En la PIEL del BEBÉ. Qué siente el bebé y cómo podemos intervenir para q…

¿Por qué lloran tanto los bebés? ¿Cómo calmar a los bebés que lloran?
Los bebés lloran por un motivo, no lo hacen por capricho. Llorar es su forma de comunicarse, pero muchas veces lo que nos están comunicando es su incomodidad, su malestar o sus necesidades no cubiertas.
Sólo necesitamos escuchar con atención y ponernos en su lugar. Ponernos en la piel del bebé para conocer cómo se siente y cuáles son las razones por las que llora o se muestra inquieto.
El nacimiento es un momento clave del ser humano. Un momento único e irrepetible. No debemos confundirlo con el parto, la experiencia que vive la madre, pues aunque el nacimiento y el parto ocurren al mismo tiempo y en el mismo lugar, son dos experiencias muy diferentes.
El nacimiento supone una ruptura total con todo lo conocido hasta ese momento. Un tremendo impacto que deberíamos intentar mitigar y aliviar en la medida de nuestras posibilidades. Por el bien del bebé que nace.
Pero, para hacerlo, es necesario, como decíamos, ponernos en su lugar para imaginarnos qué siente, cómo le afecta lo que ocurre a su alrededor, qué podemos cambiar y qué es lo que necesita realmente.
Porque solamente un bebé tranquilo podrá alimentarse y crecer en buenas condiciones, solamente un bebé relajado podrá dedicar su energía a crecer y desarrollarse plenamente.
El modo en el que recibimos a nuestros hijos, la forma en la que entran a este mundo y cómo resulta éste para ellos, serán claves en la futura personalidad y funcionamiento de la persona que llegará a ser.
No recordamos nuestro nacimiento, pero precisamente por este motivo, nos marcan mucho más las huellas que deja esta experiencia en áreas no conscientes de nuestro cerebro.
Cuidemos de este sagrado momento. Cuidando el nacimiento, cuidamos de las nuevas generaciones y de toda la sociedad que llegarán a formar.

Puedes leer el siguiente artículo en el que hablo de todo esto:
https://estimulacionydesarrollo.blogs…

¿Por qué LLORAN los BEBÉS al nacer? En gran parte depende de cuándo cortar el CORDÓN UMBILICAL.


Vídeo

Nos lo dice Frédérick Leboyer en su libro “Por un NACIMIENTO sin VIOLENCIA”. ¿Por qué lloran los bebés al nacer? ¿Es algo natural? ¿Es necesario para que se expandan sus pulmones? Segun Leboyer y otros autores, los pulmones efectivamente necesitan expandirse, pero es preciso que lo hagan de forma suave y paulatina para evitar un gran dolor en el bebé. Los bebés lloran de dolor cuando les obligamos a utilizar sus pulmones de golpe porque les hemos privado brúscamente de su única fuente de oxígeno hasta el momento: el cordón umbilical. Y es que, hasta hace muy poco tiempo, ha sido costumbre generalizada la de cortar el cordón inmediatamente tras el nacimiento, sin esperar a que dejase de latir. Afortunadamente, hoy sabemos que mientras siga latiendo, sigue suministrando al bebé de oxígeno, sangre y nutrientes necesarios para fortalecerle tras el gran esfuerzo de nacer y prepararle para la vida fuera del útero de su madre. Leboyer asegura que, si bien el niño puede llorar por el esfuerzo, por todas las novedades y el estrés que conllevan el nacimiento en sí mismo, no es necesario que lo haga como lo han estado haciendo tantos y tantos bebés a quienes no se les ha respetado en este trascendental momento de la vida. No es necesario que lloren desgarradoramente por puro dolor. Un dolor que hemos estado añadiendo gratuitamente a este momento tan impactante que supone el nacimiento. Haciendo, como dice Leboyer, que el bebé asocie desde el mismo comienzo, la vida al dolor, al sufrimiento y al peligro. Peligro real de muerte si no consigue inspirar brúscamente para obtener el oxígeno de la vida que sin ningún sentido le hemos cortado. Al dejar al cordón umbilical que termine de hacer su función, estamos dando al bebé la oportunidad de tener una entrada de oxígeno asegurada mientras va poco a poco adaptándose a respirar por sí mismo, mientras va paulatinamente adaptándose a la vida. Sin dolor. Y sobre el cuerpo de mamá. Porque el cuerpo de su madre no es solamente el único hogar que conoce, lo único que puede brindarle seguridad, comodidad y confort tras el duro proceso de nacer. Sino que es, como ocurría cuando estaba dentro, el único lugar que puede garantizarle la vida. Leboyer, Frédérick (2008). “Por un NACIMIENTO sin VIOLENCIA”. Madrid, Mandala Ediciones.

