desarrollo infantil archivos - Página 23 de 27 - ROSINA URIARTE

LA HIPOTONÍA ESTÁ EN EL CEREBRO

Aunque se observe en los músculos, el bajo tono muscular o hipotonía es un problema que se halla realmente en el cerebro.

Rosina Uriarte

En realidad donde se encuentra el tono muscular es, como su propio nombre indica, en los músculos. Pero he elegido este título para llamar la atención de quienes se desviven por ejercitar los músculos de sus hijos ante una hipotonía y no son informados de que existen otras vías más eficaces.

Por supuesto que ejercitar músculos es algo positivo. Pero veo a los padres luchar primero con los músculos del cuello que sujetan la cabeza del bebé cuando éste no lo hace de forma natural. Luego luchan por que sus hijos tengan el suficiente tono en sus espaldas para poder mantenerse sentados una vez pasados los seis meses. Después viene la gran hazaña de poner a los niños a caminar tras haber cumplido los doce … Aquí es cuando normalmente respiran un poco, pues parece que en cuanto el niño camina, ya está todo hecho… Pero pueden surgir problemas en el lenguaje; más tarde en la manera de coger el lápiz y dificultades en la escritura… y es probable que también aparezcan problemas de motricidad ocular que dificulten seriamente la lectura. Esto último suele quedarse sin «descubrir» pues pocos padres son bien aconsejados en cuanto a la conveniencia de una revisión ocular en sus hijos por parte de un optometrista comportamental.

Además de lo anterior, el tono muscular está muy relacionado con la capacidad de atención pues ésta forma parte del estado de alerta del sistema nervioso, al igual que el tono muscular. Ambas funciones son reguladas en parte por las mismas zonas cerebrales, por lo que hay muchas probabilidades de que un inadecuado tono muscular conlleve problemas de déficit de atención.

Todo esto sin tener en cuenta que un niño con un tono muscular bajo tiende a sentirse cansado con facilidad y no se desarrolla en la misma medida que los niños de su edad por evitar experiencias motrices que son importantes. Hecho que se añade a su problema original agravando toda la condición.

Son muchos parches que se van aplicando en un camino lleno de baches… demasiados para no pensar seriamente en asfaltar la carretera de una vez por todas y acabar con todos los inconvenientes a la vez.

Para esto es necesario comprender un poco cómo se lleva a cabo el desarrollo del niño y cómo funciona su sistema nervioso.

Nos dicen los expertos en el tema que son los núcleos vestibulares de nuestro cerebro los encargados de enviar mensajes a los músculos sobre cuándo y cómo contraerse. Es un control muscular totalmente subconsciente y no nos damos cuenta de ello. Estos continuos impulsos que se envían desde los núcleos vestibulares generan el tono muscular del cuerpo.

Para que el sistema vestibular realice bien su trabajo, es preciso que esté bien organizado. Esto, por desgracia, no ocurre en todos los niños.

Existen muchas disfunciones del sistema nervioso que no aparecen en las pruebas clínicas realizadas por expertos neurólogos. Cuando así ocurre quiere decir que no hay evidencia de lesión cerebral, lo cual supone un claro alivio. Pero no significa que no exista un problema de funcionamiento cerebral. Así que deberíamos empezar a cuestionar afirmaciones frecuentes del tipo: «no, si mi niño no tiene nada neurológico, sólo hipotonía», o «neurológicamente está perfecto, pero tiene déficit de atención con hiperactividad»… pues son contradictorias en sí mismas.

Puede en un primer momento parecer desalentador el hecho de que un problema como la hipotonía ya no esté localizado como creíamos en brazos o piernas… para pasar al cerebro, pues da la sensación de ser más inaccesible para su tratamiento y su posible solución. Pero no es así.

Existen diferentes enfoques terapéuticos, que no sólo sirven para el problema de bajo tono muscular, sino que pueden aplicarse a otros muchos trastornos siempre que estemos hablando de una inmadurez cerebral.

Tradicionalmente se trabajan los síntomas allí donde se ven: se masajean piernas, brazos, cuello… se busca el fortalecimiento de los músculos por medio de la natación o de la gimnasia… Esta labor, si bien es beneficiosa, lógicamente no es suficiente pues no está trabajando el problema en sí y se está compartimentándolo en lugar de tratarlo todo de una vez.

Dentro de la fisioterapia hay varios métodos de los cuales no puedo hablar por desconocerlos, por esto me limitaré a mencionar dos nuevos enfoques que me son familiares y considero puede resultar interesante tener en cuenta.

El primero de ellos sigue la premisa de que «la función crea la estructura». Esto quiere decir que es precisamente a través de la práctica de la función (habilidad) que queremos lograr en el niño como creamos la estructura cerebral necesaria para dominar esta misma función. Así lo establece el método Doman y es por ello que al niño se le hace practicar cada hito del desarrollo hasta dominarlo antes de pasar al siguiente nivel. Por ejemplo, para que un niño llegue a caminar, primero habrá de evaluarse su nivel de desarrollo para conocer en qué punto se ha quedado del mismo y trabajar desde este mismo punto toda la evolución natural del niño, de forma intensiva y continuada. A través de la práctica diaria de cada hito del desarrollo (en el plano motor: el control de la cabeza, el volteo hacia un lado y hacia el otro, la sedestación, el arrastre, el gateo, para al final llegar a la deambulación y más tarde a la carrera) se va logrando un desarrollo y madurez cerebrales que se asemejan a los deseados y considerados normales. Los cambios en el tono muscular y los éxitos en cada una de las etapas y cada una de las áreas del desarrollo infantil serían consecuencia de esta madurez cerebral.

Este desarrollo, o tal como lo califica Doman, esta «organización neurológica», se reflejará en un mejor rendimiento y eficacia del niño, tanto en su competencia física, como en su trabajo académico, en su control emocional y comportamiento o en su relación con los demás.

Por último existe un más novedoso enfoque terapéutico, y en opinión de muchos, más efectivo para este problema concreto. El concepto que sigue es contrario al anterior, en otras palabras: «la estructura determina la función». Así que, suponiendo que la estructura cerebral no es la correcta y por esto no existe la función o ésta es deficiente, el objetivo es lograr crear esa estructura necesaria para que en el niño se dé la función o habilidad requerida.

En este sentido, la terapia de la Integración Sensorial y la Terapia de Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos (TMR) buscan estimular determinadas zonas cerebrales, que a su vez estimulan otras superiores y con lo cual se logra una madurez neurológica global. Así se obtienen estructuras cerebrales maduras y adecuadas.

