Técnicas de Glenn Doman.
«Psicomotricidad y desarrollo neuromotor»
«Arrastre y gateo: la importante etapa del suelo»
«El desarrollo motriz alcanzado determina el desarrollo emocional, social y cognitivo»
«Psicomotricidad y desarrollo neuromotor»
«Arrastre y gateo: la importante etapa del suelo»
«El desarrollo motriz alcanzado determina el desarrollo emocional, social y cognitivo»
En ocasiones tengo la suerte de recibir el testimonio emotivo y esperanzador de una madre que me cuenta los beneficios que les ha aportado alguna de las terapias o métodos de estimulación en los que confío y de los que hablo en mis blogs.
Siento no poder reproducir el testimonio en este blog, pero te dejo el enlace donde lo podrás leer. ¡No dejes de hacer clic, te va a gustar!

Una asociación de padres que sin ánimo de lucro, se unen para ayudar a los niños con discapacidad y/o con dificultades de aprendizaje y a sus familias, a mejorar sus posibilidades de buena integración social.
Nos registramos en el Gobierno Civil, en 1994 con el nº 1862 aunque el germen lo puso una madre, que no quiere dar su nombre, cinco años antes. Trajo de Filadelfia información, contagió entusiasmos ayudó a ponerla en marcha y hoy desarrolla su actividad en pro de la discapacidad en el centro donde está su hijo. Sigue siendo socia de la nuestra, que se renovó en otoño de 2004 retomando el proyecto inicial.
CREEMOS QUE LA FUNCIÓN, DETERMINA LA ESTRUCTURA COMO DICE GLENN DOMAN, POR LO TANTO, SI UN NIÑO NO MANIFIESTA UNA FUNCIÓN, NOS INDICA QUE NO TIENE LA ESTRUCTURA CEREBRAL NECESARIA PARA HACERLO POSIBLE.
NUESTRA ACCIÓN SERÁ AYUDAR AL CEREBRO A CREARLA CON UN PROGRAMA INTEGRAL PERSONALIZADO: FISICO, INTELECTUAL, SENSORIAL Y DE ORIENTACIÓN ALIMENTARIA.
LOS PROGRAMAS SON ÚTILES TAMBIÉN PARA NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES, QUE TIENEN DESORGANIZADA LA POTENCIALIDAD DE SU CEREBRO.
1º.- Asistencia moral, humana y profesional para potenciar capacidades y habilidades necesarias, para la MEJOR integración familiar, escolar y social. Los servicios se pueden utilizar sin ser socios.
2º.- Formar a padres o responsables familiares para conseguir las habilidades que contribuyen al desarrollo integral del niño y logran su autonomía.
3º.- Conocer y poner al servicio de los socios, los avances en el estudio del cerebro y su estimulación sináptica.
* – Acogida y escucha con la comprensión de quien ha pasado por parecidas o iguales situaciones,
– Información de los recursos que conocemos orientados a cada caso
– Gestión y ayuda para desarrollar programas personalizados de estimulación multi sensorial , basados en Glenn Doman y otros para conseguir la organización neurológica del cerebro y así despertar o mejorar sus capacidades.
– Reeducación en Integración Auditiva con el método del Dr.Bérad, para mejorar los problemas del lenguaje (dislexia, carencia o dificultad de expresión oral), desánimo, falta de atención y dificultades de aprendizaje.
– Préstamo gratuito de material de estimulación intelectual.* Apoyo pedagógico e informático.
– Musicoterapia semanal.
– Apoyo Psicológico personal o familiar.
– Taller de habilidades manuales y sociales con los niños.
– Equitación terapéutica una vez a la semana con personal especializado.
– Actividades con la familia, excursiones, convivencias y fiestas puntuales.
– Formación para padres y profesionales.
Tenemos la fortuna de contar con la sensibilidad y apertura de responsables de administraciones públicas (Ayuntamiento, Junta de Castilla y León, Diputación) y privadas (Caja Burgos y Caja Círculo) que han creído en nuestro Plan de Desarrollo de Capacidades, apoyándonos en programas y técnicas poco habituales, incluso combatidas durante años desde la ignorancia.
Nos planteamos si los adultos somos responsables del TDA-H en los niños.«DÉFICIT DE ATENCIÓN. ¿POR QUÉ TANTOS NIÑOS LO PADECEN?»
«UN CAMBIO DE CONCEPTO SOBRE CÓMO ABORDAR LOS CASOS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD»
Esta guía resulta amena y de fácil lectura para todo aquel, padre, madre o profesional, que esté interesado en conocer mejor el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDA-H). La autora expone el contenido de una forma clara y directa, hábilmente distribuido en cien preguntas que habitualmente realizamos quienes de una forma u otra nos relacionamos con un niño de estas características.
Además de una descripción del TDA-H, la guía se compone principalmente de consejos para ayudar a niños con este trastorno en el hogar o en el aula, y propone junto a la terapia cognitivo conductual, un tratamiento basado en la bioterpia y cambios en la dieta.