MAMÁ, NO TE PONGAS GUAPA PARA MÍ. NO SI ES NUESTRA PRIMERA VEZ…

¿Cuántas veces ha de dejar de lado el sentido común el ser humano para meter la pata y darse cuenta mucho tiempo después?

Aquí me veis… Arreglándome para salir hacia el hospital a tener a mi primer hijo. Hace ya casi 26 años.
La ilusión no me cabía en el cuerpo, como tampoco cabía ya mi bebé. Así que no lo dudé, me vestí y me puse ese oloroso perfume que me resultaba bastante insoportable desde que estaba embarazada, pero que me resistía a tirar porque era “el” perfume que yo usaba…
No se me ocurrió pensar que la naturaleza estaba intentando protegerme de respirar algo potencialmente nocivo para mí y sobre todo, para mi hijo. Tampoco se me ocurrió pensar que él necesitaría de mi olor natural para reconocerme como su madre, como “su mundo”, su hogar… el único que conocía.
Y lo conocía muy bien por el sabor del líquido amniótico que luego reconocería como un olor familiar una vez fuera del útero. Ese olor, junto al calor y la voz de mamá, sería su gran bienvenida a este mundo.
El olfato es un sentido muy importante y determinante en muchas situaciones para mí. No pensé que lo sería también para mi pequeño.
La lógica y el sentido común me fallaron. La naturaleza, como siempre hace, me habló… Pero yo no escuché.

¡Pena darse cuenta tantos años después!

Rosina Uriarte

NADA EN LA VIDA DEL BEBÉ RECIÉN NACIDO TIENE SENTIDO, SI NO ES DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL CUERPO DE LA MADRE

El martes asistí a un seminario con el doctor Nils Bergman, experto en neurociencia perinatal.

“Comadrona en la ola” nos ofrece un artículo muy completo sobre lo que habló Bergman en otro de sus encuentros dentro de la gira que está realizando por varias ciudades.
Aquí fue en Erandio, en el centro Maternaly.
Aprovecho para dejaros una foto que tuve la suerte de tomar con Nils Bergman, todo un orgullo!

Nils Bergman con Rosina Uriarte

Y por supuesto, el artículo:

NADA EN LA VIDA DEL BEBÉ RECIÉN NACIDO TIENE SENTIDO, SI NO ES DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL CUERPO DE LA MADRE