Ambos métodos utilizan la estimulación vestibular principalmente (la Integración Sensorial realiza actividades con columpios, balancines, patinetas, etc. y la TMR movimientos de mecimiento rítmicos) que estimulan y activan directamente zonas primitivas del sistema nervioso central como es el tronco encefálico y el cerebelo. En el primero se hallan los núcleos vestibulares mencionados al comienzo de este artículo.

De esta manera se logra una estructura cerebral madura que se refleja en funciones también maduras y en concreto, en un tono muscular apropiado.

La diferencia principal entre el concepto de trabajo de la Integración Sensorial y la TMR es que la primera busca una maduración en el niño a través del disfrute y la motivación en el mismo. Es el niño, quien guiado por el terapeuta, busca su propia maduración siguiendo su propio ritmo.

La TMR es una estimulación menos lúdica, aunque agradable, pero más sistemática e intensiva. Es muy fácil de realizar y, al igual que el método Doman, se lleva a cabo en el hogar tras el asesoramiento profesional. También como ocurre con este método, la madurez cerebral lograda con la TMR repercute beneficiosamente en todas las áreas de desarrollo del niño.

*Actualmente, TMR se llama BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training)

«LA INTEGRACIÓN SENSORIAL EN LOS NIÑOS. DESAFÍOS SENSORIALES OCULTOS»

La integración sensorial en los niños. Desafíos sensoriales ocultos.

«La integración sensorial en los niños. Desafíos sensoriales ocultos».
Por Jean Ayres.
Edición revisada y actualizada por Pediatric Therapy Network.
TEA Ediciones.
Éste es el que considero uno de los mejores libros que he tenido jamás entres mis manos. No sólo tiene todas las ventajas del libro original de A. Jean Ayres «La integración sensorial y el niño», sino que además goza de un nuevo formato más cómodo y atractivo. De un contenido más visual con fotografías y esquemas, con ejemplos y consejos que hacen que su lectura sea mucho más fácil y clarificadora.
Pienso que es un libro necesario para todos los padres de niños con dificultades en su rendimiento escolar, su funcionamiento diario, su comportamiento o su relación. Y de obligada lectura para todos los profesionales de la salud o la educación que tengan relación alguna con el mundo infantil.

La integración sensorial es un proceso continuamente presente en todos nosotros y es de vital importancia para poder desarrollarse y funcionar como seres humanos eficientes en todos los ámbitos. Por esto es tan importante tener conocimiento del funcionamiento básico de la integración sensorial y del por qué pequeñas disfunciones en la misma es lo que vemos en la forma de tantos y tantos problemas, caprichos, manías, miedos o torpezas y dificultades en los niños.

ESTIMULACIÓN TEMPRANA: UN TÉRMINO CONFUSO

¿Estimulación temprana o atención temprana?
Confuso… realmente. Y es que «estimulación temprana» es un término que podemos encontrar haciendo referencia a cualquier cosa que hagamos con un niño menor de 6 años.

Pues una cosa ha quedado clara, la única en la que estamos todos de acuerdo, esto es: que la estimulación es «temprana» porque se practica con niños pequeños.
A partir de aquí ya no nos aclaramos mucho pues parece que pudiera definir TODA acitividad realizada con nuestros niños.

Esto, por supuesto, supone abarcar demasiado y es lo que lleva a tantos equívocos, a tantas dudas y a tantas preguntas… «¿Es estimulación temprana lo que necesita mi hijo?», «Mi hijo ya va a estimulación temprana, con esto es suficiente?», «¿La estimulación temprana no es para niños con problemas?», etc…

Intenté explicarlo en un artículo anterior («Estimulación temprana y estimulación terapéutica»), pero esta vez voy a concretar un poco más.

Para empezar, como es habitual, lo haré por el principio…

La definición de «estimulación temprana» nos dice lo siguiente: «Estimulación Temprana es toda aquella actividad de contacto o juego con un bebe o niño que propicie, fortalezca y desarrolle adecuada y oportunamente sus potenciales humanos.» (mailxmail.com). O, según la wikipedia: «Es el grupo de técnicas educativas especiales empleadas en niños entre el nacimiento y los seis años de vida para corregir trastornos reales o potenciales en su desarrollo, o para estimular capacidades compensadoras.»

Otra vez nos encontramos ante la confusión pues la Estimulación Temprana vuelve a serlo TODO.

Pero no TODO o CUALQUIER COSA es lo que buscan los padres, pues cada uno de ellos tiene obejtivos e intereses diferentes en la estimulación para sus hijos. Los niños también son diferentes, y en las definiciones intuimos niños que tienen necesidades especiales y otros que no.

Esto nos lleva forzosamente a distinguir dos objetivos claros en lo que se refiere a la estimulación que marcarán el carácter de la misma:

– estimular a niños sanos para lograr que desarrollen al máximo su potencial
– estimular a niños con dificultades que necesitan remontar retrasos en su desarrollo o solucionar problemas del mismo

Estos objetivos son muy diferentes. Los programas y las técnicas utilizadas para llevar a cabo la estimulación son también DIFERENTES. Por consiguiente, cualquier estimulación NO es válida o suficiente para determinados casos, sobre todo cuando hay un problema que solucionar o paliar.

Podría parecer que baste con aclarar este punto, pero sigue aún habiendo demasiada confusión dentro de estos dos grandes grupos de la estimulación.

– Tomemos el primero, el de la estimulación dirigida a niños SIN problemas del desarrolloLa «estimulación temprana» propiamente dicha.

Ésta es una estimulación que realizamos padres y educadores. Buscamos un desarrollo adecuado en nuestros hijos y alumnos mediante métodos y técnicas elaboradas por profesionales y que conllevan unas actividades estructuradas que se repiten a diario, son breves y variadas. La repetición es esencial para la creación de nuevos circuitos neuronales y para el aprendizaje. La brevedad y la rapidez en la realización de la actividad son vitales para el mantenimiento de la atención en el niño pequeño, (también influyen en su aprendizaje). Y todo esto lo procuramos hacer de la forma más lúdica posible. La estimulación debe ser multisensorial por lo que se procura utilizar actividades que estimulen las vías visuales, auditivas, táctiles y el movimiento principalmente. Se intentan abrir nuevos intereses en el niño poniéndole en contacto con cosas que habitualmente no están presentes en su entorno y también aprovechamos su gran ansia de aprender y su curiosidad por todo.

