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MI HIJO NO ES UN PROBLEMA, TIENE UN PROBLEMA

"Mi hijo no es un problema, tiene un problema" de María Docavo Alberti

«MI HIJO NO ES UN PROBLEMA, TIENE UN PROBLEMA. Gimnasia cerebral para niños con problemas de aprendizaje»
Guía para padres y educadores
MARÍA DOCAVO ALBERTI
Editado por CEPE
«El movimiento es la puerta del aprendizaje» (Paul Denisson)
En este libro, la autora nos explica cómo por medio de los sentidos y los movimientos rítmicos que hacen los bebés se crean conexiones neuronales entre las diferentes partes del cerebro. Señala que si ocurre que no se llegan a realizar estos movimientos, no habrá suficientes conexiones neuronales, lo cual derivará en problemas de aprendizaje, de comportamiento, en las habilidades motoras gruesas o finas, la visión, el oído o el lenguaje de los niños.
Desde que nacen, incluso mucho antes, se programa el cerebro con la información que necesitará para el desarrollo óptimo de todas sus capacidades. Es por esto que los primeros años de vida tienen una gran importancia. Los niños que no hayan recibido una adecuada estimulación en su niñez más temprana, podrán tener mayores dificultades en su aprendizaje más adelante (en el plano emocional, psíquico y físico).
La sociedad en la que vivimos hoy en día (con problemas de tiempo y espacio) obstaculiza y limita sin querer el crecimiento natural del niño, pues impide el movimiento de los bebés con cochecitos, sillitas, taca-tacas, parquecitos…,  dejándoles durante mucho tiempo inmovilizados en lugar de permitirles estar en el suelo donde puedan moverse libremente.
«Mediante ejercicios de movimientos rítmicos y de gimnasia cerebral se estimula el cerebelo, el núcleo vestibular (encargado del equilibrio) y los centros del habla, teniendo efectos importantes para la lectura y la escritura, produciendo relajación y equilibrio emocional y obteniendo mejores resultados.»
Por fin un libro en el que se habla de los movimientos rítmicos (menciono a menudo la TMR o Terapia de Movimiento Rítmico en este blog), junto a los reflejos primitivos. Explica cómo funciona el cerebro, la evolución de los niños y cómo aprenden. Además de los movimientos rítmicos propone ejercicios de gimnasia cerebral y el cuidado de la alimentación como posibles soluciones a los problemas de aprendizaje.
Se trata de una guía sencilla y directa. Esencial y muy útil para padres y para educadores.