Hoy he tenido la suerte de asistir a un seminario sobre Neurociencia y Epigenética del Nacimiento, impartido por el médico experto en neurociencia perinatal, Nils Bergman. La plataforma Salud Mental Perinatal Terra Mater lo ha hecho posible. Su formación, dirigida por Ibone Olza, psiquiatra infantil, especializada en salud mental perinatal, es un viaje hacia uno mismo. Sólo desde ahí podemos mejorar como profesionales en la atención, el acompañamiento y el servicio que ofrecemos. El seminario contó además con la traducción simultánea de Kika Baeza, médico e IBCLC. ¡Un lujo! Hacia una atención integral y respetuosa de las familias, las mujeres y sus bebés. Salimos todos tocados, emocionados, reflexivos. Mi más profundo agradecimiento a Nils y Jill B. Isabel, Ibone y Kika por la vivencia que tuvimos. 
Sería imposible poder transmitir todo lo que Nils Bergman ha condensado en 7 horas. Pero me gustaría lanzar la idea de cómo desde la más pura Biología, debemos respetar, no interferir y proteger lo que la naturaleza tiene meticulosamente diseñado. No hacerlo, tiene consecuencias tan grandes como determinar la salud y el desarrollo para toda la existencia. La buena noticia, es que es tan fácil como dejar que madres y bebés se conozcan sin molestarles, sin interrumpir. Sin separar, sólo por si acaso.
En cuanto a partos y bebés prematuros, cambiar de una vez el paradigma actual, centrado en los profesionales de salud y protocolos hospitalarios, por CUIDADOS CENTRADOS EN LA FAMILIA. Aún con más necesidad. Estas imágenes pertenecen a otra manera de trabajar en una UCI neonatal. Nils y Jill Bergman acompañan a un bebé nacido de manera prematura. El bebé recibe todos los cuidados que la medicina le puede brindar para su supervivencia. Pero en lugar de hacerlo en una incubadora, los cuidados se realizan sobre su madre. Este es el cambio de paradigma: los mejores resultados se obtienen en contacto piel con piel.
Como sabemos, el parto sano, fisiológico, al que se permite la danza neurohormonal sin interrupciones empodera a la mujer que pare. La razón no es otra que la ecología del nacimiento que en última instancia, permite la supervivencia de la especie. La madre, rebosante de oxitocina está preparada para defender y sacar adelante a su  cría gracias a esta potente hormona. El tipo de parto afecta la salud del recién nacido de por vida. Al nacer, el bebé espera ser amado y poder amar. Nace con capacidad de dar. La oxitocina y estar en su madre, sobre su madre, es el medio, el mecanismo por el cual lo consigue.

Documental “CAMBIANDO LA FORMA DE NACER, TRAS LA EVIDENCIA CIENTÍFICA”

Para el 17º Día Mundial de los Derechos del Nacimiento
20 mayo 2016

“CUIDANDO EL PARTO PARA UN MEJOR NACIMIENTO”

Hablar del parto es un tema delicado porque la mayoría de las mujeres hemos pasado por esta extraordinaria y única experiencia, y cada una la hemos vivido de una manera diferente. Otras pasarán por ella y posiblemente tengan ya una idea formada de cómo les gustaría que fuera. La realidad nos muestra que muy pocas veces tenemos el parto con el que habíamos soñado.

Y esto no debería significar que sea una experiencia negativa, sino simplemente diferente a lo que habíamos imaginado. Sin embargo, muchas mujeres sentimos que “nos hemos perdido” algo importante, algo irrepetible y que ya no volverá jamás. Peor aún es cuando sentimos que ese momento tan especial “nos lo robaron” en contra de nuestra voluntad. Es un dolor con el cual convivimos y que el paso del tiempo logra mitigar, pero no eliminar.

Esta sensación de habernos sido arrebatado lo más vital de un momento tan sagrado viene dada por una confrontación entre lo que nos pide nuestro instinto, nuestro cuerpo, nuestro amor por el bebé… y las decisiones tomadas por terceras personas “desde fuera”. Decisiones que aceptamos convencidas de que son por nuestro bien, otras veces son decisiones de las cuales in siquiera somos conscientes ya que no siempre se cuenta con la mujer en todo el proceso del parto. Pero, ¡un momento! ¡Es la mujer la que pare! Los demás están para acompañarla desde la comprensión y el respeto, y ayudarla cuando sea necesario.

La ciencia está para ayudarnos. Y gracias a los avances científicos, muchos niños sobreviven, muchas madres también. Pero hemos incorporado la ciencia hasta tal grado en nuestra vida, que apenas existen ya procesos realmente naturales, como debería ser el parto.

Cuando en los años cuarenta los hombres ocuparon el lugar de las mujeres que atendían los partos y éstos dejaron de tener lugar en el hogar para hacerlo en el hospital, no se invitó a la madre naturaleza a estar también.” David Chamberlain, pionero en la creación de la psicología pre y perinatal.

El parto es un proceso dirigido por protocolos que pocas veces obedecen a razones reales y que pocas veces ayudan, más bien complican las cosas.