Sé que esto vuelve a resultar un concepto muy «amplio». Es cierto, y en la estimulación temprana cabe todo tipo de actividad que agrade al niño. Pero suele cometerse el error de decir que se hace estimulación temprana cuando simplemente se juega con el niño. Jugar es maravilloso y algo totalmente necesario. El problema es que muchos padres aplican su propio método o acuden con sus hijos a centros donde hacen puzzles, juegan con el ordenador, realizan alguna actividad de motricidad… todo ello sin una estructura y de forma libre… y creen que esto es «estimulación temprana». Bueno, esto es estimular a un niño, no cabe duda, pero habría que aplicarle otro nombre como el ya mencionado: «jugar», o quizá también en ocasiones «enseñar», «aprender», «experimentar»… Si no hay una repetición mínima y continuada, si las actividades no están estructuradas, hay que llamarlas de otra forma, porque NO es «estimulación temprana».

– Ahora volvamos al grupo de niños con necesidades especiales… Aquí también tiende a llamarse «estimulación temprana» a lo que no lo es en realidad. Decíamos que la estimulación temprana ayuda al niño a desarrollarse plenamente y por esto es muy beneficiosa para todos los niños sin excepción. Por esto también lo es para niños con dificultades. Sí, la estimulación temprana puede ser muy beneficiosa y necesaria para estos niños y sobre todo como prevención en la aparición de problemas en niños de riesgo. La estimulación temprana puede ser realmente vital y se hace totalmente necesaria en estos casos.

Pero… el término «estimulación temprana» sólo contribuye a agregar más confusión cuando la utilizamos para casos de niños con problemas del desarrollo. No debería utilizarse este término pues hay otros que son mucho más específicos. Por ejemplo: «atención temprana», que hace referencia a todas las intervenciones que se realizan con niños menores de seis años como respuesta a trastornos en el desarrollo.

Desde las terapias alternativas y la neuropsicología, se utilizan términos como «estimulación cerebral», «organización neurológica», etc… Con estos términos no quiero crear más confusión aún. Estos términos hacen todos referencia a una misma cosa: a un programa parecido al de la estimulación temprana, pero diseñado exclusivamente para un niño en función de sus necesidades concretas y aplicado de una forma intensiva. Esto debe realizarlo un profesional tras una exhaustiva evaluación del nivel de desarrollo del niño en todas sus áreas. Es una estimulación estructurada que se realizará de forma repetida y diaria durante un tiempo determinado. Puede llevarse a cabo en un centro por terapeutas, o pueden hacerlo los padres en sus casas y acudir al centro para los controles de evaluación y modificaciones necesarias en el programa.

En este caso no estamos hablando simplemente de «estimulación temprana», sino de mucho más, y por esto pienso que no debe utilizarse este término. Estamos haciendo referencia a TERAPIAS, a TRATAMIENTOS. Y entre éstos y la estimulación que busca un adecuado desarrollo en el niño sano hay mucha DIFERENCIA.

Conclusión. Desde mi punto de vista, ESTIMULACIÓN TEMPRANA es lo siguiente:

– actividades que estimulan el desarrollo en el niño sano
– actividades que estimulan el desarrollo y previenen problemas del mismo en niños de riesgo

Para los casos en los que existan problemas del desarrollo, debería considerarse seriamente utilizar otro término más relacionado con una terapia o tratamiento, esto NO lo es, en principio, la «estimulación temprana».

Rosina Uriarte

Tienes más información en otros artículos del blog. Espero que pueda interesarte éste, por ejemplo:

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Espero que te guste❤️

PREVENCIÓN DEL FRACASO ESCOLAR DESDE LA EDUCACIÓN INFANTIL con la organización neurológica.

Prevenir el fracaso escolar no solamente es posible en muchos casos, sino un deber y una responsabilidad de los adultos que trabajamos y cuidamos de los niños en sus primeros años de vida. La organización neurológica o neurodesarrollo se ocupa de ello.

Rosina Uriarte

El fracaso escolar preocupa seriamente tanto a padres como a educadores. Es algo que concierne a toda la sociedad dado el elevado porcentaje de estudiantes que lo sufren. Un fracaso que no debemos atribuir exclusivamente a estos chicos y chicas, pues en la mayoría de los casos no son «culpables» de la situación, sino sus víctimas.

Cuando se habla de fracaso escolar, casi siempre evocamos la imagen de alumnos de la ESO o de los cursos superiores de Primaria. Según las estadísticas, el fracaso escolar comienza en muchos casos a vislumbrarse hacia los ocho años, en tercero de primaria. Sin embargo, es en la educación secundaria cuando se hace más evidente. Entonces los requisitos académicos se endurecen y el esfuerzo ha de ser mayor. Y todo esto unido a la difícil y delicada etapa de la adolescencia.

Pero pocas veces se hace referencia a los niños de Educación Infantil con respecto al fracaso escolar. ¿Es acaso porque no existe tal fracaso a esta edad? Esto es lo que mayoritariamente se asume, pero no hay nada más lejos de la realidad… Los objetivos mínimos establecidos en Educación Infantil no son ambiciosos, cualquier niño puede alcanzarlos, y superarlos, con toda facilidad… pero no siempre es así… Y el número de niños que no alcanzan estos objetivos, o lo hacen con dificultad, se asemeja bastante al tanto por ciento de fracaso escolar que reflejan las estadísticas.

Si los educadores que trabajamos con niños menores de seis años vemos que casi una cuarta parte de los alumnos no sigue el ritmo del resto… lo lógico es actuar para atajar por todos los medios esta situación y que estos niños no crezcan para engrosar las filas de los «fracasados escolares». Pero a pesar de que se trabaja en Infantil con niños con retrasos madurativos, problemas de lenguaje, etc., sigue habiendo un tanto por ciento de niños a los cuales se les deja «que maduren» con la triste y callada convicción de que «ya se ocuparán» sus tutores de primaria de trabajar con ellos en sus dificultades. La pena es el precioso tiempo que se desperdicia mientras se espera a que madure un niño… un niño con dificultades…

Todos hemos oído o leído que los seis primeros años son vitales para formar las bases de la inteligencia y las habilidades del niño. Son los años principales del desarrollo infantil, en los que el cerebro es más plástico y en los que se crean la mayor cantidad de conexiones y circuitos neuronales, las «herramientas» con las que habremos de arreglárnoslas durante toda nuestra vida futura. Por esto, invertir en una buena Educación Infantil y en el desarrollo del niño en estas edades, es como invertir en buenos materiales de construcción y la edificación de los pilares y vigas maestras de un gran y hermoso edificio.