UN CAMBIO EN EL CONCEPTO SOBRE CÓMO ABORDAR LOS CASOS DE DÉFICIT DE ATENCIÓN E HIPERACTIVIDAD

Rosina Uriarte
Cuando los padres conocemos el diagnóstico de TDA-H (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad) en uno de nuestros hijos, hay varios tipos de reacciones. Algunos padres se sorprenden y no comprenden que su hijo pueda sufrir semejante trastorno, éstos son los afortunados que no ven un problema claro en su hijo. Digo que son «afortunados» porque está claro que el trastorno no es grave y normalmente abarca solamente al área del aprendizaje. O quizá sí vean a un niño muy movido o por el contrario, demasiado parado, pero no le hayan dado demasiada importancia pues no supone un condicionante en la vida del niño ni de su familia.
Hay otro grupo de padres que sabemos que nuestro hijo tiene un problema desde el día que nace o poco después. Somos los padres que sufrimos una tortura diaria a través del sufrimiento de nuestro hijo y también del nuestro propio. Pues este trastorno puede desestructurar la vida de toda la familia. Y cuando en estas condiciones, llega el diagnóstico, nos parece que llega tarde y que muchas veces se queda bien corto.
Cuando algo nos afecta tanto, y sobre todo cuando atañe directamente a un hijo, los padres nos movemos de forma casi frenética: acudimos a especialistas, asociaciones, leemos libros, buscamos información en internet…
Al cabo de un tiempo, toda esta información se repite una y otra vez. Una vez que lees un buen libro o artículo sobre el TDA-H te das cuenta de que todos los libros y artículos siguientes se parecen. Salvando pocas excepciones, de las que voy a hablar más adelante, las versiones sobre el TDA-H que recibimos los padres son siempre la misma. Es lo que llamo la «versión oficial» pues es la única aceptada por los profesionales de la salud y educación que son los encargados de tratar este trastorno.
Lo que nos ofrecen son soluciones a los síntomas que muestran nuestros niños. Nos aseguran que el problema no es curable por lo que debemos entrenarnos y entrenar al niño a convivir de la manera más llevadera posible con este trastorno. El problema no puede curarse puesto que la raíz del problema no se toca, que es una inmadurez y mal funcionamiento del sistema nervioso. Es el cerebro el encargado de regular la atención que presta un niño en clase, también el encargado de regular sus emociones, su actividad motora, etc.
La medicación supone una solución temporal pues sí incide en las áreas cerebrales activándolas y haciendo que funcionen mejor. Pero no soluciona el problema ya que su efecto es transitorio.
El trabajo cognitivo y conductual, con el que también se trata a los niños con TDA-H, tampoco se propone curarles pues solamente trabaja los síntomas y no el problema. Así se entrena al niño a prestar atención, a controlar sus impulsos y su conducta… se le entrena a hacer todo lo que su sistema nervioso inmaduro le impide hacer. Si un niño tiene problemas con la lectura, se le dan clases particulares y se le hace leer más que los demás niños. Sin tener en cuenta que es precisamente esto lo que él no puede hacer.
Nuestros hijos no son vagos, no. Son auténticos héroes que sobreviven haciendo un gran sobreesfuerzo en el aula para obtener siempre peores resultados que sus compañeros. Y encima después, se les da más de lo mismo en horas extra que pueden suponer un auténtico suplicio… La motivación y la autoestima se ven dañadas lógicamente, y con este panorama es difícil que el niño avance realmente.
Cada día es menos difícil encontrar alternativas a esta situación, por suerte para tantos padres que las hemos buscado. No es aún fácil pues la palabra «alternativas» no está bien vista por parte de los profesionales y de las asociaciones. Enseguida se nos dice que son terapias «no avaladas científicamente», «sin base científica», «sobre las que no se ha estudiado o publicado», «que van a arruinarnos económicamente» o «que sus terapeutas son todos unos charlatanes sin preparación». También nos aseguran que «sus beneficios no están probados». Pues bien, después de 11 años de investigar estas alternativas y de experimentar con ellas personalmente como madre, he de decir que solamente la primera afirmación es cierta. No están avaladas ni aceptadas, ésta es la realidad. Todo lo demás no es cierto. Sólo puedo hablar de las terapias que conozco, pero de éstas he de decir que tienen todas una base científica, se han estudiado y se han publicado artículos y libros sobre las mismas, no han supuesto ningún descalabro económico familiar en nuestro caso y desde luego, los terapeutas que he tenido la suerte y el honor de conocer, son excelentes profesionales. Y en cuanto a los beneficios… los hemos comprobado en persona.
¿Por qué no están estas terapias aceptadas? Ésta es una pregunta que me he planteado un millón de veces, aún no he encontrado la respuesta y no puedo imaginarme cuál pueda ser pues ninguna de las posibles respuestas tiene sentido para mí. Se habla de varias razones e intereses por los cuales no se aceptan ni se aceptarán en mucho tiempo. No voy a entrar en este tema polémico. Pero sí diré que como madre no puedo esperar a que las posibles soluciones al problema de mi hijo se avalen científicamente. Simplemente no disponemos de este tiempo…
Frente a la opción de trabajar los síntomas del problema, las terapias alternativas que buscan una organización neurológica, pretenden estimular, activar y hacer madurar las zonas cerebrales implicadas en el déficit de atención y la hiperactividad. Buscan que estas zonas cerebrales funcionen adecuadamente para que así desaparezcan los síntomas (problemas en la atención, dificultades de aprendizaje, excesiva actividad motora, comportamientos no aceptables, estados emocionales preocupantes, etc) y también así desaparezca el problema en sí. Los beneficios no son transitorios, sino definitivos.
Estas terapias no tienen por qué excluir el trabajo cognitivo-conductual o la medicación cuando ésta sea necesaria. Lo bueno sería complementar ambas formas de trabajar con los niños para que éstos obtengan los beneficios de las dos. Pero la organización neurológica se hace esencial y vital si lo que buscamos es solucionar el problema de raíz y para toda la vida.
¿Y si logramos con éxito eliminar los síntomas y por lo tanto, solucionar el problema?
¿Acaso a esto no se le llama «curación»? ¿Por qué nos da tanto miedo esta palabra? Puede que sorprenda, pero al igual que el término «alternativas» no es bien aceptado en ciertos entornos (léase asociaciones de padres de niños con TDA-H, foros sobre el TDA-H, profesionales que trabajan con el TDA-H), no es tampoco bienvenida la afirmación de que este trastorno se puede curar.
Quienes nos atrevemos a insinuarlo recibimos todo tipo de ataques verbales que nos acusan de ser «unos ilusos», de «jugar con los sentimientos y esperanzas de otros padres», «de querer vender una terapia milagro», o de «mentir» simplemente…
Puedo asegurar que cuando una madre ha sufrido durante largos años, lo último que quisiera hacer en esta vida es jugar con el sufrimiento y la esperanza de otras madres como ella. Los que tenemos experiencia con la organización neurológica, sabemos que no existen las terapias «milagro», que no hay nada de magia en el trabajo diario y constante durante años… No existe ninguna terapia que sea milagrosa, y por esto hemos buscado y buscado y hemos probado con varias hasta obtener de todas ellas los beneficios que nos podían ofrecer.
Pienso y siento que los padres no deberíamos pararnos nunca. La meta debería estar en la solución del problema. No tendríamos que tirar la toalla hasta llegar a ella. Y como no quiero pecar de «ilusa» diré que no soy quién para asegurar que siempre se pueda llegar a esta meta. Pero sí que es importante luchar para acercarse a ella lo más posible.
El trabajo siempre aporta beneficios si está bien encaminado. Para elegir qué hacer con nuestros hijos, lo más importante es estar bien informados.
Informarnos y seguir informándonos siempre.
Los padres debemos buscar nada menos que la solución, esto es: la curación, sí. Debemos ser ambiciosos por el bien de nuestros hijos. La experiencia me ha demostrado que tenemos derecho a serlo.

CONCRETANDO UN POCO MÁS…

Los niños con TDA-H tienen habitualmente problemas en muchas áreas: la atención, la lectoescritura, la destreza manual, la relación con compañeros y adultos, el comportamiento, las tareas cotidianas en el hogar, las rutinas, el control de sus emociones e impulsos…
Es importante valorar todas las áreas para saber cuáles son las necesidades más apremiantes en cada caso. Pero hay que recordar que el objetivo no es trabajar estas áreas directamente, por lo tanto, hay que buscar la causa de los síntomas que vemos y trabajarla donde está realmente.
La causa es una sola y es siempre la misma: una inmadurez cerebral que hace que el sistema nervioso del niño no funcione adecuadamente. Es posible evaluar y tratar esta inmadurez a través de la manera que tiene el sistema nervioso de manifestar su estado de desarrollo. Así se puede evaluar y trabajar:
– el movimiento global del cuerpo, posibles dificultades motoras
– debe estudiarse si el desarrollo motor ha sido el adecuado desde el nacimiento, si el niño ha avanzado por todas las etapas necesarias sin haberse saltado ninguna
– la posible presencia de reflejos primitivos que debían haberse integrado en los primeros meses de vida
– reflejos posturales que no se han desarrollado
– un tono muscular inadecuado, que es una señal de alerta y está muy relacionado con la atención
– la lateralización, que debería estar bien definida hacia los seis años (el niño debe ser totalmente diestro o totalmente zurdo)
– es necesario evaluar el funcionamiento de la visión, lo cual supone mucho más que la agudeza visual, pues el niño no tiene que ser capaz de ver claro simplemente, sino de utilizar sus ojos de forma conjunta y cómoda para poder leer y escribir, y el cerebro debe ser capaz de interpretar y procesar bien la información
– lo mismo ocurre con el sistema auditivo, que juega un importante papel en la atención y el rendimiento escolar. No basta con saber si un niño oye o no, hay mucho más que puede estar influyendo en sus dificultades y se puede tratar
– la integración sensorial, cómo llega la información que nos aportan los sentidos, si llega y si es bien procesada e interpretada por el sistema nervioso, el cual debe dar a la misma una respuesta en forma de movimiento, comportamiento, reacciones emocionales. Normalmente, cuando las respuestas del niño a lo que ocurre a su alrededor no son las adecuadas, al igual que cómo funciona en sus actividades diarias, debemos sospechar que los estímulos del entorno no están llegando de forma cómoda a su sistema nervioso y que éste no está realizando bien su trabajo
Para más información, consultar este blog utilizando el índice de temas.