La elevada intervención en el proceso del parto aumenta las estadísticas de partos largos, dolorosos, con empleo de fórceps, ventosas, cortes, etc… a las que siguen las estadísticas de depresiones postparto y de dificultades en el apego o para disfrutar de una lactancia plena y placentera para la madre y el bebé.

La madre… y el bebé… De todas las decisiones tomadas en un parto, ¿cuántas de ellas se hacen pensando en el bebé? Salvo que exista un peligro para su vida… muy pocas. 

Normalmente, en la preparación para el parto, nos enseñan a pensar “en nosotras”, en cómo viviremos la experiencia, en lo que nos conviene, en lo que puede facilitarnos este trance…

La preparación es para el “parto” y ¿también para el “nacimiento”? ¿Acaso no significan ambos términos lo mismo, o son dos cosas diferentes? En realidad hacen referencia a dos experiencias muy distintas, de dos personas que también lo son, aunque hayan vivido y necesiten seguir viviendo en simbiosis, dependiendo la una de la otra.

Pero en este tándem de dos, hay una parte que es mucho más dependiente de la otra, mucho más vulnerable, que siente más el dolor… una parte a la que no se la ve, no se la oye, que casi obviamos a la hora de decidir si queremos un tipo de parto u otro. Y sin embargo, es lo que más nos importa: el bebé.

Para la madre el parto es una experiencia única, pero puede vivir más partos y más o menos sabe a qué se va a enfrentar cuando llega el momento. Es una persona adulta que puede comprender muchas de las cosas por las que pasa durante esta experiencia, puede elaborar mecanismos que la ayuden a superar lo más duro… Puede recordar o elegir qué olvidar…

Pero el bebé no sabe lo que se encontrará al nacer. Todo lo que conoce, todo su mundo, desaparecerá de repente, todo cambiará y será nuevo para él. No recordará la experiencia del nacimiento. Y precisamente por este motivo, no podrá protegerse de algo de lo cual no es consciente, no podrá buscar explicaciones ni elegir recordar u olvidar. La ciencia nos dice que existe una memoria celular y sabemos que en el cerebro quedan registradas las sensaciones de todo lo vivido, aunque no podamos ponerle palabras ni imágenes para recordarlo.

Esto hace que las experiencias vividas anteriormente a los 3 o 4 años, edad en la que están algo desarrolladas las áreas de la memoria, sean mucho más determinantes que todas las posteriores en la vida.

Hoy también sabemos que el bebé siente mucho, más que nosotros, que no puede inhibir sensaciones o el dolor y que sufre un bombardeo de estímulos que hacen que todo lo viva más intensamente. El nacimiento es una experiencia muy intensa, probablemente la más intensa de todas.

La “plasticidad cerebral” supone que el niño, cuanto más pequeño es, más conexiones y circuitos neuronales es capaz de crear con todas las experiencias que vive. El nacimiento será la experiencia más impactante, un cambio drástico, una ruptura de todo lo conocido hacia un mundo completamente nuevo en el que su único “salvavidas”, lo único que conoce, que le da seguridad y le garantiza su supervivencia, es el cuerpo de su madre.

La neurociencia nos explica cómo el cerebro del niño crea nuevas estructuras para adaptarse al medio, para poder defenderse en el mismo y aprender y desarrollarse.

Así ocurre que al nacer, el cerebro sufre un “boom” de conexiones y creación de estructuras que preparan al bebé para aquello que se encuentra fuera de su madre. Si el bebé encuentra el cálido cuerpo de mamá, “su hogar”, que le brinda seguridad, alimento y confort, su cerebro creará estructuras que le permitirán crecer y desarrollarse plenamente.

Si lo que se encuentra es un nacimiento inesperado para el cual no estaba preparado, el dolor, la soledad, el abandono (alejado del cuerpo de su madre), pruebas y procedimientos médicos sin el contacto, la voz y el olor de su madre o su padre, entonces su cerebro se conectará al modo “supervivencia” y se adaptará al medio hostil que le hará estar en estado de alerta y no le permitirá crecer y desarrollarse, ni aprender como sería de desear.

