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ARRASTRE Y GATEO: LA IMPORTANTE ETAPA DEL SUELO

En este blog he publicado muchos artículos que hacen referencia a la importancia de la etapa del suelo para el bebé y todo su desarrollo futuro. De lo vital que es que permitamos a nuestros niños tener oportunidades de realizar el volteo, arrastre y gateo y de las consecuencias (en la forma de dificultades de aprendizaje principalmente) que puede haber si limitamos sus necesidades de movimiento y exploración.

ARRASTRE Y GATEO: LA IMPORTANTE ETAPA DEL SUELO. Comprendo que muchas veces resulte difícil «ver» esta importancia, pero con este vídeo creo que queda bastante claro el empeño y la constancia del bebé que se mueve sobre el suelo en lo que puede parecernos un «juego», pero que es en realidad una necesidad vital para su desarrollo cerebral.

Este vídeo lo he tomado del blog de Educadoras de Infantil, al cual agradezco infinitamente por haberme descubierto tan valioso documento gráfico. Sin duda merece la pena verlo:

Esto es lo que dicen los expertos en desarrollo infantil sobre la etapa del suelo con el arrastre y el gateo:

Sally Goddard, en «Reflejos, aprendizaje y comportamiento»: «Gatear y arrastrarse… ambos facilitan tanto la integración de información sensorial, como los sistemas vestibulares, visual y propioceptivo, todos empiezan a trabajar juntos la primera vez. Durante este período de movimiento de desarrollo, el niño adquiere el sentido del equilibrio, el sentido del espacio y el sentido de la profundidad. Es a través de arrastrarse y gatear que las actividades inmaduras de ver, sentir y moverse se sincronizan por primera vez para aportar una imagen más completa del entorno.»

«Las razones por las que un niño no gatea pueden ser de tipo neurológicas, de desarrollo o por el entorno. …Los niños que no han tenido mucha oportunidad de jugar en el suelo durante los primeros 8 mese quizá «se salten» las fases de arrastrarse y gatear, ya que no han tenido suficiente tiempo para desarrollar las habilidades motoras en la posición prona, que precede a la capacidad de gatear.»

«Será el proceso de arrastrarse con las manos y las rodillas lo que acabará de desarrollar las capacidades visuales que el niño ha aprendido hasta el momento, e integrarlas con información de otros sentidos.»

«Arrastrarse es uno de los patrones de movimiento más importantes en el largo proceso de enseñar a los ojos cómo cruzar la línea media. Además de mirar hacia delante, los bebés también aprenden la coordinación ojo-mano gracias a los movimientos de las manos. Algunas veces, los ojos enfocan de una mano a otra, utilizando las manos como si fueran un estímulo móvil. Más tarde esta capacidad será esencial para poder leer sin perder las palabras en la línea media y visualmente seguir la mano que escribe. Es a través de arrastrarse que los sistemas vestibular, propioceptivo y visual se conectan para funcionar juntos por primera vez. Sin esta integración el desarrollo del sentido del equilibrio, la percepción del espacio y la profundidad serán muy pobres.
Las capacidades de enfocar a distancia y la coordinación oculo-manual utilizadas en el acto de arrastrarse son las mismas habilidades que el niño utilizará cuando aprenda a escribir y a leer.
Pavlides observó en 1987 que un gran porcentaje de niños con dificultades de lectura habían omitido las fases de arrastrarse y gateo durante su infancia.»

«Las niñas … a las que se les ponen «vestidos bonitos», a veces andarán como «osos» para evitar poner las rodillas en el vestido que dificulta moverse hacia delante.»

«Rosanne Kermoian y sus colegas llevaron a cabo un estudio en el Reed College en 1988 y vieron que muchas habilidades cognitivas, como la permanencia de un objeto y la percepción del espacio, se aprenden durante el período de arrastrarse y no hasta entonces.»

«Los accesorios modernos para bebés son como regalos del cielo para los padres, pero los carritos, los asientos diseñados para bebés, los caminadores y las sillas para el coche no deberían reemplazar el suelo como el lugar primordial de juego para el bebé. Es el tiempo que se pasa jugando libremente en el suelo el que ayudará al niño a tomar control sobre su cuerpo, y por lo tanto, adquirir confianza. En el suelo hay libertad de movimiento y adquiere experiencia en diferentes tipos de aventuras y exploraciones que el niño no podría adquirir desde los límites de una silla.
Mientras está tumbado sobre su estómago el niño aprenderá a mantener el peso de la cabeza. Unos meses más tarde, aprenderá a girar estando boca abajo hasta quedarse sobre su espalda y eventualmente conseguirá las posiciones de sentado y gateo. Para poder sentarse el niño debe pasar por varios estados de desarrollo motor, conseguir el control de la postura y dominar su equilibrio, cada fase posterior aumenta la madurez del sistema nervioso central.»

«Cada fase requiere práctica para poder adquirir el equilibrio y la coordinación automática. Durante los primeros años de vida, la práctica de habilidades motoras y el juego son prácticamente lo mismo.»

«La mayoría de los padres quieren proteger a sus hijos de los peligros del mundo exterior, pero esta actitud a veces puede impedirles que desarrollen las mismas habilidades que necesitan para sobrevivir. Aprendemos qué es el equilibrio gracias a las caídas y de ahí desarrollamos estrategias para no volver a caer otra vez. Aprendemos a tolerar alturas cuando escalamos y empezamos a sentirnos confiados con nuestras capacidades. Cualquier habilidad motriz que de adulto hacemos bien la hemos adquirido gracias a fracasos iniciales y por el esfuerzo de superar el problema.
Los padres que permiten a sus hijos a descubrir su entorno, dentro de límites seguros por supuesto, permiten que sus hijos crezcan con la oportunidad de aprender a través de la experiencia. La experiencia es el alimento para el desarrollo del cerebro.»

«En su libro «Diagnóstico y tratamiento de problemas del habla y la lectura» (1963). Delacato describió cómo ninguno de los niños a los que había evaluado con dificultades de aprendizaje específicas había pasado por los estados motores de desarrollo de arrastre o gatear.»

«El bebé de ocho meses que rueda hacia delante y hacia atrás en el suelo sin un objetivo concreto, está preparando su equilibrio para sentarse, levantarse y finalmente andar. En lo que a él respecta, cuando se mueve, el mundo se mueve con él y cuando él para, el mundo permanece quieto una vez más. Gatear es por lo tanto un puente importante, capacitándole para combinar el sistema vestibular, el propioceptivo y el visual por primera vez.»

Raymundo Veras (1975): «El arrastrarse no solamente es una fase importante para el desarrollo de la movilidad del niño, sino que también es terriblemente importante para su desarrollo visual. En todas las personas primitivas que hemos visto, a los niños nunca se les permite arrastrarse y ninguno de ellos puede enfocar sus ojos a ninguna cosa que esté más cercana que la distancia de sus brazos. Todos tienen vista a larga distancia. Creemos que cuando un niño se arrastra desarrolla la capacidad de visión de cercanía.»

Glenn Doman en «Cómo enseñar a su bebé a ser físicamente excelente»: «Cuantas más oportunidades tenga su recién nacido de arrastrarse, mejor será físicamente, mayor será el desarrollo de su cerebro, más alta será su inteligencia motora… Sin importar la edad que tenga su bebé, el arrastrarse por primera vez constituirá un logro importantísimo.»

«Existe una relación muy estrecha entre ser capaz de arrastrarse y gatear y converger con su visón en un punto próximo… La visión de puntos cercanos, que se ve desarrollada materialmente cuando el niño se arrastra y gatea, significa poder ser capaz de converger los propios ojos para enfocarlos juntos dentro de la distancia que existe de los ojos a las manos. Esta es la distancia a la que leemos, escribimos… Cuando no hay oportunidad de desarrollar la movilidad y se evita que los pequeños se arrastren y gateen, los efectos se hacen evidentes en otras áreas, como el caso de la visión.»

El doctor Harald Blomberg en su manual de Terapia de Movimiento Rítmico – Nivel Uno «TMR y ADD/TDAH» : «Es normal que los padres quieran ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras. Cuando llegan al desarrollo emocional se guían por sus instintos y por sus propias experiencias emocionales de la infancia. Sin embargo cuando tienen que desarrollar la parte motora de sus hijos, los padres normalmente no saben qué es lo que su bebé necesita para su desarrollo. En vez de dejar que el bebé desarrolle sus habilidades motoras por sí mismo y tome su propio espacio y vaya desde una posición tumbada a reptar, gatear y finalmente se ponga de pie, la mayoría de los padres intentan acelerar su desarrollo motor. En vez de dejar al niño tumbado en el suelo y que desarrolle sus reflejos posturales moviéndose alrededor por sí mismo, se utilizan sillas de coche incluso cestitas por períodos largos de tiempo antes incluso de que sean capaces de sentarse. En lugar de animarlo a desarrollarse moviéndose lo más posible en su nivel de desarrollo, los padres lo ponen en un andador durante largos períodos de tiempo antes de que esté listo para gatear o caminar. Todo esto restringirá el desarrollo motor normal y obstruirá las conexiones de los ganglios basales y la integración de reflejos primitivos.
Si los padres quieren ayudar a sus hijos a desarrollar sus habilidades motoras deben adecuarse al desarrollo motor de sus hijos. Un bebé que no puede sentarse es mejor que esté tumbado. Al bebé se le debe permitir tumbarse sobre su estómago para estimular que levante la cabeza. Debe ser animado a moverse libremente por el suelo para gradualmente desarrollar sus patrones de movimiento, gravedad, equilibrio, estabilidad e integrar sus reflejos primitivos. Dejando al niño estar mucho tiempo en sillas para bebé s y andadores su desarrollo motor se obstruirá y correrá el riesgo de desarrollar TDA-H o ADD, dificultades de aprendizaje y problemas emocionales.»

