aprendizaje archivos - Página 15 de 16 - ROSINA URIARTE

FUNCIONAMIENTO OCULAR: LA VISIÓN EN EL APRENDIZAJE

Visión

La visión es clave en el aprendizaje. Pero los exámenes oculares se limitan a la agudeza visual cuando hay mucho más que considerar.

La visión es un elemento clave dentro del aprendizaje, en concreto en cuanto a la lectura, la escritura y las matemáticas se refiere. Estas tres áreas básicas del aprendizaje escolar dependen de la capacidad del niño de ver e interpretar símbolos escritos.

Nuestros niños pasan todos por exámenes oculares, pero éstos raramente evalúan otra cosa que la agudeza visual, es decir: la distancia de nuestra visión. Éste es solamente un componente más del complejo sentido de la visión.

Ver, percibir correctamente e interpretar lo que vemos, además de utilizar los ojos de forma adecuada para poder leer y escribir con facilidad, son capacidades que dependen directamente de una compleja serie de conexiones neuronales que ocurren en los primeros años de desarrollo del niño. Nuestro funcionamiento visual depende de una maduración adecuada del sistema nervioso central.

Debido a la separación que existe entre los dos ojos ocurre que cada uno de ellos ve una imagen ligeramente diferente del otro. Será el cerebro el encargado de fusionar estas dos imágenes en una única imagen, a esto se le llama «convergencia«. Para poder hacer esto, el cerebro necesita que ambos ojos envíen una imagen clara y nítida.

La imagen será clara y nítida si nuestros ojos son capaces de enfocar en el objeto que miramos a la distancia adecuada. El foco debe ajustarse rápidamente a diferentes distancias para lograr estas imágenes de calidad, a esto se le denomina «acomodación«.

A la hora de leer con comodidad, los ojos deben poder seguir una línea de letras de forma suave y uniforme. En realidad, leemos grupos de palabras en forma de saltos de izquierda a derecha. Estos movimientos se llaman «sacádicos» y la capacidad visual que lee líneas de palabras escritas sin perder el punto es el «reseguimiento«.

Los problemas con la lectura suelen ser los primeros en alarmarnos, pero normalmente van asociados a otros tales como problemas en la escritura y la ortografía.

Una deficiente capacidad visual afectará también a la conciencia espacial del niño, a su imagen corporal y a su coordinación mano-ojo.

La energía y el esfuerzo realizados por el niño dentro del aula serán siempre desproporcionales a sus resultados y a su rendimiento en general. Esto genera frustración y la evitación de ciertas actividades relacionadas con el trabajo escolar.

Niña leyendo

Síntomas que podemos observar en clase relacionados con problemas en el proceso visual («Reflejos, aprendizaje y comportamiento» de Sally Goddard):

– Pérdida de la línea que se estaba leyendo.

– La necesidad de utilizar el dedo para mantener la fijación visual.

– Voz monótona y plana cuando lee en voz alta.

– Comprensión lectora pobre.

– Incapacidad de dibujar con precisión.

– Columnas desalineadas en aritmética.

– Dificultad para atrapar una pelota.

Muchos problemas visuales necesitarán de la opinión de un profesional, que implicará la visita a:

– El oculista para comprobar la agudeza visual.

– El optometrista que puede recomendar gafas especiales y ejercicios oculares.

Un optometrista especializado en desarrollo y comportamiento.

«JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS. Problemas visuales en el aprendizaje de la lectura»

¿Y LOS «NO HIPERACTIVOS»?

Niña hipoactiva

La hipoactividad de los no hiperactivos

Hablamos a menudo de los niños hiperactivos cuando pensamos en la falta de atención y los problemas de relación social y de comportamiento… pero hay otros muchos niños, y en especial niñas, que no muestran hiperactividad y sufren también de todos los demás problemas asociados a ella.
Recordemos que el movimiento excesivo es solamente un síntoma entre otros de un problema de inmadurez del sistema nervioso, que generalmente deriva en una dificultad a la hora de integrar la gran cantidad de estímulos sensoriales que nos bombardean constantemente.
Estos niños no hiperactivos, pero con problemas de integración sensorial, pueden verse abrumados por la estimulación vestibular, entre otras, siendo hipersensibles a sus efectos. Mostrándose como niños miedosos, patosos, a los que no les gustan los columpios o los toboganes, que se marean con facilidad y tienden a la hipoactividad.
No debemos olvidarnos de ellos, porque al no tener una movilidad llamativa muchas veces pasan desapercibidos. Normalmente no damos tanta importancia al hecho de que un niño, y sobre todo una niña, sea muy «tranquilo», o miedoso y no corra o se desenvuelva en su entorno con la misma facilidad que otros compañeros. Es importante estar alerta pues a menudo no se ven los problemas en estos casos hasta que no comienza el fracaso escolar. Es entonces cuando empieza a percibirse algo más que «tranquilidad», normalmente en forma de falta de atención, problemas de relación y de personalidad o autoestima.
Estos niños también se beneficiarán de las terapias de estimulación vestibular mencionadas en mi anterior entrada: «El sistema vestibular y la hiperactividad».

EL SISTEMA VESTIBULAR Y LA HIPERACTIVIDAD

Estimulación vestibular

Cuando el sistema vestibular no funciona como es debido pueden surgir problemas en el rendimiento escolar y el comportamiento de los niños.

El sistema vestibular es el que nos enseña a mantener constantemente el equilibrio y a regular nuestra postura. Todas las sensaciones que tenemos pasan a través del mecanismo vestibular, por lo que todos los demás sentidos: lo que oímos, lo que vemos, lo que sentimos… se percibirán de una forma cómoda y tendrán significado solamente si el sistema vestibular funciona como es debido.
Cuando esto no es así surgen problemas en el rendimiento escolar y el comportamiento de los niños.

Los estímulos vestibulares pueden resultar tranquilizantes o alarmantes. Un movimiento suave, un balanceo o un mecimiento, pueden provocar el sueño. Un estímulo más vigoroso como el de una montaña rusa puede tener un efecto de excitación.

Los niños con problemas para integrar la información sensorial pueden tener respuestas hiper o hipo a los estímulos vestibulares diarios. Esto puede hacer que se muestren como exageradamente miedosos o afectados por el movimiento o, todo lo contrario, que esta estimulación no les llegue con la suficiente claridad por lo que necesitan más de lo que sus actividades diarias les ofrecen. Estos son los niños que no paran quietos, que saltan, corren y escalan o se revuelcan y giran por el suelo a todas horas.

El estado más maduro del sistema nervioso en cuanto al movimiento es la capacidad de mantenerse totalmente quieto y el equilibrio perfecto es el no movimiento. Los niños que tienen dificultad para estar quietos, a menudo tienen un control inmaduro sobre el equilibrio. Estos niños con frecuencia se concentrarán mejor en clase, si se les permite levantarse durante unos minutos. El movimiento es como un alimento para su cerebro que necesitan y buscan constantemente.

Se ha comprobado que si se les permite a los niños hiperactivos dar vueltas durante 30 segundos en ambas direcciones (para evitar mareos, debe cambiarse de dirección al cabo de pocas vueltas), éstos muestran un aumento en su atención de hasta 30 minutos después del ejercicio (Sally Goddard en «Reflejos, aprendizaje y comportamiento«). Esto sugiere una vez más que estos niños hiperactivos necesitan la estimulación vestibular para poner su cerebro «en marcha». Es una actividad sencilla y a la vez divertida que puede merecer la pena llevar a cabo. Es muy importante que se den unas poquitas vueltas en cada dirección cada vez, y la misma cantidad en un sentido que en el otro, para evitar el mareo y que la estimulación de ambos hemisferios cerebrales sea la misma.

Estimulación vestibular

«ESTIMULACIÓN VESTIBULAR. LA ESTIMULACIÓN DEL MOVIMIENTO»

HIPERSENSIBILIDAD. Disfunción sensorial que afecta al comportamiento y el aprendizaje infantil.

Hipersensibilidad

 
La hipersensibilidad, también llamada «hipersensorialidad», es un efecto de la mala integración sensorial, de la cual ya hablé en «INTEGRACIÓN SENSORIAL. CÓMO CONVIVIR CON LA DISTORSIÓN«. Ahora quería tan sólo transcribir un pequeño párrafo de un interesante libro de Sally Goddard, titulado «Reflejos, aprendizaje y comportamiento».
 
