En el programa de formación online en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ tenemos este mes a una nueva experta que nos hablará de una técnica basada en movimientos para mejorar el desarrollo, el aprendizaje y el rendimiento en los niños.
«Movimientos diseñados para mejorar el desarrollo, el aprendizaje y el rendimiento» es el título de la sesión que nos da Carlota López Peredo en nuestro programa. Antes de esta sesión, charlamos un rato con ella.
En esta pequeña charla, Carlota nos cuenta cómo encontró estas herramientas de trabajo que le llevaron a encontrar su misión de vida: acabar con las dificultades de aprendizaje y apoyar a los niños, a los padres y a los profesores para lograrlo.
Fue para ella un auténtico descubrimiento que determinados movimientos pudiesen dar esta oportunidad de vencer problemas de aprendizaje o de otro tipo.
Carlota explica cómo las habilidades físicas sirven de contexto para que el niño pueda luego disponer de habilidades más sofisticadas y así enfrentarse a su aprendizaje académico.
Comenta cómo nos encontramos en una era digital en la cual los niños no cuentan con el desarrollo físico que les perite el posterior desarrollo cognitivo.
Afortunadamente, técnicas como Brain Gym se ocupan de dar a estos niños una segunda oportunidad para lograr el pleno desarrollo que necesitan.
Brain Gym consiste en 26 movimientos que tratan de fundamentar las habilidades físicas sobre las que se sustenta el desarrollo, como son las habilidades visuales, auditivas, el control postural, la atención, el equilibrio, la gestión emocional…
Esta técnica ayuda también a liberar el estrés para que los niños puedan así aprender de una manera más fácil.
Gracias a Brain Gym podemos acompañar al niño para que mejore su rendimiento, pero también para empoderarlo.
El biofeedback y el neurofeedback entrenan a los niños a controlar su fisiología y su capacidad de prestar atención para así tener mayor rendimiento en su aprendizaje.
En el programa de formación en Neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ contamos con el privilegio de escuchar y compartir con expertos en diferentes áreas del desarrollo infantil.
Nuestra experta del mes de marzo es NORMA LARREA, del Instituto Burmuin, la cual nos dio una interesante conferencia titulada «Un acercamiento al sistema nervioso y cómo entrenarlo. Bio y Neurofeedback aplicado a niños.»
Como es habitual, antes de su sesión en el programa, la invitada nos concede una pequeña entrevista que podrás ver a continuación:
Las técnicas del Biofeedback y el Neurofeedback pueden resultar novedosas y son aún desconocidas por la mayoría de las personas. Sin embargo, llevan décadas aplicándose con resultados muy positivos, tanto en niños como en adultos.
En este caso no se trata de técnicas de neurodesarrollo o estimulación cerebral, que son las que normalmente nos ocupan en el programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS ✨. Sin embargo, el biofeedback y el neurofeedback son un complemento magnífico para favorecer los procesos del aprendizaje infantil y es por ello que resultan interesantes dentro del mundo del neurodesarrollo.
Para un buen aprendizaje es necesario que el niño esté calmado, sereno y tranquilo. Que se sienta capaz y que pueda prestar atención y sostenerla el suficiente tiempo como para realizar las actividades que se le requieran en el aula.
Las técnicas del bio y el neurofeedback entrenan al niño, (o el adulto), en el control y el manejo de variables fisiológicas que afectan a su sistema nervioso y por lo tanto, a su funcionamiento diario y su aprendizaje.
Las técnicas del bio y el neurofeedback entrenan al niño, (o el adulto), en el control y el manejo de variables fisiológicas que afectan a su sistema nervioso y por lo tanto, a su funcionamiento diario y su aprendizaje. Variables como por ejemplo: las frecuencias y ondas cerebrales con las cuales la persona funciona en cada momento del día.
En este caso concreto del control de las ondas cerebrales, el niño obtendrá un refuerzo siempre que consigue conscientemente manejar esas ondas, así podrá seguir viendo un capítulo de su serie favorita o los dibujos animados que más le gustan. Éste será el premio o refuerzo por llegar al control buscado. Un entrenamiento que le facilitará el proceso de utilizar las correctas ondas cerebrales que favorecen la atención en su aprendizaje escolar.
Es por esto que el neurofeedback se utiliza muy especialmente en casos de niños con TDAH (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad).
Con el biofeedback se entrena en el control de otras variables fisiológicas como el latido cardíaco, la sudoración, la tensión muscular, etc. Gracias a este control se maneja mejor el estrés y la ansiedad, se obtiene un mayor bienestar y aumenta la capacidad de aprender.
Si te interesa el neurodesarrollo, te va a interesar esto: tienes acceso a una clase gratuita que lleva un regalo para ti. Mira este vídeo y sigue leyendo…
Una de las principales características que hace que el neurodesarrollo se diferencie de otras metodologías en el trabajo con los niños que tienen dificultades o en la prevención de las mismas, es que se centra en las causas de las dificultades en lugar de limitarse a los síntomas que éstas muestran.
El programa de formación en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ aporta una nueva mirada hacia los niños. Esto nos permite observar y ver otras cosas que normalmente pasan inadvertidas.
Nos permite comprender lo que está realmente ocurriendo detrás de los síntomas y eliminarlos dirigiéndonos al problema en su raíz.
Nos ayuda a conocer a fondo el desarrollo cerebral y a saber cómo trabajar para reforzarlo para lograr que sea lo más pleno posible.
