrutar de una lactancia plena y placentera para la madre y el bebé.

La madre… y el bebé… De todas las decisiones tomadas en un parto, ¿cuántas de ellas se hacen pensando en el bebé? Salvo que exista un peligro para su vida… muy pocas. 

Normalmente, en la preparación para el parto, nos enseñan a pensar “en nosotras”, en cómo viviremos la experiencia, en lo que nos conviene, en lo que puede facilitarnos este trance…

La preparación es para el “parto” y ¿también para el “nacimiento”? ¿Acaso no significan ambos términos lo mismo, o son dos cosas diferentes? En realidad hacen referencia a dos experiencias muy distintas, de dos personas que también lo son, aunque hayan vivido y necesiten seguir viviendo en simbiosis, dependiendo la una de la otra.

Pero en este tándem de dos, hay una parte que es mucho más dependiente de la otra, mucho más vulnerable, que siente más el dolor… una parte a la que no se la ve, no se la oye, que casi obviamos a la hora de decidir si queremos un tipo de parto u otro. Y sin embargo, es lo que más nos importa: el bebé.

Para la madre el parto es una experiencia única, pero puede vivir más partos y más o menos sabe a qué se va a enfrentar cuando llega el momento. Es una persona adulta que puede comprender muchas de las cosas por las que pasa durante esta experiencia, puede elaborar mecanismos que la ayuden a superar lo más duro… Puede recordar o elegir qué olvidar…

Pero el bebé no sabe lo que se encontrará al nacer. Todo lo que conoce, todo su mundo, desaparecerá de repente, todo cambiará y será nuevo para él. No recordará la experiencia del nacimiento. Y precisamente por este motivo, no podrá protegerse de algo de lo cual no es consciente, no podrá buscar explicaciones ni elegir recordar u olvidar. La ciencia nos dice que existe una memoria celular y sabemos que en el cerebro quedan registradas las sensaciones de todo lo vivido, aunque no podamos ponerle palabras ni imágenes para recordarlo.

Esto hace que las experiencias vividas anteriormente a los 3 o 4 años, edad en la que están algo desarrolladas las áreas de la memoria, sean mucho más determinantes que todas las posteriores en la vida.

Hoy también sabemos que el bebé siente mucho, más que nosotros, que no puede inhibir sensaciones o el dolor y que sufre un bombardeo de estímulos que hacen que todo lo viva más intensamente. El nacimiento es una experiencia muy intensa, probablemente la más intensa de todas.

La “plasticidad cerebral” supone que el niño, cuanto más pequeño es, más conexiones y circuitos neuronales es capaz de crear con todas las experiencias que vive. El nacimiento será la experiencia más impactante, un cambio drástico, una ruptura de todo lo conocido hacia un mundo completamente nuevo en el que su único “salvavidas”, lo único que conoce, que le da seguridad y le garantiza su supervivencia, es el cuerpo de su madre.

La neurociencia nos explica cómo el cerebro del niño crea nuevas estructuras para adaptarse al medio, para poder defenderse en el mismo y aprender y desarrollarse.

Así ocurre que al nacer, el cerebro sufre un “boom” de conexiones y creación de estructuras que preparan al bebé para aquello que se encuentra fuera de su madre. Si el bebé encuentra el cálido cuerpo de mamá, “su hogar”, que le brinda seguridad, alimento y confort, su cerebro creará estructuras que le permitirán crecer y desarrollarse plenamente.

Si lo que se encuentra es un nacimiento inesperado para el cual no estaba preparado, el dolor, la soledad, el abandono (alejado del cuerpo de su madre), pruebas y procedimientos médicos sin el contacto, la voz y el olor de su madre o su padre, entonces su cerebro se conectará al modo “supervivencia” y se adaptará al medio hostil que le hará estar en estado de alerta y no le permitirá crecer y desarrollarse, ni aprender como sería de desear.

Esta programación cerebral que se crea en el nacimiento, nos acompañará de alguna forma a lo largo de nuestra vida, junto a todas las demás programaciones que vayamos creando en los primeros momentos de nuestra existencia. Es por esto que dicen que nuestro nacimiento determina nuestro carácter, y según nos demuestra la ciencia, en parte así es.

La buena noticia para quienes hayan tenido niños con un nacimiento complicado, es que existen medios para compensarlo de alguna forma y apoyar el desarrollo para que acabe siendo lo más pleno posible.