«La transformación de los reflejos primitivos en reflejos posturales de por vida es debida a los movimientos rítmicos espontáneos que el bebé hace antes de empezar a caminar. La mayor parte de esta transformación debería estar hecha mientras que el bebé está todavía en el suelo. Los movimientos en posición vertical, de pie o caminando inhiben los reflejos primitivos solamente en una extensión muy limitada, pero son muy importantes para la maduración de los reflejos posturales y para conseguir equilibrio y estabilidad.»

María Docavo Alberti en «Mi hijo no es un problema, tiene un problema»: «En esta fase el bebé empieza a moverse en su entorno, a reconocer su espacio, mueve sus extremidades y reconoce su entorno, lo delimita, controla su territorio… Fija la mirada y calcula distancias con más precisión.

Si el bebé no hace el movimiento de reptar, las consecuencias pueden ser:
– problemas para seguir con los ojos una línea
– problemas para expresar los pensamientos e ideas
– escritura ilegible
– problemas de coordinación ojo-mano, fundamentalmente para escribir y coger pelotas
– agresivo o por el contrario incapaz de defenderse
– delimitación del territorio, puede ser agresivo cuando es invadido por sorpresa
– miedoso
– problemas con la regulación de la temperatura corporal
– sexo, problemas de excesiva demanda de sexo, agresivo o sumiso
– problemas de concentración, problemas de aprendizaje
– reacciones repetitivas ante una situación
– hiperactividad o hipoactividad

El bebé separa el cuerpo del suelo, comienza a sentarse de rodillas, a balancearse de delante a detrás y empieza a gatear, aquí ya los dos hemisferios empiezan a trabajar cruzados … es un movimiento fundamental para determinar la lateralidad, los ojos cruzan la línea media del cuerpo. Los problemas que pueden surgir de no haber gateado lo suficiente suelen ser:
– problemas de coordinación de movimientos, andar homolateral
– no coordina manos y ojos
– problemas con el habla, problemas de concentración y de motórica gruesa
– olfato demasiado sensible
– inteligencia emocional, no controla sus emociones. Lloros y alegría histéricos, cambios repentinos de humor
– problemas de comunicación, necesidad de ser aceptado
– no acepta la crítica, o critica desmesuradamente a los demás
– no reconoce el peligro
– conciencia de grupo»

El doctor Jorge Ferré en «cer0atr3s El desarrollo neuro-senso-psicomotriz de los3 primeros años de vida»: «Lo peor que podemos hacer con un niño de estas edades (de los 6 a los 9 meses de vida), que necesita estar experimentando nuevas sensaciones con su cuerpo, es dejarle sentado todo el día en la sillita, la hamaca, el cochecito, la cuna o el sofá y convertirlo en mero espectador de lo que hacen los demás.»

«El reptado contralateral anterior significa un cambio muy profundo en el sistema y los mecanismos que utiliza el bebé para explorar su entorno y para aprender.
… Se activa la vía cruzada de movimiento, que es la vía de control voluntario del movimiento, y empieza a ponerse en marcha la función del cuerpo calloso.
Es un momento muy importante en el proceso de desarrollo humano por todas las consecuencias funcionales positivas que comporta.
Con la incorporación del patrón contralateral, se prepara la coordinación dinámica de todos los movimientos que aprenderá a hacer después: andar, correr, pedalear, saltar a la «pata coja», subir y bajar escaleras con soltura, etc.
También cambia el programa de análisis perceptivo porque inicia la puesta en marcha de la percepción visual, auditiva y táctil tridimensional.
… El cuerpo empieza a funcionar como una auténtica unidad y el Sistema Nervioso también.»

«El gateador puede sortear obstáculos de mayor altura, eleva la cabeza, dirige la escucha y la mirada a mayor distancia. Poco a poco, se desarrolla la fusión visual.
Las dos imágenes visuales se funden e integran en una sola y eso le permite empezar a percibir el espacio en tres dimensiones. Capa la profundidad y empieza a desarrollar la capacidad de medir la distancia.»

«Su percepción le ofrece una visión del mundo que va más allá de los próximo y lo táctil y empieza a desarrollar la capacidad de elaborar imágenes de representación mental de un objeto.
Ahora, aunque el objeto esté oculto detrás de un obstáculo visual, empieza a retener su imagen mental. Esta capacidad es la que se llame persistencia o permanencia del objeto.
La experiencia motora del gateo es una experiencia global, gracias a la cual activamos un patrón de organización rítmico y sincrónico de la actividad bilateral del cuerpo, que estimula la coordinación ocular y la visión binocular.»

«El gateador, utiliza constantemente la pinza para explorar el espacio y coger objetos tan pequeños como una miga de pan o una pestaña.
Los niños que no han vivido experiencias en el suelo porque se han pasado el primer años de vida sentados o en el parque, pasivos e inmovilizados, pueden tener menos habilidad manual.»

«Si no se activan todos los patrones funcionales correspondientes a esta etapa evolutiva y se acelera la deambulación, se dificulta la correcta activación del mesencéfalo, la vía piramidal y el cuerpo calloso.»

«La visomotricidad es una función trascendental a la hora de leer con eficacia. Muchos problemas de lectura se deben a los vacíos de información que acumula el bebé que no ha vivido experiencias en el plano del suelo y que su primera experiencia motriz ha sido empezar a andar mal, después de haber pasado el primer año de vida sentado con apoyos.»

» El parque y los andadores son instrumentos que deberíamos eliminar totalmente. El parque impide el gateo, reduce el campo experimental obliga al bebé a hacer lo único que puede hacer ponerse de pie con apoyo. Los andadores impiden el gateo y fuerzan al bebé a colocarse en postura bipedestante cuando todavía no tiene suficiente tono muscular en las piernas y no está preparado para hacerlo, con todas las consecuencias que ello comporta.»

Más información en rosinauriarte.com

¿MÁS ESTIMULACIÓN? NO, SÓLO SENTIDO COMÚN

Elena García ha escrito este artículo para este blog. Muchas gracias, Elena, por un artículo tan clarificador y tan directo. En él se condensa el sentir y uno de los principales objetivos comunicativos de este espacio.
 

Los usuarios de este blog estamos acostumbrados a la palabra estimulación, somos conscientes de la importancia que tiene para el desarrollo de un niño el hecho de proporcionar ciertos estímulos, ya sea a nivel sensorial, físico o simplemente tiempo para estar con el bebé. Somos madres (y algún que otro padre) atentos a cualquier innovación metodológica, a nuevos tratamientos, investigaciones, que traten sobre este tema.

El problema es que esta realidad que nos define y en la que nos movemos no tiene nada que ver con la que se suele observar en las calles, en los parques, en las guarderías. A menudo podemos encontrarnos con personas que desatienden sistemáticamente a sus hijos, que entorpecen su desarrollo psicomotor y que presentan comportamientos no apropiados. Y no estoy hablando de familias socioeconómicamente desfavorecidas.

¿Os habéis fijado en cuántos bebés toman su biberón ellos solos en su cuna o en su cochecito? Pero bueno, ¿no habíamos quedado en que el biberón era el sustituto del pecho? La forma tradicional de alimentar a los bebés (ya sea leche materna o artificial) asegura que el niño está en brazos de mamá, recibiendo toda una serie de estímulos: Táctiles: presión, temperatura, tamaños, texturas. Visuales: trabaja alternativamente los dos ojos, dependiendo de qué pecho le está alimentando. Auditivos: los dos oídos también trabajan de forma alternativa en función de la posición del cuerpo, un oído oye el sonido ambiental y el otro está pegado al cuerpo de la madre. Olfativos: siente el olor de la piel de su madre, de su perfume, etc. Propiocepción: el niño va percibiendo las distintas partes de su cuerpo a partir de sus experiencias siendo tomado en brazos. Los niños que tienen dificultades de propiocepción suelen relacionarse mal con sus compañeros, ya que no controlan bien su cuerpo. Equilibrio: aprende la posición de su cuerpo en el espacio, también gracias a la experiencia. Los niños que sistemáticamente son alimentados en su cuna o en el cochecito están perdiendo una importante estimulación sensorial y vestibular completamente necesaria para su desarrollo. Quizás en un futuro no muy lejano tendrán dificultades con la lectura o la escritura o problemas de comportamiento.