Cuando ofrecemos estimulación sensorial estamos realizando un trabajo en la base del desarrollo y el aprendizaje en los niños.
La estimulación sensorial es el modo del que disponemos para reforzar ese desarrollo y aprendizaje infantil y es así porque las vías de entrada de información a nuestro cerebro son los sentidos.
Es a través de la información sensorial que madura el cerebro de nuestros niños.
Trabajar estimulando los sentidos hace que éstos maduren y a su vez, ayuda a madurar todo lo demás pues son los sentidos el comienzo del desarrollo cerebral y del desarrollo del niño.
En la pirámide del desarrollo y el aprendizaje infantil, la conducta, la capacidad de prestar atención, el lenguaje y el aprendizaje escolar se hallan en la punta de dicha pirámide. En la base de la pirámide se encuentran los sentidos.
Sin una buena base, el resto de la pirámide no se sostiene. Y es por esto que trabajamos con los sentidos, con el cuerpo y el movimiento, para reforzar todo el desarrollo de base, dando así al niño una nueva oportunidad de lograr una plena maduración. La cual le ayudará a controlar su cuerpo, su conducta, sus emociones, cómo se relaciona con los demás y cómo aprende.
Es la razón por la que utilizamos la estimulación sensorial para reforzar el desarrollo y el aprendizaje infantil.
Un bonito curso que he creado para dar a conocer técnicas y ejercicios de estimulación táctil, propioceptiva y vestibular para ayudar a nuestros niños mientras ellos disfrutan del trabajo que hacemos con ellos.
En mi anterior artículo y vídeo hablaba de lo importante que es moverse adecuadamente para luego poder parar. Para adquirir la maduración necesaria para poder controlar el movimiento.
Y moverse suficiente y de forma adecuada pasa especialmente por atravesar plenamente por las etapas motrices durante el primer año de vida, siendo un bebé y antes de ponerse de pie y caminar.
Pero no todos los niños pasan por estas etapas o, incluso habiéndolo hecho, no tienen un buen control del movimiento, de la postura, de su cuerpo…
Y esto puede incidir en su conducta y también en su aprendizaje.
La buena noticia es que siempre se puede trabajar, dando a los niños la oportunidad que necesitan. Una segunda oportunidad de madurar y lograr un desarrollo más pleno.
El neurodesarrollo nos ofrece así técnicas, ejercicios, que podemos realizar utilizando el movimiento. Pero no cualquier movimiento, que ya vimos en el anterior vídeo que no es suficiente, sino movimientos determinados que utiliza la naturaleza para que los niños alcancen esa maduración que les permita controlar el movimiento, sus impulsos, la postura, su atención en clase, entre otras muchas cosas.
Esto es lo que cuento en este nuevo vídeo:
Si te apetece conocer más sobre neurodesarrollo infantil, ya sabes que puedes informarte de mis programas de formación:
Muchos niños no saben parar, no dejan de moverse y les cuesta mucho estar sentados en clase.Pero el poder estar quieto pasa por haberse movido mucho y bien.El neurodesarrollo nos explica por qué…
Como bien sabemos, los niños tienen una gran necesidad de moverse. Es natural pues el movimiento «alimenta» su cerebro, lo hace crecer y madurar.
Pero no todo el movimiento tiene el mismo efecto. Moverse por el simple hecho de hacerlo, sin control, no ayuda en el desarrollo. De hecho, los niños que no tienen control sobre su movimiento, que no saben parar, son niños que no han llegado al grado de maduración deseado.
Puede haber muchas causas, pero una de ellas es la falta de experiencias motrices adecuadas en el momento preciso del desarrollo. Esto es: experiencias con el cuerpo y el movimiento de éste en el espacio anteriores a ponerse a caminar.
Como dice la experta en neurodesarrollo Melodie de Jagger:
La naturaleza utiliza la urgencia de moverse para ayudar a los niños a desarrollarse y una vez que se han desarrollado los niños pueden controlar la urgencia de moverse.
Esa urgencia de moverse es la que siente el bebé cuando tiene necesidad de desplazarse para explorar el mundo. Y el tener la oportunidad de moverse libremente le permitirá no sólo conocer lo que le rodea, sino su propio cuerpo, le brindará importantes experiencias y aprendizajes relacionadas con el movimiento, el equilibrio, el espacio… Y también sobre cómo controlar y aprender con el tiempo a parar.
Por mucho que cueste ver la relación, ésta existe y es muy estrecha entre el bebé que se movió adecuadamente en su primer año de vida y el niño que es capaz de estar quieto y sentado, prestando atención en clase.
En este vídeo te cuento más:
El que un niño pueda estar quieto no es una habilidad que surge de la nada… Como ocurre con todas las habilidades humanas, requiere de experiencias y aprendizajes previos.
Los niños tienen una gran necesidad de moverse, algo que les llevará a tener experiencias con su cuerpo y el movimiento de éste en el espacio. Estas experiencias les permitirán madurar y avanzar hacia el control de su cuerpo y del movimiento.
Para los niños es mucho más fácil activarse, moverse, que parar. Sin embargo, el mayor control del movimiento es precisamente el poder estar quieto. Pero no basta con moverse mucho y de cualquier manera para lograr la maduración necesaria para la inhibición y control del movimiento.