Menciona tan sólo los sentidos de la vista y el oído porque habla de su importancia para el aprendizaje, pues son éstos los dos sentidos más decisivos para el funcionamiento del niño dentro del aula. Pero una hipersensibilidad o hiposensibilidad de otros sentidos, como el vestibular o el táctil, por ejemplo, podrían afectar también muy directamente a la capacidad de atención y el rendimiento académico.
 
Sally Goddard dice lo siguiente:
 
La hipersensibilidad visual y auditiva son tanto una discapacidad para el aprendizaje como lo es la pérdida de una de estas áreas, en algunos casos, tanto hiper como hipo pueden coexistir en un niño.
Cuando el sistema está sobrecargado, el niño puede entrar en una reacción de «shock», es decir, el sistema nervioso desconecta cualquier sensación y deja de responder frente a estímulos. Esto podría interpretarse como ser hiposensible, cuando de hecho es una reacción extrema del estado de sensibilidad excesiva.
 
Es posible que muchos padres y educadores identifiquéis en estas palabras al niño que se tapa los oídos frecuentemente ante los ruidos y la música y sin embargo, parece no escuchar y «estar en su mundo», sobre todo en ambientes concurridos como reuniones familiares o el colegio. Crea desconcierto pues nos damos cuenta de que los ruidos le molestan y sin embargo, en otras ocasiones se comporta como si fuese sordo…
 
Si quieres ayudar a un niño de estas características, pónte en contacto conmigo y buscaremos los modos de hacerlo: info@rosinauriarte.com 

Rosina Uriarte en rosinauriarte.com

 
 

«INTEGRACIÓN SENSORIAL. CÓMO CONVIVIR CON LA DISTORSIÓN»

CÓMO LEE EL CEREBRO

Niña que lee

Al igual que es el cerebro el que camina, el que habla o el que se relaciona, también es el cerebro el que lee. Veamos… cómo lee el cerebro.

El cerebro está formado por dos hemisferios simétricos. Cada uno de ellos tiene funciones para las cuales está más especializado, pero ambos participan en todas estas funciones, trabajando conjuntamente en todas y cada una de nuestras interpretaciones y respuestas.
El hemisferio izquierdo, llamado también “simbólico” o “lógico”, es el controlador del lenguaje y del procesamiento secuencial de la información.
El hemisferio derecho, llamado “visual”, “postural” u “holístico”, se encarga de procesar la información córporo-espacial, trabaja con imágenes visuales y controla las funciones holísticas (relativas al todo, que lo considera todo a la vez).
El acto de leer, cuando se realiza con el hemisferio derecho, está basado en técnicas visioespaciales y holísticas, por ejemplo palabras enteras o el método «ver-decir». Este es el método de lectura que utilizamos en la Estimulación Temprana y que puede comenzarse a temprana edad. El niño pequeño es capaz de reconocer palabras completas y poco a poco va asociando la grafía de estas palabras a sus sonidos de modo que le será muy fácil aprender a leer palabras nuevas por sí mismo.
La lectura con el hemisferio izquierdo implica decodificar símbolos individuales, construir palabras a partir de letras y estructuras basadas en la fonética. Esta es la forma tradicional de aprender a leer, en la que el niño va interpretando letras de forma individual que van combinándose para reproducir los diferentes fonemas que forman las palabras.
Hay un momento en el proceso de aprender a leer en que el equilibrio del cerebro pasa de derecha a izquierda, aproximadamente a la edad de 6 ó 7 años.
A esta edad, cuando comienza el aprendizaje de la lectura y la escritura en el colegio, el niño necesita contar con unas coordenadas bien definidas y estables y un punto de partida para poder organizar la información sobre el papel, para no confundir “la” con “al”, las unidades y las decenas o los conceptos anterior y posterior, añadir o quitar, etc. Cuando fallan
estas coordenadas, se produce una tendencia al desorden. Aquí es donde puede aparecer la dislexia.
Las personas disléxicas parece que prefieren métodos de aprendizaje del hemisferio derecho. Cuando escriben o leen tienen dificultad para aplicar técnicas del hemisferio izquierdo.
Un dato curioso recogido en el libro de Sally Goddard «Reflejos, aprendizaje y comportamiento»:
En el lejano oriente, donde el lenguaje escrito se basa en pictogramas, la dislexia raramente existe. Gran parte de la filosofía de oriente está basada también en el pensamiento del hemisferio derecho, por ejemplo, la capacidad de que el futuro, el presente y el pasado coexistan simultáneamente. Cuando soñamos hacemos esto, de manera que sucesos lógicamente desconectados se pueden observar juntos, a través de una representación holística y visio-espacial.

En esta prueba hay que decir los colores sin leer la palabra (que corresponde a un color diferente). Para realizar esta prueba, debemos inhibir la lectura que realiza el hemisferio izquierdo para decir el color de la palabra. El hemisferio izquierdo analiza las letras y lee, el derecho ve el conjunto, la imagen y distingue el color. Éste es un ejemplo de cómo compiten ambos hemisferios y cómo especialmente el hemisferio dominante (el izquierdo, el que interpreta las letras) intenta imponerse sobre la labor del hemisferio subdominante (el derecho, cuyo cometido es en este caso, reconocer el color).

En los niños con problemas de lateralidad, en los que las dominancias no están claras, ambos hemisferios compiten en lugar de colaborar, por lo que, con esta prueba podemos hacernos una idea del esfuerzo que han de realizar estos niños para poder llevar a cabo actividades que son mucho más sencillas para la mayoría de sus compañeros.

EL ODREN NO IPMOTRA

SGEUN UN ETSDUIO DE UNA UIVENRSDIAD IGNLSEA, NO IPMOTRA EL ODREN EN EL QUE LAS LTEARS ETSAN ERSCIATS, LA UICNA CSOA IPORMTNATE ES QUE LA PMRIREA Y LA UTLIMA LTERA ESETN ECSRITAS EN LA PSIOCION COCRRTEA. EL RSTEO PEUDEN ETSAR TTAOLMNTEE MAL Y AUN A SI PORDAS LERELO SIN POBRLEAMS. ETSO ES PQUORE NO LEMEOS CADA LTERA POR SI MSIMA, SNIO LA PAALBRA EN UN TDOO.
PRESNOAMELNTE ME PREACE ICRNEILBE.
TNATOS AOÑS DE COLGEIO A AL BSAURA…

En este texto vemos una prueba de cómo colaboran los dos hemisferios a la hora de leer en el caso de un buen lector sin problemas de lateralidad y con un Cuerpo Calloso bien desarrollado (recordemos que es éste el que realiza el trasvase de información de un hemisferio al otro). En la lectura de estas palabras desordenadas, el hemisferio izquierdo interpreta las letras y lee propiamente dicho, pero el derecho reconoce las palabras como un todo, como una imagen, por lo que impide que el desorden en las letras entorpezca la lectura.

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Rosina Uriarte

EL GATEO Y LA LECTURA

Bebé gateandoEl gateo es una etapa del desarrollo importante para la lectura pues durante esta etapa se produce gran parte del desarrollo del sistema visual.