Nota: consulta esta otra entrada con la nueva edición de este libro:
«Tengo duendes en las piernas»

La gente dice que soy malo… ¡Yo no puedo estarme quieto! Siento algo en todo el cuerpo, sobre todo en las piernas, que no me deja estar tranquilo…
Daniel no percibe ni procesa suficientemente la información que el movimiento envía a su cerebro, por esta razón busca estimular su sistema vestibular corriendo y saltando constantemente.
«Tengo altavoces en la cabeza»

La gente siempre está comiendo porquerías que me dan mucho asco, y lo peor es que todo el mundo pretende que también las coma yo… Toda la comida es muy pringosa y desagradable…
A veces me siento como un gigante con demasiada fuerza y muy torpe, con unas manotas de blandiblup o de mantequilla o de algo así. Yo quiero hacer las cosas bien, pero todo me sale mal…
Diego es un niño muy tranquilo. Se muestra poco autónomo, desordenado y sucio. No presta atención en clase y es lento al realizar sus tareas. Tiene problemas para interpretar la información que le dice qué postura y qué movimientos debe realizar para tener éxito en sus actividades. No controla la fuerza que emplea al hacer las cosas y no sabe muy bien cómo utilizar sus manos.
«Estoy en mi nube»
A mi alrededor no pasa gran cosa. La gente va y viene; creo que a veces me hablan, pero no estoy segura. Yo estoy en mi nube; estoy a gusto así…
Alba apenas reacciona ante lo que le rodea y no se comunica con los demás. Su equilibrio no es bueno pues su sistema vestibular no informa suficientemente a su cerebro. Tampoco lo hacen sus sentidos táctil y proprioceptivo. Por ello no reacciona a lo que ocurre, ni siquiera cuando le tocan o la mueven… No llora y parece no sentir el dolor.
A través de estos cinco casos nos describe Isabelle Beaudry algunos de los problemas de procesamiento sensorial que pueden sufrir los niños con alteraciones en el desarrollo, problemas de comportamiento o de rendimiento escolar.
En su libro «Tengo duendes en las piernas» nos introduce en el concepto de la integración sensorial y en sus trastornos de una forma sencilla y concisa. Las historias de David, Daniel, Paula, Diego y Alba nos acercan a la difícil realidad vivida por muchos niños, una realidad muy poco comprendida por los adultos que nos relacionamos con ellos.
Al final de cada una de estas historias veremos las soluciones que ofrece la Terapia Ocupacional para ayudar a estos pequeños a vencer sus dificultades.
Isabelle nos propone además pequeños trucos e ideas que podemos aplicar los padres y profesores para facilitar las actividades diarias. También nos habla de «estrellas» de la integración sensorial como Fernando Alonso o Rafa Nadal, entre otros.
«TENGO DUENDES EN LAS PIERNAS»
ISABELLE BEAUDRY BELLEFEUILLE
Ediciones Nobel

¿En qué estado se encuentra el sistema nervioso de nuestros niños? Esto no lo podemos observar directamente porque no podemos «ver» el sistema nervioso y su funcionamiento.
Pero podemos observar el comportamiento y el rendimiento académico de nuestros hijos y alumnos, y tener en cuenta que son precisamente las expresiones visibles de su sistema nervioso invisible.
Lo que observemos del estado nervioso de los niños a través de su comportamiento y de su rendimiento, son indicaciones de cómo recibe el niño la información sensorial que lo bombardea a diario, de cómo la procesa y de cómo responde a la misma. Éste es el trabajo que realiza el sistema nervioso por medio de la Integración Sensorial. Cuando el niño no «funciona» adecuadamente en sus tareas diarias cotidianas, del colegio, o en su relación con los demás, es muy probable que exista un Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS).
En muchas ocasiones son los trastornos en el procesamiento sensorial los causantes de los problemas de aprendizaje y de comportamiento. Y en la mayoría de los problemas no causados por una mala integración sensorial, ésta se haya presente en mayor o menor medida.
Los niños con problemas de aprendizaje son muchas veces diagnosticados con retraso madurativo. Y si bien es cierto que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, también lo es que la mayoría de los que se quedan rezagados en el mismo no superan nunca del todo sus dificultades. En el mejor de los casos logran encontrar el modo de compensar estas dificultades o lo hacen con un sobreesfuerzo mayor que sus compañeros, pero en esta situación pueden surgir nuevos problemas que se van añadiendo al original.
«Es muy peligroso pensar que un niño llegará a superar su problema a medida que vaya creciendo, pues esta actitud evita que se busque ayuda profesional a la edad en la que ésta sería más benéfica.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).
Otro diagnóstico muy común es el de déficit de atención con o sin hiperactividad. De nuevo debemos tener en cuenta que la capacidad de atender de un niño o el grado de su actividad son el producto del nivel de organización de su cerebro. Para el niño con una disfunción integrativa sensorial el control de su atención y de su conducta o sus emociones, puede ser una tarea simplemente imposible. Existen a su alrededor demasiadas cosas que lo confunden, lo distraen, lo sobreexcitan y lo llevan a comportamientos y situaciones que él mismo no desea.