Lo deseado es que un bebé se ponga de pie y comience a caminar habiendo tenido las experiencias previas que le lleven a conocer suficientemente su cuerpo para utilizarlo de forma eficaz al caminar, que hayan creado las conexiones neuronales necesarias para que le resulte más fácil lidiar con el equilibrio, integrar nociones espaciales y sobre todo… iniciar un proceso de maduración en áreas cerebrales encargadas de la inhibición del movimiento y del control de la postura. Todo lo necesario para comenzar a caminar con el mejor equilibrio y poder luego correr, saltar, trepar y todo lo demás, pero también llegar con el tiempo a poder estar quieto sentado en clase. Y así poder a la vez prestar atención y aprender.
Por lo tanto, para que un niño controle el movimiento y la inhibición del mismo, necesita tener experiencias motrices adecuadas desde muy tempranamente. Debe permitirse al bebé moverse libremente desde los primeros meses de vida. La oportunidad para ello la da el colocarle sobre el suelo, y muy especialmente, en la posición de boca abajo. Esta posición sobre el suelo le permitirán fortalecer su cuello y sostener la cabeza, girar sobre sí mismo, arrastrarse, sentarse solito, gatear para finalmente ponerse de pie y caminar. Después llega el poder estar sentado en clase prestando atención.
Y por escasa que pueda parecer la relación entre uno de los primeros hitos motrices del bebé con el poder atender en clase y aprender en la escuela, todas estas etapas o logros forman parte de una única cadena. Son diferentes eslabones dentro de la cadena del desarrollo y unos logros llevan y permiten que se produzcan los otros.
Si te apetece conocer más sobre el desarrollo infantil, infórmate de mis programas de formación online sobre neurodesarrollo:
Intervención emocional en disléxicos y técnicas de neurodesarrollo.
El programa de formación en Neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ crece de mes en mes gracias a las aportaciones de nuestros expertos invitados. Todos ellos especializados en diversas áreas del desarrollo infantil, acuden al programa para compartir con nosotros sus conocimientos. Esto hace de la formación en neurodesarollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨ un programa único, sin duda alguna.
En este mes de febrero hemos contado con la experta CATIA GARCÍA VARGAS, quien dio una bonita sesión titulada «Dislexia y Trauma. Intervención emocional en disléxicos.»
En esta entrevista realizada con anterioridad a nuestra sesión, Catia nos habla de cómo conoció el mundo del neurodesarrollo y cómo esto la llevó a convertirse en una gran profesional con múltiples recursos para trabajar con niños (y con adultos) con dificultades de aprendizaje, de conducta o emocionales.
Finaliza esta charla asegurándonos que siempre merece la pena trabajar con los niños con dislexia u otros trastornos porque siempre hay esperanza. Esperanza de mejorar y lograr grandes avances que cambiarán sus vidas.
Catia dirige el Centro Claves para la Reorganización de las Habilidades de Aprendizaje CREHA: https://www.creha.info/
La dislexia puede tratarse en muchos casos con éxito gracias a técnicas de neurodesarrollo. Un trabajo que se dirige a las posibles causas que crean las dificultades en la lectura y la escritura en lugar de limitarse a los síntomas que muestran estas dificultades.
Si quieres conocer más sobre el tema, acércate al neurodesarrollo en esta misma página: rosinauriarte.com
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Existe una gran cantidad de mitos sobre el desarrollo y el aprendizaje infantil. Muchos de ellos se deben al desconocimiento de cómo se produce realmente este desarrollo y aprendizaje. Es hora de desterrar algunos, o más bien todos, pues realmente hacen más mal que bien.
Así que, vamos a ello…
Empecemos por esa creencia de… “bueno, no importa como haya nacido, no se va a acordar.”
Es verdad que los bebés, y ninguno de nosotros, recordamos nuestro nacimiento. La razón es que las áreas que guardan los recuerdos a largo plazo aún no han madurado hasta aproximadamente los tres o cuatro años. Es de esa edad cuando normalmente tenemos los primeros vagos recuerdos.
Sin embargo, a pesar de no contar aún con la capacidad de almacenar datos en la memoria, el cerebro guarda todas las experiencias vividas pues cada una de ellas supone la conexión entre neuronas, dando lugar a la creación de estructuras cerebrales y a la maduración del cerebro. Es gracias a la estimulación recibida que el cerebro crece y se desarrolla, y precisamente el período de máximo desarrollo cerebral se produce en esos primeros años en los cuales aún no funcionan las áreas de la memoria a largo plazo. Por esto, podría decirse que de las conexiones y circuitos creados tempranamente dependerá todo el desarrollo cerebral posterior de la persona.
En realidad, las experiencias primeras, las que no recordamos, son más importantes que las posteriores que sí quedaron grabadas.
Y, de todas las experiencias tempranas, sin lugar a dudas, el nacimiento ha de ser de las más cruciales por su gran impacto a nivel cerebral. Una experiencia única que no volverá jamás y que supone para el niño una ruptura total con todo lo que ha conocido hasta ese momento. El nacimiento es un acontecimiento increíble en cuanto a la cantidad de conexiones neuronales que se establecen y porque el cerebro creará en esta etapa patrones de funcionamiento para ayudar al bebé a sobrevivir con las experiencias que se encuentre durante el proceso de nacer y después, en la vida fuera del útero materno.