Glenn Doman, tratando a sus pacientes con parálisis cerebral, había cosechado ya grandes éxitos en la mejoría de muchos de éstos en todos las áreas del ser humano.
Sin embargo, había un grupo de estos niños que le tenía totalmente desconcertado, eran niños capaces de ver, de hablar, de oír y escuchar… eran niños muy brillantes en muchos casos, pero eran incapaces de aprender a leer.
«Hemos visto que estos niños tienen únicamente dos cosas en común: no saben leer ni andar a gatas. Cuando estos niños consiguen gatear durante algún tiempo, también su forma de leer mejora. Ahora, ¿cuántas veces tiene que suceder esto, y lo hemos visto miles de veces, antes de convencernos de esta correlación entre la capacidad de andar a gatas y de leer? Y cuándo nos convenzamos de esta correlación entre la capacidad de andar a gatas y de leer, ¿cuánto se necesita hasta que comencemos a preguntarnos si, en algún lugar del mundo hay personas que, por una razón o por otra, social o cultural, religiosa, no han tenido la posibilidad, de pequeños, de poder tirarse al suelo?
En otras palabras, que no hayan tenido nunca la posibilidad de arrastrarse o de gatear. Si existe tal civismo, y si existe un pueblo así, ¿se encuentra en grado de leer?»
A raíz de esta pregunta, Doman y sus colaboradores recorrieron el mundo conviviendo con pueblos primitivos como los Xingu de Brasil, los Bosquimanos del Kalahari, los esquimales de Alaska, los Navajos de Arizona… También observaron el comportamiento de niños de Samoa, rusos, franceses…

Descubrieron que ningún niño xingu, por ejemplo, ha tenido nunca la oportunidad de arrastrarse por el suelo o de gatear. La razón es que el terreno en los lugares donde habitan es una amenaza para la seguridad, e incluso la vida, de los pequeños. Los niños son llevados sobre las caderas o las espaldas de sus madres.

Raimundo Veras, discípulo de Doman y fundador de los Institutos Veras en Brasil, dice lo siguiente: «En todos los pueblos primitivos que hemos visitado, los niños no pueden andar a gatas y ninguno de ellos puede fijar sus ojos en un objeto más cerca que el largo de su brazo. Todos son présbites. Creemos que cuando un niño camina a gatas su vista de cerca se desarrolla.»

«Si el suelo o terreno lleva a los niños a gatear, entonces existen buenas probabilidades de que aquella cultura tenga un lenguaje escrito; si los niños no pueden andar a gatas es muy dudoso que su cultura tenga un lenguaje escrito.»

«Para que un pueblo pueda escribir o leer tiene que haber desarrollado la capacidad de focalizar sobre los objetos situados a unos 30 ó 40 centímetros de su rostro.»

Glenn Doman: «Si me muestra el suelo de una cultura, puedo decirle si esa cultura tiene un lenguaje escrito o no.»

«LA IMPORTANCIA DEL GATEO»

«EL GATEO LE PREPARA PARA LEER Y ESCRIBIR»

INCIDENCIA DE LA AUDICIÓN EN LA ESCUELA Y EN LA CONDUCTA

En este artículo los autores explican la importancia de poseer una buena capacidad auditiva para lograr resultados ópitmos en el rendimiento escolar y cómo, además de afectar al aprendizaje, una deficiente audición puede además determinar el estado de ánimo y el comportamiento de nuestros hijos y alumnos.

Es fácil comprender que existen muchos y variados problemas visuales sin referirnos a la ceguera, y que por ello observamos a los niños e intentamos ayudarlos por medio de lentes y otros mecanismos como pudiera ser tapar un ojo… Sin embargo, nos cuesta aceptar que, lógicamente, existen también muchas y muy variadas formas de oír y de escuchar y que, por desgracia, no se hace nada para ayudar a los niños con deficiencias en este sentido a no ser que padezcan de una sordera…

Víctor Estalayo y Rosario Vega son los discípulos directos de Guy Bérard en España. Bérard es un otorrinolaringólogo francés que ha estudiado estos aspectos de la audición durante más de 40 años y ha creado un tratamiento que se está extendiendo poco a poco por todo el mundo, incluído nuestro país. Las estadísticas hablan de la necesidad de realizar pruebas auditivas a niños con fracaso escolar y problemas emocionales o de conducta. Estas estadísticas también nos muestran el elevado grado de efectividad de la Reeducación Audtiva en estos casos.
Rosina Uriarte

INCIDENCIA DE LA AUDICIÓN EN LA ESCUELA Y EN LA CONDUCTA

Por VÍCTOR ESTALAYO, director del Instituto de Desarrollo Infantil y Reeducación Auditiva VEGAKIDS, y ROSARIO VEGA, presidenta.
"Reeducación auditiva para el éxito escolar y el bienestar emocional" de Guy Berard
La mayoría ignora que, en el oído, las anomalías son muy numerosas sin tener en cuenta los fallos en la agudeza auditiva.
Dos individuos con idéntica agudeza auditiva pueden oir y escuchar de forma muy diferente. La calidad del procesamiento de los estímulos acústicos se refiere a cómo oímos, cómo escuchamos y cómo interpretamos lo que oímos.
En su obra «Reeducación auditiva para el éxito escolar y el bienestar emocional» el doctor Guy Bérard divulga los hallazgos de investigaciones clínicas que ha realizado en este campo durante varias décadas.

Posibles fallos en el procesamiento auditivo

1. Falta de uniformidad en los umbrales
Lo más común es que algunos o muchos umbrales sean diferentes entre sí. La uniformidad total se expresa en un audiograma recto que es muy poco frecuente; casi siempre hay altibajos. Cuando son numerosos, dificultan mucho el procesamiento de lo que se oye.
Los picos producen distorsiones. Si corresponden a las frecuencias más importantes para el lenguaje, afectan a la actividad escolar, a la comprensión, a la atención y hasta a la estabilidad emocional.

2. Fallos en la discriminación
Muchos no aprecian si un sonido es más agudo o más grave que otro. El fallo puede ser parcial o total. A veces un oído puede discriminar bien el otro, mal. Con más frecuencia son ambos los que fallan. El fallo puede estar en los graves, en los agudos o en toda la gama de sonidos.
El habla consiste en la emisión de fonemas que tienen su puesto en una escala de sonidos. Por ejemplo, los sonidos sordos como /p/, /t/, /k/, son más graves que los sonoros /b/, /d/, /g/. La incapacidad y aún una ligera dificultad para distinguir a unos de otros complican el seguimiento de las explicaciones orales. Exigen mucho esfuerzo de atención para deducir del contexto su valor real. Considerando lo que pasaría si uno tuviera que esforzarse por distinguir, por ejemplo, pata de bata, pelo de velo, tía de día, tuna de duna, cana de gana o coma de goma, no lograríamos hacernos más que una pálida idea de lo que supondría pasarse una hora escuchando centenares o millares de palabras salpicadas de fonemas sordos y sonoros sin poder diferenciarlos.
La dificultad aumenta cuando se trata de discriminar los extraños fonemas de la segunda lengua que se estudia. Al menos siete de la docena larga de fonemas vocálicos de la lengua inglesa y no menos de quince de sus fonemas consonánticos carecen de correspondencia en nuestra lengua. Para poder percibirlos con exactitud, es necesario oírlos muchas veces a edad temprana.
Si nos se discriminan bien, no será posible distinguir auditivamente, fit (en forma) de feet (pies), show (espectáculo) de chow (comida), pen (pluma) de pan (cazuela), cut (corte) de cat (gato) o de cot (catre o cuna), cash (dinero contante) de catch (captura), as (como) de ass (asno), chip (astilla) de cheap (barato), fan (abanico) de fun (diversión) yotras numerosísimas palabras que, oralmente, se distinguen sólo por un fonema.
Las consecuencias de la falta de una correcta discriminación auditiva afectan igualmente a la apreciación musical. Un fallo general en esta función reduce drásticamente la gama de sonidos que se perciben, elimina el concepto mismo de melodía en el caso de quien lo padece, impide notar el cambio de tonalidad y seguir el sonido individual de los instrumentos de la orquesta sobre todo cuando tocan simultáneamente.

3. Mala lateralización
La eficiencia del procesamiento auditivo se pone a prueba de modo especial cuando se trata de llevar al cerebro la información oral suministrada por los profesores durante un período de tiempo prolongado. Es necesario llevar la información al hemisferio cerebral dominante por la vía auditiva propia, que es la más corta y la más rápida. Es lo que ocurre en un individuo bien lateralizado.
Pero hay quien no queda bien lateralizado auditivamente y procesa unas frecuencias de sonido por la izquierda y otras por la derecha. Si no se procesan todos los fonemas por la misma autopista de información, los que van por la ruta más larga tardarán más en llegar creando conjuntos de fonemas desordenados. Para su comprensión, el cerebro del oyente necesita reordenarlos. Esta operación exige un trabajo extraordinario. Si la presión de las ondas sonoras producidas por el conjunto de fonemas /l/ /a/ /s/ llega al área auditiva del cerebro en otro orden, como /s/ /a/ /l/, en lugar de las, se oiría sal, por ejemplo. Pero esa clase de trabajo no se puede realizar cómodamente si es contínuo y mucho más complejo.
La falta de una buena lateralización auditiva es responsable de dislalias y dislexias y, además, puede causar tartamudez. En general, complica de tal manera la escucha activa, la comprensión y la atención, que explica por sí sola los fallos en estas áreas.