Esta programación cerebral que se crea en el nacimiento, nos acompañará de alguna forma a lo largo de nuestra vida, junto a todas las demás programaciones que vayamos creando en los primeros momentos de nuestra existencia. Es por esto que dicen que nuestro nacimiento determina nuestro carácter, y según nos demuestra la ciencia, en parte así es.

La buena noticia para quienes hayan tenido niños con un nacimiento complicado, es que existen medios para compensarlo de alguna forma y apoyar el desarrollo para que acabe siendo lo más pleno posible.

El nacimiento es una etapa extremadamente importante dentro de todas las etapas del desarrollo. El desarrollo es como una cadena con diferentes eslabones, todos ellos imprescindibles para que la cadena se mantenga fuerte, todos ellos insustituibles, sucediéndose uno tras el otro. No podemos olvidarnos de un eslabón, y precisamente de uno tan importante como el nacimiento, y pretender que la cadena siga siendo fuerte a la larga.

No es fácil planificar un parto/nacimiento y pretender que salga tal como lo habíamos deseado. Pero con mayor conciencia sobre la importancia de este sagrado momento, con más consideración y con más respeto por el niño, podemos tomar decisiones que le sean beneficiosas en ese momento y posteriormente toda la vida.

Las madres y los profesionales que atienden el parto podemos tomar decisiones previas o durante el mismo, el bebé no.

Desde la Plataforma Pro Los Derechos del Nacimiento se pretende concienciar a toda la sociedad de la importancia que tiene el nacimiento para el niño. Para que podamos, con la información en la mano, tomar decisiones que no solamente nos conciernen a nosotros, sino también a nuestro hijo por nacer.

El lema de esta “Semana Mundial por un Parto y un Nacimiento Respetados” es “Mi cuerpo, mi decisión, mi bebé”.

Pienso que deberíamos invertir los términos del lema, para ser más justos con quien más lo necesita.

Rosina Uriarte

DALE LA MEJOR BIENVENIDA A TU BEBÉ

Muchas personas no conocen la diferencia entre los términos “parto” y “nacimiento”, englobando ambos como un único concepto. Pero hay una gran diferencia si tenemos en cuenta que el parto es la experiencia vivida por la mujer y el nacimiento lo que vive el niño. Evidentemente, son experiencias muy distintas dentro de un único momento inolvidable para ambos.

Pero, ¿te has planteado alguna vez qué supone el nacimiento para el bebé? ¿Qué siente en el momento en el que abandona su hogar, el único lugar conocido para él hasta ese momento, para entrar en el mundo que habitamos todos los nacidos?

Por supuesto que, siendo un momento tan trascendental, probablemente el más importante de nuestras vidas, suponga para el bebé una vorágine de sensaciones. Pero, pongámonos en su lugar para intentar imaginarlo y de esta forma poder acercarnos a brindarle el nacimiento más cómodo y beneficioso para él.

Empecemos por el entorno en el que se desarrolla el proceso del parto (¡y el nacimiento!)…

En abril, del 2011, se publicó un artículo titulado “Cómo influye el espacio físico en el proceso del parto”, en el blog de El Parto Es Nuestro:
El artículo iba acompañado de estas dos fotografías mostrando dos salas de parto en dos hospitales públicos diferentes, en el año 2010.
Decía lo siguiente:
Todos entendemos lo que significa un restaurante con un ambiente acogedor: luces tenues, confort acústico, decoración agradable, materiales cálidos, etc.