Lo que recordamos lo podemos gestionar desde nuestro cerebro adulto, desde nuestra razón, pero lo que no recordamos no lo podemos manejar desde la consciencia y por ello nos marcará mucho más a lo largo de nuestra vida. Por lo que, no recordar el nacimiento está muy lejos de ser algo que “no importe”.
Otro mito relativo también a los bebés corresponde a una concepción errónea de lo que un bebé realmente necesita. Es muy común escuchar “no le cojas en brazos que se acostumbra.”
La idea de que podemos convertir a un niño en una persona dependiente por atender a sus necesidades de contacto es algo que se ha demostrado como totalmente incierto. Queda científicamente probado que cuanto más se satisfacen las necesidades de un bebé, que es un ser total y absolutamente dependiente, más tranquilo, más confiado y más feliz será, llegando a desarrollarse como una persona más autónoma e independiente.
El bebé ha estado 9 meses en pleno contacto, sintiendo su cuerpo contenido dentro de las paredes del útero materno durante las 24 horas del día. Es lo que conoce y le da seguridad, por ello, es lo que sigue necesitando una vez que nace y durante meses (más bien toda la vida pues nuestra necesidad de contacto no desaparece). Necesita los brazos de su madre, primero, y los del padre después. Sin lugar a dudas, hay que coger a los bebés en brazos, portearlos y ofrecerles todas las oportunidades posibles de contacto, preferiblemente el contacto piel con piel. Y es que, también ha quedado demostrado que, no solamente es vital el tacto y el contacto, sino que lo es por encima del alimento, habiendo existido en la historia muchos casos para corroborarlo, casos de bebés que no sobrevivieron por falta de tacto a pesar de haber sido alimentados.
Una idea muy extendida es que “la leche de fórmula es prácticamente igual que la materna.”
Esto está simplemente lejos de ser cierto. No existe nada comparable a la leche materna. Ésta tiene la capacidad de cambiar su composición a lo largo del día para las diferentes tomas con el objetivo de cubrir las necesidades que pueda tener el niño a lo largo del día. Así mismo cambia también según pasa el tiempo para satisfacer las necesidades de un bebé que va creciendo. Incluso la leche materna de una mamá de un bebé prematuro tiene una composición especialmente beneficiosa para ese bebé, con los nutrientes y anticuerpos que más necesita.
La leche materna, junto al nacimiento por vía vaginal, son dos de los factores más determinantes de un buen sistema inmunológico en la persona, pues la inmunidad con el cual convivimos toda la vida se crea en estas primeras etapas de la vida.
Sigamos con otro mito muy común y que hace muy flaco favor al desarrollo de los niños: “Bueno, pues si no gatea, no pasa nada. Muchos niños no lo hacen.”
Es verdad que muchos niños no pasan por las etapas intermedias previas a caminar y aparentemente “no pasa nada”… Pero de lo que estamos seguros es que sí pasa que, al saltarse etapas, pierden la oportunidad de realizar determinados aprendizajes y adquirir habilidades que son posibles gracias a las experiencias que les brindan estas etapas como son el arrastre y el gateo. Y pasa que el hecho de prescindir de estas experiencias motrices, experiencias con su cuerpo y el movimiento en el espacio y el tiempo, hace que estén faltos de las conexiones neuronales que se crean gracias a estos hitos del desarrollo motriz en el primer año de vida.
Hay un momento preciso y precioso para cada logro en el desarrollo, el primer año cuenta con varios de estos logros, los cuales no se vuelven a producir a lo largo de los años siguientes.
Mientras seguimos preocupados por que los niños se sienten y caminen, algo que lograrán con toda seguridad (salvo que exista un daño cerebral importante) y que harán toda su vida, obviamos, por puro desconocimiento, las etapas intermedias y que son necesarias para que el niño pueda sentarse, caminar y mucho más (hablar, leer, escribir, comprender las matemáticas, prestar atención, controlar sus impulsos, sus emociones…) en las mejores de las condiciones posibles.
No podemos asegurar que los niños que no se arrastran o gatean vayan a tener dificultades en el aprendizaje escolar, por suerte, esto no es así. Pero sí que existen estadísticas que nos hablan de que un gran porcentaje de niños con dificultades en la escuela no cumplieron su desarrollo motriz en el primer año de vida.
Este error en las creencias relativas al desarrollo de los bebés nos lleva a un nuevo mito: “¡Con 9 meses se puso de pie y ahora con 10 ya corre! ¡Qué listo es!”.
Hay una tendencia a creer que esto es una señal de que un bebé es muy espabilado y que irá por delante de los demás en su desarrollo y en la vida. Pero esto no necesariamente es así. Algunos niños van por delante de otros niños, pero adelantar las etapas motrices durante el primer año supone no haberse podido beneficiar plenamente de las ventajas que ofrecen las etapas previas del arrastre y el gateo, con lo cual pueden surgir dificultades que el niño tenga que compensar más adelante. Y no todos los niños son capaces o encuentran la manera de compensar fallos en su desarrollo. No es una cuestión de inteligencia, sino de las habilidades desarrolladas en cada momento y que repercutirán en todas las demás habilidades futuras a desarrollar.
“Cuanto antes” no es mejor. Lo mejor es cumplir con todas las etapas y contar así con un rico y pleno desarrollo.
Y como esto de “adelantarnos” en el desarrollo de los niños se nos da tan bien, surge otro mito, el de que “los bebés deben ir a la guardería porque es importante para que socialicen.”