4. Tiempo de respuesta prolongado
La lentitud en el procesamiento de la información acústica es una anomalía improtante que bastaría por sí sola para dar cuenta de un pobre rendimiento escolar. Es el resultado de fallos como falta de uniformidad en los umbrales de percepción, pobre discriminación y una lateralidad auditiva imperfecta. Si se dan otdas estas anomalías en un mismo niño, será muy lento y estará abocado al fracaso en la actividad escolar.

5. Audición dolorosa
Los ruidos muy intensos, de 130 dB en adelante, producen dolor. Entre 90 y 120 dB causan malestar y, si es se prolongan, son insoportables. Pero algunas personas sienten malestar y hasta dolor al oír ruidos suaves, generalmente agudos.
La audición muy sensible es típica de muchos lesionados cerebrales y general en los autistas. Ruidos que los demás filtramos sin esfuerzo y nos resultan casi imperceptibles son para ellos peores que el torno del dentista. Se tapan los oídos con frecuencia, chillan y, a veces, se golpean. Se vuelven solitarios, huyen de los lugares ruidosos o de los encuentros con grupos de personas y llegan a aislarse hasta el punto de suprimir la comunicación oral. Parece que el autismo guarda una estrecha relación con esta clase de alteración de la percepción auditiva.

Incidencia de la calidad auditiva en el rendimiento escolar

Siendo la escucha la actividad intelectual más común en las aulas, requiere una excelente calidad auditiva para poderla realizar bien día tras día durante largas horas. Es fácil comprender que un estudiante afectado por alguna de las anomalías auditivas señaladas necesitará esforzarse mucho para seguir las lecciones. Según el grado de los fallos que tenga, sólo podrá prestar atención durante media hora, un cuarto de hora o menos aún antes de rendirse a la fatiga y a la incapacidad de seguir comprendiendo lo que está oyendo.

Nosotros mismos hemos podido verificar la hipótesis del doctor Bérard que formulamos así:

«La incidencia de la calidad auditiva en el rendimiento escolar es tan grande, que, en general, es posible identificar a los estudiantes más aventajados y más retrasados mediante unas simples pruebas auditivas.»

Para ello, llevamos a cabo una investigación en el I.E.S. Gaspar Melchor de Jovellanos de Fuenlabrada (Madrid) y en el Colegio Pablo Neruda de la misma ciudad examinando a 195 estudiantes.
Se realizaron tres pruebas: la de selectividad o discriminación, la de lateralidad y la audiometría teniendo en cuenta, además del audiograma resultante, el tiempo de respuesta, el grado de seguridad en las respuestas y la capacidad de atención.

De las pruebas se desprendía que, en general,
– los sujetos gozaban de una magnífica agudeza auditiva,
– que la audición es, en efecto, una función compleja,
– que las anomalías posibles por lo que se refiere a la calidad del procesamiento de los mensajes orales son numerosas y que
– un porcentaje significativo de los sujetos examinados presenta una o varias anomalías, que podrían tener una icidencia negativa en el rendimiento escolar.
Al cotejar la lista de los sujetos que presentaban anomalías en la calidad auditiva con los expedientes académicos, el resultado fue éste:


Los que tienen una agudeza normal pero también una mala calidad auditiva no reciben ayuda alguna. Su número es seguramente mayor que el de los escolares que usan gafas, pero no hay audífonos que puedan corregir su anomalía, que ni siquiera es sospechada por sus padres ni por los educadores. Para poder seguir la lección oral sin quedarse atrás, descodificando lo que perciben en desorden y comprendiendo la información que reciben, necesitan hacer un esfuerzo sobrehumano. Pero no podrán prolongarlo mucho; pronto les atacará la fatiga, sentirán frustración y echarán en falta la energía necesaria. Los educadores notarán que no les siguen o que no se enteran de casi nada; dudarán de su inteligencia mientras su conducta sea adecuada y, luego, echarán la culpa de su pobre rendimiento a su mal comportamiento. Éste se irá deteriorando poco a poco en la medida de su desánimo o de su incapacidad para prestar atención y para quedarse inactivo. Se moverá, hablará, hará travesuras y distraerá a los demás. A esas alturas nadie se explica qué le pasa y nadie consigue corregirle ni ayudarle.

Solución: Reeducación Auditiva

El doctor Bérard ensayó un programa de reeducación auditiva mediante el uso de un modulador de frecuencias que le permitía dar una especie de gimnasia cerebral y mejorar la calidad auditiva.
Hasta 1982 había tratado a 1850 pacientes que presentaban anomalías en la calidad auditiva y serios problemas de aprendizaje. Los resultados golbales fueron muy positivos en 1410 de ellos, es decir, en el 76,2 % de los casos; además había obtenido mejorías parciales notables en los restantes 440 estudiantes.
En sólo diez días que dura el tratamiento es frecuente comprobar que se han operado importantes cambios en el audiograma, que no rara vez se reflejan positivamente en diversos aspectos de la inteligencia y de la conducta: mayor deseo de aprender, más facilidad, mejor comportamiento, lenguaje más abundante, reproducción más exacta de algunos fonemas, más capacidad para prestar atención y menos dificultades para el aprendizaje. Una familia nos comunicó así los resultados observados en un niño:

«Aumento de generación espontánea de lenguaje, mayor comprensión lingüística, integración social mayor, comprensión y aprendizaje de textos pequeños (en Conocimiento del Medio e Inglés), buena memorización (tablas de multiplicar y oraciones en catequesis), razonaminto más ágil (mejor y más rápida resolución de los problemas).
Como podéis observar, en esots dos meses ha progresado bastante y cada vez se aproxima más a lo que sería razonable para su edad.
Estamos muy contentos con su evolución. También él está muy contento y participa como cualquier otro en las relaciones sociales.
No he contactado con vosotros antes para el tema que os comenté sobre clases de apoyo, ya que de momento lleva bien el curso.»

«El método Berard de reeducación auditiva»

JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS. Dificultades visuales en el aprendizaje de la lectura.

Jorge es un niño que no lee como los demás y esto no se debe a una cuestión de inteligencia, sino a dificultades visuales que normalmente no son evaluadas ni tratadas en los niños.