Nota: debo añadir LA ALIMENTACIÓN y la posible falta de nutrientes, intolerancias o alergias a determinados alimentos, como un aspecto a tener también en cuenta en la evaluación y el tratamiento del TDA-H.

Hablo principalmente de la organización neurológica por ser la forma de actuación que mejor conozco. Pero no descarto otras posibles vías de tratamiento de este trastorno. Junto a los cambios en la alimentación o la posible ingesta de complementos alimenticios, la homeopatía también puede ser muy beneficiosa.
A los padres nos conviene informarnos de esto como una parte importante del tratamiento junto a la organización neurológica.

LOS TRES PILARES DEL APRENDIZAJE

Al considerar los problemas de aprendizaje debemos tener presentes tres áreas fundamentales: la visión, la audición y el desarrollo motor.
Éstos son los tres pilares sobre los que se basa la atención en el aula y las habilidades necesarias para poder leer, escribir, y realizar todas las tareas escolares.
Por esta razón, para una terapia completa, debemos revisar estas tres áreas en el niño y descartar problemas en las mismas o solucionarlos cuando están ahí.
– Para la visión necesitamos un buen optometrista comportamental (también llamado «optometrista del desarrollo»).
Todos los niños pasan por pruebas de agudeza visual por parte del pediatra o un oftalmólogo, quienes se ocupan de mirar que el ojo está sano y la agudeza visual es buena. Pero tras esta evaluación, es necesario ver cómo utiliza el niño los dos ojos de forma conjunta, si es capaz de realizar los movimientos oculares necesarios para leer y escribir y si su cerebro interpreta bien la información y consigue que las dos imágenes de los dos ojos se fundan en una sola y los ojos puedan converger cómodamente en un punto para poder leer y escribir… entre otras muchas cosas más… Todo esto lo evalúa y lo trata el optometrista comportamental.
– En el caso de la audición pasa algo parecido.
El otorrinolaringólogo o el pediatra miden si el niño «oye» o no… les preocupa que pueda haber una sordera. Pero no suelen considerar distorsiones a la hora de escuchar, si el niño percibe bien todas las frecuencias para poder hablar, leer y escribir con comodidad (el oído tiene mucho que hacer aquí también aunque nos sorprenda). Esto es esencial para poder prestar atención en el colegio, y unas distorsiones en la audición (sobre todo si hay hiperaudición en alguna de las frecuencias) pueden afectar seriamente no sólo la atención sino también el comportamiento dada su importante incidencia en nuestro estado de ánimo.
Para examinar y tratar estos problemas, es necesario acudir a un reeducador auditivo de los métodos Berard o Tomatis.
– En cuanto al desarrollo motriz… éste marca el nivel de desarrollo y madurez general del cerebro del niño. Y determinará directamente sus habilidades en todos los campos.
Por esto hay que evaluar si es correcto o si han quedado lagunas en el mismo que debamos trabajar. Hay varios métodos que llevan a cabo la necesaria «organización neurológica» a través de actividades de movimiento. Algunos de estos métodos son Doman, Padovan, Integración Sensorial y TMR (terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos).
Otras opciones interesantes para determinar el estado de desarrollo del niño pueden ser evaluar los reflejos primitivos que hayan podido quedar sin madurar (esto también lo hace la TMR) y el nivel de lateralización del niño. Pues si éste no está bien lateralizado (no es totalmente diestro o totalmente zurdo) cuando llega a primaria, puede tener serios problemas en la lectoescritura. Una deficiente lateralización, al igual que la presencia de reflejos primitivos, son signos de una desorganización e inmadurez cerebrales.
No debemos olvidar ninguna de las «tres patas de la banqueta» del aprendizaje (tal como nos ilustra María Jesús López), si nos dejamos alguna de estas patas, la banqueta se tambaleará siempre.

NIÑOS TÍMIDOS, MIEDOSOS Y PATOSOS

Niña miedosa
Como maestra de educación infantil, veo muchas veces niños que me preocupan por diversas razones, pero que parecen corresponder en el fondo, a un patrón común.

Son niños miedosos, tímidos, a los que les cuesta relacionarse y a los que les cuesta muchísimo separarse de sus padres. No se sienten relajados fuera de su ambiente familiar, se muestran tensos y parecen no disfrutar, como lo hacen sus compañeros, de las actividades lúdicas.

Los padres comentan que en casa son auténticos «terremotos» o muy «charlatanes», son alegres, aunque también tercos y manipuladores, en algunos casos llegando al extremo de calificarles de «tiranos».

No siempre se dan estos extremos, pero sí es una constante el hecho de que por mucho tiempo que el niño lleve acudiendo a nuestras clases, no acabe de mostrarse como es en el hogar. A los maestros no nos sorprende pues estamos acostumbrados a ver casos como éstos, pero a los padres les choca ver que su hijo se comporta de una forma tan diferente en un ambiente o en otro…

Muchas veces estos niños muestran fuera de casa un estado de control y tensión. Y por experiencia diría que cuanto más se controlan en el aula, menos lo hacen cuando llegan los padres a recogerles o cuando están en casa. Vemos una falta de control emocional que los lleva de la timidez y el comedimiento en el grupo de iguales, a la explosión emocional o a querer monopolizar a los demás en su entorno familiar.

Suele haber otra constante, que no siempre se da, pero que coincide en muchos casos. Y es que los niños más miedosos, tímidos y retraídos son además torpes en sus movimientos.

Los padres suelen achacar la conducta de sus hijos a su «carácter» y saben que son «torpes» o «muy precavidos» en sus actividades motrices en el parque. Por supuesto que les preocupa que tengan un carácter difícil y no sean hábiles motrizmente, pero lo ven como algo que «les ha tocado», algo sobre lo que difícilmente se puede incidir o cambiar. También pueden achacarlo a problemas «psicológicos».

Los niños «tímidos» y «precavidos» tienen problemas emocionales y en su desarrollo motor. Pero detrás de todo esto hay algo en común: el miedo.