En el caso del parto, la atmósfera a conseguir es la tranquila, suave, agradable, en la que se pueda desarrollar sin interferencias un acto íntimo y sagrado, como es el nacimiento de un bebé, y el parto de la madre. Nuestros hospitales, en los que se producen la gran mayoría de los partos en España, resuelven de la misma manera los espacios de maternidad que los de hemodiálisis o neurocirugía, es decir, suelen ser espacios que resuelven bien problemas como la accesibilidad de los profesionales, la máxima iluminación que requieren las intervenciones estándar, y los materiales que resultan “hospitalariamente aceptables”: mucho acero inoxidable, mucho vidrio, mucho azulejo. El cambio necesario es el de entender que el proceso que se produce en un parto y un nacimiento es un proceso saludable, que la madre es una mujer sana, que se enfrenta a un proceso sano, y por tanto, los condicionantes deben también tener en cuenta estas premisas. Ante todo una mujer de parto se tiene que relajar para poder dilatar, para abrirse literalmente, y esto requiere de un ambiente adecuado.

Junto a tu comodidad y seguridad, busquemos lo mismo también, y sobre todo, para el bebé. Aportando todo lo que esté a nuestro alcance para darle la bienvenida más cálida y confortable posible.


Para ponernos “en la piel” del bebé por nacer, recordemos que toda la información que entra en el sistema nervioso lo hace a través de los sentidos. Repasemos éstos uno a uno para comprender la trascendencia de este momento sagrado del nacimiento.

Ya que hemos mencionado la piel, empecemos por el tacto. Imaginemos qué siente el bebé cuando aún está en el útero, qué sensaciones táctiles tiene… Calor, suavidad al estar en contacto con el líquido amniótico y el cuerpo de mamá. Jamás ha experimentado un cambio de temperatura, un entorno seco, ni el contacto con superficies lisas, duras e inertes. Durante nueve meses, es poco probable que haya sentido dolor o incomodidad a través de su piel.

Pero este universo de sensaciones táctiles placenteras que él conoce bien, desaparece de golpe al salir por el canal del parto. Lo más natural y beneficioso para el bebé es permitirle habitar inmediatamente el lugar más parecido al vientre materno: el cuerpo de su madre en contacto piel con piel.

Los procedimientos que deban efectuarse al bebé recién nacido, se realizan ya en muchos hospitales con el niño sobre el pecho de mamá. Cuidados como la identificación del recién nacido y el test de APGAR son posibles en este contexto de piel con piel, y el resto de los procedimientos como la medición de peso, talla y perímetro craneal, podrán llevarse a cabo más tarde, respetando la “hora sagrada” de unión y vinculación con el bebé tras nacer.

Afortunadamente, son muy pocos los casos en los que un recién nacido no pueda estar piel con piel con su madre.

Tapando al bebé con una manta o toalla, y estando pegado a tu pecho, podrá mantener una temperatura adecuada, lo más parecida a la que ha conocido hasta entonces.

La piel es el órgano de los sentidos más grande de todo el cuerpo, pues lo recubre por completo. Es también una de las fuentes más importantes de información sensorial y tiene un gran impacto en el desarrollo cerebral y el estado emocional. Cuidar las sensaciones táctiles de tu bebé ayudará a que se encuentre más tranquilo y relajado, y de esta forma, pueda desarrollarse plenamente.

Debajo de la piel contamos con sensores en los músculos, tendones y articulaciones que envían información al cerebro sobre nuestro cuerpo. Es el sentido interno llamado “propiocepción”. En el útero, el bebé se encuentra en un espacio confinado que estimula su cuerpo constantemente. Esto es así especialmente en los últimos meses de embarazo debido a su tamaño y es a lo que el niño está acostumbrado cuando llega el momento del nacimiento.

Durante el mismo, el hecho de pasar por un espacio tan reducido y apretado como el canal del parto (en el caso de un parto vaginal), supondrá para el bebé una de las mayores estimulaciones propioceptivas que experimentará jamás, ofreciendo gran cantidad de información a su cerebro y derivando en una abundancia de conexiones neuronales.

Es posible que el trabajo de nacer conlleve cansancio y momentos de angustia y estrés para él, pero la restricción del espacio con la cual ha convivido durante meses, le proporciona tranquilidad y seguridad. Y la falta de esta “contención” al nacer se traduce en una tremenda sensación de inseguridad y desamparo. De nuevo, la experiencia de ser colocado sobre el pecho de mamá, en pleno contacto contigo inmediatamente después de nacer, ayudará al bebé a calmarse de nuevo, encontrando límites que lo cobijen en la inmensidad del espacio al que acaba de llegar.