Una tarde cualquiera en la consulta de Carlos…
– Madre de Jorge: “Buenas tardes.” Niño lee
– Carlos: “Hola, buenas tardes. ¿Así que este chavalote es Jorge? Estás muy alto, ¿no estabas tú en segundo de primaria?”
– Jorge: “Sí.”
– C: “Pues seguro que eres el más alto de tu clase.”
– J: “Casi, Andrés me gana.”
– C: “¿Te gusta el cole?”
– J: “No mucho… Me cuesta leer, es muy difícil y la profe me riñe porque lo hago muy despacio y me equivoco siempre.”
– M: “Leo con él todas las tardes, pero acabamos los dos agotados después de leer tan sólo unas pocas líneas. Conoce bien las letras, pero no acaba de soltarse a leer y cada vez va más atrasado en clase. La profesora está preocupada y nosotros también. Hace poco le llevé a un oftalmólogo y nos dijo que el niño ve estupendamente. Pero una amiga me aconsejó que viniéramos para que le echaras un vistazo.”
– C: “Habéis hecho bien, vamos a echar ese vistazo. Siéntate aquí Jorge, y dime qué letras ves allí iluminadas en la pared…”
– J: “M”
– J: “B”
– J: “S”
– …
– C: “Muy bien, ésta ha sido fácil. Las letras han aparecido una por una. Vamos a ver qué pasa cuando salen todas juntas…”
– J: “M, B, …(silencio)”
– M: “No lo entiendo, él las conoce perfectamente, ¿por qué no las dice?”
– C: “Jorge no tiene problemas de agudeza visual, ve perfectamente y conoce las letras por eso las dijo todas cuando aparecieron por separado. Lo que pasa es que sus ojos no trabajan bien realizando los movimientos sacádicos, que son las fijaciones a saltos de izquierda a derecha que son necesarias para la lectura. Le cuesta hacer estos saltos de una letra a otra, a la segunda letra se ha cansado ya del esfuerzo y no ha podido seguir. Vamos a seguir haciendo más cosas a ver qué tal…”
– C: “Jorge, mira la punta de este bolígrafo mientras yo lo muevo delante de tu cara. No dejes nunca de mirarlo, ¿vale?”
– J: “Vale.”
– C: “Lo estás haciendo muy bien, este boli se mueve mucho. No dejes de mirarlo y dime, ¿cómo te llamas?”
– J: “Jorge”
– C: “Bien, ¿y cuántos años tienes?”
– J: “Ahhh… (deja de mirar el bolígrafo para contestar)… Siete”
– M: “Jorge, ¡has dejado de mirar el bolígrafo!”
– C: “Sí, es capaz de realizar movimientos horizontales, verticales, diagonales y circulares con los ojos siguiendo un punto móvil, pero esto le supone tal esfuerzo y concentración que no puede contestar a preguntas sencillas a la vez. Por esto no podrá entender lo que está leyendo. Aunque adquiera la mecánica de la lectura, no podrá comprender el texto.”
– M: “¡Es increíble! Ahora queda claro porque le cuesta tanto leer…! Una cosa más, antes de que se me olvide… él a veces dice que las letras se mueven cuando lee.”
– C: “Sí, por lo que veo, Jorge tiene una pequeña foria. Es algo así como un estrabismo, pero no se nota exteriormente. El cerebro debe ser capaz de fundir con comodidad las dos imágenes de los dos ojos y crear una sola. Jorge lo hace, pero con mucho esfuerzo, por lo que se cansa, y cuando esto ocurre deja de ver una sola imagen y las letras se mueven.”
– M: “¿Y qué podemos hacer?”
– C: “No te preocupes, os voy a dar unos sencillos ejercicios. Es como una gimnasia ocular. En unos pocos meses Jorge estará como nuevo y listo para leer. Os daré cita para dentro de dos meses y entonces decidiremos si hay que seguir o lo dejamos ya ahí.”
– M: “Muchísimas gracias, hasta entonces.”
– C: “Adiós. Y no te olvides de hacer los ejercicios todos los días.. ¿eh, campeón?”
– J: “No me olvidaré, lo prometo.”
Optometrista evalúa visión en un niño Esta conversación es real, aunque los diálogos no han sido reproducidos de forma exacta. Jorge tiene otro nombre, pero es un niño real, que después de dos meses sólo necesitó otro mes más de reeducación ocular para ponerse a la altura de sus compañeros de clase en cuanto a lectura se refiere. Al cabo de dos años volvieron a ver a Carlos pues las letras de nuevo se movían cuando él se sentía cansado o algo débil. Volvieron al programa de ejercicios durante otros dos meses y fue dado de alta definitivamente.

Carlos también es un personaje real, y ése es su verdadero nombre. Es optometrista y muy bueno, por cierto.

El oftalmólogo es un médico que se ocupa de la salud ocular y del órgano del ojo en sí. Nos dirá si los ojos de nuestros hijos son sanos, o si sufren de miopía, etc. El optometrista, en cambio, es el profesional que se dedica al estudio del funcionamiento del ojo. Es esencial que los ojos funcionen de forma adecuada y cómoda para que los niños puedan leer sin realizar un esfuerzo añadido y con resultados considerados óptimos. Esto no es lo habitual en los niños que muestran problemas de inmadurez en su sistema nervioso, por lo que se hace necesaria la visita al optometrista en todos los casos de niños con dificultades, sobre todo los que las acusan en las tareas escolares.

Éste es mi pequeño homenaje a Carlos Pereda y a todos los optometristas infantiles, cuya labor es aún desconocida para la mayoría y tan necesaria para tantos niños.
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«REQUISITOS PARA INICIAR EL APRENDIZAJE DE LA LECTURA CON ÉXITO»

INTEGRACIÓN SENSORIAL. CÓMO CONVIVIR CON LA DISTORSIÓN

Publicado en la revista Chavalucos (primavera 2007)

Rosina Uriarte Álvarez.
Licenciada en Filosofía y Letras y Diplomada en Educación Infantil.
Especializada en Estimulación Temprana y directora del Centro Bilingüe de Estimulación Temprana BRISBANE.

PROBLEMAS EN LA INTEGRACIÓN SENSORIAL, EL DISCONFORT DE LOS SENTIDOS

Relajaros e intentad imaginar lo siguiente:
Encended la radio y no sintonicéis ninguna emisora; mantenedla en un sonido estático y subid el volumen.
Pedid a alguien que encienda y apague las luces cuando él quiera.
Sentaros en una silla rota (que tenga una pata más corta que las otras) y apoyaros en una mesa que también baile (imaginad una de las que están en los restaurantes y que nos hacen sentir muy incómodos).
Ahora poneros un jersey apretado y áspero, en lugar de una camiseta cómoda; poneros también unos calcetines al revés, y unos zapatos un número más pequeño.
Con todos estos aspectos en juego o sólo con un par de ellos, coger un libro e intentar aprender algo… Procurar mantener la calma, no os pongáis nerviosos y prestar atención a alguna persona que os intente explicar alguna cosa…

Esto nos lo propone Bárbara Viader, terapeuta especializada en Integración Sensorial. Ella ha exagerado la situación para que comprendamos mejor cómo se sienten los niños con dificultades para interpretar y organizar la información que les llega a través de los sentidos, lo que en términos técnicos se denomina ‘disfunción en la integración sensorial’.
Como veremos a lo largo de este artículo, muchos de los problemas que se observan en nuestros niños y que les causan dificultades de aprendizaje y de comportamiento se deben a esta disfunción en la integración sensorial.