La etapa de la Educación Infantil es una etapa difícil para hablar de diagnósticos y tratamientos. Muchos problemas no son diagnosticados a esta edad, como son los asociados al déficit de atención con hiperactividad, por ejemplo. Y no es porque los síntomas no sean evidentes, como ya se ha expuesto. Pero es lógico que se tienda a «esperar» a ver qué ocurre y cómo evoluciona el niño. Y en casos afortunados, estos síntomas en el niño no se transforman en un problema académico o de comportamiento. Es muy natural que los padres y profesores prefieran «esperar» a que estos problemas se desarrollen de forma evidente, para empezar a actuar sobre ellos. Sin embargo, cuando un niño muestra una dificultad, existe un motivo para ésta, y que este motivo desaparezca no es lo común pues normalmente se debe a fallos en la base del desarrollo del niño.

Por esto, «esperar» en estas edades tempranas supone perder el momento adecuado para actuar. Supone una mayor dificultad en la solución de estos fallos en el desarrollo, un trabajo más costoso y unos resultados más pobres…

Pero si bien el concepto de «tratamiento» nos puede parecer excesivo en niños pequeños cuando aún el problema académico no es claro, no debemos temer el término «prevención».

La prevención a edades tempranas podría ser una de las claves para solventar el problema del fracaso escolar a edades más tardías.

Lo dice el refrán: «mejor prevenir que curar». Una lección que están aplicando ya varios colegios en nuestro país con todos sus alumnos de Educación Infantil. Aún faltan datos estadísticos sobre los resultados objetivos de la aplicación de técnicas de prevención del fracaso escolar a través de ejercicios que desarrollan el sistema nervioso y ayudan al niño a madurar en todas sus áreas (física, cognitiva, sensorial, emocional, social). Pero confiamos en que pronto los habrá y un mayor número de centros se unan en esta iniciativa.

Queda patente que la mayoría de las dificultades académicas están causadas directamente por una inmadurez neurológica o, lo que es lo mismo, los fallos en el desarrollo que mencionábamos con anterioridad. Éstos fallos pueden manifestarse en la forma de una lateralidad mal establecida (cuando el niño no es totalmente diestro o zurdo, con lo cual su cerebro no está bien organizado y sus hemisferios cerebrales compiten en lugar de colaborar); en un sistema ocular que no funciona adecuada o cómodamente para las tareas que requieren de la lectura y la escritura; un sistema auditivo que no consigue procesar los sonidos claramente para poder reproducirlos en un correcto lenguaje hablado o prestar la adecuada atención en clase; reflejos primitivos que se han quedado retenidos y no han madurado de la forma deseada; una integración sensorial deficiente que hace que el niño interprete los estímulos que le rodean de una forma equivocada, mostrando unas reacciones y un rendimiento que no son los adecuados para su edad y la situación dada.

El desarrollo en el niño se produce de manera natural gracias a todos los estímulos que recibe de su entorno y con cada movimiento y acción que realiza. El movimiento es la principal fuente de información y desarrollo, junto con el tacto, el oído y la vista. Es primordial tener esto en cuenta para dar al niño las oportunidades que necesita de moverse a estas edades, y de experimentar con todo lo que le rodea.

Además, pueden aplicarse métodos de desarrollo neuromotor o de organización neurológica, que consisten en ejercicios motores principalmente, realizados de forma lúdica, pero continuada, constante y repetida, para su mayor efectividad. La repetición y la constancia son esenciales para la creación de nuevos circuitos neuronales, por lo que estos programas deben ser diarios. Unos veinte minutos podrían bastar para la realización de estos ejercicios en un aula de Educación Infantil. No deben suponer un sustituto a la psicomotricidad tradicional, pero serían desde luego un complemento ideal.

Cualquiera de los métodos de organización neurológica que se utilizan para tratar a niños con problemas del desarrollo, podrían utilizarse en su forma más básica y lúdica, para prevenir estos problemas en un grupo de alumnos en el aula. Y no solamente en Educación Infantil. Pues, aunque es éste el momento ideal para la prevención, estos programas también pueden realizarse, y de hecho se están aplicando, con niños de cursos superiores. En ambos casos, con el mismo objetivo: evitar el fracaso escolar.

Más información:

PSICOMOTRICIDAD Y DESARROLLO NEUROMOTOR

EL SISTEMA NERVIOSO EN LA BASE DEL COMPORTAMIENTO Y RENDIMIENTO DEL NIÑO.

LA LATERALIDAD: ¿DIESTRO O ZURDO?

REFLEJOS, APRENDIZAJE Y COMPORTAMIENTO

FUNCIONAMIENTO OCULAR: LA VISIÓN EN EL APRENDIZAJE

INCIDENCIA DE LA AUDICIÓN EN LA ESCUELA Y EN LA CONDUCTA

TÉCNICAS DE GLENN DOMAN

Perfil del desarrollo de los Institutos para el Logro del Potencial Humano

Del blog de María Fernanda, «artrogriposismulcongenita«, quiero resaltar una entrada en la que se describe parte del método Doman de organización neurológica.

Técnicas de Glenn Doman.

 
Éste no es el programa completo, hay muchas otras áreas que se trabajan como puede verse en la tabla del Perfil del Desarrollo (arriba).
 
Es importante tener en cuenta que un niño con una lesión neurológica o un problema del desarrollo debe ser guiado por un profesional del método que diseñe un programa específico acorde a sus necesidades concretas. Este programa se diseña tras evaluar al niño en todas las áreas del desarrollo y ver en qué nivel se encuentra en cada una de ellas. Es a partir de este nivel que se deberá trabajar intensamente para lograr pasar al siguiente y así sucesivamente.
 
Dejo un enlace a esta entrada para que quienes estén interesados puedan conocer el método Doman como terapia (y no sólo quedarse con lo más conocido: los bits de inteligencia o el programa de matemáticas y lectura). Como método terapéutico es muy completo y busca la estimulación y maduración de todas las áreas principales del desarrollo infantil.
 