Otro error muy común es la utilización generalizada durante todo el día de las hamacas y los cestitos (tipo maxi cosi). El desarrollo motor del bebé tiene sus etapas, la primera consiste en mover libremente brazos y piernas. Cuando vemos a un bebé tumbado sobre su espalda, en su cochecito o en su cuna, tiene un movimiento muy divertido, es como una coreografía. Mueve sus cuatro extremidades a la vez, sin mover el cuerpo. Este movimiento no puede llevarse a cabo si el bebé está encorsetado. Los reflejos primarios tienen que hacer su curso. Por ejemplo, el Reflejo Tónico Asimétrico Cervical aparece a las 16-18 semanas en útero y debería inhibirse entre los 3 y los 9 meses de vida postnatal. Este reflejo se activa cuando el niño gira su cabeza hacia un lado, entonces el bracito del mismo lado se extiende en posición horizontal, de manera que el niño se encuentra con su mano enfrente de sus ojos. Se desarrolla la primera conexión ojo-mano que será tan importante en su vida. Me pregunto cómo se puede desarrollar e inhibir este reflejo si está el niño metido en un maxi cosi… Además, en este tipo de hamacas, la cabecita suele quedar ladeada, es decir, se está bloqueando de algún modo el flujo sanguíneo y las conexiones nerviosas y musculares entre el cuerpo y la cabeza (o sea el cerebro). Supongo que un osteópata podría explicar esto mucho mejor que yo.

Por otro lado, algunas familias tienen un gran desconocimiento de las necesidades reales de sus hijos de menos de 1 año de edad. No les enseñan libros con ilustraciones porque creen que el niño no entiende. Les dejan durante horas sentados en la hamaca delante de la televisión, viendo películas infantiles o DVDs educativos, porque así están muy quietos. No les dan la oportunidad de arrastrarse ni de gatear. En ciertas ocasiones es comprensible que los bebés tengan que permanecer en la hamaca, la cuna o cualquier otro lugar seguro. Con la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, cuando ésta llega a casa, tiene que hacer también el trabajo doméstico y por supuesto no se puede hacer la cena, poner la lavadora, vigilar los deberes y perseguir a un bebé gateador al mismo tiempo.

Desde las instituciones educativas y la Administración hay una gran preocupación por el alarmante aumento del fracaso escolar. ¿A qué edad hay que empezar a prevenirlo? Normalmente se dedican esfuerzos en la ESO, o en primaria, pero es demasiado tarde. En mi opinión debería empezar la prevención en la unidad de pediatría en la que se ve al bebé por primera vez. Podrían incorporarse profesionales con formación en psicología y neurodesarrollo y así poder complementar la información que se da a las familias en cuanto a las necesidades básicas del recién nacido.

Elena García
Psicóloga especialista en Neurodesarrollo
INPP Licentiate
Terapeuta Johansen Sound Therapy

www.reflejosprimarios.com

 

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UN ESTUDIO PONE DE MANIFIESTO LA RELACIÓN DIRECTA ENTRE EL DÉFICIT DE ATENCIÓN A EDADES MUY TEMPRANAS Y EL FRACASO ESCOLAR DE LOS ADOLESCENTES

Déficit de atención

A continuación publico el resumen de un estudio que viene a demostrar lo que los maestros de educación infantil venimos constatando desde siempre en nuestro día a día: que los trastornos de atención muchas veces se ven claramente ya en esta etapa escolar.

Se sigue insistiendo en que el déficit de atención y la hiperactividad no pueden o no deben diagnosticarse antes de los cinco o seis años. Siempre he sospechado, y pido perdón si me equivoco, que la única razón para esto es porque no existen soluciones médicas para este trastorno ya que no se les medica hasta esta edad. Pero la realidad es que algunos niños distan mucho del grupo de sus compañeros en cuanto a su capacidad de atención, y lo que queda claro es que cuando algo se sale de la norma de forma evidente, es una razón para estar alerta.

La edad de la educación infantil, de 0 a 6 años, es una etapa delicada pues desde aquí no podemos predecir el futuro con certeza y asegurar que un niño vaya a tener necesariamente problemas o no. Es por esto que resulta perfectamente justificable que muchos padres esperen a ver si realmente existen estos problemas en el futuro escolar del niño una vez que está ya en primaria. Sin embargo, la edad de la educación infantil es a su vez el mejor momento para actuar y prevenir o luchar contra todo tipo de trastornos del desarrollo y del aprendizaje.

Es en este momento cuando el sistema nervioso central (cerebro) del niño es más plástico. Es cuando podemos actuar y lograr mejores resultados en menos tiempo. Cada año que pasa supondrá más trabajo, un trabajo más intensivo y más largo todos los días y también a lo largo del tiempo hasta lograr los resultados buscados. Y los resultados probablemente nunca lleguen a ser igual de buenos que si nos hubiésemos puesto manos a la obra años antes. Es por esto que es necesario que tomemos conciencia de la importancia de diagnosticar, o al menos alertar, para prevenir posibles dificultades de aprendizaje futuros. Es cuestión de ir adoptando una mayor cultura de la prevención. Si lo consiguiéramos no tendríamos que lamentar tantos casos de fracaso escolar en nuestros adolescentes.

Este artículo es un paso más hacia este cambio tan necesario. Confiemos en que muy pronto estos estudios se materialicen en medidas preventivas y terapéuticas para evitar y erradicar muchos trastornos del aprendizaje.

Rosina Uriarte

Resumen [texto completo en inglés]. 

Científicos de la Universidad de California-Davis han constatado que existe una relación directa entre los problemas de atención de niños en edad preescolar y el bajo rendimiento académico de éstos en la adolescencia, independientemente del cociente intelectual (CI) que tengan los pequeños.

Los resultados de la investigación, que han sido publicados en la revista «Pediatrics» señalan que la incapacidad de los niños más pequeños para estar atentos cuando empiezan a estudiar en la escuela es el elemento que más condicionará sus resultados académicos al final del instituto.

Para la presente investigación se analizaron datos de 693 niños, que en primer lugar fueron estudiados a los cinco-seis años de edad y posteriormente a los 17-18 años. En las primeras pruebas se analizaron los problemas de comportamiento de dichos niños y también su cociente intelectual, mientras que en la segunda se comprobó el rendimiento académico de los adolescentes en matemáticas y lectura.

Así, los investigadores descubrieron que la falta de atención en párvulos era el único comportamiento a partir del cual se podían predecir de manera consistente los futuros resultados en lectura y matemáticas de los individuos estudiados.

Los científicos de la UC Davis utilizaron los datos de 693 de estos niños, y se centraron en tres categorías de comportamiento, según las puntuaciones proporcionadas por sus profesores: comportamientos interiorizados (como la ansiedad o la depresión); comportamientos de exteriorización (como jugar algún papel o romper las normas); y problemas de atención, que incluían el nerviosismo y la incapacidad para centrarse en una actividad concreta.

También fueron tenidos en cuenta otros factores, como el CI de los niños o el hecho de que algunos de ellos presentaran algún trastorno psiquiátrico, con el fin de establecer de la manera más fiable posible las relaciones de todos estos factores con los resultados académicos en el futuro.

Al identificar el déficit de atención en preescolar como el problema de comportamiento que más afecta al rendimiento académico incluso años más tarde, el estudio ayudará a decidir el enfoque y la dirección de la atención a estos niños.

Para acceder al texto completo consulte las características de suscripción de la fuente original: pediatrics.aappublications.org/

CÓMO FUNCIONA LA TERAPIA DE MOVIMIENTO RÍTMICO (TMR). Ahora BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training)

Terapia de movimiento rítmico

El cuerpo es una herramienta que utilizamos para percibir la información y para actuar y responder a la misma. Pero el aprendizaje sucede siempre en el cerebro. Y el movimiento está en la raíz de todo aprendizaje.
Cuando surgen dificultades no suele ser por falta de inteligencia, sino porque no se han desarrollado las herramientas necesarias para realizar el trabajo del aprendizaje.
Cuando vemos estos problemas, estamos mirando solamente la punta del iceberg, sin tener en cuenta todo el volumen que hay bajo el agua y que supone la base a lo que vemos. Las habilidades necesarias para el aprendizaje se sustentan también sobre una base mucho más amplia que no vemos, pero que debe ser muy sólida para que el funcionamiento del niño sea el adecuado.
El cerebro se desarrolla ya desde el feto a través del movimiento del mismo y de la madre.
El cerebro del bebé está inmaduro, pero preparado para un crecimiento vertiginoso. El desarrollo cerebral del bebé en su primer año de vida sentará las bases de todo su desarrollo posterior. Pero el proceso de maduración del cerebro no ocurre por sí solo, sino que necesita de los estímulos, sobre todo de los que provienen de las experiencias con el equilibrio, el tacto y el movimiento en general. Esto lo obtiene el niño al ser tocado y mecido por sus padres y por sus propios movimientos rítmicos. Los reflejos primitivos hacen que el bebé realice estos movimientos rítmicos en una secuencia y un orden establecidos de forma innata.
A través de la estimulación sensorial y del movimiento principalmente, las zonas más básicas y primitivas del cerebro (las que reciben esta estimulación de forma más directa) se activan y se van desarrollando. A su vez van estimulando y conectándose con otras zonas más evolucionadas. Para que el cerebro esté maduro, no sólo es necesario que todas las zonas estén estimuladas y activas, sino que estén interconectadas unas con otras, funcionando de forma conjunta. Si falla esta interconexión y la correcta activación de todas las zonas cerebrales, pueden surgir problemas tanto físicos como cognitivos, de aprendizaje, emocionales o de relación.