Esto es muy popular. Se escucha muchísimas veces decir que a los bebés les conviene la guardería para socializarse y quienes lo dicen, no conoce muy bien el desarrollo infantil y no son conscientes de que hasta los 3 años no es importante la socialización en los niños. En las guarderías aprenden a “lidiar” los unos con los otros, pero no tienen la necesidad de compartir el mismo espacio o actividades. De hecho, hasta los 3 años aproximadamente, juegan uno al lado al otro, pero no juntos.
Hasta la edad de 3 años un niño necesita estar con sus cuidadores principales y no tiene la necesidad de relacionarse con otros compañeros de la misma edad. Las guarderías cumplen otras funciones, pero la de que los niños socialicen unos con otros no es una de ellas.
Algo que oigo muchas veces decir a los padres sobre su hijo es: “no le gusta jugar en el parque, prefiere mirar a los otros niños. Es que es muy observador.”
Cada vez que oigo esto tiendo a pensar que estamos hablando de un niño inseguro, con miedos y que ha experimentado poco con su cuerpo. Posiblemente también de un niño que sea extremadamente sensible a la estimulación que le brinda el movimiento y por ello no disfrute de ella. En cualquiera de los casos, estamos ante un niño que probablemente no haya gozado de ricas experiencias físicas que luego le permitan contar con una seguridad y confianza emocionales, que a su vez le lleven a tener facilidades para el aprendizaje en la escuela.
La mayoría de los niños disfrutan inmensamente del parque, de correr, subir, bajar, trepar, girar… Es lo natural y lo deseable dentro de un desarrollo pleno. Un niño demasiado observador podría estar mostrando una importante carencia o necesidad en un proceso del desarrollo que no se está cumpliendo como sería de esperar.
“No aprende porque no quiere.” Qué equivocada y qué injusta resulta esta afirmación…
Es, además, una afirmación muy común. Se oye en casa dicho por los padres y se escucha en la escuela de parte de los maestros y profesores. Transmite la idea de que el niño tiene capacidades, es inteligente, pero que no aprende porque es su voluntad no hacerlo.
Realmente es un disparate decir algo así porque la realidad es que todos los niños quieren aprender, todos necesitan tener éxito, ningún niño quiere fracasar. Ningún niño quiere ser diferente a sus compañeros en la escuela, ninguno quiere quedarse atrás o fuera del ritmo que llevan los demás. Al igual que nosotros, todos los seres humanos necesitamos tener éxito, reconocimiento, necesitamos cumplir las expectativas de los demás y sentir que están orgullosos de nosotros. Necesitamos sentirnos valiosos siendo validados por los demás…
Los niños que no aprenden como los demás es porque no saben hacerlo, no pueden hacerlo. Con toda seguridad lo han intentado, y tras haber hecho el esfuerzo, no lo han conseguido.
Y entonces es cuando surge un nuevo mito: “No se esfuerza lo suficiente”.
Muchas veces tenemos esa sensación de que no se esfuerzan lo suficiente, pero la realidad es que en muchas ocasiones son los niños que más esfuerzo realizan de todos, hacen mayor esfuerzo que sus compañeros al estar funcionando en condiciones más adversas debido a habilidades y capacidades que no han terminado de desarrollar.
Algunos siguen esforzándose sin ningún tipo de reconocimiento por parte de los adultos, otros simplemente “tiran la toalla” ante la frustración y el fracaso. En estos casos es cierto que no se esfuerzan. Pero habríamos de preguntarnos la causa. Pedir, en ocasiones exigir, a los niños algo para lo cual no están aún maduros, que no son capaces de hacer y, además, no valorar el esfuerzo que realizan para conseguirlo, es la fórmula perfecta para lograr que dejen de esforzarse. Tal cual como lo haríamos nosotros también.
Tristemente, nuestro sistema educativo sigue valorando el resultado obtenido en lugar de dar valor al esfuerzo realizado. Tampoco valida realmente los avances logrados por los niños, sino que sigue enfocado en lo que no consiguen hacer. Ahí es donde ponemos el foco: el lugar al que aún no llegan. Los errores son los que se remarcan, no los aciertos, que se dan por hecho y se pasan por alto. En esta situación no es de extrañar que tantos niños, y no solamente los que tienen dificultades, se encuentren totalmente desmotivados y dejen de esforzarse. Sin esfuerzo no hay avances, pero para que exista el esfuerzo es necesaria la motivación.
Antes de emitir la sentencia de que un niño no se esfuerza lo suficiente, habríamos de plantearnos cómo estamos presentando el aprendizaje a ese niño, si lo hacemos de una forma motivante o no. Con qué herramientas, capacidades y habilidades, cuenta el niño para enfrentarse a lo que le pedimos que aprenda. Qué esfuerzo está haciendo realmente acorde a las herramientas de las que dispone y qué esfuerzo no recompensado realizó en el pasado que le llevó a resignarse, a convencerse de que aprender es difícil y no es para él. También hemos de plantearnos si estamos dando el valor que merecen a sus aciertos, sus avances, a lo que sí sabe hacer y si no nos estamos enfocando exclusivamente en lo que no hace bien…
Estos mitos anteriores me recuerdan a otro, algo que escucho también muy a menudo: “Cuando quiere, ¡bien que presta atención!”