«TÉCNICAS DE GLENN DOMAN»

 

 

«Psicomotricidad y desarrollo neuromotor»

«Arrastre y gateo: la importante etapa del suelo»

«El desarrollo motriz alcanzado determina el desarrollo emocional, social y cognitivo»

ASOCIACIÓN DOMINIQUE BURGOS. Ahora: ASOCIACIÓN ADALYD

ASOCIACIÓN «Para la discapacidad intelectual y física»

*Nota: Actualmente esta asociación se llama ADALYD
Una de las mayores alegrías que me ha dado internet ha sido el descubrimiento de esta asociación. Un auténtico sueño hecho realidad para mí, que llevo diez años luchando contra lo «oficialmente establecido» en el mundo de la sanidad y la educación en cuanto a la ayuda a niños con problemas del desarrollo.
Es una lucha muy difícil para los padres que buscamos alternativas a lo que se nos ofrece… porque esto que se nos ofrece no nos aporta lo que realmente estamos buscando y necesitamos tan desesperadamente: solucionar los problemas de nuestros hijos. Parece simple, pero es muy complicado…
Los padres, y sobre todo las madres, vivimos con la sensación de luchar en varios frentes: contra el problema que vive nuestro hijo y contra el mundo entero que no lo comprende y no nos ayuda…
En medio de este camino de soledad y de frustraciones, de búsqueda muchas veces infructuosa, pero otras tremendamente gratificante, contar con el apoyo de una asociación que trabaja con terapias alternativas con beneficios demostrados para nuestros niños es todo un sueño, como decía…
Porque a quien no conozca el mundo de las asociaciones, diré que la mayoría «comulga» con la vía oficial, de la cual no se apartan ni un poco, ni siquiera para escuchar el testimonio de una madre que asegure haber encontrado algo beneficioso para su hijo y por lo tanto, para los demás niños de la asociación…
Os puedo asegurar que las madres que nos desmarcamos del «camino oficial» no somos bienvenidas en las asociaciones y se nos invita educadamente a veces, y otras no tanto, a abandonarlas o por lo menos a «guardar silencio»… Esta es la realidad de la ayuda aportada por las asociaciones de hoy en nuestro país… al menos en los casos de asociaciones que yo he conocido personalmente.
Podéis haceros una idea de la alegría que me da presentaros a una asociación totalmente atípica. Que no sólo tiene el convencimiento de haber encontrado el camino correcto en la curación o mejora de sus niños, sino que por esto mismo tiene el valor de nadar contracorriente, con toda la dificultad que esto supone…
Con esta entrada quiero demostrar mi más absoluto respeto y admiración por la Asociación Dominique Burgos y por todos sus integrantes. Son un auténtico precedente, el comienzo del cambio en beneficio de toda la sociedad.
Rosina Uriarte
(El texto que sigue lo envía Cristina Barriuso, presidenta de la asociación.)

ASOCIACIÓN «Para la discapacidad intelectual y física» DOMINIQUE BURGOS
Avda. de Castilla y León, 32 Bajo.Tfno: 947241989

El Presidente de cajacírculo, D. José Ignacio Mijangos hace entrega de un cheque con 3.000 € a
la Presidenta de la Asociación Dominique, Dña. Cristina Barriuso

¿ QUIÉNES SOMOS ?

Una asociación de padres que sin ánimo de lucro, se unen para ayudar a los niños con discapacidad y/o con dificultades de aprendizaje y a sus familias, a mejorar sus posibilidades de buena integración social.

Nos registramos en el Gobierno Civil, en 1994 con el nº 1862 aunque el germen lo puso una madre, que no quiere dar su nombre, cinco años antes. Trajo de Filadelfia información, contagió entusiasmos ayudó a ponerla en marcha y hoy desarrolla su actividad en pro de la discapacidad en el centro donde está su hijo. Sigue siendo socia de la nuestra, que se renovó en otoño de 2004 retomando el proyecto inicial.

CREEMOS QUE LA FUNCIÓN, DETERMINA LA ESTRUCTURA COMO DICE GLENN DOMAN, POR LO TANTO, SI UN NIÑO NO MANIFIESTA UNA FUNCIÓN, NOS INDICA QUE NO TIENE LA ESTRUCTURA CEREBRAL NECESARIA PARA HACERLO POSIBLE.

NUESTRA ACCIÓN SERÁ AYUDAR AL CEREBRO A CREARLA CON UN PROGRAMA INTEGRAL PERSONALIZADO: FISICO, INTELECTUAL, SENSORIAL Y DE ORIENTACIÓN ALIMENTARIA.

LOS PROGRAMAS SON ÚTILES TAMBIÉN PARA NIÑOS CON ALTAS CAPACIDADES INTELECTUALES, QUE TIENEN DESORGANIZADA LA POTENCIALIDAD DE SU CEREBRO.

OBJETIVOS

.- Asistencia moral, humana y profesional para potenciar capacidades y habilidades necesarias, para la MEJOR integración familiar, escolar y social. Los servicios se pueden utilizar sin ser socios.
.- Formar a padres o responsables familiares para conseguir las habilidades que contribuyen al desarrollo integral del niño y logran su autonomía.
.- Conocer y poner al servicio de los socios, los avances en el estudio del cerebro y su estimulación sináptica.

¿ A QUIÉN PODEMOS SER DE UTILIDAD?

A las familias de personas con:
Discapacidad intelectual y física de origen neurológico.
Dificultades de aprendizaje sin patología asociada.
Falta de atención e hiperactividad.

¿ QUÉ OFRECEMOS?

* – Acogida y escucha con la comprensión de quien ha pasado por parecidas o iguales situaciones,
Información de los recursos que conocemos orientados a cada caso
Gestión y ayuda para desarrollar programas personalizados de estimulación multi sensorial , basados en Glenn Doman y otros para conseguir la organización neurológica del cerebro y así despertar o mejorar sus capacidades.
Reeducación en Integración Auditiva con el método del Dr.Bérad, para mejorar los problemas del lenguaje (dislexia, carencia o dificultad de expresión oral), desánimo, falta de atención y dificultades de aprendizaje.
Préstamo gratuito de material de estimulación intelectual.* Apoyo pedagógico e informático.
– Musicoterapia semanal.
– Apoyo Psicológico personal o familiar.
– Taller de habilidades manuales y sociales con los niños.
– Equitación terapéutica una vez a la semana con personal especializado.
– Actividades con la familia, excursiones, convivencias y fiestas puntuales.
– Formación para padres y profesionales.


Tenemos la fortuna de contar con la sensibilidad y apertura de responsables de administraciones públicas (Ayuntamiento, Junta de Castilla y León, Diputación) y privadas (Caja Burgos y Caja Círculo) que han creído en nuestro Plan de Desarrollo de Capacidades, apoyándonos en programas y técnicas poco habituales, incluso combatidas durante años desde la ignorancia.

¿ESTAMOS CREANDO NIÑOS HIPERACTIVOS?

Nos planteamos si los adultos somos responsables del TDA-H en los niños.

Hay quienes hablan de un «mejor» y más acertado diagnóstico… otros de un sobrediagnóstico brutal… Mientras, el Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDA-H), sigue siendo un síndrome, (un conjunto de síntomas, no una enfermedad), que no tiene forma de demostrar su existencia por medio de prueba clínica alguna… Lo que lo convierte en vulnerable y expuesto en muchos casos a la subjetividad de médicos, padres y maestros…
 
Sin embargo, el TDA-H no es un trastorno «inventado», sino real. Y lo que preocupa a todos por igual es su elevada incidencia entre nuestros niños. Un número que no deja de crecer…
 
Sabemos que tiene una base genética, por lo que existe una predisposición que se transmite de padres a hijos. Pero esto no es por sí sólo determinante. Además confluyen elementos externos que actúan como detonantes del problema haciendo que éste se manifieste. Principalmente se trata de situaciones vividas durante el embarazo, el parto o la primera infancia.
 
