¡NO PUEDE PARAR! Poder estar quieto pasa por haberse movido mucho y bien

Muchos niños no saben parar, no dejan de moverse y les cuesta mucho estar sentados en clase. Pero el poder estar quieto pasa por haberse movido mucho y bien. El neurodesarrollo nos explica por qué…

Como bien sabemos, los niños tienen una gran necesidad de moverse. Es natural pues el movimiento «alimenta» su cerebro, lo hace crecer y madurar.

Pero no todo el movimiento tiene el mismo efecto. Moverse por el simple hecho de hacerlo, sin control, no ayuda en el desarrollo. De hecho, los niños que no tienen control sobre su movimiento, que no saben parar, son niños que no han llegado al grado de maduración deseado.

Puede haber muchas causas, pero una de ellas es la falta de experiencias motrices adecuadas en el momento preciso del desarrollo. Esto es: experiencias con el cuerpo y el movimiento de éste en el espacio anteriores a ponerse a caminar.

Como dice la experta en neurodesarrollo Melodie de Jagger:

La naturaleza utiliza la urgencia de moverse para ayudar a los niños a desarrollarse y una vez que se han desarrollado los niños pueden controlar la urgencia de moverse.

Esa urgencia de moverse es la que siente el bebé cuando tiene necesidad de desplazarse para explorar el mundo. Y el tener la oportunidad de moverse libremente le permitirá no sólo conocer lo que le rodea, sino su propio cuerpo, le brindará importantes experiencias y aprendizajes relacionadas con el movimiento, el equilibrio, el espacio… Y también sobre cómo controlar y aprender con el tiempo a parar.

Por mucho que cueste ver la relación, ésta existe y es muy estrecha entre el bebé que se movió adecuadamente en su primer año de vida y el niño que es capaz de estar quieto y sentado, prestando atención en clase.

En este vídeo te cuento más:

El que un niño pueda estar quieto no es una habilidad que surge de la nada… Como ocurre con todas las habilidades humanas, requiere de experiencias y aprendizajes previos.

Los niños tienen una gran necesidad de moverse, algo que les llevará a tener experiencias con su cuerpo y el movimiento de éste en el espacio. Estas experiencias les permitirán madurar y avanzar hacia el control de su cuerpo y del movimiento.

Para los niños es mucho más fácil activarse, moverse, que parar. Sin embargo, el mayor control del movimiento es precisamente el poder estar quieto. Pero no basta con moverse mucho y de cualquier manera para lograr la maduración necesaria para la inhibición y control del movimiento.

Lo deseado es que un bebé se ponga de pie y comience a caminar habiendo tenido las experiencias previas que le lleven a conocer suficientemente su cuerpo para utilizarlo de forma eficaz al caminar, que hayan creado las conexiones neuronales necesarias para que le resulte más fácil lidiar con el equilibrio, integrar nociones espaciales y sobre todo… iniciar un proceso de maduración en áreas cerebrales encargadas de la inhibición del movimiento y del control de la postura. Todo lo necesario para comenzar a caminar con el mejor equilibrio y poder luego correr, saltar, trepar y todo lo demás, pero también llegar con el tiempo a poder estar quieto sentado en clase. Y así poder a la vez prestar atención y aprender.

Por lo tanto, para que un niño controle el movimiento y la inhibición del mismo, necesita tener experiencias motrices adecuadas desde muy tempranamente. Debe permitirse al bebé moverse libremente desde los primeros meses de vida. La oportunidad para ello la da el colocarle sobre el suelo, y muy especialmente, en la posición de boca abajo. Esta posición sobre el suelo le permitirán fortalecer su cuello y sostener la cabeza, girar sobre sí mismo, arrastrarse, sentarse solito, gatear para finalmente ponerse de pie y caminar. Después llega el poder estar sentado en clase prestando atención.

Y por escasa que pueda parecer la relación entre uno de los primeros hitos motrices del bebé con el poder atender en clase y aprender en la escuela, todas estas etapas o logros forman parte de una única cadena. Son diferentes eslabones dentro de la cadena del desarrollo y unos logros llevan y permiten que se produzcan los otros.

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