Cuando la estimulación no ha sido la correcta y el bebé no ha realizado los movimientos espontáneos que necesita para su desarrollo (por problemas en el embarazo, parto, por no haber pasado suficiente tiempo en el suelo, por abuso de sillitas, taca-tás o de vestiditos en las niñas que impiden el gateo…) y no ha cumplido adecuadamente todas las etapas de su desarrollo durante el primer año de vida, pueden producirse bloqueos en el desarrollo con los consecuentes problemas antes mencionados. Si las partes inferiores del cerebro no han madurado, las partes superiores encargadas de funciones esenciales para el aprendizaje no lo harán. Y no podemos pretender llegar a estas zonas sin haber pasado antes por las inferiores remediando sus disfunciones para poder así hacer que maduren todas las demás áreas. Para esto es necesario utilizar técnicas de estimulación específicas.

De esta forma, cuando el desarrollo del niño es lento, podemos acelerarlo a través de la estimulación que suponen los movimientos rítmicos. Una estimulación de las partes más básicas y primitivas del cerebro que al activarse y estimularse activarán a su vez zonas más evolucionadas y necesarias para el aprendizaje y el control emocional y del comportamiento.

Para subsanar las carencias o déficits en el desarrollo realizaremos movimientos parecidos a los que hace el bebé de forma natural. Éste es el objetivo de los movimientos rítmicos que componen la TMR (terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos) y que imitan los movimientos de balanceo repetitivos con los que experimentan y evolucionan los bebés en su primer año de vida.
Así, los movimientos que en el bebé son espontáneos se convierten en terapéuticos en el niño mayor y el adulto. Buscando la manera de estimular las conexiones neuronales entre las distintas partes del cerebro. Una vez que se consigue esto, se notarán beneficios en la capacidad de atención, en la impulsividad y la hiperactividad, en el lenguaje o la lectoescritura y todas las tareas académicas en general. Mejorará el tono muscular, la postura, el equilibrio y la coordinación. Además se llegará a un mayor madurez y control emocionales.
Los ejercicios deberán hacerse todos los días durante un año más o menos.
Podemos plantearnos la TMR como un programa de ejercicio físico, como una «gimnasia para el cerebro» que no va encaminada a fortalecer ningún músculo o zona del cuerpo en concreto, sino a activar nuestras neuronas. La ventaja frente a la gimnasia es que ésta funciona mientras la realizamos, por ejemplo: nuestros abdominales se fortalecen cuando hacemos los ejercicios correctos. Pero estos músculos vuelen a su estado de flacidez anterior al abandonar la realización de los ejercicios. Con el cerebro esto NO ocurre. Los avances que conseguimos en su maduración no se pierden al terminar la terapia. El desarrollo cerebral no va hacia atrás, salvo por una enfermedad degenerativa o un accidente o lesión cerebral.

Más información en la página oficial del método:

BLOMBERG RHYTHMIC MOVEMENT TRAINING

«Terapia de movimiento rítmico. Movimientos que curan» por el doctor Harald Blomberg

Reflejos primitivos. BRMT, movimientos rítmicos

LOS BEBÉS TIENEN LA MISMA CAPACIDAD PARA APRENDER CUALQUIER IDIOMA

Los bebés pueden aprender cualquier idioma

Éste es un interesante artículo que explica que el cerebro del bebé no es «una página en blanco» como antes se creía. Y si bien es cierto que se van añadiendo nuevas destrezas y funciones cada vez más evolucionadas con la experiencia a través del tiempo, también es verdad que muchas de las funciones y capacidades con las que nace el bebé van desapareciendo por no utilizarse.
Como nos recuerda Glenn Doman constantemente, el lema del cerebro es «úsalo o piérdelo para siempre» (use it or lose it). Y es que hay un momento para cada cosa, un momento para aprender a hablar, por ejemplo, momento que ya no vuelve si no se aprovecha. Es lo que los expertos denominan «ventana de la oportunidad». Esta ventana hace que el aprendizaje y desarrollo de destrezas sea posible en el momento adecuado y cuanto más nos alejemos de este momento, más difícil será lograr este desarrollo pues la ventana se va cerrando para no volverse a abrir.
Estudios como los que se tratan en este artículo nos hacen ver la importancia de estimular adecuadamente al bebé. Esto es lo que pretendemos a través de la estimulación temprana: aprovechar el momento adecuado y apoyar al niño en su desarrollo, siempre de acuerdo con las leyes del mismo, buscando sacar el máximo partido a estas «ventanas» mientras están abiertas.
La gran conclusión que sacaría de este artículo es que es una verdadera lástima dejar la exposición del niño al segundo idioma «para más adelante» pues probablemente, entonces, ya sea tarde…
Los bebés tienen la misma capacidad para aprender cualquier idioma, según un estudio
Publicado en adn.es (este periódico ya no existe por lo que no es posible acceder al artículo orginal)
El estudio fue llevado a cabo entre la Universitat de Barcelona (UB), la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y la norteamericana Florida Atlantic University. Su conclusión final fue que todos los bebés tienen la misma capacidad para aprender idiomas, cualquier idioma del mundo. Sin embargo, hacia el año de vida, esta capacidad disminuye especializándose el niño así en sus idiomas de referencia.
Del estudio se determinó que cada idioma tiene unos sonidos o fonemas que le son propios y que el cerebro humano cuenta con la habilidad de percibirlos, aprenderlos y pronunciarlos en los primeros meses de vida, disminuyendo esta capacidad según se van alejando del primer año. El cerebro se ocupa a partir de entonces en especializarse en los sonidos realmente importantes y útiles para cada niño.

«EL INGLÉS EN LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA»

«CUT O CAT. ¿POR QUÉ CUESTA TANTO LA PRONUNCIACIÓN EN INGLÉS?»

¿CUÁNDO EMPEZAR CON LA LECTURA?

Niño pequeño lee

La herramienta principal para el éxito académico es la lectura. Es natural que surjan tantas dudas sobre la misma. El índice de fracaso en este ámbito en nuestro país es muy elevado y va siendo hora de que algunos conceptos se aclaren para que dejemos de discutir entre los profesionales de la educación sobre conceptos muy básicos. Conceptos que confunden no sólo a profesionales, sino también a los padres…

Existe mucha confusión en cuanto al método utilizado para la enseñanza de la lectura y cuándo deben empezar con ella los niños. Unos defendemos la lectura desde bebés, otros aseguran que es muy inconveniente empezar antes de los 6 años… ¿Cómo es posible tal contradicción? ¿Estamos hablando de lo mismo? Realmente NO.

Estamos hablando de DOS cosas diferentes. Por esta razón, tanto los que defendemos la lectura antes de los seis años como los que aseguran que es contraproducente, tenemos razón… Lo que debemos hacer es saber que estamos hablando de dos planteamientos y dos actividades DIFERENTES.

Hay dos métodos de lectura, uno de ellos es el “silábico” o “fonológico”, en el que los niños aprenden a identificar letras con su sonido correspondiente, combinándolas de izquierda a derecha, para componer una palabra. Éste es el método tradicional que requiere de una organización espacial (el niño debe tener muy claros los conceptos de izquierda y derecha por ejemplo), entre otras funciones varias, que el niño puede no haber adquirido hasta la edad de 6 ó 7 años.

Teniendo esto en cuenta, es cierto que los niños no deberían empezar la lectoescritura, tal como se plantea en los colegios, hasta los 6 ó 7 años. Existe una tendencia errónea a presionar a los niños de Educación Infantil con la lectura y la escritura en nuestro país. Cosa que no ocurre en otros países donde la lectura alcanza niveles superiores y el fracaso escolar es mucho menor.

Sin embargo, en la estimulación temprana enseñamos a los niños a leer desde que son bebés. Y esto no es una contradicción con lo afirmado anteriormente. Lo que hacemos es ofrecer información escrita al niño, al igual que se la damos oral. Es lo que se llama «lectura global», y en ésta se muestra al niño una palabra entera mientras se lee la palabra al mismo tiempo. Son estímulos visuales (la palabra escrita) acompañados de estímulos auditivos (la palabra pronunciada a la vez). Los niños pequeños, menores de 6 años, tienden a ver la palabra como un todo, como una imagen. No se fijan en las letras que se combinan dentro de la misma como lo harían los niños de primaria.

En los programas de lectura dentro de la Estimulación Temprana nunca se le pide al niño nada, no se le examina ni presiona.

Si a un bebé se le enseñara la palabra “mesa” por ejemplo, tantas veces como la oye a la vez que se le muestra lo que es una mesa, la recordaría mucho antes en su formato escrito puesto que nuestra memoria visual es normalmente mejor que la auditiva.