El nacimiento es una etapa extremadamente importante dentro de todas las etapas del desarrollo. El desarrollo es como una cadena con diferentes eslabones, todos ellos imprescindibles para que la cadena se mantenga fuerte, todos ellos insustituibles, sucediéndose uno tras el otro. No podemos olvidarnos de un eslabón, y precisamente de uno tan importante como el nacimiento, y pretender que la cadena siga siendo fuerte a la larga.

No es fácil planificar un parto/nacimiento y pretender que salga tal como lo habíamos deseado. Pero con mayor conciencia sobre la importancia de este sagrado momento, con más consideración y con más respeto por el niño, podemos tomar decisiones que le sean beneficiosas en ese momento y posteriormente toda la vida.

Las madres y los profesionales que atienden el parto podemos tomar decisiones previas o durante el mismo, el bebé no.

Desde la Plataforma Pro Los Derechos del Nacimiento se pretende concienciar a toda la sociedad de la importancia que tiene el nacimiento para el niño. Para que podamos, con la información en la mano, tomar decisiones que no solamente nos conciernen a nosotros, sino también a nuestro hijo por nacer.

El lema de esta “Semana Mundial por un Parto y un Nacimiento Respetados” es “Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé”.

Pienso que deberíamos invertir los términos del lema, para ser más justos con quien más lo necesita.

Rosina Uriarte

LAS EXPERIENCIAS CONSTRUYEN LA ARQUITECTURA CEREBRAL.

*Al final de esta entrada encontrarás el vídeo con subtítulos en castellano.

Traducción del vídeo:

Las experiencias del niño durante sus primeros años de vida tienen un permanente impacto en la construcción de la arquitectura del cerebro en desarrollo. Los genes sientan las bases, pero son las experiencias las que configuran el proceso por el cual se determinará si el niño tendrá un desarrollo cerebral fuerte o no, lo cual afectará a su aprendizaje, comportamiento y salud en el futuro.
Durante este importante período de desarrollo cerebral, billones de células cerebrales llamadas “neuronas”, se envían señales eléctricas para comunicarse entre ellas.
Estas conexiones forman circuitos que se convertirán en los cimientos de la arquitectura del cerebro.
Los circuitos y las conexiones proliferan a un paso muy rápido y son reforzados por el uso repetido de los mismos.
Nuestras experiencias y el entorno deciden qué circuitos y conexiones se utilizarán más. Las conexiones que son más utilizadas se fortalecen y se vuelven permanentes, mientras que las conexiones menos utilizadas, acaban despareciendo en un proceso natural llamado “poda neuronal”.
Los circuitos con más uso crean veloces vías por las que viajen señales neuronales a través de las diferentes áreas del cerebro.
Los circuitos más simples son los primeros en ser creados y serán la base de otros circuitos más complejos que se construirán más tarde.
Gracias a este proceso, las neuronas crearán fuertes circuitos y conexiones entre las emociones, destrezas motrices, el control del comportamiento, la lógica, el lenguaje y la memoria durante el temprano y más crítico período del desarrollo.
Con el uso repetido, estos circuitos se vuelven más eficientes y conectan con otras áreas cerebrales más rápidamente.
Aunque se originan en determinadas áreas del cerebro, los circuitos están interconectados. No puedes contar con un tipo de destreza sin las demás, que la sustentan. Igual que en la construcción de una casa, todo está conectado y lo que viene primero crea los cimientos de todo lo que habrá de venir después.

 

Encontré la versión subtitulada del vídeo, por si te es más fácil:

 

“ESTIMULAR A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS”