El miedo es el que les dificulta relacionarse o mover su cuerpo en el espacio con seguridad y habilidad. Es el que frena su desarrollo y limita sus experiencias. Es lo que hace que se mantengan en tensión y luego deban liberarla de forma inadecuada en casa.

Pero… ¿Se puede cambiar este «carácter»?
¿Dónde está el «equilibrio» que todos queremos para nuestros hijos?

La respuesta es única para estas preguntas. Se trata del sistema nervioso. Es nuestro cerebro quien regula y controla nuestras emociones, y por lo tanto, la «psique». Es quien nos hace movernos como lo hacemos y su madurez se ve claramente en la forma en que nos movemos. También se ve en cómo hablamos, cómo nos relacionamos, cómo reaccionamos ante el estrés o cualquier acontecimiento o situación dada… Es el sistema nervioso quien interpreta el mundo que nos rodea. El que da sentido a todos los estímulos que nos llegan y nos hace reaccionar en consonancia con los mismos.

Si el sistema nervioso no interpreta bien el entorno, las respuestas del niño no serán las adecuadas. En muchas ocasiones, esto se traduce en miedo. Miedo a moverse, lo cual conlleva limitaciones en experiencias motrices necesarias para el correcto desarrollo. Si el niño no se mueve adecuadamente en el mundo que lo rodea, si no se siente hábil, si le falta confianza en su propio cuerpo, entonces es muy probable que esta confianza también esté ausente en su relación con los demás y con las cosas que ocurran a su alrededor.

Las situaciones más comunes pueden volverse amenazadoras o simplemente difíciles, y la misma inmadurez que hace que no se haya desarrollado adecuadamente en sus habilidades motrices también incide en su escaso control emocional.

¿Se puede hacer algo al respecto? La respuesta es SÍ.

Se puede incidir en el sistema nervioso dándole un «empujón» para ayudar a que madure y el niño sea «equilibrado» como nos gustaría que fuera. Para que se sienta más capaz, más confiado y sus respuestas en diferentes situaciones sean más adecuadas. Al final, de lo que estamos hablando es de que el niño sea más feliz.

Lo que debe hacerse es lo mismo que hace la naturaleza para que el cerebro del niño crezca y se desarrolle. Esto ocurre cada vez que hablamos al bebé, cada vez que lo mecemos o acariciamos… Ocurre con todo lo que ve, cada vez que se mueve y tiene experiencias motoras que le llevan a un nuevo pequeño triunfo en el dominio de su cuerpo y del mundo que le rodea.

Debemos brindar al niño muchas y ricas experiencias, sobre todo motrices. Esto le dará un mejor conocimiento de sus capacidades y limitaciones, enriquecerá su desarrollo motriz, le hará más confiado en sí mismo y como consecuencia, vivirá más confiado en cualquiera de las situaciones que se le planteen.

Existen sencillos programas motores que podemos seguir asesorados por expertos en desarrollo infantil que pueden ayudarnos a los padres en esta tarea. Pero podemos también simplemente tener esto en cuenta y disfrutar con nuestros hijos de más horas de parque, de columpios, toboganes, camas elásticas…

Es muy importante saber que es el movimiento el alimento principal del cerebro de nuestros hijos. Que debemos dejarles moverse y animarles a hacerlo cuando son miedosos en este sentido. Siempre respetando sus miedos, acercándonos a nuevas experiencias con seguridad y despacio. Con paciencia y con confianza en que el niño lo logrará.

Dejemos de decir que son «tímidos» y «torpes», que son «miedosos» o «tercos»… y sobre todo no lo digamos delante de ellos pues acabaremos convenciéndoles de que lo son. Un niño tiene el concepto de sí mismo que le transmitimos los demás. Es importante cambiar este autoconcepto y dar oportunidades al niño de que madure. Para esto debe sentirse hábil y tener confianza en sí mismo y como consecuencia de esto, confianza en el mundo.

«¿NIÑOS TERCOS, MANIÁTICOS, TÍMIDOS, MALOS…? DESCUBRE LA VERDAD DETRÁS DE SU COMPORTAMIENTO»

«TANTA INTELIGENCIA, TAN POCO RENDIMIENTO» ¿Podría ser la visión la clave para desbloquear su aprendizaje?

Tanta inteligencia, tan poco rendimiento

El título de este libro dice mucho de su contenido.

Son muchos los niños cuyo rendimiento escolar no corresponde con su evidente inteligencia. Y es que la mayoría de los niños que fracasan en la escuela son inteligentes. La visión podría ser la clave para desbloquear su aprendizaje.

Gracias a la optometrista comportamental Pilar Vergara, por fin contamos con una guía que nos explica todos los problemas que pueden surgir por un sistema visual inmaduro.
Nos enseña a diferenciar entre vista (agudeza visual, esto es: ver con claridad) y visión (la capacidad para comprender lo que vemos, lo cual implica captar la información visual, procesarla y obtener un significado de la misma).
Y aporta datos impactantes como que «La visión es un complejo proceso que involucra más de 20 habilidades y más del 65% de las conexiones cerebrales. Cerca del 80% de lo que el niño percibe, comprende, y recuerda depende de la eficacia del sistema visual.»
O los siguientes:

«El 73% de los niños con problemas de aprendizaje tienen problemas visuales.»

«Los exámenes visuales del colegio sólo detectan el 5% de los problemas visuales.»
«La vía visual consume 1/3 parte del gasto energético total de nuestro cerebro (en un sistema que funcione adecuadamente, cuando esto no es así consume más).»
«De los 3 millones de los nervios del cerebro, 2 millones son de los ojos.»
«Cada ojo manda al cerebro 1 billón de mensajes durante cada segundo.»
«SOMOS SERES VISUALES. Así lo ha demostrado al neurociencia: el 80% de nuestro cerebro funciona de una u otra forma relacionado con la visión.»
Con esta obra queda bien clara la influencia de la visión en el aprendizaje escolar y en sus problemas. Describe los síntomas de éstos y los fundamentos de la terapia visual enfocada a su solución. También incluye casos reales y juegos y actividades que pueden realizarse como prevención.
Libro esencial donde los haya en las bibliotecas de profesores y maestros, pedagogos, logopedas, psicólogos y todos aquellos que trabajen en el ámbito del rendimiento escolar infantil, incluidos también los padres de niños con dificultades académicas.