De esta forma, el niño va familiarizándose con la palabra escrita, reconociendo palabras al igual que lo hace en el lenguaje hablado (el niño al escuchar las palabras no es consciente de que estén formadas por diferentes fonemas, sino que oye una sola cosa, al igual que cuando ve una palabra escrita ve una sola cosa). Con el tiempo puede estar leyendo sin realmente ser consciente de haber «aprendido» a leer, tal como ocurre con el lenguaje hablado. En realidad no aprendemos el lenguaje escrito con la misma facilidad y al mismo tiempo que el hablado por la simple razón de que no tenemos las mismas oportunidades de ver las palabras escritas como de escucharlas.

Es muy importante tener en cuenta que en la Estimulación Temprana jamás se pone a los niños a escribir. Esto no debería ocurrir hasta que el niño esté preparado para ello (6 ó 7 años). En esto la Estimulación Temprana es muy respetuosa, no debe pretenderse nada en el niño antes del momento adecuado y de que éste esté plenamente preparado para ello.

Todo esto tiene una explicación científica…

El cerebro del niño pequeño, menor de 5 ó 6 años, cuando aún no está organizado en sus funciones hemisféricas (el niño aún no se ha lateralizado, no es áun diestro o zurdo), domina el hemisferio derecho en los aprendizajes y en la percepción de lo que le rodea. El hemisferio derecho ve más el conjunto de las cosas, sin llegar a ver cada parte que las compone pues es menos analítico que el hemisferio izquierdo. Por eso el niño pequeño ve una palabra como un todo, igual que cuando la oye. Por esto les enseñamos a leer con la lectura global (les enseñamos palabras enteras, no la «m» con la «e» es «me» y la “s” con la “a” es “sa”):
Al cumplir los seis años más o menos, el niño ya está lateralizado, distingue izquierda y derecha y puede leer en una sola dirección y escribir en la misma también. Es el momento de aprender a leer y escribir de la forma tradicional (la «m» con la «a» es «ma»).

A partir de los seis años ya no aprende igual de forma global pues nuestro hemisferio izquierdo domina en su afán por analizar toda la información, el niño ya no verá una palabra, sino un conjunto de letras sucesivas. Aquí es cuando comienza el silabeo. Éste es necesario al aprender a leer de forma tradicional y al ver y leer por primera vez palabras desconocidas. Pero si el niño tiene facilidad para la lectura y está familiarizado con ella, pasará por la etapa del silabeo con facilidad y rapidez.

Cuando ambos hemisferios colaboran en el trabajo de la lectura es cuando además de ver cada letra que compone la palabra, vemos la palabra en sí como una unidad, y podemos leerla con seguridad y la velocidad necesaria, sin silabear.

“Hay un momento en el proceso de aprender a leer en que el equilibrio del cerebro pasa de derecha a izquierda, aproximadamente a la edad de 6 ½ y 7 ½ años” (Bakker, 1990)

“El acto de leer cuando se ejecuta con el hemisferio derecho está basado en técnicas visio-espaciales y holísticas, por ejemplo palabras enteras o el método “ver-decir”.
La lectura desde el hemisferio izquierdo implica decodificar símbolos individuales, construir palabras a partir de letras y estructuras basadas en la fonética.”
(Sally Goddard, “Reflejos, Aprendizaje y Comportamiento”)

Como conclusión y en defensa de la enseñanza de la lectura en la Estimulación Temprana, queda decir que en ningún momento pretendemos que el niño se salte etapas. Precisamente la Estimulación Temprana la realizamos para asegurarnos de que esto no ocurra, para apoyar el desarrollo del niño en cada etapa y ayudarle a que pase así a la siguiente con la madurez necesaria.

Y lo más importante: para los niños ES UN JUEGO. Por lo tanto, quienes critican la enseñanza de la lectura en niños pequeños argumentando que «los niños tienen que jugar», lo hacen porque no conocen la la Estimulación Temprana, cómo se lleva a cabo ni sus objetivos reales. Pues la regla número uno es vivirla como un juego, tanto por parte del adulto como por el niño. Y es así como los niños viven la lectura global, como un juego.

Nota: a continuación añado un extracto del libro “Aprendiendo moviendo el cuerpo” de Carla Hannaford, editorial PAX México

¿A QUÉ EDAD ESTÁN LISTOS LOS OJOS PARA LEER?

«Entre los siete y los ocho años, conforme maduran los lóbulos frontales del encéfalo, se desarrolla de manera natural la coordinación motriz fina de todos los músculos del cuerpo, incluyendo los oculares. Antes de esa edad, tenemos una buena vista periférica y percibimos la profundidad, pero no es sino hasta que madura el campo frontal ocular de los lóbulos frontales que se puede lograr una coordinación suficientemente precisa entre ambos ojos como para tener un buen enfoque bidimensional. La coordinación ocular se da cuando el ojo dominante sigue la escritura que ve sobre una página y el otro ojo sigue el movimiento con exactitud y combina la información, lo cual nos da un óptima visión binocular… Por lo tanto, un ojo asume el mando (es el dominante) y guía los movimientos de los dos.
… Los movimientos motores finos del ojo y la coordinación de ambos aseguran que la información se capte con facilidad y aportan otra razón fisiológica para que no comencemos con el proceso de lectura antes de que el niño cumpla siete o, mejor aún, ocho años.»

REFLEJOS PRIMITIVOS Y DIFICULTADES DE APRENDIZAJE

Los reflejos primitivos son una manifestación del grado de desarrollo alcanzado por un niño. El neurodesarrollo se ocupa de observarlos y trabajar por lograr la maduración necesaria para alcanzar un óptimo funcionamiento en el aprendizaje escolar y la conducta.

Rosina Uriarte

Los reflejos primitivos son movimientos automáticos estereotipados con los que nacen los niños. Tienen el objetivo de hacer que se desarrolle adecuadamente el feto en el útero, ayudarle a atravesar el canal del parto en el nacimiento y a sobrevivir y adaptarse a su nuevo entorno una vez que ha nacido.

Los reflejos primitivos son evaluados por el neonatólogo tras el parto y es deseable que estén todos presentes como garantía de que el bebé está neurológicamente en condiciones óptimas.

Estos reflejos dejan de estar activos en el primer año de vida dando paso a patrones más evolucionados del desarrollo. De hecho, tienen el cometido de hacer que el niño pase de un estadio del desarrollo al siguiente inhibiéndose una vez completada su labor. Cuando no es así, la presencia de estos reflejos será indicio de que existe una inmadurez del sistema nervioso central y afectarán al desarrollo y funcionamiento del niño en muchas y diferentes áreas.

Es muy probable que un gran porcentaje de niños con retrasos en su desarrollo y dificultades de aprendizaje sigan teniendo alguno, o varios, de los reflejos primarios aún activos. Estos impiden que maduren los reflejos posturales necesarios para poder mantener el equilibrio y una postura correcta en cada momento (los reflejos posturales existen de por vida y nos permiten movernos automáticamente). Los reflejos primitivos no inhibidos provocarán en el niño inquietud motora, malas posturas y cambios en la misma constantes al tener que mantenerse sentado en el aula, lo que llevará a los adultos a catalogarlo como “hiperactivo”. Esta misma falta de control postural derivará posiblemente en problemas en su capacidad de atención y en el rendimiento escolar a todos los niveles.

Si existen reflejos primitivos residuales puede saberse tras una evaluación y puede tratarse con un programa de estimulación e inhibición de reflejos. Debemos estar atentos a señales de que existan reflejos primitivos activos para poder actuar cuanto antes.

Veamos algunos de los reflejos primitivos más importantes y cómo puede influir en el niño el que sigan activos…

El reflejo de Moro es el que hace que repentinamente el bebé abra sus brazos mientras inhala aire y después se abrace llorando ante un movimiento, un ruido o cualquier otro
estímulo inesperado.

Su función es la de alertar y pedir ayuda ante una situación de peligro y facilita al niño el respirar tras el nacimiento.

Conforme van madurando los sistemas sensoriales en el niño, el reflejo de Moro debe ir debilitándose. Si este reflejo sigue presente después de los cuatro meses de edad, más o menos, puede llevar a que el niño muestre una reacción de sobresalto desmedida y hará de él un niño siempre en estado de alerta, hipersensible en alguno o todos los sentidos y por ello mostrándose miedoso y retraído o por el contrario, hiperactivo y agresivo.

Puede tratarse de un niño muy sensible a la luz y a estímulos visuales, que le asustan. Que perciba de una forma ampliada los sonidos, lo cual no le permita relajarse en un entorno ruidoso. Que interprete el tacto o el dolor de una forma distorsionada con reacciones desmedidas o totalmente ausentes…Podría ser muy impresionable ante el movimiento y no atreverse con los columpios del parque…

La hipersensibilidad sensorial puede derivar en problemas visuales y auditivos que incidan en la capacidad de atención y el rendimiento del niño en la escuela. La hipersensorialidad también puede afectar seriamente la relación del niño con sus iguales y su comportamiento debido a que la forma que tiene de interpretar lo que le rodea y de reaccionar ante ello es inadecuada.