NEUROPLASTICIDAD TODA LA VIDA

Neuroplasticidad

Acabo de leer una presentación muy interesante que viene a colación con el último artículo que publiqué en este blog.
En el mismo se postulaba la idea de que el cerebro del bebé debe usar sus capacidades y herramientas o las perderá para siempre. Si bien muchas de las “herramientas” cerebrales que usaremos toda la vida se crean y desarrollan en los primeros años de vida, otras son innatas o están programadas para determinados momentos, con lo que su desaprovechamiento supone su pérdida definitiva. Es lo que llamábamos la “ventana de la oportunidad”. Estas ventanas se van cerrando y nos quedamos con las habilidades y funciones conseguidas en ese período de gran plasticidad cerebral.
Sin embargo, la buena noticia es que podemos después, a lo largo de toda nuestra vida, seguir desarrollando las habilidades ya conseguidas, porque el cerebro no deja de ser moldeable a pesar de no ser tan plástico como el de un bebé. Es por esto que la estimulación, ya no “temprana”, podemos seguir practicándola a lo largo de los años.
Es interesante la presentación creada por Carlos Rangel. En ella podremos leer las afirmaciones del neurólogo de la Universidad de New York y director del Instituto de Neuropsicología y Funcionamiento Cognitivo, Elkhonon Goldberg. Entre ellas esta la que nos dice cómo la neuroplasticidad es la capacidad que tiene el cerebro de moldearse a través de la actividad.
Puedes ver la presentación aquí.

PREVENCIÓN DEL FRACASO ESCOLAR DESDE LA EDUCACIÓN INFANTIL con la organización neurológica.

Prevenir el fracaso escolar no solamente es posible en muchos casos, sino un deber y una responsabilidad de los adultos que trabajamos y cuidamos de los niños en sus primeros años de vida. La organización neurológica o neurodesarrollo se ocupa de ello.

Rosina Uriarte

El fracaso escolar preocupa seriamente tanto a padres como a educadores. Es algo que concierne a toda la sociedad dado el elevado porcentaje de estudiantes que lo sufren. Un fracaso que no debemos atribuir exclusivamente a estos chicos y chicas, pues en la mayoría de los casos no son “culpables” de la situación, sino sus víctimas.

Cuando se habla de fracaso escolar, casi siempre evocamos la imagen de alumnos de la ESO o de los cursos superiores de Primaria. Según las estadísticas, el fracaso escolar comienza en muchos casos a vislumbrarse hacia los ocho años, en tercero de primaria. Sin embargo, es en la educación secundaria cuando se hace más evidente. Entonces los requisitos académicos se endurecen y el esfuerzo ha de ser mayor. Y todo esto unido a la difícil y delicada etapa de la adolescencia.

Pero pocas veces se hace referencia a los niños de Educación Infantil con respecto al fracaso escolar. ¿Es acaso porque no existe tal fracaso a esta edad? Esto es lo que mayoritariamente se asume, pero no hay nada más lejos de la realidad… Los objetivos mínimos establecidos en Educación Infantil no son ambiciosos, cualquier niño puede alcanzarlos, y superarlos, con toda facilidad… pero no siempre es así… Y el número de niños que no alcanzan estos objetivos, o lo hacen con dificultad, se asemeja bastante al tanto por ciento de fracaso escolar que reflejan las estadísticas.

Si los educadores que trabajamos con niños menores de seis años vemos que casi una cuarta parte de los alumnos no sigue el ritmo del resto… lo lógico es actuar para atajar por todos los medios esta situación y que estos niños no crezcan para engrosar las filas de los “fracasados escolares”. Pero a pesar de que se trabaja en Infantil con niños con retrasos madurativos, problemas de lenguaje, etc., sigue habiendo un tanto por ciento de niños a los cuales se les deja “que maduren” con la triste y callada convicción de que “ya se ocuparán” sus tutores de primaria de trabajar con ellos en sus dificultades. La pena es el precioso tiempo que se desperdicia mientras se espera a que madure un niño… un niño con dificultades…

Todos hemos oído o leído que los seis primeros años son vitales para formar las bases de la inteligencia y las habilidades del niño. Son los años principales del desarrollo infantil, en los que el cerebro es más plástico y en los que se crean la mayor cantidad de conexiones y circuitos neuronales, las “herramientas” con las que habremos de arreglárnoslas durante toda nuestra vida futura. Por esto, invertir en una buena Educación Infantil y en el desarrollo del niño en estas edades, es como invertir en buenos materiales de construcción y la edificación de los pilares y vigas maestras de un gran y hermoso edificio.

La etapa de la Educación Infantil es una etapa difícil para hablar de diagnósticos y tratamientos. Muchos problemas no son diagnosticados a esta edad, como son los asociados al déficit de atención con hiperactividad, por ejemplo. Y no es porque los síntomas no sean evidentes, como ya se ha expuesto. Pero es lógico que se tienda a “esperar” a ver qué ocurre y cómo evoluciona el niño. Y en casos afortunados, estos síntomas en el niño no se transforman en un problema académico o de comportamiento. Es muy natural que los padres y profesores prefieran “esperar” a que estos problemas se desarrollen de forma evidente, para empezar a actuar sobre ellos. Sin embargo, cuando un niño muestra una dificultad, existe un motivo para ésta, y que este motivo desaparezca no es lo común pues normalmente se debe a fallos en la base del desarrollo del niño.