Vemos que cuando el niño está jugando con sus Playmobil, sus Legos, o especialmente cuando está con la Tablet, el móvil, el ordenador o frente la televisión presta atención, siendo un niño al que le cuesta mucho hacerlo en el aula y cuando está con los deberes en casa. Esto es muy muy común.
Y es que, al igual que ocurre con el esfuerzo, tenemos más facilidad para prestar atención cuando hacemos algo que nos motiva, que nos gusta, que nos es fácil y sabemos que se nos da bien. Por ello es más frecuente ver a los niños prestando atención en las actividades que disfrutan.
Esto es así para todas las actividades en general, pero muy especialmente cuando de pantallas se trata. Frente a las pantallas ocurre que son precisamente los niños que tienen más dificultades para prestar atención quienes más “se enganchan” hasta incluso parecer “hipnotizados” por ellas (particularmente lo vemos con la televisión, que requiere de menos interacción que los video juegos). El mundo digital ofrece una estimulación muy diferente a la que obtiene el niño del mundo tridimensional que le rodea. Los juegos y actividades que realiza en el ordenador, una tablet o el móvil, también los programas que ve en la televisión, le brindan una estimulación visual y auditiva rápida y llena de recompensas inmediatas… Una estimulación que hace un efecto muy parecido a los psicoestimulantes que se recetan a los niños hiperactivos con déficit de atención. Estímulos que los niños ya no necesitarán buscar incesantemente y que, por ello, serán capaces de centrar en ellos su atención y obviar todo lo demás que ocurre a su alrededor. Algo inaudito en estos niños cuando no hay una pantalla de por medio, pues precisamente son los que “están a todo”, lo cual dificulta que puedan centrarse en las explicaciones de la profesora, por ejemplo.
En conclusión, no podemos juzgar la capacidad de un niño de prestar atención por cómo lo hace delante de una pantalla. De hecho, en muchas ocasiones veremos niños hiperfocalizados que en realidad pueden estar manifestándonos un verdadero problema de atención.
El siguiente mito es en realidad un consejo bienintencionado, pero muy equivocado… “Espera, que ya madurará.”
Teniendo en cuenta que el cerebro es más plástico, más moldeable y está más abierto a cambiar y a madurar cuanto más joven es el niño, esperar resulta un gran error, el más grande de todos.
El trabajo del neurodesarrollo está enfocado a dar una segunda oportunidad de madurar al cerebro. Supone un refuerzo del desarrollo que busca dar al niño las herramientas que le puedan faltar para poder estar sentado en clase, prestar atención, aprender a leer, a escribir, entender las matemáticas, relacionarse adecuadamente con sus iguales, controlar sus movimientos, sus impulsos y sus emociones… Y esto es posible. Pero lo fácil que pueda resultar este trabajo, la rapidez con la que se obtengan resultados y la calidad de éstos, es inversamente proporcional a la edad del niño. Por esto, trabajar hoy es mejor que mañana.
Afortunadamente, sabemos por la neurociencia que el cerebro sigue siendo plástico toda la vida, que existen nuevas neuronas que nacen a todas las edades en determinadas zonas cerebrales. Por esto merece la pena trabajar por lograr un mejor desarrollo cerebral a cualquier edad. Más vale trabajar con un niño mayor que no hacerlo, pero siempre será mejor empezar cuanto antes.
Muchas de las dificultades que muestran nuestros niños en la escuela ya estaban ahí cuando eran bebés. Ya se manifestaban en la forma de un bebé irritable, que no dormía bien, que lloraba mucho, que luego en la guardería llamaba la atención de sus cuidadoras por ser “diferente” y en Educación Infantil se veía que no prestaba la misma atención que sus compañeros, que no seguía las normas, tenía respuestas agresivas o se aislaba del resto, etc.
Casi siempre se pierde un tiempo precioso al no actuar ante estas señales en el momento en el cual el trabajo que se realiza con un niño pequeño es sencillo, agradable para él y con mejores resultados. Este tiempo se pierde por la incapacidad de ver la relación directa que existe entre estas manifestaciones en el bebé y el niño pequeño, y las dificultades de aprendizaje y de conducta que se observan más adelante en el niño de primaria y secundaria.
El desarrollo infantil se produce como una cadena en la cual cada eslabón es importante y depende de los eslabones anteriores. En la cadena del desarrollo no podemos separar el aprendizaje escolar y la conducta o cómo se relaciona un niño con los demás, cómo gestiona sus emociones… de las experiencias vividas en su gestación, nacimiento o su primer año de vida. No podemos desligarlo de sus experiencias motrices y del control del cuerpo que haya logrado. Pues de estos “eslabones” primeros dependerán otros como su capacidad de prestar atención y de aprender, junto a su capacidad de controlar su conducta.
Esperar es un error grave. No es un buen consejo. Esto no quiere decir que debamos agobiarnos ante cualquier cosa que nos pueda preocupar en un niño pequeño, pero sí que debamos actuar en cuanto sospechemos que pueda existir una dificultad, un problema. Para el niño pequeño, el trabajo a realizar será como un juego y los logros serán incomparables a los que podamos obtener si esperamos a que las dificultades y los problemas, crezcan para hacerse muy evidentes, insostenibles…
“La letra con sangre entra.” Por suerte, este dogma está obsoleto y ya apenas hay quien crea en él, pero… sin embargo, seguimos presionando a los niños en la escuela.