* Puedes adquirir este libro a través de la página web Pilar Vergara

«JORGE NO LEE COMO LOS DEMÁS. PROBLEMAS VISUALES EN EL APRENDIZAJE DE LA LECTURA.»

LA HIPOTONÍA ESTÁ EN EL CEREBRO

Aunque se observe en los músculos, el bajo tono muscular o hipotonía es un problema que se halla realmente en el cerebro.

Rosina Uriarte

En realidad donde se encuentra el tono muscular es, como su propio nombre indica, en los músculos. Pero he elegido este título para llamar la atención de quienes se desviven por ejercitar los músculos de sus hijos ante una hipotonía y no son informados de que existen otras vías más eficaces.

Por supuesto que ejercitar músculos es algo positivo. Pero veo a los padres luchar primero con los músculos del cuello que sujetan la cabeza del bebé cuando éste no lo hace de forma natural. Luego luchan por que sus hijos tengan el suficiente tono en sus espaldas para poder mantenerse sentados una vez pasados los seis meses. Después viene la gran hazaña de poner a los niños a caminar tras haber cumplido los doce … Aquí es cuando normalmente respiran un poco, pues parece que en cuanto el niño camina, ya está todo hecho… Pero pueden surgir problemas en el lenguaje; más tarde en la manera de coger el lápiz y dificultades en la escritura… y es probable que también aparezcan problemas de motricidad ocular que dificulten seriamente la lectura. Esto último suele quedarse sin «descubrir» pues pocos padres son bien aconsejados en cuanto a la conveniencia de una revisión ocular en sus hijos por parte de un optometrista comportamental.

Además de lo anterior, el tono muscular está muy relacionado con la capacidad de atención pues ésta forma parte del estado de alerta del sistema nervioso, al igual que el tono muscular. Ambas funciones son reguladas en parte por las mismas zonas cerebrales, por lo que hay muchas probabilidades de que un inadecuado tono muscular conlleve problemas de déficit de atención.

Todo esto sin tener en cuenta que un niño con un tono muscular bajo tiende a sentirse cansado con facilidad y no se desarrolla en la misma medida que los niños de su edad por evitar experiencias motrices que son importantes. Hecho que se añade a su problema original agravando toda la condición.

Son muchos parches que se van aplicando en un camino lleno de baches… demasiados para no pensar seriamente en asfaltar la carretera de una vez por todas y acabar con todos los inconvenientes a la vez.

Para esto es necesario comprender un poco cómo se lleva a cabo el desarrollo del niño y cómo funciona su sistema nervioso.

Nos dicen los expertos en el tema que son los núcleos vestibulares de nuestro cerebro los encargados de enviar mensajes a los músculos sobre cuándo y cómo contraerse. Es un control muscular totalmente subconsciente y no nos damos cuenta de ello. Estos continuos impulsos que se envían desde los núcleos vestibulares generan el tono muscular del cuerpo.

Para que el sistema vestibular realice bien su trabajo, es preciso que esté bien organizado. Esto, por desgracia, no ocurre en todos los niños.

Existen muchas disfunciones del sistema nervioso que no aparecen en las pruebas clínicas realizadas por expertos neurólogos. Cuando así ocurre quiere decir que no hay evidencia de lesión cerebral, lo cual supone un claro alivio. Pero no significa que no exista un problema de funcionamiento cerebral. Así que deberíamos empezar a cuestionar afirmaciones frecuentes del tipo: «no, si mi niño no tiene nada neurológico, sólo hipotonía», o «neurológicamente está perfecto, pero tiene déficit de atención con hiperactividad»… pues son contradictorias en sí mismas.

Puede en un primer momento parecer desalentador el hecho de que un problema como la hipotonía ya no esté localizado como creíamos en brazos o piernas… para pasar al cerebro, pues da la sensación de ser más inaccesible para su tratamiento y su posible solución. Pero no es así.

Existen diferentes enfoques terapéuticos, que no sólo sirven para el problema de bajo tono muscular, sino que pueden aplicarse a otros muchos trastornos siempre que estemos hablando de una inmadurez cerebral.

Tradicionalmente se trabajan los síntomas allí donde se ven: se masajean piernas, brazos, cuello… se busca el fortalecimiento de los músculos por medio de la natación o de la gimnasia… Esta labor, si bien es beneficiosa, lógicamente no es suficiente pues no está trabajando el problema en sí y se está compartimentándolo en lugar de tratarlo todo de una vez.

Dentro de la fisioterapia hay varios métodos de los cuales no puedo hablar por desconocerlos, por esto me limitaré a mencionar dos nuevos enfoques que me son familiares y considero puede resultar interesante tener en cuenta.

El primero de ellos sigue la premisa de que «la función crea la estructura». Esto quiere decir que es precisamente a través de la práctica de la función (habilidad) que queremos lograr en el niño como creamos la estructura cerebral necesaria para dominar esta misma función. Así lo establece el método Doman y es por ello que al niño se le hace practicar cada hito del desarrollo hasta dominarlo antes de pasar al siguiente nivel. Por ejemplo, para que un niño llegue a caminar, primero habrá de evaluarse su nivel de desarrollo para conocer en qué punto se ha quedado del mismo y trabajar desde este mismo punto toda la evolución natural del niño, de forma intensiva y continuada. A través de la práctica diaria de cada hito del desarrollo (en el plano motor: el control de la cabeza, el volteo hacia un lado y hacia el otro, la sedestación, el arrastre, el gateo, para al final llegar a la deambulación y más tarde a la carrera) se va logrando un desarrollo y madurez cerebrales que se asemejan a los deseados y considerados normales. Los cambios en el tono muscular y los éxitos en cada una de las etapas y cada una de las áreas del desarrollo infantil serían consecuencia de esta madurez cerebral.

Este desarrollo, o tal como lo califica Doman, esta «organización neurológica», se reflejará en un mejor rendimiento y eficacia del niño, tanto en su competencia física, como en su trabajo académico, en su control emocional y comportamiento o en su relación con los demás.

Por último existe un más novedoso enfoque terapéutico, y en opinión de muchos, más efectivo para este problema concreto. El concepto que sigue es contrario al anterior, en otras palabras: «la estructura determina la función». Así que, suponiendo que la estructura cerebral no es la correcta y por esto no existe la función o ésta es deficiente, el objetivo es lograr crear esa estructura necesaria para que en el niño se dé la función o habilidad requerida.