Pero también se especula, lógicamente, con nuestro estilo de vida como agravante en niños que, de haber vivido en otros tiempos y otros lugares, no hubiesen sido diagnosticados con TDA-H. Y es que nuestro ritmo de vida y el entorno en el que crecen nuestros hijos, podría verse como un caldo de cultivo ideal para la ansiedad y los problemas de concentración…
 
«Nuestro mundo moderno está privando a los niños de desempeñar ocupaciones que son esenciales para su desarrollo físico, intelectual y emocional. Las prisas, la desestructuración de la familia, la falta de espacios verdes y la inseguridad de las calles son algunos de los factores que limitan la participación en actividades básicas para el desarrollo como son jugar al aire libre, experimentar con el entorno y descubrir el mundo de modo intuitivo.» (Isabelle Beaudry «Tengo duendes en las piernas», 2008)
 
La terapeuta ocupacional Isabelle Beaudry, experta en Integración Sensorial, hace hincapié en que los niños apenas acceden ya a espacios naturales donde pueden jugar y experimentar físicamente con lo que los rodea. Las actividades de ocio de nuestros pequeños son principalmente sedentarias e individuales, las cuales aportan poco a su desarrollo global. Y los adultos tendemos a estructurar el tiempo libre de nuestros hijos con clases particulares y deberes, dejándoles muy poco tiempo para actividades creativas que ellos escojan libremente sin horarios ni programas dirigidos.
 
En este mismo aspecto insiste el doctor Jorge Ferré, experto en medicina del desarrollo: «Los niños necesitan moverse para poder desarrollarse, pero la evolución socioeconómica y cultural nos está llevando a construir un estilo de vida en el que la primera infancia no tiene lugar propio: los espacios cada vez son más reducidos y los programas escolares más densos.» (Jorge Ferré Veciana y María del Mar Ferré Rodríguez «La otra cara de la hiperactividad», 2008)
 
Nuestras ciudades y nuestros horarios muestran poco respeto por la infancia. No dedicamos espacios y tiempo para ellos, exigimos a los niños que se adapten al mundo de los adultos, y esto tiene sus consecuencias…
 
Según el doctor Gonzalo Pin, director de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, un 15% de los niños a quienes se atribuye un problema de hiperactividad (TDAH) padecen en realidad un trastorno del sueño. (Mujer.orange ,29 octubre 2008)
 
Este doctor explica que en los adultos la falta de sueño provoca somnolencia diurna, pero sin embargo, en los niños tiene un efecto contrario, haciendo que se muevan más, se muestren irritables y tengan menos concentración y un peor rendimiento escolar.
 
Gonzalo Pin nos recuerda que España es uno de los países en los que en los niños se acuestan más tarde porque «los niños se acoplan a los horarios de los padres, cuando debería ser al revés».
 
Además de nuestro rimo de vida, hay mucho más a nuestro alrededor que puede estar incidiendo en el TDA-H…
 
Noroeste.com (15 noviembre 2008) publica las siguientes declaraciones del especialista en medicina ambiental y otorrinolaringología , Javier Hernández Covarrubias: «El déficit de atención y la hiperactividad ha aumentado un 400 por ciento en los últimos 20 años… esto se debe a la susceptibilidad genética y la influencia del medio ambiente que está muy contaminado».
 
«Tenemos que cambiar nuestra manera de vivir, tenemos que ser más ecológicos por un lado, desintoxicarnos por otro, no usar químicos, tener cuidado con los hongos y las ondas electromagnéticas, y lo segundo que podemos hacer es nutrirnos bien con alimentos orgánicos, antioxidantes y ácidos grasos esenciales».
 
A continuación explica que los productos químicos tienen una afinidad por la grasa y que es precisamente el cerebro el órgano que se compone de más cantidad de grasa. Por esta razón es el cerebro el que más químicos contiene en un momento dado, razón por la cual puede un niño cambiar de comportamiento, mostrar falta de atención o hiperactividad.
 
Un estudio publicado en el «Journal of Attention Disorders» demuestra cómo los niños responden mejor a pruebas de concentración y de atención después de caminatas de 20 minutos en pena naturaleza. (Bebés y más , 24 octubre 2008)
 
Para las autoras del estudio, titulado «Children With Attention Deficits Concentrate Better After Walk in the Park», la naturaleza no reemplaza a la medicación o a las terapias cognitivas y conductuales, pero sí que obtiene efectos comparables en los resultados de los tests de atención. Por lo que, a pesar de no ser una cura para el TDA-H, sí puede considerarse una herramienta más.
 
Lo que queda bien claro es que los niños necesitan moverse para desarrollarse adecuadamente y es de lamentar que dispongamos de tan pocos espacios verdes en nuestras ciudades y que los patios de los colegios estén, en su mayoría, desprovistos de columpios, toboganes, barras de las que colgarse… donde puedan nuestros hijos desarrollar su motricidad y por lo tanto, su inteligencia.
 
Sally Goddard («Reflejos, Aprendizaje y Comportamiento», 2005), nos habla también de la importancia del estímulo vestibular que se produce cuando el cuerpo del niño está en movimiento: «La hiperactividad y el déficit de atención pueden ser dos signos de inmadurez de la función del sistema vestibular. Como padres y profesores, tendemos a implorar que nuestros niños hiperactivos se «estén quietos» y «se sienten bien». Se ha comprobado que a los niños hiperactivos que se les permite dar vueltas durante 30 segundos en ambas direcciones, muestran un aumento de su límite de atención de 30 minutos después del ejercicio, lo que nos sugiere que necesitan estimulación vestibular para «poner su cerebro en marcha»».
 
Por último, Gladys Veracoechea («El déficit de atención sin fármacos», 2008) menciona una cuestión que considero importante a tener en cuenta por parte de los profesores de niños con trastornos de la atención e hiperactividad: «Nunca castigue a un niño con TDAH dejándole sin recreo, ya que ésta es una actividad indispensable para que él camine, corra y juegue libremente saciando su necesidad motora. Usted observará como docente que si le deja sin recreo, en el transcurso de las actividades posteriores el niño se mostrará más hiperactivo. Además, se trata de una penalización que por lo general les afecta mucho desde el punto de vista emocional.»
 