La Integración Sensorial
La Integración Sensorial es la función que cumple el Sistema Nervioso al procesar todo lo que captan nuestros órganos sensoriales.
Cada día recibimos millones de estímulos que el Sistema Nervioso debe seleccionar, pues muchos de ellos son irrelevantes y debemos inhibirlos para no sentirnos abrumados y poder lograr los objetivos que nos proponemos en cada momento. Vivir sin esta inhibición sería realmente agotador y difícil. Sin ella, no podríamos prestar atención a lo que nos interesa, sino que atenderíamos a diferentes estímulos a la vez, teniendo que realizar un gran esfuerzo por centrarnos en la tarea más simple.
En cada uno de los pequeños actos que realizamos a diario, cada vez que nos movemos, hablamos, nos relacionamos con los demás… existe una perfecta coordinación entre la información que entra en el Sistema Nervioso a través de los sentidos, y la que sale, en forma de nuestro comportamiento y nuestra actitud ante todo lo que nos rodea. Cuando nuestro cerebro procesa de forma correcta los estímulos que nos llegan, respondemos adecuadamente y de forma automática.
Disfunción en la Integración Sensorial
En los niños, la disfunción en la integración sensorial se hace muchas veces evidente ya desde edades tempranas. Debe preocuparnos, pues compromete su futuro éxito escolar, su manera de relacionarse y su autoestima.
Son niños sanos, algunos con inteligencias superiores a la media, pero con comportamientos que sobresalen del grueso de los niños de su misma edad. Pueden mostrar una gran falta de control emocional, con reacciones exageradas y miedos a cosas habituales e inofensivas o a cualquier cambio en su rutina diaria. Tienen dificultad para prestar atención en clase y parecen no entender lo que se les dice. Se les califica como vagos y muy movidos y tienen problemas de aprendizaje.
Estos niños sufren un déficit en su integración sensorial, la información que llega a su cerebro no es bien interpretada y organizada por lo que son víctimas de esta desorganización. A menudo se les riñe y llama la atención, por lo que caen en estados de ansiedad y frustración. Como resultado, estos pequeños se vuelven apáticos o hiperactivos y agresivos, y pierden interés en las clases. Los habituales métodos de premios y castigos no tienen el efecto deseado, pues lo que nos parece un comportamiento negativo susceptible de ser corregido es, en realidad, una reacción automática de un sistema nervioso desbordado.
Los sentidos
Todos estamos familiarizados con los cinco sentidos de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato. Pero hay más…
De vital importancia es el sentido vestibular, pues nos ayuda a mantenernos erguidos y en equilibrio. Nos informa de los movimientos y posturas que debemos adoptar en cada momento para luchar contra la fuerza de la gravedad y no caer. Sin él no podríamos movernos libremente y sin miedo en el espacio que nos rodea.
También es importante el sentido propioceptivo, nos aporta información de nuestras articulaciones y músculos para que podamos regular movimientos de precisión y la fuerza que utilizamos en cada acto que realizamos. Sin él no podríamos utilizar ningún utensilio, por ejemplo, y seríamos realmente torpes.
Por último, el sentido del tacto es mucho más significativo de lo que normalmente suponemos. No solamente nos informa de la temperatura, la presión, el dolor, la dureza o suavidad de las cosas, etc. El sistema táctil tiene una gran influencia en nuestras emociones y sentimientos. A través del tacto experimentamos infinidad de sensaciones emocionales que impactan en nuestro estado de ánimo y determinan nuestra relación con los demás.
Síntomas que deben alertarnos
Una disfunción en la información que llega de los sentidos afectará siempre al carácter y comportamiento del niño, y por supuesto, a su rendimiento escolar. Algunos niños manifiestan desajustes en uno o varios de sus sentidos, otros los muestran en todos ellos.
El sentido más comúnmente afectado y el más importante para un buen rendimiento en el aula es el oído.
Al igual que existen muchas anomalías en la visión, también existen variadas formas de oír, que pueden dificultar el desarrollo del lenguaje y la atención, además de contribuir muy directamente en el estado de ánimo.
Un niño que no selecciona bien los estímulos auditivos, no podrá prestar atención a lo que dice el profesor en clase, o para hacerlo, tendrá que realizar un esfuerzo mayor que el resto de sus compañeros, esto es agotador y acaba distrayéndose al cabo de un rato. Constantemente nos llegan muchos y variados sonidos de nuestro entorno de los cuales no somos conscientes, pero estos niños no pueden «eliminarlos» para centrarse en lo que les decimos los padres o profesores. El caso es aún más grave cuando existe hiperacusia, cuando el niño oye por encima del nivel considerado normal. Entonces oirá sonidos que son inexistentes para la mayoría de nosotros que se añaden a todos los ya mencionados. Cuando la audición es muy sensible, puede llegar a ser dolorosa. Debemos prestar siempre especial atención a niños que se tapan los oídos ante los ruidos o la música. También a aquellos que parecen no escuchar, pues es posible que sufran de esta hipersensibilidad auditiva y utilicen la desconexión como un método de defensa. Por supuesto que tendremos en cuenta los niños con problemas en el lenguaje y en la atención. Y a aquellos que utilizan un tono de voz anómalo, pues es a través del oído que percibimos nuestra voz y así podemos regularla.
Cómo responde un niño ante el tacto puede darnos información sobre el estado de su integración sensorial. Algunos niños huyen del contacto físico con los demás, lo rechazan o reaccionan violentamente como si se les agrediese cuando otra persona les toca, sobre todo cuando lo hacen improvisadamente. Otros niños buscan más estimulación táctil de la que normalmente reciben, les gusta revolcarse por el suelo, luchar con fuerza y parecen no sentir dolor ante los golpes. En ocasiones buscan tranquilizarse o entretenerse tocándose insistentemente el pelo, la oreja, metiéndose algo en la boca…
Al igual que ocurre con los niños con disfunciones en la audición, su comportamiento puede parecer en ocasiones contradictorio. Niños que se quejan de pequeños ruidos se entusiasman con los petardos… niños que no parecen notar el dolor tanto como los demás, se quejan del roce de la ropa… Esto tiene una explicación: el provocarse dolor o una sensación táctil intensa hace que las pequeñas pero constantes molestias que sienten por su hipersensibilidad se vean amortiguadas por esa sensación más fuerte.
Los niños que no interpretan bien los estímulos vestibulares pueden mostrarse miedosos y torpes al correr, saltar, hacer deporte… Suelen huir de parques con columpios y toboganes, y probablemente no les guste montar en bicicleta o patinar. Otros, en cambio, no paran de correr, se suben a todas las vallas que ven y parecen no ser conscientes del peligro. Giran y saltan constantemente y les entusiasman los columpios, toboganes y atracciones de feria. Buscan continuamente una estimulación vestibular que no les llega con suficiente claridad y en la cantidad que necesitan.
En cuanto al sentido propioceptivo, cuando no informa adecuadamente nos encontramos con niños torpes y descoordinados. Niños que parecen romper todo lo que tocan, que no pueden evitar ensuciarse más que sus compañeros al comer y derraman a menudo lo que beben de un vaso. Se muestran rígidos en sus movimientos o todo lo contrario, parecen tener una tensión muscular débil. Podemos verles utilizar una fuerza exagerada para realizar un acto que no la requiere, o una fuerza insuficiente, esto se comprueba en la presión que ejercen al utilizar el lapicero al escribir o dibujar.
La visión, junto con la audición, es el sentido más importante en el rendimiento del niño dentro del aula. Problemas comunes como la miopía, hipermetropía, astigmatismo, etc. se deben a deformaciones orgánicas en el ojo propiamente dicho. Pero las deficiencias en la información que nos llega de los ojos, aún estando éstos en condiciones físicas perfectas, depende de cómo la interpreta nuestro cerebro. Es necesario que los ojos puedan converger ambos en un mismo punto sin realizar un esfuerzo mayor al habitual, y que puedan enfocar a diferentes distancias. Para poder leer y escribir es preciso que los dos ojos se muevan adecuadamente y de forma cómoda.
La respuesta ocular en los niños que tienen cualquier pequeño trastorno en su sistema nervioso, como es el caso de la integración sensorial deficiente, suele ser inadecuada. Son niños con dificultad para aprender a leer o escribir, que no les gusta hacer puzzles o dibujar… Podemos notar que son buenos alumnos salvo cuando trabajan sobre el papel o copian de la pizarra, entonces su atención es limitada y los resultados son pobres.
El gusto y el olfato son sentidos menores a los que normalmente damos poca importancia. Pero cuando estos sentidos perciben más información de lo habitual, pueden hacer que la vida del niño sea más incómoda y que éste sea etiquetado de caprichoso o maniático a la hora de comer o en lo referente a los olores. Son niños que normalmente perciben los olores antes que cualquiera que los acompaña y los reconocen, al igual que los sabores, mostrando desagrado por muchos de ellos.
A cuántos niños afectan los problemas de integración sensorial
La teoría de la Integración Sensorial puede explicar la mayoría de los problemas de aprendizaje y comportamiento, exceptuando aquellos derivados de una lesión o enfermedad neurológica. Por supuesto que hay muchos factores que pueden causar fracaso escolar y conductas problemáticas, pero según los expertos, el 70 por ciento de estos casos están relacionados con disfunciones en la integración sensorial.
La conclusión es que estas disfunciones sensoriales están detrás de la mayoría de los casos de déficit de atención, dislexias, disgrafías, dificultades con las matemáticas, la conducta, el desarrollo y la descoordinación motriz, la hiperactividad, la mala inserción social, disfunciones relacionadas con el autismo o problemas con la alimentación.
Según los diferentes criterios, se considera que del 5 al 20 por ciento del total de la población infantil padece algún tipo de disfunción en la integración sensorial.
Cómo ayudar a estos niños
Primero de todo, debemos tener presente que el sistema nervioso de estos pequeños no es tan estable como el de los demás. Son niños emocionalmente frágiles, para muchos de ellos el mundo que perciben no es un lugar seguro y divertido. Se muestran a menudo ansiosos y tienen poca tolerancia a la frustración. Reciben muchas llamadas de atención y castigos que van afectando su autoestima y el concepto que van creando de sí mismos. A esto hay que añadir sus pobres resultados en las tareas escolares.
Cuando un niño es propenso a las rabietas y la pérdida del control, cuando es muy sensible a los ruidos o los olores, cuando se pierde por los pasillos o es miedoso y torpe, cuando no acepta los cambios en la rutina o necesita moverse constantemente… adaptemos el entorno en la medida de lo posible para que concentrarse en sus tareas y mantener el control de la situación le sea más fácil. Adaptemos nuestra actitud para con ellos, manteniendo la calma y siendo conscientes de que nuestros actos y nuestro tono de voz pueden influir en su comportamiento.
Intentemos comprender al niño, intentemos imaginar cómo se siente, para así poder ayudarle y no tacharle de «tonto», «vago», «maniático», «malo», etc. El primer paso para ayudar a cualquiera de estos niños empieza por cambiar el concepto que tenemos de él y respetarle tal como es. Con calma y firmeza le haremos saber qué cosas debe cambiar de su comportamiento y deberemos comprometernos a acompañarle en esta difícil tarea. Por supuesto que nos marcaremos objetivos que sean posibles de conseguir por parte del niño. Un programa de recompensas cuando haya una mejoría en su conducta y una retirada de privilegios cuando el comportamiento sea inadecuado son estrategias beneficiosas para todos los niños.
También es muy beneficioso el aprendizaje multisensorial. Es aquel que utiliza todos los sentidos, no solamente la visión y el oído. Cuantos más sentidos estén implicados en aprender algo, más fácil resultará entenderlo y recordarlo. Los niños disfrutan experimentando, viendo y tocando, saboreando y moviéndose… Teniendo en cuenta que no todos los niños utilizan de la misma forma sus sentidos, es bueno darle una oportunidad a aquellos que necesitan utilizar el movimiento o el tacto, por ejemplo, para su aprendizaje.
Existen especialistas que pueden ayudar. Básicamente se trata de hacer que madure el sistema nervioso para que integre correctamente la información sensorial. Ya que el sistema nervioso tiene dos vías: una de entrada (los sentidos) y otra de salida (nuestras respuestas), la única manera de actuar sobre él es a través de los propios sentidos estimulándolos.
Los terapeutas ocupacionales expertos en Integración Sensorial proponen ejercicios que estimulan el tacto y el sentido vestibular. Éstos son dos de los sentidos que más directamente afectan a nuestro sistema nervioso. Primeramente hacen un estudio del niño para conocer cuáles son los ejercicios más adecuados en cada caso. (Consultar Terapia Ocupacional Pediátrica Isabelle Beaudry)
El otro sentido que más puede afectarnos después del vestibular y el tacto, es el oído. Para estimularlo y corregir audiciones defectuosas existen varios métodos de reeducación auditiva. Uno de los más conocidos y efectivos es el del doctor Guy Berard. (Consultar Vegakids)
El cerebro del niño madura de forma natural gracias a todos los estímulos que le llegan de su entorno y a cada uno de los movimientos que realiza. Por ello es importante pensar en una reeducación psicomotriz. Ésta consistirá en llevar a cabo un programa de movimientos básicos que el bebé realiza de forma innata en su desarrollo, como por ejemplo, el gateo. No existe una edad límite para la realización de estos programas, aunque los resultados y el tiempo necesario para llegar a ellos varían con la edad del niño. Cuanto más tiempo esperemos, más difícil será conseguir los mismos beneficios con el mismo esfuerzo.
Es necesario que estos niños visiten a un optometrista ante la posibilidad de necesitar una reeducación ocular, ésta suele resultar sencilla con muy buenos efectos en períodos relativamente cortos de tiempo.
Teniendo en cuenta que el niño es una unidad y que cada parte afecta al todo, ayudar a estos niños significa actuar desde diferentes frentes. En Barcelona está el Instituto Médico del Desarrollo Infantil, uno de los pocos sitios en nuestro país donde observan al niño en su conjunto y pueden proponernos una terapia multidisciplinar para ayudarle en todos los aspectos posibles.