Seguimos presionando a nuestros niños para que lean muy tempranamente, cuando aún no están preparados para hacerlo porque no cuentan con las herramientas neurológicas necesarias. Seguimos presionándoles para que alcancen determinados objetivos que no son acordes al momento evolutivo que viven dentro de su desarrollo. Les presionamos cuando exigimos que lleguen a un determinado nivel en sus respuestas, cuando no respetamos ni valoramos el esfuerzo que realizan, cuando no buscamos el modo de motivarles a alcanzar sus logros.
Hemos de tener en cuenta que cada vez que presionamos a un niño producimos estrés. Y en estados de estrés, de preocupación o miedo, no puede producirse un buen aprendizaje. Ante situaciones de un posible peligro (o lo que el cerebro del niño pueda interpretar como un peligro, aunque a los adultos nos pueda parecer “una tontería”) se activan áreas cerebrales encargadas de mantenernos en estado de alerta y defendernos. Estas áreas toman el protagonismo haciendo que las áreas corticales, las encargadas del aprendizaje escolar, las que entienden el lenguaje y leen, escriben o se ocupan de las matemáticas… se apaguen, dejen de funcionar a pleno rendimiento. Entonces es cuando vemos que los niños se bloquean, no dan respuestas que sabemos que conocen o simplemente, parecen no entender ni tener la capacidad de aprender.
Solamente un niño tranquilo, que se siente seguro y confiado, puede aprender utilizando todos sus recursos cognitivos.
Pero pasa que a veces, estos recursos no han llegado a desarrollarse por lo que el niño no cuenta con ellos como sería de desear. O por estrés, por sus dificultades para prestar atención u otros motivos, no utiliza los recursos de los que dispone. En cualquiera de estos casos, es injusto pensar que “los coeficientes intelectuales determinan la inteligencia de un niño.”
Lo que refleja un CI son la calidad de las respuestas que da un niño a un test cuando lo realiza. Pero somos conscientes, hoy en día, de la complejidad de la inteligencia, la cual es muy difícil de medir y de clasificar con un número.
Este número nos da información de cómo está funcionando el niño en ese momento y lugar, y nos acerca a conocer las necesidades que pueda tener a la hora de trabajar con él. Nos sirve como punto de partida para realizar ese trabajo y para después, comparar resultados con nuevos tests que nos muestren los avances.
Los resultados de los tests no son inamovibles, no sin inalterables. Trabajando desde el neurodesarrollo puede darse al niño una segunda oportunidad de madurar plenamente y lograr un mejor funcionamiento en todas las áreas.
Este mito anterior me lleva a pensar en otro en el cual creen muchas personas y que hace que bajemos las expectativas que tenemos con respecto a nuestros niños. Llevándonos a la resignación y llegando incluso a cerrarnos las puertas a las mejoras, a los avances.
Éste es el caso cuando oímos que “El TDA-H, la dislexia… son trastornos crónicos…”
“Crónico” significa “para siempre”. Y ninguna situación habría de ser necesariamente para siempre si existe un modo de atacar las causas que la están creando. Si nos quedamos en trabajar los síntomas, las manifestaciones del problema, lo que vemos, entonces ese problema se cronificará. Pero si somos capaces de descubrir las raíces del mismo y trabajamos ahí, los síntomas desaparecerán.
Esta teoría de trabajar las causas y no solamente los síntomas es excelente y en ella se basa el neurodesarrollo. Sin embargo, en cuanto al TDA-H (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad) y la Dislexia se refiere, existen casos llamados “primarios” que parecen no tener una causa que los provoque. Por lo que son difíciles de tratar desde la raíz. Siempre mejoran con un trabajo de refuerzo del desarrollo en el niño, pero no desaparece el trastorno en sí.
La buena noticia es que los expertos nos hablan de una minoría de casos “primarios”. Esto supone que la mayoría de los niños muestran signos de falta de atención, de hiperactividad, de dislexia o de otras dificultades escolares debido a causas que sí podemos trabajar.
Repasando la cadena del desarrollo para descubrir cuáles son los eslabones debilitados, podemos reforzarlos para ayudar a los niños a contar con todos los recursos que puedan necesitar para llegar a erradicar sus diagnósticos en el mejor de los casos, o a diluirlos cuando no es posible eliminarlos del todo.
Las dificultades de base, las causas, seguirán estando presentes siempre que nos dirijamos exclusivamente a los síntomas que se manifiestan. Por esto es un mito creer que “las dificultades de la lectura se solucionan leyendo”.
Por supuesto que el practicar la lectura, la escritura, las matemáticas… ayudarán al niño que tiene problemas de aprendizaje. Es un trabajo que enseña y entrena al niño a leer, a escribir y a comprender las matemáticas y esto es muy loable y necesario. Pero ocurre que, casi siempre, las causas de que un niño no lea correctamente, no escriba como esperamos o no entienda las matemáticas, no están en las áreas cerebrales que se ocupan de la lectura, de la escritura o de las matemáticas. Las áreas que se encargan de estos aprendizajes están en nuestro córtex, en la corteza cerebral. Y, salvo excepciones, no existe un daño, una lesión o malformación en estas áreas que impida el correcto aprendizaje en el niño.