Ojalá todas estas evidencias nos sirvan para replantearnos lo que estamos haciendo los adultos con nuestros niños. Tenemos grandes expectativas y esperamos mucho de ellos, pero es necesario tener en cuenta que los resultados dependen directamente de lo que nosotros les ofrezcamos y de las oportunidades que les demos para lograrlo.
 

«DÉFICIT DE ATENCIÓN. ¿POR QUÉ TANTOS NIÑOS LO PADECEN?»

«UN CAMBIO DE CONCEPTO SOBRE CÓMO ABORDAR LOS CASOS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD»

«TENGO DUENDES EN LAS PIERNAS»

A través de estos cinco casos nos describe Isabelle Beaudry algunos de los problemas de procesamiento sensorial que pueden sufrir los niños con alteraciones en el desarrollo, problemas de comportamiento o de rendimiento escolar.

«Tengo duendes en las piernas»

La gente dice que soy malo… ¡Yo no puedo estarme quieto! Siento algo en todo el cuerpo, sobre todo en las piernas, que no me deja estar tranquilo…

Daniel no percibe ni procesa suficientemente la información que el movimiento envía a su cerebro, por esta razón busca estimular su sistema vestibular corriendo y saltando constantemente.

«Tengo altavoces en la cabeza»

¡Es que en el colegio hay tantos ruidos que parece que tengo altavoces en la cabeza! … A veces tengo que taparme los oídos porque no puedo más…
David es un niño muy sensible a los estímulos táctiles, visuales y auditivos. Por esto se encuentra en un estado de ansiedad y alerta en el colegio donde los niños gritan y se mueven o empujan a su alrededor.
«Qué asco! ¡Hay gusanos en mi plato!»
La gente siempre está comiendo porquerías que me dan mucho asco, y lo peor es que todo el mundo pretende que también las coma yo… Toda la comida es muy pringosa y desagradable…
Paula se muestra muy selectiva con los alimentos. Se le hace muy difícil todo lo que se refiere a la higiene diaria. Para ella es un tormento el simple hecho de lavarse la cabeza, cepillarse los dientes o ponerse prendas de ropa que no sean muy blanditas y muy suaves. Su sentido del tacto es extremadamente sensible.
«Soy un gigante con demasiada fuerza»

A veces me siento como un gigante con demasiada fuerza y muy torpe, con unas manotas de blandiblup o de mantequilla o de algo así. Yo quiero hacer las cosas bien, pero todo me sale mal…

Diego es un niño muy tranquilo. Se muestra poco autónomo, desordenado y sucio. No presta atención en clase y es lento al realizar sus tareas. Tiene problemas para interpretar la información que le dice qué postura y qué movimientos debe realizar para tener éxito en sus actividades. No controla la fuerza que emplea al hacer las cosas y no sabe muy bien cómo utilizar sus manos.

«Estoy en mi nube»
A mi alrededor no pasa gran cosa. La gente va y viene; creo que a veces me hablan, pero no estoy segura. Yo estoy en mi nube; estoy a gusto así…

Alba apenas reacciona ante lo que le rodea y no se comunica con los demás. Su equilibrio no es bueno pues su sistema vestibular no informa suficientemente a su cerebro. Tampoco lo hacen sus sentidos táctil y proprioceptivo. Por ello no reacciona a lo que ocurre, ni siquiera cuando le tocan o la mueven… No llora y parece no sentir el dolor.

A través de estos cinco casos nos describe Isabelle Beaudry algunos de los problemas de procesamiento sensorial que pueden sufrir los niños con alteraciones en el desarrollo, problemas de comportamiento o de rendimiento escolar.

En su libro «Tengo duendes en las piernas» nos introduce en el concepto de la integración sensorial y en sus trastornos de una forma sencilla y concisa. Las historias de David, Daniel, Paula, Diego y Alba nos acercan a la difícil realidad vivida por muchos niños, una realidad muy poco comprendida por los adultos que nos relacionamos con ellos.

Al final de cada una de estas historias veremos las soluciones que ofrece la Terapia Ocupacional para ayudar a estos pequeños a vencer sus dificultades.

Isabelle nos propone además pequeños trucos e ideas que podemos aplicar los padres y profesores para facilitar las actividades diarias. También nos habla de «estrellas» de la integración sensorial como Fernando Alonso o Rafa Nadal, entre otros.

«TENGO DUENDES EN LAS PIERNAS»
ISABELLE BEAUDRY BELLEFEUILLE 
Ediciones Nobel

EL SISTEMA NERVIOSO EN LA BASE DEL COMPORTAMIENTO Y RENDIMIENTO DE LOS NIÑOS. Enfoque desde la teoría de la Integración Sensorial.

Niño desbordado sensorialmente

¿En qué estado se encuentra el sistema nervioso de nuestros niños? Esto no lo podemos observar directamente porque no podemos «ver» el sistema nervioso y su funcionamiento.

Pero podemos observar el comportamiento y el rendimiento académico de nuestros hijos y alumnos, y tener en cuenta que son precisamente las expresiones visibles de su sistema nervioso invisible.

Lo que observemos del estado nervioso de los niños a través de su comportamiento y de su rendimiento, son indicaciones de cómo recibe el niño la información sensorial que lo bombardea a diario, de cómo la procesa y de cómo responde a la misma. Éste es el trabajo que realiza el sistema nervioso por medio de la Integración Sensorial. Cuando el niño no «funciona» adecuadamente en sus tareas diarias cotidianas, del colegio, o en su relación con los demás, es muy probable que exista un Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS).

En muchas ocasiones son los trastornos en el procesamiento sensorial los causantes de los problemas de aprendizaje y de comportamiento. Y en la mayoría de los problemas no causados por una mala integración sensorial, ésta se haya presente en mayor o menor medida.

Los niños con problemas de aprendizaje son muchas veces diagnosticados con retraso madurativo. Y si bien es cierto que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, también lo es que la mayoría de los que se quedan rezagados en el mismo no superan nunca del todo sus dificultades. En el mejor de los casos logran encontrar el modo de compensar estas dificultades o lo hacen con un sobreesfuerzo mayor que sus compañeros, pero en esta situación pueden surgir nuevos problemas que se van añadiendo al original.

«Es muy peligroso pensar que un niño llegará a superar su problema a medida que vaya creciendo, pues esta actitud evita que se busque ayuda profesional a la edad en la que ésta sería más benéfica.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).