El estrés es un reconocido enemigo del sistema inmunitario por lo que el niño puede mostrar infecciones frecuentes y alergias o intolerancias alimentarias.

Otro de los reflejos que más puede afectar al funcionamiento del niño con su presencia es el reflejo tónico asimétrico cervical (RTAC). Éste hace que el bebé, estando tumbado boca arriba, extienda el brazo y la pierna del lado hacia el que gira su cabeza. El brazo y la pierna del lado contrario se mantienen flexionados. También se denomina a este reflejo “de espadachín” porque la postura del niño lo recuerda.

Antes del nacimiento hace que el bebé esté en constante movimiento y es causante de las “pataditas”. Desarrolla en el feto su tono muscular y su sentido del equilibrio. Ayuda al bebé a nacer y el parto, a su vez, hace que se refuerce este reflejo y su evolución sea la correcta (existe riesgo de que no sea así en casos de cesárea o parto asistido por fórceps).

Este reflejo aumenta el tono muscular del recién nacido a través del movimiento que provoca en éste, y le impide mantener la cabeza hacia el colchón cuando está acostado boca abajo haciendo que gire la cabeza hacia un lado y pueda siempre respirar fácilmente.

Ofrece las primeras experiencias del bebé en su coordinación óculo-manual puesto que el niño mira la mano que extiende.

El RTAC hace que el cuerpo actúe en sus dos mitades simétricas, activa un lado del cuerpo o activa el otro. Esta es la razón principal por la que este reflejo debe madurar e inhibirse a los seis meses, pues el cuerpo del niño y su cerebro deben empezar a funcionar conjuntamente como una unidad. Mientras el RTAC esté activo, las dos mitades del cuerpo actuarán por separado, como si existiese una línea divisoria invisible entre ambas.

Un RTAC activo impedirá, por ejemplo, que el niño se arrastre y gatee en patrón cruzado (el brazo derecho se mueve a la vez que la pierna izquierda y viceversa), perdiéndose así la oportunidad que ofrecen estos dos ejercicios de desarrollar la comunicación entre ambos hemisferios, que tan necesaria resulta posteriormente, entre otras cosas, para poder leer y escribir con eficacia.

Dificultará en el niño el cruce de la línea media de su cuerpo, por lo que no podrá coger y manipular objetos con una mano y pasárselos a la otra. A la larga incidirá en una mala lateralización impidiendo que el niño se desarrolle como totalmente diestro o totalmente zurdo. Un hecho que de nuevo, incidirá en la lectoescritura y en cómo concibe y se mueve el niño en el espacio que le rodea. Éste puede mostrarse torpe y patoso tanto en el movimiento como en sus tareas escolares.

Los movimientos oculares también se verán afectados por la imposibilidad de cruzar la línea media y no habrá un ojo dominante que dirija estos movimientos para que el seguimiento de un objeto móvil o la lectura de una línea escrita se realicen con fluidez.

En el aula, al niño con RTAC activo le costará mucho esfuerzo escribir pues cada vez que gire su cabeza hacia el lado derecho, si es diestro, su brazo derecho tenderá a extenderse y su mano a abrirse, con lo que es posible que el lápiz se le caiga una y otra vez de la mano. Para evitarlo tendrá que realizar un esfuerzo adicional, agarrando incorrectamente el lápiz o realizando una presión excesiva al escribir. Esto supondrá un trabajo de escritura que no llegará a automatizar y que requerirá gran parte de su energía y atención, por lo que no podrá centrarse en la comprensión de lo que escribe o en la calidad de una redacción.

Para compensar este reflejo, es probable que gire la hoja 90º cuando escribe, de esta forma puede hacerlo con el brazo más extendido y además, evita tener que cruzar la línea media corporal al escribir.

El RTAC afecta de varias maneras las destrezas para leer y escribir, hasta el punto de poder afirmarse que este reflejo prácticamente nunca está integrado en los niños que padecen dislexia.

El reflejo tónico simétrico cervical (RTSC) puede tener también serias consecuencias en el aprendizaje del niño. Este reflejo aparece sobre los seis meses de vida, por lo que no es exactamente un reflejo primitivo. Tampoco es un reflejo postural pues dura tan sólo unos pocos meses antes de inhibirse. Hace que el niño se ponga sobre sus cuatro apoyos de manos y rodillas tras haberse arrastrado. Cuando la cabeza se flexiona, los brazos también lo hacen y las piernas se extienden. Por el contrario, al extender la cabeza hacia atrás, los brazos se estiran y las piernas se doblan. Así el niño realiza el característico balanceo hacia delante y atrás antes de soltarse a gatear. Este reflejo tiene el objetivo de preparar al niño para el gateo y desaparece cuando éste se hace presente.

Cuando el niño se salta la etapa del gateo, es muy probable que este reflejo siga presente. Y cuando lo está y no se llega a integrar, al niño le resultará muy difícil gatear. En lugar de hacerlo en patrón cruzado, como sería de desear, es posible que culee, que se desplace sobre manos y pies en lugar de apoyar sus rodillas, o que pase de estar sentado a ponerse de pie directamente.

El RTSC tiene una gran incidencia en el desarrollo visual, por lo que los niños con este reflejo activo suelen sufrir de un deficiente sistema visual con una pobre visión binocular, y problemas para enfocar a diferentes distancias. Esto dificultará las tareas de lectoescritura.

Serán además, niños torpes, con problemas para coordinar sus movimientos y el trabajo conjunto del ojo y la mano.

El RTSC está presente en un gran porcentaje de niños con dificultades de aprendizaje y déficit de atención con o sin hiperactividad.

De nuevo la falta de control postural será evidente en la manera en que el niño se sienta en clase. El niño con RTSC activo es aquel que se “tumba” en la silla estirando las piernas, o se tumba sobre el libro, engancha las piernas alrededor de las patas de la silla, se pone de rodillas sobre la misma o sentado sobre sus piernas dobladas… También puede trabajar de pie… Si este reflejo sigue presente junto al RTAC, como suele ser frecuente, entonces tenemos más posibilidades de que a este niño se le diagnostique una hiperactividad.

De los reflejos primarios que quedan aún por mencionar, describiré tan sólo uno más por las repercusiones que puede tener en el comportamiento del niño dentro del aula. Se trata del reflejo espinal de Galant.

Cuando el bebé está tumbado boca abajo y estimulamos con el tacto la parte baja de su espalda, la cadera del lado estimulado girará hacia ese mismo lado. Esta reacción deberá darse en ambos lados de la espalda hasta los dos años de edad.

Entre otras, su función principal es desarrollar el sentido vestibular y ayudar al niño a pasar por el canal del parto, pero si se mantiene activo después de los dos años, cualquier roce en la zona lumbar hará que el niño gire su cadera en esa dirección.

Puede provocar problemas en el control de esfínteres e impedirá que el niño pueda permanecer sentado quieto en una silla durante mucho rato. El mismo contacto con la silla puede activar el reflejo dándonos la impresión de que el niño es hiperactivo por no parar quieto en clase. Es el niño que “baila” constantemente sentado en la silla.

La ropa en la cintura como pantalones o cinturones pueden llegar a ser motivo de irritación. Y la concentración y atención se verán afectadas por esta situación de constante molestia en el niño.

Provoca torpeza en la parte inferior del cuerpo y problemas de espalda.

Para más información sobre Reflejos Primitivos:

“Reflejos, aprendizaje y comportamiento” Sally Goddard
Editorial Vida Kinesiología

Y en rosinauriarte.com



 

MI HIJO NO ES UN PROBLEMA, TIENE UN PROBLEMA

"Mi hijo no es un problema, tiene un problema" de María Docavo Alberti

«MI HIJO NO ES UN PROBLEMA, TIENE UN PROBLEMA. Gimnasia cerebral para niños con problemas de aprendizaje»
Guía para padres y educadores
MARÍA DOCAVO ALBERTI
Editado por CEPE
«El movimiento es la puerta del aprendizaje» (Paul Denisson)
En este libro, la autora nos explica cómo por medio de los sentidos y los movimientos rítmicos que hacen los bebés se crean conexiones neuronales entre las diferentes partes del cerebro. Señala que si ocurre que no se llegan a realizar estos movimientos, no habrá suficientes conexiones neuronales, lo cual derivará en problemas de aprendizaje, de comportamiento, en las habilidades motoras gruesas o finas, la visión, el oído o el lenguaje de los niños.
Desde que nacen, incluso mucho antes, se programa el cerebro con la información que necesitará para el desarrollo óptimo de todas sus capacidades. Es por esto que los primeros años de vida tienen una gran importancia. Los niños que no hayan recibido una adecuada estimulación en su niñez más temprana, podrán tener mayores dificultades en su aprendizaje más adelante (en el plano emocional, psíquico y físico).
La sociedad en la que vivimos hoy en día (con problemas de tiempo y espacio) obstaculiza y limita sin querer el crecimiento natural del niño, pues impide el movimiento de los bebés con cochecitos, sillitas, taca-tacas, parquecitos…,  dejándoles durante mucho tiempo inmovilizados en lugar de permitirles estar en el suelo donde puedan moverse libremente.
«Mediante ejercicios de movimientos rítmicos y de gimnasia cerebral se estimula el cerebelo, el núcleo vestibular (encargado del equilibrio) y los centros del habla, teniendo efectos importantes para la lectura y la escritura, produciendo relajación y equilibrio emocional y obteniendo mejores resultados.»
Por fin un libro en el que se habla de los movimientos rítmicos (menciono a menudo la TMR o Terapia de Movimiento Rítmico en este blog), junto a los reflejos primitivos. Explica cómo funciona el cerebro, la evolución de los niños y cómo aprenden. Además de los movimientos rítmicos propone ejercicios de gimnasia cerebral y el cuidado de la alimentación como posibles soluciones a los problemas de aprendizaje.
Se trata de una guía sencilla y directa. Esencial y muy útil para padres y para educadores.