El autocontrol, junto con la autoestima y la confianza en uno mismo no se desarrollan adecuadamente en el niño con dificultades en su integración sensorial. Y un cerebro que no puede organizar y controlar sus sensaciones, tampoco será capaz de organizar letras o números para realizar con éxito las tareas escolares.
«La lectura, la escritura y el cálculo… requieren de que el cerebro procese sensaciones muy detalladas y de que se ocupe en respuestas motoras y mentales precisas…
Lo más cruel que un maestro puede decirle a un niño incapacitado para el aprendizaje es: «¡podrías hacerlo si tan sólo lo intentaras!» ¿Cómo va a leer, si ni siquiera conecta lo que ve con lo que oye? ¿Cómo va a escribir su nombre, si tiene que concentrarse en mantenerse sobre la silla? Las habilidades sonsoriomotoras son las verdaderamente básicas y los problemas de aprendizaje continuarán hasta que las escuelas presten atención a su desarrollo.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).
Los que convivimos y trabajamos con el niño solamente observamos el resultado final de este problema: que el niño no quiere trabajar, que cuando lo hace los resultados son malos, que su aprendizaje no se da al mismo nivel que sus compañeros, que su comportamiento es inadecuado, que su actividad es excesiva o insuficiente, que es torpe en sus movimientos, que no se relaciona bien con los demás niños o que tiene muchas «manías»…
«Los padres generalmente no se dan cuenta de que los problemas de aprendizaje y de comportamiento de su hijo son el resultado de desórdenes neurológicos que el niño no puede controlar; piensan que hace las cosas intencionadamente y reaccionan de manera que le hacen la vida aún más difícil de lo que ya es…» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).
Es también un error creer que un trabajo enfocado exclusivamente desde el punto de vista pedagógico o psicológico puede solucionar estos problemas. No debemos plantearnos «entrenar» al niño para hacer las cosas que su cerebro no puede hacer. A menudo la escuela exige demasiado a estos niños, sin comprender realmente sus necesidades y sus posibilidades de trabajar con éxito.
La buena noticia es que está científicamente demostrado que los estímulos del ambiente influyen en las estructuras cerebrales y en su funcionamiento, por lo que podemos actuar ayudando al niño a superar sus problemas de integración sensorial y por lo tanto, dándole las herramientas que le permitan funcionar mejor en todas las áreas en las que se desenvuelve.
La terapia de la Integración Sensorial es completamente natural, pues utiliza los mismos medios que la propia naturaleza en la estimulación y maduración del sistema nervioso. Se basa principalmente en estímulos provenientes del movimiento que ayudan al niño a organizarse y que además, suelen divertir al niño pues son sensaciones que el niño busca por necesitarlas realmente.
«La terapia de la integración sensorial tiene un enfoque integral, comprende todo el cuerpo, todos los sentidos y todo el cerebro.
La idea central de esta terapia es proporcionar y controlar la entrada sensorial… de manera que el niño, espontáneamente, forme respuestas adaptativas que integren esas sensaciones.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).
Cuanto antes acudamos a un especialista en integración sensorial, más fácil resultará solucionar o mitigar las dificultades del niño con TPS. El terapeuta propondrá una terapia y también una «dieta sensorial» para que apliquemos con el niño en el hogar y en el aula.
Normalmente basta con tener en cuenta cómo se siente el niño y porqué reacciona como lo hace, para cambiar cosas en su entorno que hagan que la convivencia y su rendimiento mejoren.
«Integración sensorial. Cómo convivir con la distorsión»
«Disfunción en la integración sensorial. Como una radio mal sintonizada con el volumen mal regulado»
Lo que realmente importa es trabajar EL PROBLEMA y no sus manifestaciones o síntomasFerré nos dice que todos los problemas de funcionamiento visual siempre interfieren en el desarrollo de la atención…
«Cuando observamos que un niño no adapta bien el movimiento al espacio que le rodea, sufre con frecuencia pequeños accidentes, golpes, caídas que hacen pensar que no calcula las distancias, le lloran los ojos, le molesta la luz, cierra un poco los párpados cuando mira lejos o cuando, simplemente, se trata de un niño que ni se arrastró ni gateó, no es necesario que haya organizado un cuadro de T.D.A. para que acuda a un especialista en optometría funcional (o comportamental) para que realice una valoración de cómo está desarrollando las capacidades y las habilidades visuales.»
Aclara cómo, en general, el oculista es el médico del sistema visual, mientras que el optómetra es el especialista en función visual.
Cuando se habla de problemas visuales en la infancia que inciden en un déficit de atención y dificultades escolares, se hace referencia a problemas funcionales de la visión.
Muchos niños con el diagnóstico de T.D.A. tienen problemas de función visual, aunque el oculista o el oftalmólogo haya descartado patología importante. Es por esta razón que Ferré recomienda a los padres una visita a un profesional de la optometría comportamental.