Otro diagnóstico muy común es el de déficit de atención con o sin hiperactividad. De nuevo debemos tener en cuenta que la capacidad de atender de un niño o el grado de su actividad son el producto del nivel de organización de su cerebro. Para el niño con una disfunción integrativa sensorial el control de su atención y de su conducta o sus emociones, puede ser una tarea simplemente imposible. Existen a su alrededor demasiadas cosas que lo confunden, lo distraen, lo sobreexcitan y lo llevan a comportamientos y situaciones que él mismo no desea.

El autocontrol, junto con la autoestima y la confianza en uno mismo no se desarrollan adecuadamente en el niño con dificultades en su integración sensorial. Y un cerebro que no puede organizar y controlar sus sensaciones, tampoco será capaz de organizar letras o números para realizar con éxito las tareas escolares.

«La lectura, la escritura y el cálculo… requieren de que el cerebro procese sensaciones muy detalladas y de que se ocupe en respuestas motoras y mentales precisas…

Lo más cruel que un maestro puede decirle a un niño incapacitado para el aprendizaje es: «¡podrías hacerlo si tan sólo lo intentaras!» ¿Cómo va a leer, si ni siquiera conecta lo que ve con lo que oye? ¿Cómo va a escribir su nombre, si tiene que concentrarse en mantenerse sobre la silla? Las habilidades sonsoriomotoras son las verdaderamente básicas y los problemas de aprendizaje continuarán hasta que las escuelas presten atención a su desarrollo.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).

Los que convivimos y trabajamos con el niño solamente observamos el resultado final de este problema: que el niño no quiere trabajar, que cuando lo hace los resultados son malos, que su aprendizaje no se da al mismo nivel que sus compañeros, que su comportamiento es inadecuado, que su actividad es excesiva o insuficiente, que es torpe en sus movimientos, que no se relaciona bien con los demás niños o que tiene muchas «manías»…

«Los padres generalmente no se dan cuenta de que los problemas de aprendizaje y de comportamiento de su hijo son el resultado de desórdenes neurológicos que el niño no puede controlar; piensan que hace las cosas intencionadamente y reaccionan de manera que le hacen la vida aún más difícil de lo que ya es…» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).

Es también un error creer que un trabajo enfocado exclusivamente desde el punto de vista pedagógico o psicológico puede solucionar estos problemas. No debemos plantearnos «entrenar» al niño para hacer las cosas que su cerebro no puede hacer. A menudo la escuela exige demasiado a estos niños, sin comprender realmente sus necesidades y sus posibilidades de trabajar con éxito.

La buena noticia es que está científicamente demostrado que los estímulos del ambiente influyen en las estructuras cerebrales y en su funcionamiento, por lo que podemos actuar ayudando al niño a superar sus problemas de integración sensorial y por lo tanto, dándole las herramientas que le permitan funcionar mejor en todas las áreas en las que se desenvuelve.

La terapia de la Integración Sensorial es completamente natural, pues utiliza los mismos medios que la propia naturaleza en la estimulación y maduración del sistema nervioso. Se basa principalmente en estímulos provenientes del movimiento que ayudan al niño a organizarse y que además, suelen divertir al niño pues son sensaciones que el niño busca por necesitarlas realmente.

«La terapia de la integración sensorial tiene un enfoque integral, comprende todo el cuerpo, todos los sentidos y todo el cerebro.

La idea central de esta terapia es proporcionar y controlar la entrada sensorial… de manera que el niño, espontáneamente, forme respuestas adaptativas que integren esas sensaciones.» (Jean Ayres, «La integración sensorial y el niño»).

Cuanto antes acudamos a un especialista en integración sensorial, más fácil resultará solucionar o mitigar las dificultades del niño con TPS. El terapeuta propondrá una terapia y también una «dieta sensorial» para que apliquemos con el niño en el hogar y en el aula.

Normalmente basta con tener en cuenta cómo se siente el niño y porqué reacciona como lo hace, para cambiar cosas en su entorno que hagan que la convivencia y su rendimiento mejoren.

«Integración sensorial. Cómo convivir con la distorsión»

«Disfunción en la integración sensorial. Como una radio mal sintonizada con el volumen mal regulado»

LO FÍSICO, LO EMOCIONAL Y LO MENTAL, INSEPARABLES

Lo que realmente importa es trabajar EL PROBLEMA y no sus manifestaciones o síntomas

Cuando los padres nos damos cuenta de que nuestros hijos tienen un problema es porque lo vemos, evidentemente. Entonces nos preocupa lo que vemos que no funciona adecuadamente en el niño. Buscamos la solución a este problema concreto y no miramos más allá. Decimos «mi hijo tiene un problema motor», «es sólo un problema físico», «en lo demás está perfectamente»… No nos planteamos el hecho de que con el tiempo puedan surgir «otros» problemas relacionados con el rendimiento escolar o la autoestima y la forma de relacionarse con los demás…
Vivimos obsesionados por los problemas que vemos en cada momento sin comprender la dimensión real de éstos. Esto nos impide buscar «solucionar» el problema de base, pues nos empeñamos en tratar los síntomas según van surgiendo.
Nos convencemos de que es un problema que se solucionará con el tiempo, o bien nos centramos en trabajar este problema y cuando vemos avances… nos quedamos tranquilos… Muchas veces no sabemos dónde está el problema real que ha originado los síntomas que nosotros vemos y que consideramos erróneamente «el problema».
Cuando van apareciendo nuevas dificultades nos volvemos locos preguntándonos «¿por qué a mi hijo le tocan TANTOS problemas?», «¿Qué ha hecho él para que se le junte TODO?»… Seguimos sin ver dónde está el verdadero problema, sin comprender que todo lo que vemos y consideramos una desafortunada e injusta conjunción de problemas son las manifestaciones de UNO SÓLO.
Un sólo problema del sistema nervioso puede originar varias manifestaciones a todos los niveles en el niño.
Por esto es tan importante trabajar EL PROBLEMA y no sus manifestaciones o síntomas (de esto ya hablé en otra entrada: Estimulación Temprana y Estimulación Terapéutica).
Cito un párrafo del libro «Los trastornos de la atención y la hiperactividad. Diagnóstico y tratamiento neurofuncional y causal» del doctor Jorge Ferré Veciana, integrante del Instituto Médico del Desarrollo Infantil:
Desde lo físico podemos llegar a lo emocional y a lo mental. Desde lo mental a lo emocional y lo físico y desde lo emocional a lo mental y a lo físico. Todas las vías son válidas, aunque unas sean más directas que otras. Pero, sea cual sea la vía de entrada, hemos de saber que en los T.D.A. (trastorno por déficit de atención), en las depresiones infantiles, en las conductas reactivas y en todos los grandes trastornos funcionales y psíquicos están implicadas y afectadas las tres esferas.