UN CAMBIO EN EL CONCEPTO SOBRE CÓMO ABORDAR LOS CASOS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

Rosina Uriarte
Cuando los padres conocemos el diagnóstico de TDA-H (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad) en uno de nuestros hijos, hay varios tipos de reacciones. Algunos padres se sorprenden y no comprenden que su hijo pueda sufrir semejante trastorno, éstos son los afortunados que no ven un problema claro en su hijo. Digo que son «afortunados» porque está claro que el trastorno no es grave y normalmente abarca solamente al área del aprendizaje. O quizá sí vean a un niño muy movido o por el contrario, demasiado parado, pero no le hayan dado demasiada importancia pues no supone un condicionante en la vida del niño ni de su familia.
Hay otro grupo de padres que sabemos que nuestro hijo tiene un problema desde el día que nace o poco después. Somos los padres que sufrimos una tortura diaria a través del sufrimiento de nuestro hijo y también del nuestro propio. Pues este trastorno puede desestructurar la vida de toda la familia. Y cuando en estas condiciones, llega el diagnóstico, nos parece que llega tarde y que muchas veces se queda bien corto.
Cuando algo nos afecta tanto, y sobre todo cuando atañe directamente a un hijo, los padres nos movemos de forma casi frenética: acudimos a especialistas, asociaciones, leemos libros, buscamos información en internet…
Al cabo de un tiempo, toda esta información se repite una y otra vez. Una vez que lees un buen libro o artículo sobre el TDA-H te das cuenta de que todos los libros y artículos siguientes se parecen. Salvando pocas excepciones, de las que voy a hablar más adelante, las versiones sobre el TDA-H que recibimos los padres son siempre la misma. Es lo que llamo la «versión oficial» pues es la única aceptada por los profesionales de la salud y educación que son los encargados de tratar este trastorno.
Lo que nos ofrecen son soluciones a los síntomas que muestran nuestros niños. Nos aseguran que el problema no es curable por lo que debemos entrenarnos y entrenar al niño a convivir de la manera más llevadera posible con este trastorno. El problema no puede curarse puesto que la raíz del problema no se toca, que es una inmadurez y mal funcionamiento del sistema nervioso. Es el cerebro el encargado de regular la atención que presta un niño en clase, también el encargado de regular sus emociones, su actividad motora, etc.
La medicación supone una solución temporal pues sí incide en las áreas cerebrales activándolas y haciendo que funcionen mejor. Pero no soluciona el problema ya que su efecto es transitorio.
El trabajo cognitivo y conductual, con el que también se trata a los niños con TDA-H, tampoco se propone curarles pues solamente trabaja los síntomas y no el problema. Así se entrena al niño a prestar atención, a controlar sus impulsos y su conducta… se le entrena a hacer todo lo que su sistema nervioso inmaduro le impide hacer. Si un niño tiene problemas con la lectura, se le dan clases particulares y se le hace leer más que los demás niños. Sin tener en cuenta que es precisamente esto lo que él no puede hacer.
Nuestros hijos no son vagos, no. Son auténticos héroes que sobreviven haciendo un gran sobreesfuerzo en el aula para obtener siempre peores resultados que sus compañeros. Y encima después, se les da más de lo mismo en horas extra que pueden suponer un auténtico suplicio… La motivación y la autoestima se ven dañadas lógicamente, y con este panorama es difícil que el niño avance realmente.
Cada día es menos difícil encontrar alternativas a esta situación, por suerte para tantos padres que las hemos buscado. No es aún fácil pues la palabra «alternativas» no está bien vista por parte de los profesionales y de las asociaciones. Enseguida se nos dice que son terapias «no avaladas científicamente», «sin base científica», «sobre las que no se ha estudiado o publicado», «que van a arruinarnos económicamente» o «que sus terapeutas son todos unos charlatanes sin preparación». También nos aseguran que «sus beneficios no están probados». Pues bien, después de 11 años de investigar estas alternativas y de experimentar con ellas personalmente como madre, he de decir que solamente la primera afirmación es cierta. No están avaladas ni aceptadas, ésta es la realidad. Todo lo demás no es cierto. Sólo puedo hablar de las terapias que conozco, pero de éstas he de decir que tienen todas una base científica, se han estudiado y se han publicado artículos y libros sobre las mismas, no han supuesto ningún descalabro económico familiar en nuestro caso y desde luego, los terapeutas que he tenido la suerte y el honor de conocer, son excelentes profesionales. Y en cuanto a los beneficios… los hemos comprobado en persona.
¿Por qué no están estas terapias aceptadas? Ésta es una pregunta que me he planteado un millón de veces, aún no he encontrado la respuesta y no puedo imaginarme cuál pueda ser pues ninguna de las posibles respuestas tiene sentido para mí. Se habla de varias razones e intereses por los cuales no se aceptan ni se aceptarán en mucho tiempo. No voy a entrar en este tema polémico. Pero sí diré que como madre no puedo esperar a que las posibles soluciones al problema de mi hijo se avalen científicamente. Simplemente no disponemos de este tiempo…
Frente a la opción de trabajar los síntomas del problema, las terapias alternativas que buscan una organización neurológica, pretenden estimular, activar y hacer madurar las zonas cerebrales implicadas en el déficit de atención y la hiperactividad. Buscan que estas zonas cerebrales funcionen adecuadamente para que así desaparezcan los síntomas (problemas en la atención, dificultades de aprendizaje, excesiva actividad motora, comportamientos no aceptables, estados emocionales preocupantes, etc) y también así desaparezca el problema en sí. Los beneficios no son transitorios, sino definitivos.
Estas terapias no tienen por qué excluir el trabajo cognitivo-conductual o la medicación cuando ésta sea necesaria. Lo bueno sería complementar ambas formas de trabajar con los niños para que éstos obtengan los beneficios de las dos. Pero la organización neurológica se hace esencial y vital si lo que buscamos es solucionar el problema de raíz y para toda la vida.
¿Y si logramos con éxito eliminar los síntomas y por lo tanto, solucionar el problema?
¿Acaso a esto no se le llama «curación»? ¿Por qué nos da tanto miedo esta palabra? Puede que sorprenda, pero al igual que el término «alternativas» no es bien aceptado en ciertos entornos (léase asociaciones de padres de niños con TDA-H, foros sobre el TDA-H, profesionales que trabajan con el TDA-H), no es tampoco bienvenida la afirmación de que este trastorno se puede curar.
Quienes nos atrevemos a insinuarlo recibimos todo tipo de ataques verbales que nos acusan de ser «unos ilusos», de «jugar con los sentimientos y esperanzas de otros padres», «de querer vender una terapia milagro», o de «mentir» simplemente…
Puedo asegurar que cuando una madre ha sufrido durante largos años, lo último que quisiera hacer en esta vida es jugar con el sufrimiento y la esperanza de otras madres como ella. Los que tenemos experiencia con la organización neurológica, sabemos que no existen las terapias «milagro», que no hay nada de magia en el trabajo diario y constante durante años… No existe ninguna terapia que sea milagrosa, y por esto hemos buscado y buscado y hemos probado con varias hasta obtener de todas ellas los beneficios que nos podían ofrecer.
Pienso y siento que los padres no deberíamos pararnos nunca. La meta debería estar en la solución del problema. No tendríamos que tirar la toalla hasta llegar a ella. Y como no quiero pecar de «ilusa» diré que no soy quién para asegurar que siempre se pueda llegar a esta meta. Pero sí que es importante luchar para acercarse a ella lo más posible.
El trabajo siempre aporta beneficios si está bien encaminado. Para elegir qué hacer con nuestros hijos, lo más importante es estar bien informados.
Informarnos y seguir informándonos siempre.
Los padres debemos buscar nada menos que la solución, esto es: la curación, sí. Debemos ser ambiciosos por el bien de nuestros hijos. La experiencia me ha demostrado que tenemos derecho a serlo.