Las causas no suelen deberse a lesiones o malformaciones en ningún área en realidad. Pero sí a un pobre desarrollo, una pobre maduración de ciertas partes del cerebro. Y estas partes están debajo del córtex. Si áreas inferiores no han madurado adecuadamente, no podrán hacerlo áreas superiores como la corteza. Las áreas donde se encuentran los fallos en el desarrollo y la maduración son más primitivas, no se ocupan de las habilidades cognitivas, sino de otras muy anteriores que las sustentan. Son áreas que no entienden el lenguaje (ni escrito, ni hablado). Solamente comprenden las sensaciones, la información que llega del cuerpo. Esta información, hablada en el lenguaje de los sentidos, es la que hace que los primeros eslabones de la cadena del desarrollo sean bien fuertes. Es el lenguaje en el cual hablamos cuando trabajamos desde el enfoque del neurodesarrollo. Se trata de un trabajo de base que refuerza los cimientos del aprendizaje para dar al niño la oportunidad de contar con las habilidades y capacidades que pueda necesitar para tener éxito en la escuela.
Cuando un niño no alcanza una meta a la que esperamos que llegue (aprender a leer como los demás, por ejemplo) es porque algo ha fallado en el recorrido hacia esa meta. Por esto no tiene sentido insistir en trabajar en la meta (que el niño lea). Sino que hemos de recorrer junto a él ese camino hacia la meta solucionando los fallos que podamos encontrar en el mismo.
Un niño que ha hecho ese recorrido llegará a la meta con facilidad, como lo hacen el resto de sus compañeros.
Con todo esto en mente, pasamos al último de los mitos que quisiera mencionar… “El cuerpo nada tiene que ver con el aprendizaje escolar.”
La verdad es que el aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas, el control de las emociones, cómo nos relacionamos con los demás, cómo controlamos el movimiento, los impulsos, nuestra capacidad de prestar atención… todo tiene que ver con las experiencias vividas tempranamente. Tiene que ver con todo lo experimentado por y con nuestro cuerpo, con el movimiento de éste en el espacio y el tiempo… Existe una relación directa entre el desarrollo físico y el desarrollo emocional, social y cognitivo.
El niño que ha tenido buenas experiencias con su cuerpo y el movimiento a muy temprana edad tendrá un buen tono muscular que le permitirá mantener una correcta postura en el aula y así prestar fácilmente atención. Las nociones espaciales y de tiempo desarrolladas gracias a estas experiencias del bebé y el niño pequeño le ayudarán en el aprendizaje de los lenguajes escritos, incluidas las matemáticas, pues necesitará tener muy claros los conceptos de izquierda, derecha, arriba, abajo… El desarrollo de su motricidad gruesa hará que sea posible la maduración de su motricidad fina para que así pueda utilizar correctamente sus manos para escribir o sus ojos para leer (y escribir, las matemáticas… y prácticamente todo lo que hace en el aula).
Un buen desarrollo físico temprano proporcionará al niño la sensación de habitar un cuerpo capaz, hábil, que le da seguridad y confianza. Algo que incidirá en cómo se ve a sí mismo, en su autoconcepto y su autoestima. Además de derivar en un buen desarrollo emocional, algo indispensable como ya vimos, para poder aprender con facilidad.
Todo empieza por el cuerpo. Dejemos de enfocarnos tanto en lo cognitivo, en el aprendizaje escolar y los deberes, para centrarnos más en dar al niño las oportunidades que necesita para que ese aprendizaje no nos preocupe.
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Dentro del neurodesarrollo infantil, la lateralidad es un aspecto importante a tener en cuenta.
La lateralidad infantil , ser diestro o zurdo no es algo anecdótico, una simple característica de cada persona. Es mucho más…
Supone una organización cerebral, la distribución de funciones entre dos hemisferios cerebrales que han aprendido a trabajar y a colaborar juntos. Una colaboración que hará que aprender sea más fácil.
Por esto nos preocupa saber si un niño es un buen diestro o un buen zurdo. Hay mucho más a tener en cuenta que la mano que utiliza un niño o una niña. Pero empezaremos por ahí, y lo haremos fijándonos en qué mano utiliza de forma espontánea en actividades en las cuales no use un utensilio, actividades que no hayan requerido de un aprendizaje.
Son significativas las actividades espontáneas para determinar la lateralidad infantil
Una buena lateralidad (llegar ser plenamente diestro o plenamente zurdo) es uno de los principales hitos del desarrollo infantil. Por ello hemos de respetar el proceso de lateralización, fomentarlo y no entorpecerlo.
En este vídeo te cuento más:
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Aquí tenemos a un nuevo experto invitado al programa de formación online en neurodesarrollo MIMANDO LAS ESTRELLAS✨. Un programa muy completo que cuenta cada mes con un nuevo invitado con el cual tratamos un tema o un área del desarrollo infantil. En esta ocasión hablamos de los trastornos de procesamiento sensorial en los niños.
En esta pequeña entrevista, la experta en integración sensorial, Beatriz Matesanz, explica lo importante que es favorecer la participación de los niños en actividades significativas en el día a día.
Es labor del terapeuta ocupacional promover que los niños disfruten de las actividades diarias, y lleguen a sentirse capaces. Los niños necesitan la sensación de ser competentes y tener la oportunidad de encontrarse en las mejores condiciones para poder aprender. Necesitan también la motivación para hacerlo.
Beatriz nos pone un ejemplo de cómo se trabajaría con un niño para que tenga una mejor pinza digital y sea capaz de utilizar correctamente el lapicero para dibujar, colorear o escribir.
Puedes ponerte en contacto con Beatriz Matesanz en sus redes sociales:
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