En este sentido, la terapia de la Integración Sensorial y la Terapia de Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos (TMR) buscan estimular determinadas zonas cerebrales, que a su vez estimulan otras superiores y con lo cual se logra una madurez neurológica global. Así se obtienen estructuras cerebrales maduras y adecuadas.

Ambos métodos utilizan la estimulación vestibular principalmente (la Integración Sensorial realiza actividades con columpios, balancines, patinetas, etc. y la TMR movimientos de mecimiento rítmicos) que estimulan y activan directamente zonas primitivas del sistema nervioso central como es el tronco encefálico y el cerebelo. En el primero se hallan los núcleos vestibulares mencionados al comienzo de este artículo.

De esta manera se logra una estructura cerebral madura que se refleja en funciones también maduras y en concreto, en un tono muscular apropiado.

La diferencia principal entre el concepto de trabajo de la Integración Sensorial y la TMR es que la primera busca una maduración en el niño a través del disfrute y la motivación en el mismo. Es el niño, quien guiado por el terapeuta, busca su propia maduración siguiendo su propio ritmo.

La TMR es una estimulación menos lúdica, aunque agradable, pero más sistemática e intensiva. Es muy fácil de realizar y, al igual que el método Doman, se lleva a cabo en el hogar tras el asesoramiento profesional. También como ocurre con este método, la madurez cerebral lograda con la TMR repercute beneficiosamente en todas las áreas de desarrollo del niño.

*Actualmente, TMR se llama BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training)

«LA INTEGRACIÓN SENSORIAL EN LOS NIÑOS. DESAFÍOS SENSORIALES OCULTOS»

La integración sensorial en los niños. Desafíos sensoriales ocultos.

«La integración sensorial en los niños. Desafíos sensoriales ocultos».
Por Jean Ayres.
Edición revisada y actualizada por Pediatric Therapy Network.
TEA Ediciones.
Éste es el que considero uno de los mejores libros que he tenido jamás entres mis manos. No sólo tiene todas las ventajas del libro original de A. Jean Ayres «La integración sensorial y el niño», sino que además goza de un nuevo formato más cómodo y atractivo. De un contenido más visual con fotografías y esquemas, con ejemplos y consejos que hacen que su lectura sea mucho más fácil y clarificadora.
Pienso que es un libro necesario para todos los padres de niños con dificultades en su rendimiento escolar, su funcionamiento diario, su comportamiento o su relación. Y de obligada lectura para todos los profesionales de la salud o la educación que tengan relación alguna con el mundo infantil.

La integración sensorial es un proceso continuamente presente en todos nosotros y es de vital importancia para poder desarrollarse y funcionar como seres humanos eficientes en todos los ámbitos. Por esto es tan importante tener conocimiento del funcionamiento básico de la integración sensorial y del por qué pequeñas disfunciones en la misma es lo que vemos en la forma de tantos y tantos problemas, caprichos, manías, miedos o torpezas y dificultades en los niños.

TMR (terapia de movimiento rítmico). TESTIMONIO


Publicado en Movimiento Rítmico y Reflejos Primitivos
Testimonio de una madre sobre su experiencia al aplicar la Terapia de Movimiento Rítmico (TMR) en su hijo adolescente. 

*Nota: ahora, la TMR se llama BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training).

«Tener un bebé es la mayor ilusión que pueda existir en la vida, sobre todo cuando es un hijo deseado. Pero esta ilusión puede enseguida dar paso al agotamiento y la desesperación cuando convives con el bebé y éste no para de llorar, apenas duerme y no te permite relajarte ni un sólo minuto del día.
Si con el paso del tiempo este bebé va creciendo para convertirse en un niño al que le cuesta controlar sus emociones, con arranques de agresividad, con una actitud desafiante y que no avanza en sus aprendizajes en el colegio, a la desesperación y el agotamiento van añadiéndose otras sensaciones como la soledad y la falta de comprensión y solidaridad de familiares, amigos y de los profesionales de la salud y la educación.
Esta es nuestra historia. Hasta que a los cuatro años y medio nuestro hijo fue derivado a psiquiatría infantil por la impotencia del pediatra ante la situación extrema que estábamos viviendo.
Fue por entonces como, casi de casualidad, conocimos a alguien que nos abrió las puertas al mundo de las terapias alternativas. Examinó a nuestro hijo por medio de juegos y nos explicó con claridad lo que le ocurría y cómo ayudarle. Fue una auténtica bendición y nos agarramos a cada una de sus palabras como a un clavo ardiendo…
A lo largo de nueve años seguimos varios métodos de organización neurofuncional. Todos ellos basados en ejercicios motores sencillos, combinados con estimulación táctil.
Realizamos una terapia visual y una reeducación auditiva que dieron a nuestro hijo un gran empujón en su rendimiento escolar. Trabajamos también su lateralización.
Desde casi el primer momento notamos cambios. Esta persona que nos asesoró nos habló también de la importancia de trabajar la conducta del niño, para lo cual nos dio sencillas pautas. Que no por sencillas, fueron fáciles de aplicar, pero esto supuso también una gran ayuda.
A lo largo de los años fuimos conociendo nuevas terapias o técnicas de trabajo para solucionar o paliar las necesidades de nuestro hijo. Así logramos, a través del trabajo constante y diario, un cambio importante en su estado emocional y en el control del mismo, en su conducta y en su rendimiento escolar.
Este trabajo constante puede parecer muy sacrificado, pero no lo hemos vivido así, sino como un momento de dedicación exclusiva a nuestro hijo que hemos disfrutado y nos ha aportado sólo beneficios en todos los sentidos.
Llegamos a sentirnos muy satisfechos, contentos de verle llevar una vida feliz, con amigos y con una buena convivencia familiar. Para nosotros estos eran logros muy importantes.
Pero tenía 13 años, y aunque habíamos conseguido a base de mucho esfuerzo que fuese pasando de un curso a otro, su capacidad de atención no era aún la adecuada y seguía mostrando dificultades.
Le costaba mucho comprender conceptos matemáticos y aplicarlos a diferentes situaciones. Lo mismo le ocurría con el inglés por ejemplo, lo que aprendía un día no le servía para el siguiente ni para un ejercicio que cambiara de planteamiento. Le era difícil recordar, aplicar y generalizar lo que aprendía con esfuerzo. Olvidaba sus deberes o los días que tenía exámenes por lo que no los preparaba. No entregaba sus trabajos y cuando lo hacía no eran de la calidad esperada en cuanto a la presentación y al contenido. Sin embargo, siempre tuvo buena memoria para las asignaturas como las ciencias sociales o naturales, y demostraba claramente ser un chico inteligente y creativo.
Veíamos que seguía habiendo trabajo por hacer, teníamos que seguir intentándolo y apareció la TMR.
Hace de esto casi dos años y en aquel entonces yo no conocía apenas nada de esta terapia ni a nadie que la aplicara. Así que decidí acudir a los cursos para aprender a aplicarla yo misma en mi hijo.
En estos cursos, el doctor Harald Blomberg me impresionó y me convenció absolutamente de que la terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos podía ser la solución a los problemas que aún veíamos en nuestro hijo.
Me puse a trabajar con él casi de inmediato, pero no me atrevía a hacerme ilusiones, siempre me ha dado miedo ser ingenua, ver los resultados que tanto deseo ver, no ser objetiva…
A los cinco meses empezamos a notar cambios en su actitud en casa, parecía ser más limpio y cuidadoso, más paciente y razonable. Ya no rompía las cosas como antes, y parecía mucho más habilidoso con sus manos. Su profesora me decía que le veía adoptar una postura diferente en clase, no sólo en su actitud, sino incluso físicamente. Parecía estar menos aburrido y más a gusto en clase, y la miraba a la cara.
A los siete meses estos cambios se hicieron patentes, la profesora me comentaba que había empezado a participar en las actividades y a hacer preguntas cuando no entendía lo que se explicaba (algo que jamás había hecho antes).
A los diez meses, después de 20 minutos diarios de TMR, dejamos ya definitivamente el tratamiento pues nuestro hijo funcionaba de forma totalmente autónoma en clase y en casa con los deberes. Después de tener siete suspensos en la primera evaluación de 2º de ESO y matemáticas de 1º, aprobó todas las asignaturas en junio.
Ahora estudia todas las tardes y pide a su padre que le ayude con las matemáticas, a las cuales dedica un buen rato casi a diario. Vemos cómo comprende lo que se le explica, lo recuerda al día siguiente y es capaz de aplicarlo en diferentes ejercicios. Sigue teniendo muy buena memoria y está muy motivado a estudiar pues ahora se ve capaz. Ha cambiado el concepto que tiene de sí mismo e incluso ha cambiado en su forma de vestir y su actitud en muchos aspectos.
No creo que estos cambios sean fruto de la casualidad, o de la madurez que «ya le tocaba»… Esta es una edad en la que precisamente muchos de sus compañeros están suspendiendo por primera vez y teniendo problemas de comportamiento en casa o en el colegio. Se quejan otros padres de lo duro que es este curso, pero para nosotros está resultando el más fácil de todos.»