Por esto, “esperar” en estas edades tempranas supone perder el momento adecuado para actuar. Supone una mayor dificultad en la solución de estos fallos en el desarrollo, un trabajo más costoso y unos resultados más pobres…

Pero si bien el concepto de “tratamiento” nos puede parecer excesivo en niños pequeños cuando aún el problema académico no es claro, no debemos temer el término “prevención”.

La prevención a edades tempranas podría ser una de las claves para solventar el problema del fracaso escolar a edades más tardías.

Lo dice el refrán: “mejor prevenir que curar”. Una lección que están aplicando ya varios colegios en nuestro país con todos sus alumnos de Educación Infantil. Aún faltan datos estadísticos sobre los resultados objetivos de la aplicación de técnicas de prevención del fracaso escolar a través de ejercicios que desarrollan el sistema nervioso y ayudan al niño a madurar en todas sus áreas (física, cognitiva, sensorial, emocional, social). Pero confiamos en que pronto los habrá y un mayor número de centros se unan en esta iniciativa.

Queda patente que la mayoría de las dificultades académicas están causadas directamente por una inmadurez neurológica o, lo que es lo mismo, los fallos en el desarrollo que mencionábamos con anterioridad. Éstos fallos pueden manifestarse en la forma de una lateralidad mal establecida (cuando el niño no es totalmente diestro o zurdo, con lo cual su cerebro no está bien organizado y sus hemisferios cerebrales compiten en lugar de colaborar); en un sistema ocular que no funciona adecuada o cómodamente para las tareas que requieren de la lectura y la escritura; un sistema auditivo que no consigue procesar los sonidos claramente para poder reproducirlos en un correcto lenguaje hablado o prestar la adecuada atención en clase; reflejos primitivos que se han quedado retenidos y no han madurado de la forma deseada; una integración sensorial deficiente que hace que el niño interprete los estímulos que le rodean de una forma equivocada, mostrando unas reacciones y un rendimiento que no son los adecuados para su edad y la situación dada.

El desarrollo en el niño se produce de manera natural gracias a todos los estímulos que recibe de su entorno y con cada movimiento y acción que realiza. El movimiento es la principal fuente de información y desarrollo, junto con el tacto, el oído y la vista. Es primordial tener esto en cuenta para dar al niño las oportunidades que necesita de moverse a estas edades, y de experimentar con todo lo que le rodea.

Además, pueden aplicarse métodos de desarrollo neuromotor o de organización neurológica, que consisten en ejercicios motores principalmente, realizados de forma lúdica, pero continuada, constante y repetida, para su mayor efectividad. La repetición y la constancia son esenciales para la creación de nuevos circuitos neuronales, por lo que estos programas deben ser diarios. Unos veinte minutos podrían bastar para la realización de estos ejercicios en un aula de Educación Infantil. No deben suponer un sustituto a la psicomotricidad tradicional, pero serían desde luego un complemento ideal.

Cualquiera de los métodos de organización neurológica que se utilizan para tratar a niños con problemas del desarrollo, podrían utilizarse en su forma más básica y lúdica, para prevenir estos problemas en un grupo de alumnos en el aula. Y no solamente en Educación Infantil. Pues, aunque es éste el momento ideal para la prevención, estos programas también pueden realizarse, y de hecho se están aplicando, con niños de cursos superiores. En ambos casos, con el mismo objetivo: evitar el fracaso escolar.

Más información:

PSICOMOTRICIDAD Y DESARROLLO NEUROMOTOR

EL SISTEMA NERVIOSO EN LA BASE DEL COMPORTAMIENTO Y RENDIMIENTO DEL NIÑO.

LA LATERALIDAD: ¿DIESTRO O ZURDO?

REFLEJOS, APRENDIZAJE Y COMPORTAMIENTO

FUNCIONAMIENTO OCULAR: LA VISIÓN EN EL APRENDIZAJE

INCIDENCIA DE LA AUDICIÓN EN LA ESCUELA Y EN LA CONDUCTA