LA LATERALIDAD: ¿DIESTRO O ZURDO?

Para lograr una mayor eficacia con un mínimo de esfuerzo en todo lo que hacemos, es preciso tener una lateralidad bien establecida.

Por Rosina Uriarte

¿Por qué somos diestros o zurdos? Parece que los expertos no lo tienen aún del todo claro, en lo que sí están de acuerdo es en que es algo que se ve condicionado por nuestros genes, por lo que tendríamos más posibilidades de ser zurdos si existiesen antecedentes familiares. En realidad, no nacemos diestros o zurdos, si no que nos vamos convirtiendo en tales en nuestra primera infancia, influidos por esa tendencia genética y por el entorno en el que crecemos.

La lateralidad se refleja en el hecho de que uno de los lados de nuestro cuerpo predomina sobre el otro en la realización de la mayoría de las actividades, en especial aquellas que requieren fuerza o habilidad. Para lograr una mayor eficacia con un mínimo de esfuerzo en todo lo que hacemos, es preciso tener una lateralidad bien establecida. Lo ideal es que nuestro lado dominante sea siempre el mismo para todas las actividades: en las que interviene la mano, el pie, el ojo, el oído…

Hasta los tres años aproximadamente, lo habitual es que el niño experimente con ambos lados de su cuerpo. Así le veremos utilizar indistintamente una mano u otra en su juego diario. Por este motivo, no sería apropiado iniciarle en deportes o actividades en las que el niño deba utilizar un utensilio (como la raqueta o el lapicero, por ejemplo) y en caso de hacerlo, no debemos insistir para que utilice una mano determinada. Es conveniente que apoyemos al niño en su desarrollo lateral, pero solamente debemos intervenir para ayudarle a definirse en uno u otro sentido una vez que esté clara su inclinación natural. Pretender influir en un modelo contrario al que muestra el niño de forma espontánea puede acarrear consecuencias graves en el desarrollo y ejercicio de habilidades y destrezas futuras, y muy concretamente en su rendimiento escolar.

Un niño al que se le ha forzado a utilizar la mano contraria a su lado dominante, o que no acaba de definirse como diestro o zurdo hacia los 4 ó 5 años, es un niño con un sistema nervioso desorganizado. Su cerebro ha de estar organizado para que él pueda organizarse a su vez en el espacio en el que se mueve y sobre el papel en su trabajo escolar.
La lateralidad es la función que hace posible que nos orientemos en el espacio y en el tiempo, y por tanto, nos permite entender y manejar los códigos escritos (letras y números). Sin unas coordenadas bien establecidas, no podríamos orientar los símbolos cuyo significado depende de la forma que tienen y el lugar que ocupan en el espacio y el tiempo, así podrían surgir confusiones entre «23» y «32» ó «SE» y «ES», por ejemplo.
El Sistema Nervioso necesita funcionar como un sistema jerárquico en el que cada parte tiene su cometido y en el que todas las partes trabajan juntas aportando cada una su función para obtener resultados eficaces con un mínimo esfuerzo. Esto es necesario para que el Sistema Nervioso pueda procesar todos los estímulos que le llegan de forma constante. En todo momento estamos recibiendo una gran cantidad de información de nuestros sistemas sensoriales y usamos esta información para regular nuestro comportamiento e interactuar con el mundo.
El cerebro está formado por dos hemisferios simétricos. Cada uno de ellos tiene funciones para las cuales está más especializado, pero ambos participan en todas estas funciones, trabajando conjuntamente en todas y cada una de nuestras interpretaciones y respuestas.
El hemisferio izquierdo, llamado también «simbólico» o «lógico», es el controlador del lenguaje y del procesamiento secuencial de la información.
El hemisferio derecho, llamado «visual», «postural» u «holístico», se encarga de procesar la información córporo-espacial, trabaja con imágenes visuales y controla las funciones holísticas (relativas al todo, que lo considera todo a la vez).
Cómo interpretan la información cada uno de los hemisferios.
Al hemisferio izquierdo se le considera el hemisferio «dominante» por su capacidad de análisis y su control sobre el lenguaje oral y escrito. El derecho queda, por tanto, como «subdominante» por ser más intuitivo, altruista y cooperacional. Simplificando las cosas, podríamos denominar al primero como el hemisferio «científico» y al segundo como el «creativo». R. W. Sperry menciona dos modos de pensar: el verbal y el no verbal, representados por el hemisferio izquierdo y el derecho respectivamente. No debemos perder de vista, sin embargo, el hecho de que ambos trabajan a la vez y que cada hemisferio por separado empobrece enormemente sus funciones.
El proceso de aprendizaje necesita esta organización jerárquica y la organización está relacionada y determinada por el proceso de desarrollo en el niño. Por tanto, es algo que podemos desarrollar mejor o peor.
Antes de distribuir las funciones entre los dos hemisferios es muy importante conseguir la conexión interhemisférica. Para que un hemisferio sea el director de una función, debe estar informado de la actividad del otro hemisferio. Es por esto que es muy importante haber desarrollado las vías de conexión entre ambos hemisferios. El cuerpo calloso es el haz de fibras nerviosas que comunica un hemisferio cerebral con el otro para que ambos lados del cerebro trabajen de forma conjunta y complementaria.
Para el correcto desarrollo del Cuerpo Calloso es necesaria la realización continuada de movimientos con patrón contralateral como es el gateo (contralateral porque el niño mueve la pierna izquierda a la vez que mueve el brazo derecho y viceversa). En este tipo de ejercicios el niño utiliza ambos lados del cuerpo en un patrón cruzado que hace que se activen constantemente ambos hemisferios y el Cuerpo Calloso que los comunica. Así comprendemos el papel tan importante que tiene el desarrollo y fases del mismo, como el gateo, en la maduración de esta estructura cerebral, que será imprescindible para realizar actividades complejas como la lectoescritura, entre otras.
La lateralidad se empieza a definir entre los tres y los cinco años y se desarrolla desde los cinco hasta los diez o doce años.
A los cinco o seis años, cuando comienza el aprendizaje de la lectura y la escritura, el niño necesita contar con unas coordenadas bien definidas y estables y un punto de partida para poder organizar la información sobre el papel, para no confundir «la» con «al», las unidades y las decenas o los conceptos anterior y posterior, añadir o quitar, etc. Cuando fallan estas coordenadas, se produce una tendencia al desorden.
El objetivo de la dominancia lateral es dirigir el sistema desde una referencia clara. Una lateraliadad mal establecida es el caso del niño ambidiestro: esto es como un coche con dos volantes y dos conductores… lleva al caos. Los dos hemisferios compiten o cooperan, el objetivo es que lleguen a colaborar.