PARA MEJORAR EL SISTEMA EDUCATIVO

Sistema educativo

«Para mejorar el sistema educativo» es un título que podría englobar gran cantidad de puntos, pero hoy quisiera tratar uno de ellos…
 
Me ha gustado un artículo que muestra de forma directa uno de los más graves problemas que sufre nuestro sistema educativo: la pobre preparación del profesorado.
 
Y no es que los profesores no seamos buenos profesionales, o nos desentendamos de nuestros deberes y responsabilidades. Y por supuesto que para llegar a ejercer como educadores hemos invertido el tiempo y el esfuerzo requeridos para realizar la formación pertinente, además de variados cursos de reciclaje profesional.
 
Pero la evidencia que no se puede negar es ésta: los licenciados recibimos una mínima preparación para la docencia, tan mínima que es prácticamente inexistente (a pesar de la inversión de horas de capacitación, ésta deja tanto que desear que en realidad no capacita para dar clase en absoluto). Y aunque los maestros, por lógica, deberíamos estar más capacitados… la verdad es que no es así.
 
En la carrera de magisterio se estudian asignaturas de gran interés para ejercer la profesión. Pero son absolutamente teóricas, se imparten conocimientos someros sobre el desarrollo infantil y sus alteraciones, pero no sobre las implicaciones de éstos dentro del aula. Ni sobre cómo actuar cuando surgen problemas en el desarrollo infantil que afectan al rendimiento escolar.
 
No se trabaja suficientemente con casos prácticos con los que habrá de encontrarse el maestro en su labor diaria. Por lo que éste habrá de ir adquiriendo los conocimientos necesarios «sobre la marcha», a través de su propia experiencia, de forma individual y con criterio propio dada su escasa preparación para lo que realmente se va a encontrar en clase.
 
Las asignaturas que te preparan para adquirir técnicas útiles y conocimientos necesarios para impartir el temario en clase son muy pocas a lo largo de toda la carrera. Así, en Educación Infantil por ejemplo, algunos hemos tenido que estudiar asignaturas y temarios absurdos como estadística o genética a niveles tan elevados que han centrado gran parte de nuestra atención y esfuerzo dejando de lado conocimientos mucho más necesarios para trabajar a diario con niños menores de 6 años.
 
El caso es que acabas la carrera y te encuentras con que no sabes por dónde empezar…

 

El artículo del que hablaba es en realidad una carta de opinión, de JUAN ANTONIO PLANAS DOMINGO (Presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España) 17/01/2009 y ha sido publicado en EL PAÍS.com Opinión

 

ESTIMULACIÓN TEMPRANA: UN TÉRMINO CONFUSO

¿Estimulación temprana o atención temprana?
Confuso… realmente. Y es que «estimulación temprana» es un término que podemos encontrar haciendo referencia a cualquier cosa que hagamos con un niño menor de 6 años.

Pues una cosa ha quedado clara, la única en la que estamos todos de acuerdo, esto es: que la estimulación es «temprana» porque se practica con niños pequeños.
A partir de aquí ya no nos aclaramos mucho pues parece que pudiera definir TODA acitividad realizada con nuestros niños.

Esto, por supuesto, supone abarcar demasiado y es lo que lleva a tantos equívocos, a tantas dudas y a tantas preguntas… «¿Es estimulación temprana lo que necesita mi hijo?», «Mi hijo ya va a estimulación temprana, con esto es suficiente?», «¿La estimulación temprana no es para niños con problemas?», etc…

Intenté explicarlo en un artículo anterior («Estimulación temprana y estimulación terapéutica»), pero esta vez voy a concretar un poco más.