CONCRETANDO UN POCO MÁS…

Los niños con TDA-H tienen habitualmente problemas en muchas áreas: la atención, la lectoescritura, la destreza manual, la relación con compañeros y adultos, el comportamiento, las tareas cotidianas en el hogar, las rutinas, el control de sus emociones e impulsos…
Es importante valorar todas las áreas para saber cuáles son las necesidades más apremiantes en cada caso. Pero hay que recordar que el objetivo no es trabajar estas áreas directamente, por lo tanto, hay que buscar la causa de los síntomas que vemos y trabajarla donde está realmente.
La causa es una sola y es siempre la misma: una inmadurez cerebral que hace que el sistema nervioso del niño no funcione adecuadamente. Es posible evaluar y tratar esta inmadurez a través de la manera que tiene el sistema nervioso de manifestar su estado de desarrollo. Así se puede evaluar y trabajar:
– el movimiento global del cuerpo, posibles dificultades motoras
– debe estudiarse si el desarrollo motor ha sido el adecuado desde el nacimiento, si el niño ha avanzado por todas las etapas necesarias sin haberse saltado ninguna
– la posible presencia de reflejos primitivos que debían haberse integrado en los primeros meses de vida
– reflejos posturales que no se han desarrollado
– un tono muscular inadecuado, que es una señal de alerta y está muy relacionado con la atención
– la lateralización, que debería estar bien definida hacia los seis años (el niño debe ser totalmente diestro o totalmente zurdo)
– es necesario evaluar el funcionamiento de la visión, lo cual supone mucho más que la agudeza visual, pues el niño no tiene que ser capaz de ver claro simplemente, sino de utilizar sus ojos de forma conjunta y cómoda para poder leer y escribir, y el cerebro debe ser capaz de interpretar y procesar bien la información
– lo mismo ocurre con el sistema auditivo, que juega un importante papel en la atención y el rendimiento escolar. No basta con saber si un niño oye o no, hay mucho más que puede estar influyendo en sus dificultades y se puede tratar
– la integración sensorial, cómo llega la información que nos aportan los sentidos, si llega y si es bien procesada e interpretada por el sistema nervioso, el cual debe dar a la misma una respuesta en forma de movimiento, comportamiento, reacciones emocionales. Normalmente, cuando las respuestas del niño a lo que ocurre a su alrededor no son las adecuadas, al igual que cómo funciona en sus actividades diarias, debemos sospechar que los estímulos del entorno no están llegando de forma cómoda a su sistema nervioso y que éste no está realizando bien su trabajo
Para más información, consultar este blog utilizando el índice de temas.

Nota: debo añadir LA ALIMENTACIÓN y la posible falta de nutrientes, intolerancias o alergias a determinados alimentos, como un aspecto a tener también en cuenta en la evaluación y el tratamiento del TDA-H.

Hablo principalmente de la organización neurológica por ser la forma de actuación que mejor conozco. Pero no descarto otras posibles vías de tratamiento de este trastorno. Junto a los cambios en la alimentación o la posible ingesta de complementos alimenticios, la homeopatía también puede ser muy beneficiosa.
A los padres nos conviene informarnos de esto como una parte importante del tratamiento junto a la organización neurológica.

NIÑOS TÍMIDOS, MIEDOSOS Y PATOSOS

Niña miedosa
Como maestra de educación infantil, veo muchas veces niños que me preocupan por diversas razones, pero que parecen corresponder en el fondo, a un patrón común.

Son niños miedosos, tímidos, a los que les cuesta relacionarse y a los que les cuesta muchísimo separarse de sus padres. No se sienten relajados fuera de su ambiente familiar, se muestran tensos y parecen no disfrutar, como lo hacen sus compañeros, de las actividades lúdicas.

Los padres comentan que en casa son auténticos «terremotos» o muy «charlatanes», son alegres, aunque también tercos y manipuladores, en algunos casos llegando al extremo de calificarles de «tiranos».

No siempre se dan estos extremos, pero sí es una constante el hecho de que por mucho tiempo que el niño lleve acudiendo a nuestras clases, no acabe de mostrarse como es en el hogar. A los maestros no nos sorprende pues estamos acostumbrados a ver casos como éstos, pero a los padres les choca ver que su hijo se comporta de una forma tan diferente en un ambiente o en otro…

Muchas veces estos niños muestran fuera de casa un estado de control y tensión. Y por experiencia diría que cuanto más se controlan en el aula, menos lo hacen cuando llegan los padres a recogerles o cuando están en casa. Vemos una falta de control emocional que los lleva de la timidez y el comedimiento en el grupo de iguales, a la explosión emocional o a querer monopolizar a los demás en su entorno familiar.

Suele haber otra constante, que no siempre se da, pero que coincide en muchos casos. Y es que los niños más miedosos, tímidos y retraídos son además torpes en sus movimientos.

Los padres suelen achacar la conducta de sus hijos a su «carácter» y saben que son «torpes» o «muy precavidos» en sus actividades motrices en el parque. Por supuesto que les preocupa que tengan un carácter difícil y no sean hábiles motrizmente, pero lo ven como algo que «les ha tocado», algo sobre lo que difícilmente se puede incidir o cambiar. También pueden achacarlo a problemas «psicológicos».

Los niños «tímidos» y «precavidos» tienen problemas emocionales y en su desarrollo motor. Pero detrás de todo esto hay algo en común: el miedo.

El miedo es el que les dificulta relacionarse o mover su cuerpo en el espacio con seguridad y habilidad. Es el que frena su desarrollo y limita sus experiencias. Es lo que hace que se mantengan en tensión y luego deban liberarla de forma inadecuada en casa.

Pero… ¿Se puede cambiar este «carácter»?
¿Dónde está el «equilibrio» que todos queremos para nuestros hijos?

La respuesta es única para estas preguntas. Se trata del sistema nervioso. Es nuestro cerebro quien regula y controla nuestras emociones, y por lo tanto, la «psique». Es quien nos hace movernos como lo hacemos y su madurez se ve claramente en la forma en que nos movemos. También se ve en cómo hablamos, cómo nos relacionamos, cómo reaccionamos ante el estrés o cualquier acontecimiento o situación dada… Es el sistema nervioso quien interpreta el mundo que nos rodea. El que da sentido a todos los estímulos que nos llegan y nos hace reaccionar en consonancia con los mismos.

Si el sistema nervioso no interpreta bien el entorno, las respuestas del niño no serán las adecuadas. En muchas ocasiones, esto se traduce en miedo. Miedo a moverse, lo cual conlleva limitaciones en experiencias motrices necesarias para el correcto desarrollo. Si el niño no se mueve adecuadamente en el mundo que lo rodea, si no se siente hábil, si le falta confianza en su propio cuerpo, entonces es muy probable que esta confianza también esté ausente en su relación con los demás y con las cosas que ocurran a su alrededor.

Las situaciones más comunes pueden volverse amenazadoras o simplemente difíciles, y la misma inmadurez que hace que no se haya desarrollado adecuadamente en sus habilidades motrices también incide en su escaso control emocional.

¿Se puede hacer algo al respecto? La respuesta es SÍ.

Se puede incidir en el sistema nervioso dándole un «empujón» para ayudar a que madure y el niño sea «equilibrado» como nos gustaría que fuera. Para que se sienta más capaz, más confiado y sus respuestas en diferentes situaciones sean más adecuadas. Al final, de lo que estamos hablando es de que el niño sea más feliz.

Lo que debe hacerse es lo mismo que hace la naturaleza para que el cerebro del niño crezca y se desarrolle. Esto ocurre cada vez que hablamos al bebé, cada vez que lo mecemos o acariciamos… Ocurre con todo lo que ve, cada vez que se mueve y tiene experiencias motoras que le llevan a un nuevo pequeño triunfo en el dominio de su cuerpo y del mundo que le rodea.

Debemos brindar al niño muchas y ricas experiencias, sobre todo motrices. Esto le dará un mejor conocimiento de sus capacidades y limitaciones, enriquecerá su desarrollo motriz, le hará más confiado en sí mismo y como consecuencia, vivirá más confiado en cualquiera de las situaciones que se le planteen.

Existen sencillos programas motores que podemos seguir asesorados por expertos en desarrollo infantil que pueden ayudarnos a los padres en esta tarea. Pero podemos también simplemente tener esto en cuenta y disfrutar con nuestros hijos de más horas de parque, de columpios, toboganes, camas elásticas…

Es muy importante saber que es el movimiento el alimento principal del cerebro de nuestros hijos. Que debemos dejarles moverse y animarles a hacerlo cuando son miedosos en este sentido. Siempre respetando sus miedos, acercándonos a nuevas experiencias con seguridad y despacio. Con paciencia y con confianza en que el niño lo logrará.

Dejemos de decir que son «tímidos» y «torpes», que son «miedosos» o «tercos»… y sobre todo no lo digamos delante de ellos pues acabaremos convenciéndoles de que lo son. Un niño tiene el concepto de sí mismo que le transmitimos los demás. Es importante cambiar este autoconcepto y dar oportunidades al niño de que madure. Para esto debe sentirse hábil y tener confianza en sí mismo y como consecuencia de esto, confianza en el mundo.

«¿NIÑOS TERCOS, MANIÁTICOS, TÍMIDOS, MALOS…? DESCUBRE LA VERDAD DETRÁS DE SU COMPORTAMIENTO»