*En esta prueba hay que decir los colores sin leer la palabra (que corresponde a un color diferente). Para realizar esta prueba, debemos inhibir la lectura que realiza el hemisferio izquierdo para decir el color de la palabra. El hemisferio izquierdo analiza las letras y lee, el derecho ve el conjunto, la imagen y distingue el color. Éste es un ejemplo de cómo compiten ambos hemisferios y cómo especialmente el hemisferio dominante (el izquierdo, el que interpreta las letras) intenta imponerse sobre la labor del hemisferio subdominante (el derecho, cuyo cometido es en este caso, reconocer el color). En los niños con problemas de lateralidad, en los que las dominancias no están claras, ambos hemisferios compiten en lugar de colaborar, por lo que, con esta prueba podemos hacernos una idea del esfuerzo que han de realizar estos niños para poder llevar a cabo actividades que son mucho más sencillas para la mayoría de sus compañeros.

EL ODREN NO IPMOTRA
SGEUN UN ETSDUIO DE UNA UIVENRSDIAD IGNLSEA, NO IPMOTRA EL ODREN EN EL QUE LAS LTEARS ETSAN ERSCIATS, LA UICNA CSOA IPORMTNATE ES QUE LA PMRIREA Y LA UTLIMA LTERA ESETN ECSRITAS EN LA PSIOCION COCRRTEA. EL RSTEO PEUDEN ETSAR TTAOLMNTEE MAL Y AUN A SI PORDAS LERELO SIN POBRLEAMS. ETSO ES PQUORE NO LEMEOS CADA LTERA POR SI MSIMA, SNIO LA PAALBRA EN UN TDOO.

* En este texto vemos una prueba de cómo colaboran los dos hemisferios a la hora de leer en el caso de un buen lector sin problemas de lateralidad y con un Cuerpo Calloso bien desarrollado (recordemos que es éste el que realiza el trasvase de información de un hemisferio al otro). En la lectura de estas palabras desordenadas, el hemisferio izquierdo interpreta las letras y lee propiamente dicho, pero el derecho reconoce las palabras como un todo, como una imagen, por lo que impide que el desorden en las letras entorpezca la lectura

Niños de riesgo lateral:
A los cinco años, en el último curso de Educación Infantil, es muy importante conocer la tendencia lateral del niño para ayudarle a desarrollarla planamente.
De entre todos los signos de riesgo, pueden destacarse por su especial frecuencia y relevancia los siguientes:

– Los niños de cuatro o cinco años que no acaban de definir una mano dominante y cambian frecuentemente de mano los cubiertos, los lápices y las tijeras.
– Los que tienen problemas de atención, inquietud y conducta hiperactiva cuando trabajan sobre papel.
– Los que presentan problemas de lenguaje y de fonación, fundamentalmente, inversiones de sonidos y sílabas al hablar.
– Los que tienen una grafía inmadura (dibujos pobres, poco elaborados o desorganizados).
– Los que ordenan las cosas al revés, de derecha a izquierda (no siendo claramente zurdos).
– Los que tienen dominancias oculares mixtas, sin definir (no está claro cuál de los dos ojos es el dominante).
– Los que escriben su nombre completamente al revés, en espejo, de derecha a izquierda, invirtiendo la grafía de las letras y los números.
– O los niños que tienen un cruce lateral muy claro con dominancias de ojo o de oído distintas a las de la mano.

El riesgo es aún mayor si, además de los signos mencionados, confluye alguno de los siguientes factores:
– Partos traumáticos, en los que fue necesario utilizar fórceps, ventosa, etc.
– Asimetría craneal o facial (los dos lados del cráneo o de la cara no son simétricos), que dificultan el desarrollo de un lado del cerebro o la función de un ojo o de un oído.
– Problemas visuales, tanto si han sido tratados como si no.
– Niños con problemas de tono muscular, especialmente flácidos o muy tensos durante la primera infancia.
– Otitis persistentes que han afectado un oído más que el otro.
– Alteraciones de la psicomotricidad de base: el niño que no ha gateado, que ha utilizado andadores o el gateo colocando las piernas de forma incorrecta.
– Claras asimetrías observadas desde pequeños, como por ejemplo, el niño que parece que arrastra una pierna al andar o que siempre se coloca con la cabeza girada hacia un lado cuando mira al frente.
– El niño al que han corregido la utilización de la mano y no le han permitido utilizar la mano más espontánea.
– Los niños que han empezado a escribir prematuramente y se han acostumbrado a utilizar una mano que no es la dominante. Puede influir el hecho de que los más pequeños trabajan en mesas redondas, cara a cara. Es relativamente frecuente el caso de diestros que empiezan a escribir con la izquierda porque copian en espejo a su profesor o al compañero que tienen delante.
– Accidentes físicos, como fracturas o grandes quemaduras que afectan un lado del cuerpo, así como algunas alteraciones o disfunciones cerebrales.
– O impactos emocionales negativos intensos vividos alrededor de los tres o los cuatro años: separaciones familiares traumáticas, el nacimiento de un hermano, el cambio a una escuela a la que le costó adaptarse, etc. Los factores emocionales, también juegan un papel muy importante en todas las funciones derivadas de la actividad del Cuerpo Calloso y la construcción de la lateralidad.

En todos los casos de problemas en la lateralidad, se produce una situación de estrés. El niño se encuentra sometido a un nivel de sobreexigencia que provoca bloqueos de la función del Cuerpo Calloso. Éste no puede trasvasar la gran cantidad de información que supone leer o escribir con el hemisferio subdominante y no consigue distribuir ordenadamente la información entre un hemisferio y el otro.

*Todo niño que se salga del ritmo de la mayoría de los compañeros debe preocuparnos SIEMPRE.
Bibliografía:
– «El Desarrollo Neurofuncional del Niño y sus Trastornos»
Jorge Ferré Veciana y Elisa Aribau Montón
Ed. Lebón
– «El Desarrollo de la Lateralidad Infantil. Niño Diestro – Niño Zurdo»
Instituto Médico del Desarrollo Infantil
Ed. Lebón