Para empezar, como es habitual, lo haré por el principio…

La definición de «estimulación temprana» nos dice lo siguiente: «Estimulación Temprana es toda aquella actividad de contacto o juego con un bebe o niño que propicie, fortalezca y desarrolle adecuada y oportunamente sus potenciales humanos.» (mailxmail.com). O, según la wikipedia: «Es el grupo de técnicas educativas especiales empleadas en niños entre el nacimiento y los seis años de vida para corregir trastornos reales o potenciales en su desarrollo, o para estimular capacidades compensadoras.»

Otra vez nos encontramos ante la confusión pues la Estimulación Temprana vuelve a serlo TODO.

Pero no TODO o CUALQUIER COSA es lo que buscan los padres, pues cada uno de ellos tiene obejtivos e intereses diferentes en la estimulación para sus hijos. Los niños también son diferentes, y en las definiciones intuimos niños que tienen necesidades especiales y otros que no.

Esto nos lleva forzosamente a distinguir dos objetivos claros en lo que se refiere a la estimulación que marcarán el carácter de la misma:

– estimular a niños sanos para lograr que desarrollen al máximo su potencial
– estimular a niños con dificultades que necesitan remontar retrasos en su desarrollo o solucionar problemas del mismo

Estos objetivos son muy diferentes. Los programas y las técnicas utilizadas para llevar a cabo la estimulación son también DIFERENTES. Por consiguiente, cualquier estimulación NO es válida o suficiente para determinados casos, sobre todo cuando hay un problema que solucionar o paliar.

Podría parecer que baste con aclarar este punto, pero sigue aún habiendo demasiada confusión dentro de estos dos grandes grupos de la estimulación.

– Tomemos el primero, el de la estimulación dirigida a niños SIN problemas del desarrolloLa «estimulación temprana» propiamente dicha.

Ésta es una estimulación que realizamos padres y educadores. Buscamos un desarrollo adecuado en nuestros hijos y alumnos mediante métodos y técnicas elaboradas por profesionales y que conllevan unas actividades estructuradas que se repiten a diario, son breves y variadas. La repetición es esencial para la creación de nuevos circuitos neuronales y para el aprendizaje. La brevedad y la rapidez en la realización de la actividad son vitales para el mantenimiento de la atención en el niño pequeño, (también influyen en su aprendizaje). Y todo esto lo procuramos hacer de la forma más lúdica posible. La estimulación debe ser multisensorial por lo que se procura utilizar actividades que estimulen las vías visuales, auditivas, táctiles y el movimiento principalmente. Se intentan abrir nuevos intereses en el niño poniéndole en contacto con cosas que habitualmente no están presentes en su entorno y también aprovechamos su gran ansia de aprender y su curiosidad por todo.

Sé que esto vuelve a resultar un concepto muy «amplio». Es cierto, y en la estimulación temprana cabe todo tipo de actividad que agrade al niño. Pero suele cometerse el error de decir que se hace estimulación temprana cuando simplemente se juega con el niño. Jugar es maravilloso y algo totalmente necesario. El problema es que muchos padres aplican su propio método o acuden con sus hijos a centros donde hacen puzzles, juegan con el ordenador, realizan alguna actividad de motricidad… todo ello sin una estructura y de forma libre… y creen que esto es «estimulación temprana». Bueno, esto es estimular a un niño, no cabe duda, pero habría que aplicarle otro nombre como el ya mencionado: «jugar», o quizá también en ocasiones «enseñar», «aprender», «experimentar»… Si no hay una repetición mínima y continuada, si las actividades no están estructuradas, hay que llamarlas de otra forma, porque NO es «estimulación temprana».

– Ahora volvamos al grupo de niños con necesidades especiales… Aquí también tiende a llamarse «estimulación temprana» a lo que no lo es en realidad. Decíamos que la estimulación temprana ayuda al niño a desarrollarse plenamente y por esto es muy beneficiosa para todos los niños sin excepción. Por esto también lo es para niños con dificultades. Sí, la estimulación temprana puede ser muy beneficiosa y necesaria para estos niños y sobre todo como prevención en la aparición de problemas en niños de riesgo. La estimulación temprana puede ser realmente vital y se hace totalmente necesaria en estos casos.

Pero… el término «estimulación temprana» sólo contribuye a agregar más confusión cuando la utilizamos para casos de niños con problemas del desarrollo. No debería utilizarse este término pues hay otros que son mucho más específicos. Por ejemplo: «atención temprana», que hace referencia a todas las intervenciones que se realizan con niños menores de seis años como respuesta a trastornos en el desarrollo.

Desde las terapias alternativas y la neuropsicología, se utilizan términos como «estimulación cerebral», «organización neurológica», etc… Con estos términos no quiero crear más confusión aún. Estos términos hacen todos referencia a una misma cosa: a un programa parecido al de la estimulación temprana, pero diseñado exclusivamente para un niño en función de sus necesidades concretas y aplicado de una forma intensiva. Esto debe realizarlo un profesional tras una exhaustiva evaluación del nivel de desarrollo del niño en todas sus áreas. Es una estimulación estructurada que se realizará de forma repetida y diaria durante un tiempo determinado. Puede llevarse a cabo en un centro por terapeutas, o pueden hacerlo los padres en sus casas y acudir al centro para los controles de evaluación y modificaciones necesarias en el programa.

En este caso no estamos hablando simplemente de «estimulación temprana», sino de mucho más, y por esto pienso que no debe utilizarse este término. Estamos haciendo referencia a TERAPIAS, a TRATAMIENTOS. Y entre éstos y la estimulación que busca un adecuado desarrollo en el niño sano hay mucha DIFERENCIA.

Conclusión. Desde mi punto de vista, ESTIMULACIÓN TEMPRANA es lo siguiente:

– actividades que estimulan el desarrollo en el niño sano
– actividades que estimulan el desarrollo y previenen problemas del mismo en niños de riesgo

Para los casos en los que existan problemas del desarrollo, debería considerarse seriamente utilizar otro término más relacionado con una terapia o tratamiento, esto NO lo es, en principio, la «estimulación temprana».

Rosina Uriarte

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Espero que te guste❤️