Nunca sobran los brazos y los abrazos para un niño recién nacido, tampoco lo harán después…

Junto al propioceptivo, contamos con otro sentido interno muy importante: el sentido vestibular. Éste se ocupa de enviar información al cerebro de la posición del cuerpo. Se encuentra alojado en el oído interno y nos ayuda a mantener la postura y a luchar contra la fuerza de la gravedad, por lo que nuestro equilibrio depende de él directamente. Es uno de los primeros sentidos en entrar en funcionamiento en el útero materno y está completamente mielinizado en el nacimiento. Esto significa que el bebé nace con un sentido vestibular ya maduro gracias a las experiencias que ha tenido con su propio movimiento, pero también gracias a la estimulación que han supuesto tus movimientos, mamá.

Durante nueve meses se ha entrenado como un buen gimnasta, ensayando movimientos con todo su cuerpo, aprovechando especialmente los ratos en los que tú buscabas tranquilidad. En otros, cada vez que te movías, disfrutaba de un plácido vaivén, un mecimiento precursor del que le ofrecerán los brazos cuando haya nacido.

Al nacer se ve sometido por primera vez de forma plena a la fuerza de la gravedad. El bebé se sentirá de repente empujado contra la superficie sobre la que se le coloque y los movimientos que había ensayado durante tantos meses, le resultarán tremendamente difíciles dado el peso que adquiere todo su cuerpo. Son los adultos presentes los que decidirán si el recién nacido ha de experimentar la fuerza de la gravedad contra una superficie dura, fría y sin vida, o sobre la superficie más cálida, suave y familiar que huele a hogar. Esta decisión determinará el lugar que le da la bienvenida al mundo.

Una bienvenida que depende también del hecho de que se le permite acceder a tu cuerpo inmediatamente tras nacer, sin antes zarandearle sin cuidado de un lado para otro. Esto podría suponer una estimulación vestibular aterradora para tu pequeño.

Por suerte, hoy ya no se pone al bebé boca abajo o se le da una palmada en la espalda o una nalgada para que llore. No todos los niños lloran al nacer, algunos se encuentran muy cansados tras el nacimiento o se calman si se les coloca de forma inmediata sobre el cuerpo de mamá.

El bebé nace con un sentido del olfato muy desarrollado. Ha vivido hasta ahora en un ambiente acuoso en el que saboreaba el líquido amniótico con diferentes matices según lo que comías, pero nunca había podido oler tal como lo hacemos nosotros. De un momento para otro, llega a un entorno lleno de olores que no son, precisamente, de lo más agradables en una sala de partos.

Una prueba del buen olfato del recién nacido es su capacidad de arrastrarse hasta el pezón materno cuando le colocan sobre el cuerpo de mamá. Es el olor lo que le guía hacia el alimento (el calostro y la leche materna tienen un sabor parecido al del líquido amniótico). Mamá, por favor no te pongas perfume para el gran acontecimiento del nacimiento de tu bebé, ni lo hagas durante un buen tiempo después tampoco. El bebé necesita que su nuevo “hogar” huela familiar, sea algo conocido que le dé seguridad y le ofrezca el confort que necesita tras una experiencia tan nueva y tremenda como es la de nacer.

Unido a la suavidad, calor y olor del cuerpo materno, lo que mejor reconoce el bebé recién nacido es la voz de mamá. No en vano ha estado escuchándote todos los días durante al menos cinco meses. También ha escuchado otros sonidos como los producidos por tu digestión y tu corazón. Mamá, ponle cerca de tu pecho, hacia el lado izquierdo para que este sonido tan conocido le aporte tranquilidad.

La naturaleza es sabia y hace que el recién nacido nazca con restos de líquido amniótico en sus oídos. Esto lo protege de alguna manera contra los fuertes ruidos fuera del útero. Pero el niño no está acostumbrado a la escucha en un ambiente aéreo y de pronto se verá rodeado de voces y sonidos que le son desconocidos, algunos que incluso pueden asustarle. Cuidar de ofrecerle un espacio silencioso es importante, pero en cualquier caso, es una prioridad permitirle escuchar tu confortadora voz cuanto antes. Háblale y cántale las canciones que cantabas durante tu embarazo, sin duda las reconocerá.

Cuando lo hagas, teniéndole cerca de tu pecho, es muy probable que el niño te mire a los ojos. No siempre ocurre, pero cuando es así, se convierte en una de las experiencias más maravillosas del parto y uno de los más bonitos recuerdos. Tu hijo estará viendo tu cara por primera vez. Si no lo hace en esta ocasión, lo hará en otra en la que abra los ojos para mirarte y dejar bien claro que a partir de ese momento, serás lo que más le interesará observar del mundo.

Tengamos en cuenta que el niño ha vivido hasta ahora en un lugar sin luz. Los científicos han demostrado que la visión del recién nacido está mucho más desarrollada de lo que se creía. Hoy sabemos que ve mucho más que sombras, pero sus ojos han de irse adaptando a un nuevo lugar lleno de luz y estímulos visuales.

El bebé sabe cómo nacer, y salvo en ocasiones excepcionales, no necesita de nadie que gire y tire de su cabecita, ni de un potente foco de luz que lo reciba nada más salir a la vida fuera del útero. Un ambiente de luz tenue sería lo más adecuado para él.

La vida es ya lo bastante dura como para que tengamos que recibir a nuestros hijos con estridentes luces, sonidos, olores, sensaciones frías o dolorosas y movimientos bruscos. Y todo ello lejos de lo único que le garantiza, como a un pequeño cachorrito, su supervivencia: mamá.

Al igual que el único lugar seguro para tu bebé antes de nacer es tu cuerpo, así lo será también después. La adaptación a la vida ha de ser paulatina, muy suave y pensando siempre en su bienestar. Son unos meses, hasta que vaya ganando poco a poco independencia y autonomía. Cuanto más satisfagas sus necesidades de dependencia al principio, más independiente logrará ser en el futuro. Tu cuerpo es lo que necesita para crecer sano y desarrollarse como una personita confiada y feliz.

Rosina Uriarte

CURSO DE MONITORAS DE REFLEXOLOGÍA PODAL INFANTIL, BILBAO 2015



Ángeles no sólo es experta en reflexología podal para niños, sino que lo es también en todo lo 
relacionado con el nacimiento. Firme defensora del nacimiento sin violencia, preside la Plataforma 
pro Derechos del Nacimiento.
Cuando me inscribí en el curso, tenía un doble interés. Por un lado me ofrecía un nuevo enfoque para 
trabajar por el bienestar de los niños, y por otro, respondía a muchas de mis inquietudes con respecto 
al momento clave en el desarrollo de todo ser humano: su nacimiento.
He de decir que ambos intereses fueron cubiertos, incluso con creces pues no creí que pudiera 
apasionarme tanto la reflexología podal.
Y en cuanto a todo lo que rodea al nacimiento, me veo con renovadas fuerzas y seguridad para luchar 
por que se contemple a todos los niveles como el momento sagrado que es, y por las importantes 
repercusiones que tiene en el desarrollo infantil.

Agradezco a Ángeles el enriquecimiento a nivel personal y profesional que ha supuesto el curso para mí. También a mis compañeras, porque gracias a ellas la experiencia ha resultado doblemente positiva y enriquecedora.

Rosina Uriarte

VIOLENCIA OBSTÉTRICA EN EL NACIMIENTO. VÍDEO

Porque somos muchas las mujeres que sentimos que nos “robaron” los momentos más importantes de nuestra vida, sin razón y en nombre de una absurda “ciencia” que nos aleja de lo natural y lo complica todo convirtiendo una experiencia única y maravillosa en dolorosa y difícil tanto para la madre como para el niño (especialmente para el niño).
Gracias a Ángeles Hinojosa y a la Plataforma por los Derechos del Nacimiento por la gran labor que hacen en favor de una concienciación sobre la violencia en el nacimiento.